En 1992, Giacomo Rizzolatti y su equipo de la Universidad de Parma estaban estudiando un área del cerebro del macaco llamada F5. F5 es un área premotora, es decir, está implicada en la organización del comportamiento, aunque la actividad que se desarrolla en ella no se traduce directamente en órdenes motoras; dar las órdenes es misión de la corteza motora. Los científicos estaban midiendo la actividad eléctrica de las neuronas F5 con electrodos implantados en los cerebros de los macacos. Leer más »
Categoría: Neurociencia
¿Encéfalo o cerebro?
Celebro que me lo pregunte. Cuando la guillotina separó la cabeza del monarca francés Luis XVI del resto de su cuerpo, ese señor perdió una parte de su sistema nervioso llamada encéfalo. Se trata de un pedazo de tejido muy importante, ya que cuando se pone en marcha puede dar lugar a algo tan fascinante como la mente consciente; no en vano está protegido por una gruesa esfera ósea llamada cráneo. El encéfalo es la máquina de la mente. Anatómicamente esta relación no parece muy complicada de asimilar y además es fácil comprobar cómo una persona que pierde por accidente alguna porción de tejido encefálico también suele sufrir alguna modificación en su actividad cognitiva.
Los ingleses, que son muy suyos, al encéfalo lo llaman “brain”. Este comentario lingüístico viene al caso porque le quiero proponer un experimento: entre en una librería -física o virtual- y busque libros en inglés que tengan en su título la palabra “brain”. Hay muchos, ya que esto de la mente es algo que a los humanos nos suele interesar bastante. Busque ahora la traducción al español de uno de esos libros. Comprobará que la palabra “brain” se ha convertido en “cerebro”. Si en la misma librería busca libros de divulgación sobre el encéfalo que se hayan escrito directamente en español, comprobará también que en el título -y en su interior- se usa la palabra “cerebro”. Y lo mismo ocurre cuando el tema es tratado por revistas, periódicos y programas de TV y radio.
¿Es entonces lo mismo cerebro que encéfalo? Pues no.
El cerebro o telencéfalo -en inglés, “cerebrum”- es una parte del encéfalo. También son partes del encéfalo el tálamo, el hipotálamo, los colículos, el puente, el bulbo raquídeo o el cerebelo. Todas estas regiones están íntimamente relacionadas entre sí y funcionan en armonía para dar lugar a la emergencia de la mente consciente. De todas ellas, la más voluminosa es, con diferencia, el cerebro, formado por dos hemisferios tan grandes que, vistos desde arriba, cubren casi por completo el resto de estructuras. Por alguna razón -una razón de tamaño, según parece- en la cultura popular el término “cerebro” se ha equiparado al de “encéfalo” y ahora se usa normalmente el primero para referirse a toda la estructura. Esto en principio no es ningún problema, las lenguas son fenómenos vivos que deben adaptarse y reflejar el hablar de la mayoría, y además si uno quiere ridiculizar a alguien en twitter diciendo que tiene un “cerebro de mosquito” en vez de un “encéfalo de mosquito” gana nada menos que 1 carácter.
Pero el problema viene cuando el término se usa mal en un texto científico, o en un texto de divulgación que trate de alguna manera sobre las regiones del sistema nervioso. La escritura científica no admite ambigüedades, no puede hacerlo, debe ser precisa y certera como las flechas de Robin Hood, y los científicos y comunicadores de la ciencia deben preocuparse por ello. Pero no siempre es así, ni mucho menos.
La falta de rigor y la frivolidad asoma sin ninguna vergüenza de los dedos y labios de traductores, periodistas, divulgadores, editores y aún neurocientíficos, y da lugar a frases como “la parte no cerebral del cerebro” o “el cerebro se puede dividir en telencéfalo (también conocido como cerebro), diencéfalo, cerebelo…”. Esas frases son absurdas, inadmisibles en una descripción científica, equivalentes a decir en un libro sobre bicicletas algo así como “la rueda se puede dividir en rueda, manillar, pedales,…”, y sin embargo se pueden encontrar en prácticamente el 100 % de los libros de divulgación científica que hay en español dedicados a la mente y el sistema nervioso, libros escritos en no pocos casos por conocidos divulgadores.
¿Es esta una muestra de frivolidad, de ignorancia, de preferir el título que popularmente va a vender más, un poco de todo? Pues no lo sé, pero celebro que me lo pregunte.
El hombre que pintaba su pueblo desde todos los ángulos después de treinta años sin verlo
Prosopagnosia es la incapacidad para recordar y reconocer rostros y lugares. Todo lo contrario, es lo que le ha sucedido a Franco Magnani. Franco es capaz de recordar con un detalle extraordinario cada ángulo de su ciudad natal y sus paisajes, un lugar que no ha visto por treinta años. La obsesión por el recuerdo de su pueblo, lo ha impulsado a plasmar sus visiones en infinidad de pinturas, siendo reconocido por su particular habilidad, como el pintor de la memoria.
Franco Magnani nace en el año 1934 en Pontito, Italia, una ciudad toscana cerca de Florencia. Pontito es un pueblo aislado en la cresta de las montañas boscosas, en donde Franco tuvo una vida apacible hasta el año 1942, cuando su padre muere en un accidente y se desata la guerra. Una vez retornada la calma tras la guerra, el trabajo escasea y Franco decide dejar su ciudad natal. En 1965, llega a California para cumplir su sueño de ver el Golden Gate. Ya radicado definitivamente, tras unos meses, cae enfermo.
Desde entonces, comienza a tener sueños asombrosamente vívidos de su pueblo natal. Tanto, que comienza a experimentar sus sueños y recuerdos como un llamado a pintar escenas de su infancia. Así, comienza una obra prolífica de pinturas desde su memoria, donde los edificios, las calles y los alrededores de Pontito quedan plasmados a la perfección.
La compenetración con el espacio a retratar era tal, que Franco volvía la cabeza en distintas direcciones para variar los ángulos desde donde pintaba, como si estuviera transportado a otro espacio para reproducir a la perfección lugares que no había visto en años.
Sus cuadros están llenos de edificios de piedra, arcos, paisajes de colinas toscanas, y antiguas ruinas etruscas. Lo curioso es que ha pintado centenares, y cada uno de ellos, tiene un grado de detalle tan similar a la visión real, que resultan asombrosos.
En una exposición en el año 1989, las pinturas de Franco eran expuestas junto a fotografías de los mismos lugares retratados de enorme similitud. Sus cuadros, han llegado a exposiciones en Toscana y muestras itinerantes por Estados Unidos y Canadá.
Magnani, ha llamado la atención del neurólogo Oliver Sacks, quien ha incluido su historia en el libro “Un antropólogo en Marte”. El libro, aborda siete casos médicos de personas con enfermedades neurológicas, como el autismo o el síndrome de Tourette.
Su caso, recuerda en parte la historia de Stephen Wiltshire, también conocido como la cámara humana, y diagnosticado con autismo. Wiltshire, posee una asombrosa habilidad para dibujar un paisaje desde una óptica arquitectónica y urbanística en extremo detalle, luego de haber visto el panorama una única vez por un breve período de tiempo.
Magnani, por su parte, tras enfermedad que padece en San Francisco, había quedado atrapado en la perfección de sus recuerdos de Pontito. Sin embargo, su memoria no era homogénea, y no era capaz de recordar con tal precisión otras imágenes o lugares. Se transformó de hecho en un artista obsesionado con su pueblo natal, que ha construido un modelo tridimensional de alta precisión del pueblo en su cabeza. La historia, ha merecido en palabras del ensayo de Oliver Sacks, la calificación de Pontito como “El paisaje de sus sueños”.
Más información e imágenes en:
The New Yorker
Sitio web de Franco Magnani
Un Antropólogo en Marte (acerca del libro en Wikipedia, en inglés)
Avances en brazos biónicos
El protagonista del vídeo se llama Jesse Sullivan, y está utilizando uno de los implantes biónicos más sofisticados desarrollados hasta el momento. Lo impresionante, como detallan en New Scientist, no es lo que vemos a simple vista, sino las conexiones de sus nervios con la prótesis, cuyos movimientos controla con el cerebro.
Enlace: Amputees regain control with bionic arm wired to chest (New scientist)
Una nueva clase de daltonismo
Acabo de encontrar esta ilusión óptica en Newscientist y la verdad es que me ha dejado asombrado. Vosotros simplemente no apartéis la mirada del punto central en ningún momento. Como véis, al principio los circulitos van cambiando de color a cierto ritmo acelerado. De pronto, todo el conjunto de círculos comienza a girar a derecha e izquierda y parece que los cambios de color en los círculos se ralentizan, pero lo cierto es que siguen sucediendo a la misma velocidad que cuando permanecían estáticos. Como se puede apreciar en la parte final del vídeo, el efecto también se produce con cambios de forma, brillo y tamaño.
El fenómeno no es nuevo, pero esta nueva ilusión diseñada por Jordan Suchow y George Álvarez de la Universidad de Harvard lo demuestra especialmente bien. Según ellos, la ilusión se produce porque las áreas cerebrales responsables de detectar estos cambios se organizan localmente (cada porción del campo visual es inspeccionada por una parte específica del cerebro). Cuando un objeto se mueve, pasa una pequeña porción de tiempo en cada una de las localizaciones posibles, y cada detector local tiene menos tiempo para formarse un juicio sobre los objetos que cambian, lo cual provoca el “fallo cerebral” al tratar de percibir las variaciones.
Curioso ¿verdad? (Por cierto, ayer mismo Aberrón habló de esta misma ilusión en Fogonazos).
Mejora tu rendimiento intelectual
Buscar métodos para mejorar nuestro cerebro y sus procesos cognitivos sería algo mucho más fácil si conociésemos los mecanismos de la inteligencia la mitad de bien que conocemos los de la fuerza muscular, por ejemplo. Lamentablemente, lo que no se sabe de esos mecanismos de la cognición, es decir, lo que hace físicamente diferente un cerebro menos inteligente de un cerebro más inteligente y cómo hacer que el primero se parezca más al segundo, es la mayor parte.
A continuación, y basándonos en lo que sí se sabe, vamos a revisar, sin ánimo de ser exhaustivos, qué podemos hacer para mejorar el rendimiento cognitivo con ciertas garantías de éxito.
Sigue leyendo este interesante artículo de uno de los colaboradores más geniales de Amazings, Cesar Tomé, en su blog Experientia Docet.
Enlace recomendado: Cómo mejorar el rendimiento intelectual, de verdad.
Ilusión óptica: ¿hacia dónde mira la chica?
Para comprender lo que estamos viendo sobre estas líneas necesitamos una breve explicación. Si observáis detenidamente la ilustración, veréis que se trata de un imagen en espejo, la imagen ha sido desdoblada a la derecha con una sola excepción, los ojos de la chica. Aunque la primera impresión nos dice lo contrario, los ojos de la protagonista son exactamente iguales en los dos dibujos. Entonces, ¿por qué el dibujo de la izquierda parece mirarnos directamente a los ojos y el de la derecha no?
Esta desconcertante ilusión óptica es la última propuesta de Richard Wiseman en su blog a partir de un fenómeno descrito por William Hyde Wollaston en el siglo XIX. En Amazings no tenemos a Wiseman sino al neurocientífico Xurxo Mariño, que para el caso es lo mismo o mejor, y por eso me he dirigido a él para obtener una explicación más detallada de lo que vemos. Leer más »
Revisitando la estructura de la retina humana: evolución y eficacia.
La retina humana es una estructura extraña; evolutivamente refinada, pero retorcida como las tripas de un transbordador espacial. Si no se examina con detalle, puede dejarnos descolocados, como creo que son algunos de los argumentos que a veces se utilizan para describir su arquitectura. En concreto quiero aclarar en lo posible un malentendido que aparece constantemente en los trabajos de divulgación sobre la evolución biológica.
La evolución no es perfecta, no puede serlo. El azar y la ausencia de finalismo ponen a disposición de los seres vivos un determinado abanico de piezas, de posibilidades; la contingencia y el tiempo afianzan algunas opciones que resultan viables y así, poco a poco, emergen los repollos, las garrapatas, las mariposas y tú.
Los creaccionistas y crédulos de todo pelaje encuentran en las complejas estructuras vivas una demostración de la mano hacedora de algún gigante invisible. Pero la ciencia nos muestra que la vida es todavía más compleja, retorcida y hermosa. La imperfección de los seres vivos forma parte de esa hermosura; es una muestra en crudo de la maquinaria evolutiva. Leer más »
La paciente SM: la mujer sin miedo
Imaginemos la siguiente situación: una mujer pasea por un parque en mitad de la noche. Mientras camina observa a un hombre apoyado en un banco que le hace un gesto y ella se acerca. Cuando está a su lado, el hombre saca un cuchillo de la chaqueta y se lo pone en el cuello. “Voy a rajarte, puta”, le dice. A continuación, ella se queda mirando al hombre con una frialdad absoluta y le dice que antes de matarla tendrá que apañárselas con su ángel de la guarda. Desconcertado, el hombre sale corriendo y se va, y la mujer sigue su camino como si tal cosa.
La historia ocurrió hace 14 años y la mujer es una paciente conocida por los neurólogos por sus iniciales, SM. Su caso lleva años interesando a los científicos porque una enfermedad degenerativa, el mal de Urbach-Wiethe, destruyó por completo su amígdala y ello ha tenido consecuencias muy concretas en su vida cotidiana.
Ahora, la revista Current Biology publica un estudio dirigido por Justin Feinstein en el que han comprobado que la ausencia de amígdala ha provocado que esta mujer no experimente ningún sentimiento parecido al miedo desde hace años, debido a que este núcleo cerebral, como ya vimos por aquí, controla esta respuesta en su forma más primaria.
Para poner a prueba a la paciente, que ahora tiene 44 años, primero le pidieron que llevara un diario durante muchos meses, en el que iba registrando sus sensaciones. También hablaron de sus experiencias en el pasado y en ellas tampoco aparecía rastro de miedo después de la lesión. Después vinieron las pruebas prácticas: le pusieron arañas, serpientes, le sometieron a sesiones de cine de terror e incluso la llevaron a una casa “encantada” en la que un grupo de actores se dedica a aterrorizar al personal y aún así nada de todo aquello provocó el más mínimo temor en la paciente.
Los investigadiores, de la Universidad de Iowa, aseguran que el de SM es un caso paradigmático que indica la importancia de la amígdala en la sensación de miedo. “Hace las cosas al contrario que el resto”, asegura Feinstein en Livescience. Tiende a aproximarse a aquellas cosas que debería evitar con absoluta certeza”.
Debido a estos daños en la amígdala, la paciente SM ya había sido objeto de otros estudios neurológicos. En uno de ellos determinaba que la ausencia de amígdala afectaba a su forma de reconocer las expresiones faciales y en otro se establecía que la paciente no discriminaba la distancia de seguridad con otras personas igual que cualquiera de nosotros.
Aunque el sentimiento del miedo tiene que ver con un complejo entramado en el cerebro y no se puede simplificar tanto como para enfocarlo solo en la amígdala, este ultimo estudio confirma lo que ya se había probado en monos, que su ausencia hace desaparecer el estímulo del miedo. Por otra parte, los investigadores creen que esta investigación puede llevar a avances que permitan alguna vez mejorar el tratamiento en los casos de estrés post-traumático y de personas que, al contrario que S.M., no pueden controlar la sensación de pánico.
Más info y fuentes: Woman With No Fear Intrigues Scientists (Livescience), Rare Brain Disorder Prevents All Fear (Wired), Meet the woman without fear (NERS), Humans, Like Animals, Are Fearless Without Amygdala (NYT). Vía: Wired Science
Lectura recomendada: Así funciona el circuito del miedo en nuestro cerebro (lainformacion.com)
“Un solo cerebro humano tiene más conexiones que toda la red de Internet”
Lo que veréis en las siguientes imágenes, ese laberinto de colores, redes y conexiones, no es el cableado de una sofisticada computadora sino una tomografía de un fragmento de la corteza cerebral de un ratón, con miles de millones de sinapsis. Como comentábamos al hablar del “proyecto Conectoma”, los científicos están tratando de trazar un mapa del cableado cerebral, pero la tarea es incluso más compleja de lo que esperaban.
Este vídeo, por ejemplo, es obra del trabajo de varios años en la Universidad de Stanford, donde un equipo de científicos han diseñado un sistema para tomar pequeñas láminas del cerebro de un ratón y navegar después por ellas en tres dimensiones. Para ello, como explican en CNET, introdujeron en el tejido una proteína fluorescente que hace brillar las neuronas más grandes y facilita la visualización de la red de conexiones.
Stephen Smith, uno de los autores del estudio, lo resume así esta semana en la revista Neuron:
Una sinapsis, por sí misma, se parece más a un microprocesador – con almacenamiento de memoria y la parte de procesador de información – que a un mero mecanismo de apagado y encendido. De hecho, una sinapsis puede contener del orden de 1.000 conexiones a escala molecular. Un solo cerebro humano tiene más conexiones que todos los computadores y routers y conexiones de Internet de la Tierra.
Enlace: Human brain has more switches than all computers on Earth (CNET) | Vía: Neatorama













