La verdad detrás de la Partícula de Dios ¿cómo se descubrió realmente?

La verdad detrás de la Partícula de Dios ¿cómo se descubrió realmente?

Desde que el hombre habita el planeta, se ha visto fascinado por la forma en que se creó el Universo y la materia que existe dentro de él. Conocer que pasó exactamente, cuando ocurrió el Big Bang, ha interesado a diferentes áreas de la ciencia, las que siempre han anhelado entender el Universo. Por ello, buscaron recrear el nacimiento de las partículas que lo originaron, durante muchos años sin descanso alguno. Pues, esos componentes primarios del Universo, no se habían vuelto a formar desde el momento inmediatamente ulterior al Big Bang.

Una de esas partículas elementales se conoce como el bosón de Higgs, la que para muchos es la partícula de Dios. Esencialmente, porque se originó justo en el momento de la creación de todo el Universo.

Bosón de Higgs

Así como la química tiene su tabla periódica de elementos, la física tiene el Modelo Estándar, donde se encuentran las partículas básicas que forman la materia. Las partículas básicas son los componentes más diminutos que contiene todo lo que hay en el Universo. No pueden dividirse más y son conocidas también como partículas elementales o partículas fundamentales, de las cuales hay dos tipos: los fermiones y los bosones.

Los fermiones son los electrones y los muones, los taus y los quarks, es decir, todos los componentes elementales. Los bosones son los que originan la interacción de las otras partículas, son los que hacen que las cosas pasen.

En 1964, el físico británico Peter Higgs utilizando el Modelo Estándar predijo que existía un mecanismo que permitía a las partículas fundamentales obtener masa. Así nació el mecanismo de Higgs y a la partícula que lo producía, se la llamó bosón de Higgs, una explicación de algo que no se había visto hasta el momento.

Pero el 4 de julio de 2012, a través de un Gran Colisionador de Hadrones (LHC), por sus iniciales en inglés, lograron observar la nueva partícula: el bosón de Higgs. Por eso, el bosón de Higgs es tan importante en el Modelo Estándar, pues es el que explica que las partículas elementales tengan masa, por muy pequeña que ésta sea.

Partícula de Dios

Al bosón de Higgs le dicen la partícula de Dios, porque es una partícula fundamental que permite que otras adquieran masa. En otras palabras, la existencia del bosón de Higgs explica como la materia obtuvo masa después del Big Bang.

Aunque no tiene nada que ver con la religión, al bosón de Higgs se le comenzó a llamar la partícula de Dios. Este nombre se le debe a León Lederman, quien en 1988 escribió un libro titulado: “La Partícula Maldita: Si el Universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?”. León Lederman fue el Premio Nobel de Física de ese año, por una investigación con neutrinos y en uno de los capítulos de su libro hablaba del bosón de Higgs.

Pero, el título del libro, propuesto por Lederman, no fue aceptado por los editores, ya que lo consideraron muy controversial. Entonces, el libro pasó a llamarse: “La partícula de Dios: Si el Universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?”. Esto quiere decir que, desde hace ya 32 años, al bosón de Higgs se le conoce como la partícula de Dios. Puesto que, el libro de Lederman fue un éxito y ayudó a popularizar el término, durante el tiempo en que aún, no se había logrado observar el bosón de Higgs.

La verdad detrás de la Partícula de Dios ¿cómo se descubrió realmente?

¿Cómo se descubrió?

Desde que Peter Higgs propuso la idea del bosón de Higgs en 1964, todo era teórico porque no se había podido crear el ambiente necesario para probar su existencia. Por ello, pasaron décadas, donde se continuaba hablando de esta partícula maravillosa que generaba una gran curiosidad dentro de la comunidad científica. Sin que pudiera probarse, a ciencia cierta, su existencia real, pero los científicos no abandonaron esa necesidad imperiosa de tener la certeza y siguieron experimentando.

Básicamente, porque la partícula de Dios se consideraba crucial para entender cómo se había formado la materia en el Universo. Por eso, en la frontera franco‐suiza, cerca de Ginebra, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés) se preparaba para probar su existencia.

Para ello, fabricaron un Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus iniciales en inglés), un acelerador de partículas con una circunferencia de 27 kilómetros, situado bajo tierra. Este gran acelerador de partículas LHC es capaz de empujar a los protones hasta desarrollar una velocidad cercana a la velocidad de la luz. Lograr que el acelerador funcionara, requirió del trabajo de más de 3.000 científicos de 38 países y una inversión que superó los 9 mil millones de dólares.

El LHC comenzó a funcionar en 2008, probando que podía generar choques de protones con alta energía, hasta lograr reproducir la partícula de Dios. El resultado de todo este esfuerzo llegó el 4 de julio de 2012, cuando el CERN anunció que habían hallado la forma de producir una partícula consistente con el bosón.

Esta hazaña se logró tras años de trabajo y dedicación, que permitieron probar lo que por décadas fue una propuesta teórica basada en el Modelo Estándar de física de partículas. Habían logrado reproducir la partícula fundamental que hacía que la materia obtuviera masa, a través del uso del Gran Colisionador de Hadrones (LHC). Posteriormente, como parte de los protocolos de verificación científica de este descubrimiento, se iniciaron las pruebas de certificación. Es decir, que se realizaron investigaciones acerca de todo el proceso realizado en el acelerador, en relación con las propiedades y las interacciones cuánticas de la partícula. Así, los científicos confirmaron, formalmente, la presencia de masa en las partículas elementales, en consecuencia, habían descubierto el bosón de Higgs.

Se concluyó que la partícula de Dios es muy inestable, sin color, ni carga eléctrica, con una vida promedio de billonésimas de billonésimas de segundo. Debido a este importantísimo descubrimiento, en 2013, Peter Higgs recibió el Premio Nobel de Física, el cual compartió con François Englert.

Pues, el belga François Englert por su parte, también había teorizado desde 1964, sobre la existencia del bosón de Higgs. Se concluyó que ambos habían aportado mucho a la comprensión del Universo.

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