¿Las estelas que dejan los aviones son contaminación?

¿Las estelas que dejan los aviones son contaminación?

El debate sobre el nivel de contaminación que generan las estelas que dejan los aviones se ha mantenido en pie por años, generando la pregunta ¿es realmente contaminación? Un estudio del Instituto de Física Atmosférica en Alemania publicado en la revista Geociencia, constató que las estelas emiten más C02 que cualquier otro vehículo de transporte.

En el 2018, se reportó un 2.4% de emisiones CO2 como rastro de combustible fósiles en aviones comerciales, según el Consejo Internacional para el Transporte Limpio. Sin embargo, la contaminación crece de forma desmedida, por lo que, se estima que se triplique para el 2050.

A pesar de los números negativos, la tecnología aeronáutica intenta reducir el volumen de emisiones, sin afectar el tráfico de vuelos anuales. Las aeronaves activas hoy en día emiten un 80% menos de CO2 en comparación de los modelos de hace 30 años. Las estelas que dejan los aviones están hechas de vapor de agua y solo duran unos minutos en el ambiente. Si permanecen por tan poco tiempo en el aire, ¿por qué ocasionan tantos daños?

Los cristales de hielo

El aire cliente y húmedo que sale expedido por las turbinas del avión se mezclan con la atmósfera, y en las alturas las temperaturas son más bajas que los propios gases de los motores. A partir de ese choque, el vapor de agua se condensa y congela, creando cristales de hielo. Durante ese proceso se puede presenciar la nube blanca, conocida como cirro.

Ese vapor de agua que contienen las turbinas, está compuesto por óxidos de azufre, hollín, dióxido de carbono y partículas de metal. Precisamente es el hollín y otras partículas los que generan la condensación de los cristales.

¿Por qué afectan al ambiente?

Las nubes a bajas alturas en la atmósfera funcionan como una barrera, permitiendo filtrar los rayos del Sol. Sin embargo, las nubes formadas por cristales atrapan el calor en vez de filtrarlo. Por esta razón, cuando hay un tráfico aéreo fluido, calientan la atmósfera más de lo debido. Y si se suma a este calor atrapado el dióxido de carbono generado por automóviles terrestres, da como resulta una aceleración del cambio climático.

¿Las estelas que dejan los aviones son contaminación?

¿Cómo combatir los efectos de las estelas que dejan los aviones?

Parte de los propósitos en la industria aeronáutica para cooperar, es producir materiales ligeros que permitan ahorrar combustible. Algunas de estas innovaciones se pueden ver en modelos winglets, con extremos doblados en las alas, disminuyendo la resistencia al aire en vuelo.

Investigadores afirman que una forma de reducir el impacto es que los aviones generen estelas más limpias. Si las emisiones poseen menos hollín, entonces habría menor cantidad de cristales de hielos por vuelo que atrape el calor en la troposfera. Los estudios todavía permanecen abiertos sobre el nivel de impacto en las temperaturas de la superficie y cómo pueden contrarrestarse.

En la publicación del trabajo del Centro Aeroespacial Alemán, su co-autora Lisa Bock, asegura que la aviación genera 5% de radiaciones antropogénicas en el ambiente. Esto quiere decir que los gases de aviones amplía la brecha entre la radiación solar que recibe el Planeta y la que el mismo devuelve hacia el espacio.

Para evitar el incremento de este porcentaje, en la industria aeronáutica se están buscando desarrollar combustibles alternativos, como el queroseno sintético, el gas natural licuado, e incluso el hidrógeno. Tomar la decisión no es tan sencilla, porque se deben tomar en consideración factores de volumen y diseño para aviones comerciales, por la cantidad de pasajeros. Además, se deben realizar pruebas que demuestren qué tanto se queman dichos combustibles alternos a gran altitud.

El problema radica también en los mitos tecnológicos que envuelven las innovaciones en aviación. Por ejemplo, activistas del medio ambiente declaran que el problema se puede solucionar con aviones eléctricos, como sucede con coches de esta misma gama. No es posible implementar este modelo para aviones, porque las baterías necesitarían una mayor densidad de energía y se convertirían en un peso extra para vuelos a larga distancia.

La ilusión de los aviones eléctricos

A los combustibles alternativos les hacen falta modificaciones y los de tipo sintéticos tienen un largo recorrido por delante sobre su producción industrial. Rolls-Royce, uno de los principales desarrolladores de motores aéreos, lleva trabajando desde hace 10 años en un nuevo modelo de consumo eficiente de combustible. El fabricante considera que el primer vuelo innovador puede darse para el 2025.

El proyecto E-Fan X es una aspiración para la electrificación de aeronaves, pero sigue estando distanciada de la realidad comercial. De ser posible su implementación, sería nada más para aviones pequeños y con recorridos muy puntuales.

Una solución que se propone es la implementación de políticas climáticas y un mejor control aéreo. Una propuesta, por ejemplo, son impuestos por tasas de emisiones de carbono en cada vuelo efectuado. Por otro lado, el manejo efectivo del tráfico aéreo permitiría que los aviones reduzcan la velocidad de crucero de sus destinos, y así no se generan congestiones en pleno vuelo.

Aunque el problema sigue mostrando un panorama poco favorecedor para el medio ambiente, es posible enfocarse en que el impacto de las estelas de aviones dura poco tiempo. Investigadores están desarrollando simulaciones por computadora para predecir la cantidad de estelas por avión y su duración en el aire. Si se regula la altitud con la que los aviones viajan, se pueden simular las capas de humedad entre las turbinas y la atmósfera, y así prevenir que el avión cruce por esa región. Esto quiere decir que, con una mejor ruta, se pueden reducir las formaciones de estelas.

La urgencia por frenar el acelerado impacto del cambio climático sigue a flote, a pesar de otros problemas sociales que envuelven al mundo en la actualidad que desplazan la importancia del medioambiente. El término “flight-shame”, traducido al español como “vergüenza de volar”, se popularizó a partir de los discursos de la joven ambientalista, Greta Thunberg.

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