Categoría: Personajes

El aberrante experimento del Prof. Money

Cuando pensamos en experimentos psicológicos crueles o desprovistos de ética siempre dirigimos nuestra mirada a regímenes totalitarios e imaginamos que estos se llevan a cabo en oscuros campos de concentración, en sótanos de cárceles o de fríos hospitales psiquiátricos.

Incluso a veces la realidad se queda corta y tenemos que hacer fantasías elaboradas como un “mundo feliz” con la estricta separación de castas, las películas que tienes que ver sin parpadear de “la Naranja mecánica” o incluso los experimentos de la isla de “Perdidos”.

Se hace difícil imaginar que un experimento psicológico desprovisto de la ética más elemental se pudiera llevar a cabo en una de las más reconocidas instituciones académicas de un país que tiene a gala ser democrático como los Estados Unidos, en un entorno de clase media y lo que es más cruel, llevando al extremo la máxima maquiavélica de que el fin justifica los medios. Leer más »

El ascenso de Jacob Bronowski

Si hay una figura de la divulgación científica tan influyente como olvidada en el mundo hispano, es la del británico de origen polaco Jacob Bronowski (1908-1974).

Basta con hacer una pequeña encuesta en nuestro entorno más cercano, incluso entre los aficionados a la ciencia y su divulgación, para conocer cuántos lo conocen realmente. Pocos, muy pocos contestaran. Un hecho sorprendente, a la par que injusto, sobre todo si tenemos en cuenta que su obra documental El ascenso del hombre, emitida por la BBC en 1973, aparte de un éxito en el mundo anglosajón cuando fue emitida, fue la obra que inspiró la celebérrima Cosmos: un viaje personal de Carl Sagan.

Jacob Bronowski nació en Łódź (Polonia) el 18 de enero de 1908. Era el hijo mayor de Abram Bronowski, propietario de una firma comercial de mercería que exportaba sus productos a Inglaterra, y de Celia Flatto. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial la familia Bronowski se vio obligada a huir hacia Alemania tras la ocupación de Polonia por parte de Rusia. En 1920, poco más de un año después del final de la Gran Guerra, fijaron su residencia definitiva en Londres. Fue una llegada difícil para un niño de 12 años en un nuevo país, del que desconocía totalmente el idioma, y tuvo que integrarse en el estricto sistema educativo de la Inglaterra de los años veinte. Estudió en la Central Foundation Boy’s School y fue allí donde nació su interés por la integración entre ciencia y humanidades, una obsesión que marcó su trayectoria y obra personal posterior. Como él mismo dijo: «Me crié para ser indiferente a la distinción entre la literatura y la ciencia, que en mi adolescencia eran simplemente dos idiomas para la experiencia con los que he aprendido conjuntamenteLeer más »

El lado más botánico y desconocido de Edison

Thomas Alva Edison

Inventor prolífico, trabajador incansable y hombre genial, Thomas Alva Edison, quien cambió el rumbo de la Humanidad en 1879 con el invento de la bombilla eléctrica, todavía hoy ostenta el récord Guinness de patentes registradas: 1090.

Esta es la historia de un investigador cuya fortuna le podría haberse permitido retirarse mucho antes, pero que siguió a pie de laboratorio hasta el día de su muerte, en 1931. Es la historia de un hombre que creía que cada error no era tiempo perdido, sino un paso más hacia la meta final. Para él, unn fracaso no era un fracaso, “simplemente 10.000 pruebas que aún no han funcionado”.

Es por todos conocido que Edison patentó inventos tan relevantes para la historia de la Humanidad como la bombilla, el fonógrafo y el kinetoscopio, pero pocos saben de su afición a la botánica. Podemos descubrirlo dando un paseo por los magníficos jardines de su casa de invierno en Fort Myers (Florida), donde se refugiaba de los largos inviernos de New Jersey y practicaba sus aficiones favoritas: la pesca, la jardinería y… sus pequeñas siestas.

Henry Ford, Thomas Edison, Harvey Firestone in the Edison Botanic Research Lab, Fort Myers

De su lado más verde y de su amistad con Henry Ford y Harvey Firestone surgió su último proyecto y uno de los más ambiciosos, la Edison Botanic Research Corporation, fundada en 1927.

Durante la I Guerra Mundial el precio del caucho aumentó de forma dramática y tanto Ford como Firestone estaban realmente preocupados por este tema. Su plan era descubrir una fuente alternativa de caucho a través de una planta doméstica que pudiera ser de utilidad en tiempos de guerra y crisis.

Edison con una planta gigante de Goldenrod creada en su laboratorio

Florida, con su clima subtropical, era el lugar perfecto para el proyecto, por lo que Edison construyó en  1928 un nuevo laboratorio junto a su casa de Fort Myers. El investigador creó una red de expertos y buscó variedades vegetales de interés en Estados Unidos, Puerto Rico y Cuba. Después de testar 17.000 muestras de 2.200 especies diferentes, que fueron plantadas en las inmediaciones de su laboratorio, Edison encontró la planta perfecta: el Goldenrod, o vara de oro. De este modo Edison consiguió producir una planta de 3,7 metros de altura y que contenía un 12% de caucho y consiguió su última patente, la 1.090. De hecho, los neumáticos de su Ford T fueron fabricados con caucho extraído de Goldenrod.

¿Cómo se realizaba la extracción del caucho?

El proceso comenzaba fuera del laboratorio, en los campos de ensayo que había cultivados con Goldenrod. Una vez que las plantas se habían secado se trituraban y se enviaban al laboratorio químico, donde se estudiaban sus propiedades. De allí las plantas eran destiladas para extraer látex. Edison, pionero también en practicar química verde, purificaba y reciclaba todos los disolventes empleados.

Con su trabajo en la Edison Botanic Research Corporation  y su experiencia Edison también contribuyó con su testimonio a la creación Plant Patent Act, aprobada en 1930 y que regula las patentes comerciales sobre el desarrollo de vegetales híbridos.

Desafortunadamente Edison murió en octubre de 1931 cuando el proyecto estaba en pleno desarrollo. Tras la muerte del investigador el Departamento de Agricultura de EE.UU (USDA), lo trasladó a Savannah (Georgia), donde le fue asignado un presupuesto de 80 millones de dólares. Sin Edison, y con la recesión económica y el aumento del uso del caucho sintético, el proyecto fue languideciendo hasta concluir en 1936.

Hemos encontrado evidencias en el laboratorio de Fort Myers de que Edison estaban a punto de producir látex a partir de Goldenrod de forma masiva. Quién sabe lo lejos que hubiera podido llegar este proyecto si Edison no hubiera muerto”, comenta Alison Giesen, directora del Departamento de Conservación del Edison & Ford Winter Estates Museum.

Alison Giesen ha tenido un papel clave en la restauración del laboratorio de Edison en Fort Myers, que después de tres años de trabajo, ya puede ser admirado por el público desde el pasado mes de febrero. ¿El reto más importante? “Mantener el rigor histórico al máximo a la hora de colocar e interpretar todos los objetos en el laboratorio”. Para ello contaron con el archivo fotográfico de Edison además de con el asesoramiento de ingenieros químicos e industriales.

Botanical Research Laboratory tras su restauración

En mi opinión, Edison se sentiría muy orgulloso hoy día de su legado. Y yo también me siento orgullosa de haber contrubuido a que sus investigaciones y su modo de trabajo inspiren a las nuevas generaciones”, comenta Alison Giesen. Como él dijo en una de sus citas más famosas: “Siempre hay una manera mejor de hacer las cosas. Encuéntrala”.

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Este artículo participa en los Premios Nikola Tesla de divulgación científica y nos lo envía Elena F. Guiral, periodista, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra, por la Universidad de Navarra y experta en biotecnología en general y agrobiotecnología en particular, aunque mi curiosidad a veces me lleva a adentrarme en otros territorios paralelos. Editora del blog Cultura Biotec, que además puedes seguir en twitter en la cuenta @CulturaBiotec.

En la actualidad reside en Miami (EE.UU), donde está finalizando su tesis doctoral sobre el tratamiento del tema de los transgénicos por parte de los medios de comunicación españoles. También trabaja como consultora de comunicación y periodista freelance.

Cuando el joven Ray Kurzweil inventó una computadora que componía música (1965)

Ray Kurzweil

Cuando se habla de tecnología futura, el nombre de Ray Kurzweil es uno de los que siempre aparecen en escena. Su vida está llena de curiosidades empezando por su prodigiosa infancia, repleta de premios y menciones, hasta su paso por el MIT donde con apenas 19 años ya creó su primera empresa de ordenadores.

Tratándose de una vida tan azarosa y con tantas y tantas hazañas, uno no sabe bien qué anécdotas son reales y cuáles son leyenda urbana. Por ejemplo, uno de los pasajes de su juventud que escuché hace un tiempo era que con tan sólo 15 años ya había creado una computadora capaz de componer música por ella misma.

Aunque sé que Kurzweil es capaz de casi cualquier cosa, al igual que Michio Kaku que de jovenzuelo construyó su propio colisionador en el garaje de sus padres, he de confesar que no me terminaba de creer esta anécdota de la computadora a los 15 años… al menos, hasta hoy.

Pero tengo que agradecer a Open Culture que me haya sacado de la duda colgando este video de 1965, en el que un imberbe Ray Kurzweil hacía su estelar aparición en un programa llamado “I’ve got a secret” presentando su computadora musical… Un breve documento histórico de 3 minutos que por fin aclara mi dilema.

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Richard Feynman, no ordinary genius

Siento que esté en inglés (aunque se puede activar la opción de transcribir audio) pero creo que tener disponible (al completo) este maravilloso documento histórico merece el esfuerzo. Se trata del gran documental sobre la vida de Richard Feynman “The Pleasure of Finding Things” grabado por BBC Horizon en 1993 y del que seguro habéis visto fragmentos, sueltos aquí y allá por todo internet.

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El ingrato destino de Angelo Solimán

La sociedad de la Viena de la segunda mitad del siglo XVIII no sólo asistió al auge de los grandes compositores, sino que tuvo oportunidad de presenciar otras maravillas. Una de las más singulares fue, sin duda, la que encarnó el africano Angelo Solimán.

Nacido en torno a 1721 en territorio de la actual Nigeria, Solimán fue convertido en esclavo cuando era sólo un niño, y pronto pasó a convertirse en propiedad del entonces gobernador austríaco de Sicilia, el príncipe Johann Georg Christian Lobkowitz.

Junto a su amo, Solimán se destacó rápidamente como un inmejorable compañero de viajes y aventuras, convirtiéndose en un temible soldado en aquellas campañas militares en las que participaba su señor. Su gran fortaleza y destacada estatura debieron intimidar, sin duda, a quienes osaban enfrentarse a él. Fue precisamente su destreza en el campo de batalla la que le sirvió para salvar la vida, al menos en una ocasión, a su entonces dueño, el príncipe Lobkowitz, un gesto que éste nunca olvidaría. Leer más »

Tycho Brahe, erudito y macarra

Tycho Brahe

La imagen tradicional del científico es la de un ser retraído, tímido, más cómodo entre sus libros y probetas que entre otros seres humanos. Sin embargo, la historia de la ciencia cuenta entre sus filas con individuos que resultaron ser radicales contraejemplos de éste estereotipo, y TychoBrahe es, probablemente, el mejor exponente de ello.

TychoBrahe (1546 – 1601) nació en Escania, un territorio que por aquel entonces pertenecía a Dinamarca. En el Panteón de la Ciencia se le recuerda por sus meticulosas medidas de posiciones astronómicas, tarea delicada y ardua donde las haya, que sirvieron, entre otras cosas, para que Johannes Kepler pudiese desarrollar sus famosas leyes del movimiento planetario. También tiene el honor de haberse bautizado con su nombre uno de los cráteres más prominentes de la Luna.

Se le atribuyen también, y esto es menos conocido, contribuciones al mundo del macarrismo no menos meritorias, tantas, que bien podría Tarantino hacer una película sobre él. Repasemos brevemente algunas de ellas: Leer más »

El genio de Bohr

Niels Bohr

En la apasionante historia de la física de finales del XIX y primera mitad del siglo XX, llena de hombres y mujeres eminentes, la figura de Niels Bohr es una de las que destacan. Sin embargo, y de forma habitual, Niels Bohr suele aparecer como alguien ya maduro, influyente y asentado, que se dedica a polemizar con Einstein y sentar las bases, junto a su grupo de destacados alumnos, de la llamada interpretación de Copenhage de la mecánica cuántica. Pocos conocen la osadía a la que se atrevió cuando tenía apenas 25 años y que le granjeó esa autoridad a nivel mundial en la nueva física.

El modelo atómico más popular de la historia contemporánea es, sin lugar a dudas, el átomo de Rutherford: un átomo cargado positivamente rodeado de un número de electrones con carga negativa. ¿Qué impide que los electrones “caigan” hacia el núcleo empujados por la atracción eléctrica? Una posible respuesta es que el átomo puede que sea como un sistema planetario, con los átomos girando en órbitas alrededor del núcleo (esta imagen es la que se suele representar popularmente al hablar de átomos). Un planeta que órbita el Sol debe estar sujeto a una fuerza atractiva hacia el centro, de otro modo el planeta seguiría su camino tangente a la órbita. En el caso de los planetas esta fuerza es la atracción gravitatoria del Sol sobre el planeta. Rutherford sugirió que la fuerza eléctrica podría ser la equivalente a la gravedad. Y todo estaría bien si no fuese por James Clerk Maxwell y sus leyes.

Según las leyes de Maxwell una partícula cargada irradia energía cuando se acelera. Que algo se acelere significa que cambie su velocidad. Con este término “velocidad”, con lo común que es, suele haber dificultades en español. La magnitud que marca el instrumento del coche no es, estrictamente hablando la velocidad, sino la celeridad: si yo programo mi coche para que circule constantemente a 120 km/h estoy haciendo constante el módulo (la dimensión, el tamaño) del vector velocidad. Un vector es una expresión matemática que te indica la dirección, sentido e intensidad (dejemos lo del punto de aplicación aparte) de una magnitud física. Es la intensidad del vector velocidad lo que se llama celeridad. Y aunque mi celeridad sea constante el vector no lo es, puesto que cambia la dirección cuando doy curvas o subo o bajo desniveles. Pues bien, la velocidad de un electrón en una órbita de Rutherford cambiaría constantemente, puesto que cambia su dirección, y esto implica que se acelera.

El electrón, por tanto, perdería energía emitiendo radiación y siendo empujado continuamente hacia el núcleo. En muy poco tiempo, el electrón terminaría precipitándose en el núcleo. Según la mecánica, el electromagnetismo y todo el resto de la física clásica un átomo planetario no sería estable más allá de una fracción (pequeña) de segundo.

Sin embargo la idea de un sistema planetario es muy intuitiva y por lo tanto muy atractiva (cien años después, como decíamos antes, se sigue representando el átomo así en el imaginario popular). Los físicos continuaron buscando una teoría que incluyese una estructura planetaria estable y que pudiese explicar los datos experimentales (especialmente las líneas espectrales). No era una solución fácil de encontrar. De hecho la solución a este problema requería una nueva física y el tipo de valentía que da el genio, la juventud y, quizás, la falta de prestigio que proteger.

El modelo que propuso un jovenzuelo danés con la tinta de su tesis aún húmeda, pasó a llamarse  modelo de Bohr, o modelo de Rutherford-Bohr (más que nada porque había electrones en órbitas) o modelo cuántico del átomo. Fue un éxito clamoroso y una revolución copernicana (en las modificaciones que sufriría posteriormente Arnold Sommerfeld asumiría el papel de Kepler). La propuesta de Bohr mostraba además no sólo el “qué” sino también el “cómo” se podía aplicar la teoría cuántica para resolver los problemas atómicos; no sólo era un pez, Bohr enseñaba a pescar.

¿Y qué fue lo que hizo Bohr? Algo muy sencillo, aparentemente. Introdujo dos postulados, afirmaciones para las que no tenía pruebas y que contradecían la física conocida, pero cuyos resultados prácticos demostraban que, de momento, funcionaban.

1. Existen estados de un sistema atómico en los que no existe radiación electromagnética a pesar de que haya aceleración de las partículas cargadas. Es decir, las leyes de Maxwell puede que no se cumplan tal cual a nivel atómico. Estos estados se llaman estados estacionarios del átomo. Este postulado justificaba la estabilidad de un átomo planetario con órbitas circulares.

2. Cualquier emisión o absorción de radiación, ya sea de luz visible o cualquier otra, corresponde a un repentino (palabra importante) paso de un estado estacionario a otro. Lo que justificaba las líneas espectrales distintas de los distintos átomos que tendrían estados estacionarios distintos.

La teoría cuántica había comenzado en 1900 con la idea de Planck de que los átomos emiten luz sólo en cantidades definidas de energía. Este concepto fue ampliado por Einstein en 1905 al afirmar que la luz viaja en paquetes definidos, cuantos, de energía. Ahora, en 1912, Bohr extendía aún más la teoría para incorporar la propia materia: los átomos sólo existen de forma estable en estados definidos, cuantizados, de energía.

Pero Bohr no se quedó ahí, también usó el concepto de cuanto para decidir cuales de todos los estados estacionarios concebibles son realmente posibles, introduciendo los números cuánticos, pero esta es ya otra historia…

Blade Runner camino de Londres

No, en este artículo no vamos a comentar la famosa película de ciencia ficción, sin embargo exploraremos caminos que hace no mucho eran fantasía, y que actualmente suponen unos retos éticos para nuestra sociedad, y las futuras basándonos en el caso de real de un hombre: Oscar “Blade Runner” Pistorius.

Oscar Pistorius

Oscar Pistorius nació el 22 de noviembre de 1986 en la ciudad sudafricana de Sandton, cerca de Johanesburgo. La fatalidad quiso que, debido a una enfermedad congénita, naciera sin peroné en ambas piernas, lo que llevó a la amputación de sus miembros inferiores por debajo de la rodilla a la edad de 11 meses.

No obstante, Oscar siempre fue un apasionado del deporte y su discapacidad no fue un problema para que practicase el tenis, waterpolo e incluso rugby. Una lesión jugando a este último deporte fue lo que le puso en el camino del atletismo en 2004, primero como rehabilitación de su lesión, y más tarde a nivel competitivo.

Para poder realizar estas actividades físicas, Pistorius cuenta con una ayuda, unas prótesis de fibra de carbono en forma de cuchilla (de ahí Blade Runner, literalmente el corredor de las cuchillas) que le permiten correr de una forma natural.

Su éxito como atleta paralímpico es indiscutible. Con apenas 18 años fue bronce en 100m y oro en 200m en los Juegos Paralímpicos de 2004 y dominó absolutamente los de 2008 logrando oros en 100, 200 y 400 metros, pruebas de las que también es poseedor de los récords mundiales de su grupo (T44).

Sin embargo, Oscar Pistorius no es famoso por ser un destacadísimo atleta discapacitado, ni mucho menos. En 2008 quiso dar el salto definitivo y participar en los Juegos Olímpicos junto al resto de atletas sin discapacidad, en sus propias palabras: “No me veo como un discapacitado. No hay nada que hagan los atletas normales que yo no pueda hacer”. Así empezó un largo y tortuoso camino a través de la ética, la biomecánica, la legalidad y las limitaciones físicas para llegar a su sueño. Leer más »

El heredero de Kim Peek

Para empezar, recordaremos quién es Kim Peek. Este hombre se hizo famoso por tener unas habilidades de memoria, lectura de libros, cálculo mental y retención de información totalmente asombrosa y fascinante, se podía decir que poseía una memoria eidética.

Kim Peek

Su caso se hizo mundialmente célebre en 1988, cuando Dustin Hoffman y Tom Cruise protagonizaron Rain Man. Fue un éxito, y posteriormente, en la misma línea, se rodó en 2001 Una Mente Maravillosa, protagonizada por el oscarizado Russell Crowe. En ella se encarnaba al premio Nobel John Nash, quien sufría de esquizofrenia.

Sin embargo, Kim Peek tenía graves problemas para ser autosuficiente y sufría síndrome de Asperger. Este mal era el que le otorgaba las fantásticas habilidades de las que disponía, pero le dificultaba seriamente otra que para nosotros son muy sencillas, como peinarse, vestirse, o atar unos cordones. Kim Peek falleció en 2009, y se le recuerda como el auténtico Rain Main. Leía libros con los dos ojos, una página con cada ojo, y ostenta el récord de memoria de lectura.

En la misma línea de esta caso, apareció hace pocos años el caso de Daniel Tammet, un joven inglés que demostró poseer la habilidad de aprender islandés en una semana, tener una capacidad de cálculo mental fuera de lo común, y una memoria extraordinaria, entre otras grandes capacidades.

Sus hazañas se pueden ver en el documental que se realizó sobre él, del cual os dejo la primera parte:

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Aparentemente su síndrome de Asperger no es tan severo como el de Kim Peek, y es capaz de soportar situaciones de presión, socializarse con mayor facilidad y ser más dueño de sus capacidades motoras, pero ambos poseen este síndrome. El caso de Daniel está siendo estudiado por neurocientíficos para tratar de comprender más el cerebro, sus capacidades y su potencial.

Daniel es consciente de su don, pero a la vez, es consciente de su síndrome de autismo Asperger y su epilepsia. Su caso lo llegó a explicar perfectamente en una entrevista en el famoso programa americano de Letterman.

Kim Peek falleció en 2009, sin embargo, la televisión logró reunir tanto a Daniel como a él, y el resultado de este sorprendente encuentro se puede ver en el siguiente vídeo:

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Este tipo de autismo está siendo muy empleado en la literatura y en el cine desde hace poco tiempo. El último episodio en el que me lo encontré fue en la saga sueca Millenium. No es de extrañar que sea un argumento muy socorrido en las historias. Este síndrome es también conocido como el síndrome de los sabios y es lo que hace que ciertas personas sean tremendamente brillantes en ciertas habilidades, pero tremendamente opacos y difíciles de entender por el resto de la sociedad.