Categoría: Personajes

El Nobel tardío de la Sra. McClintock

El premio Nobel de este año en fisiología o medicina a Robert Edwards es un buen ejemplo de lo que podríamos denominar nobeles tardíos. La primera bebé probeta nació en 1978, pero el reconocimiento a su padre intelectual ha tardado 32 años en llegar, posiblemente por la presión de sectores que poco tienen que ver con la ciencia. No es el primer caso. Sin duda el ejemplo más hiriente sea el de Barbara McClintock.

Barbara McClintock

Nacida en Estados Unidos en 1902 se graduó en Ingeniera agrónoma por la Universidad de Cornell en 1923. Se doctoró en esta misma universidad, en el departamento de botánica, puesto que el departamento de mejora genética no admitía mujeres en el programa de doctorado. De hecho su condición de mujer le supuso muchas trabas durante su carrera.

Le denegaron la beca de estudios en el extranjero, con el pretexto de que no era recomendable dársela a una mujer, por que podía dejar los estudios en el momento que se casara. En otra ocasión tuvo que soportar la reprimenda de su director porque había visto anunciado su compromiso matrimonial en el diario, aunque en realidad se trataba de otra Barbara McClintock que no tenía ninguna relación con ella. Leer más »

El físico español que se codeaba con Einstein

Blas Cabrera

Si ha habido un momento prolífico en la historia de la Física, ese ha sido el comienzo del Siglo XX. Capitaneados por Einstein y su Teoría de la Relatividad, decenas de científicos de todo el mundo participaron en la evolución de una nueva física que aún a día resulta novedosa y sorprendente. Nombres como Schrödinger, Heisenberg, Weiss, Curie… son constantes en los artículos técnicos y de divulgación y conocidos por todos nosotros; físicos y matemáticos nacidos en Francia, Inglaterra, Suiza, Alemania, Estados Unidos…

Pero… ¿dónde están los españoles? ¿No hubo ningún nacido en la península Ibérica que participase en tan críticos años para la sociedad? Pues de hecho, los hubo, pero quizás por esa sempiterna manía que tenemos los españoles de desprestigiar nuestros propios éxitos, nadie recuerda sus nombres, pese a que entre ellos hubo figuras cuyos trabajos destacaron como de gran importancia para los inicios de las “nuevas ciencias”.

Este es el caso del físico canario Blas Cabrera. Leer más »

Fallece a los 85 años Benoit Mandelbrot, padre de la geometría fractal

Tres químicos ‘paladines’ del paladio

Heck, Negishi y Suzuki, ganadores Premio Nobel Química 2010. | Fuente imagen: Guardian

Culminamos la serie dedicada a la entrega de los tres Premios Nobel de categorías científico-técnicas con el anuncio de los galardonados en Química. En esta ocasión tres investigadores comparten el premio, se trata del estadounidense Richard Heck y los japoneses Ei-ichi Negishi y Akira Suzuki. Todos ellos galardonados por el desarrollo de un método químico llamado “acoplamiento cruzado catalizado por paladio” que ha permitido a los científicos crear de forma eficiente cadenas de átomos de carbono.

Esta herramienta ha resultado de una importancia capital en la síntesis de moléculas complejas empleadas tanto en la elaboración de fármacos y agroquímicos, como en la producción de revestimientos para componentes electrónicos.

Todo en la naturaleza de las formas de vida se fundamenta en moléculas basadas en el carbono. Entender cómo se sintetizan ha permitido a los científicos crear “andamios” sobre los que construir moléculas con funciones y propiedades específicas tales como medicinas o plásticos. Pero la elaboración de estos andamiajes no es una tarea sencilla ya que los átomos de carbono son muy estables y no reaccionan fácilmente entre si.

Los tres galardonados con el Nobel de Química 2010, encontraron formas de usar el paladio como catalizador de reacciones entre los átomos de carbono, evitando además que en el proceso se produjesen sub-productos no deseados.

Heck, de 79 años, es profesor emérito en la Universidad de Delaware (EE.UU.). Negishi, de 75, es profesor de química en la Universidad Purdue de West Lafayette, Indiana (EE.UU.), y Suzuki, de 80 años, es profesor en la Universidad Hokkaido de Sapporo (Japón).

El método desarrollado por los tres laureados, ha sido empleado para producir artificialmente sustancias que durante las primeras pruebas evitaron que las células cancerosas se reprodujesen, y que fueron descubiertas por primera vez en las esponjas marinas. Estos fármacos están en la actualidad sometiéndose a ensayos con humanos, por lo que aún no está claro que terminen siendo de utilidad.

La industria electrónica también ha usado el acoplamiento cruzado catalizado por paladio para crear los diodos emisores de luz que se emplean en la producción de monitores y pantallas extremadamente delgadas.

Sus nombres sonaban desde hace años en las quinielas de favoritos. ¡Enhorabuena a los tres!

Cómo pasar del IgNobel al Nobel en 10 años

Konstantin Novoselov (izqda) y Andre Geim (derecha). Nobel Física 2010. | Fuente imagen: New York Times

Mánchester, la famosa ciudad inglesa, vuelve a ser noticia en el mundo de la ciencia. Si ayer era premiado con el Nobel de Medicina un hombre nacido en la villa, hoy dos “inmigrantes” rusos que trabajan en su universidad han recibido conjuntamente el Nobel de Física.

Se trata de Andre Geim de 51 años y de Konstantin Novoselov de sólo 36. Les han dado el preciado galardón por investigar las propiedades de una forma especial de carbono llamadal grafeno. Tal y como afirmaron los miembros de la Real Academia Sueca de las Ciencias: “el carbono, el elemento base para todas las formas de vida en la Tierra, ha vuelto a sorprendernos”.

El doctor Geim nació en Sochi, Rusia, y en la actualidad es ciudadano holandés. Estudió en el Instituto Físico-Técnico de Moscú y obtuvo con honores su doctorado en el Instituto de Física de Estado Sólido de Chernogolovka en 1987. Tras ello llevó una vida errante, cambiando múltiples veces de centro de estudio por toda Europa hasta que terminó asentándose como profesor en la Universidad de Nijmegen en Holanda. Leer más »

Robert Edwards, el hombre al que miró un blastocisto

Robert Edwards, Premio Nobel en Fisiología o Medicina 2010. | Fuente imagen Wesley J Smith.

Las agencias de prensa prepararon esta mañana a toda prisa el perfil de Robert Edwards, doctor en medicina británico nacido en Manchester en 1925. Es normal teniendo en cuenta que ha sido galardonado hoy en solitario, con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2010 por su trabajo pionero en el método de fertilización in-vitro (o FIV). Estoy por apostar que en cuanto se enteró, se acordó de su querido compañero Patrick Steptoe, fallecido en 1988 e igualmente responsable del logro del que mañana hablarán todos los periódicos.

En esos artículos se hablará de como Edwards, que en la actualidad es profesor emérito en la Universidad de Cambridge a sus 85 años, sirvió en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial. Y de como cursó bología en la Universidad de Gales en Bangor y en la Universidad de Edimburgo. Hablarán de su tésis doctoral de 1955, que ya anunciaba el camino que habría de seguir, puesto que estudió el desarrollo de los embriones de ratón.

Lo que tal vez no cuenten es lo que Edwards sintió cuando vió por primera vez un óvulo humano fecundado en su laboratorio. Él mismo habló sobre aquel instante en una charla que dio hace dos años.

“Nunca olvidaré el día en que me incliné al microscopio y vi algo divertido en los cultivos. Lo que vi al inclinarme fue un blastocisto mirándome desde abajo. En ese momento pensé: ‘Lo logramos’.”

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Un Hitler en Estados Unidos

Kurt Gödel

Es evidente que los genios tienen algo especial. Claro, no se es un genio por nada, algo hay que tener. De hecho posiblemente haya que tener muchas cosas, pero bueno, la cuestión es que si uno estudia la vida de muchos genios de la ciencia en general y de las matemáticas en particular seguro que encontrará detalles que le permitirán clasificarlos como personas especiales.

Una característica que suele presentarse con cierta frecuencia es la rareza (no se entienda este calificativo como peyorativo). Un genio es raro, extraño. No digo que lo sean todos, pero bien es cierto que muchos de ellos han tenido una personalidad bastante peculiar en comparación con sus semejantes.

Quizás de entre los más cercanos a nosotros en el tiempo el genio Albert Einstein sea uno de los que no poseían dicha característica. Einstein era un tipo agradable, sociable, con sentido del humor. Y es posible que uno de sus mejores amigos sea precisamente lo contrario: uno de los máximos exponentes de los últimos tiempos en lo que a personalidad extraña se refiere (posiblemente compartiendo podio con John Nash, o al menos con el Nash que se nos muestra en la película Una mente maravillosa). Nos referimos a otro genio, Kurt Gödel, el mayor exponente de la lógica del siglo XX (y uno de los mayores de la historia, si no el que más).

No voy a realizar una reseña biográfica de Gödel, ni hablar de sus teoremas de incompletitud, todo eso quedará para ocasiones posteriores. Lo que quiero hacer en esta entrada es contar una anécdota de su vida que puede ejemplificar esa característica de rareza que sin duda Kurt poseía.
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La triple hélice de Linus Pauling

Doble hélice ADN | fuente nature.com

La historia del descubrimiento de la estructura geométrica del ácido desoxirribonucleico (ADN) es bien conocida por todo el mundo. En 1953 los investigadores de los Laboratorios Cavendish de Cambridge, James Watson y Francis Crick, determinaron la estructura tridimensional del ADN mostrando su descubrimiento en su mítico artículo “Molecular Structure of Nucleic Acids: A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid” publicado en la revista Nature el 25 de abril de dicho año. Utilizando los estudios de difracción de rayos X de las fibras de ADN obtenidos por Rosalind Franklin y Maurice Wilkins, Watson y Crick llegaron a la conclusión de que la molécula de ADN era una doble hélice. Watson, Crick y Wilkins recibieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina nueve años después, en 1962, por su trabajo sobre la estructura de la molécula de ADN.

La pobre e injustamente olvidada (y vilipendiada por Watson) Rosalind, falleció de un cáncer de ovario cuatro años antes de alcanzar la gloria del Nobel, debido probablemente a los efectos de la radiación ionizante a la que estuvo expuesta en los experimentos de difracción de rayos X, ya que las medidas de seguridad de los años 50 distaban mucho de las actuales. Tenía 37 años.

Pero lo que quizás resulte menos conocido fue el papel de Linus Pauling en todo este apasionante descubrimiento de la estructura del ADN. Pauling, de quién Isaac Asimov dijo que era “el químico más grande del siglo XX”, fue un competidor voraz en la carrera por la determinación de la estructura del ADN. Leer más »

La “energía” y los cañones de Thompson

La energía, ese concepto que domina la física desde la primera letra de la celebérrima ecuación de Einstein, y que fastidia a cualquier vecino que se enfrente mensualmente a la factura de la luz, no está aquí desde el principio de los tiempos. De hecho, la idea no aparece hasta el siglo XIX cuando el científico e inventor norteamericano Benjamin Thompson (además de soldado de fortuna) echa por tierra el concepto de “calórico” del químico francés Lavoisier.

Lavoisier, que a su vez había desechado el uso de la teoría del flogisto ideada por Johann Joachim Becher, creía no obstante (sin duda influenciado por la teoría desechada) que el calor era un “fluido imponderable” (al que llamaba “calórico”) que se desprendía en las reacciones químicas. Su idea permaneció vigente muchos años hasta que Benjamin Thompson se dio cuenta, mientras supervisaba una remesa de cañones nuevos, de que el calor podía ser una forma de movimiento y no una sustancia carente de peso como pensaba Lavoisier.

Supongo que la mala fama de Thompson, considerado por muchos como un notorio oportunista y espía, no ayudó demasiado a que sus primeros pasos en pos de explicar los procesos de intercambio de masa y energía entre sistemas térmicos diferentes, fueran tomados en serio. No obstante, todo esto cambió – gracias a la innegable fuerza de los experimentos – cuando el cervecero y científico amateur inglés James Prescott Joule introdujo el término termodinámica.

Y después ya sabéis… se empezó a hablar de la energía, de su incapacidad de crearse o destruirse (ya que solo se transforma de una forma en otra) y de ahí se llegó a la que algunos consideran la ley más fundamental de la física: la ley de la conservación de la energía (o primer principio de la termodinámica) que afirma que que la cantidad total de energía en cualquier sistema aislado permanece invariable con el tiempo, aunque dicha energía pueda transformarse de una forma en otra.

Así que démosle al cazafortunas de Thompson el papel que se merece en la historia de las obsesiones humanas. De no ser por él y los que le sucedieron, jamás habríamos llegado a preocuparnos del alarmante (y siempre creciente) nivel de entropía de nuestro entorno.

Me enteré del papel de este personaje leyendo en New Scientist la crítica del libro “Energy, the Subtle Concept” escrito por Jennifer Coopersmith.

John von Neumann, la calculadora humana

Problema de la mosca y los trenes. | Fuente imagen: Revistasacitametan.

John von Neumann (1903-1957) [matemático y científico húngaro, nacionalizado estadounidense] era bien conocido por su asombrosa y casi instantánea capacidad de cálculo. Para que el lector se haga una idea de esta increíble capacidad de von Neumann, expongo una anécdota relacionada con un problema matemático que tiene dos formas de resolverse, una sencilla y otra compleja. Veamos el enunciado:

Dos trenes separados por 200 kilómetros se mueven el uno hacia el otro por la misma vía. La velocidad de ambos trenes es de 50 kmh. En el momento inicial, una mosca situada en el morro de uno de los trenes comienza a volar hacia el otro, en viajes de ida y vuelta, a una velocidad de 75 kmh. Lo hace repetidamente hasta que ambos trenes chocan entre si matando a la mosca. ¿Qué distancia ha recorrido volando el insecto?

En realidad la mosca toca cada tren un número infinito de veces antes de morir aplastada, y uno podría resolver el problema a la manera difícil, usando lápiz y papel para sumar la serie infinita de distancias. Sin embargo el método simple funciona así:

Como los trenes están separados 200 km entre si, y cada uno viaja a 50 kmh, en dos horas cada uno habrá recorrido 100 km chocando en el punto intermedio. Por tanto, la mosca voló durante dos horas. Como sabemos que la mosca volaba a 75 kmh, es sencillo inferir que debió haber volado 150 km. Eso es todo lo que hay que hacer.

Cuando alguien le presentó este problema a John von Neumann, este respondió inmediatamente: “150 kilómetros“.

La persona que le hizo la pregunta, asombrada, respondió: “Es muy extraño, pero casi todo el mundo intenta resolverlo sumando la serie infinita“.

¿Qué quiere decir con extraño?” respondió Von Neumann. “¡Así es como yo lo he hecho!

Más información en Profes.net y en Gaussianos. (Me enteré leyendo anécdotas sobre von Neumann en xs4all.nl).