Categoría: Escepticismo

La superstición en las pseudomedicinas

Hace unos días disfruté viendo Las vidas posibles de Mr. Nobody, una curiosa película de ciencia ficción que trata de la vida, en forma de recuerdos, del último mortal que queda en el planeta, con sus 118 añitos (el último mortal pero no el último ser humano, ya que la sociedad del año 2092…) En fin, no es es mi intención destripar el argumento de una película que recomiendo que veáis, sino compartir con vosotros la escena inicial.

Atentos:

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Fijaos en la última frase: “Llamamos a esto superstición de la paloma

¿De la paloma? Hombre, no digo yo que las palomas no sean supersticiosas (que lo son, como muy bien demostró el psicólogo conductista B. F. Skinner, y en uno de sus trabajos se basa la escena), pero si hay una especie supersticiosa esa es la nuestra, tan soberbiamente autodenominada Homo sapiens.

Tenemos una tendencia muy fuerte a considerar que si un suceso B está precedido en el tiempo por un suceso A es porque A ha causado B, sobre todo si la conexión temporal entre A y B ha sucedido en más de una ocasión. Es un error de razonamiento muy frecuente conocido como falacia post hoc ergo propter hoc.

En la escena la paloma ha aleteado antes de que se abriera la trampilla de la comida, así que está convencida de que cuando aletee, se abrirá. No encuentro ninguna diferencia entre la actitud de la paloma y la del deportista que usa siempre el mismo calzón con el que marcó dos goles en una final gloriosa de fútbol. Es lo mismo que cuando alguno de mis alumnos se empeña en contestar los exámenes (solo los exámenes, para que dure más) con el bolígrafo con el que una vez consiguió una calificación mayor a la esperada. Leer más »

Falacias lógicas

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Encuentro de difusión del pensamiento crítico en la sociedad Ateneu de Barcelona (24-03-2012) ARP-SAPC (Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico)

¿Somos libres para decidir nuestra religiosidad?

¿La religión que profesamos y la espiritualidad que tenemos, son una creación cultural transmitida de generación en generación o nuestros genes nos hacen ser como somos?

Un concepto normalmente aceptado por la mayoría es que estamos determinados por los genes a pertenecer a algún grupo dentro de una escala que va desde el pragmatismo al idealismo, desde el escepticismo a la credulidad, y desde el materialismo a la espiritualidad.

Sin embargo creer en uno u otro dios es una cuestión cultural que se adquiere por nuestro desarrollo mental en un determinado ambiente.

Las particularidades de cada dios y de la religión son producto de la cultura de cada pueblo y de cada época, pero la predisposición a tener una mayor o menor espiritualidad está condicionada por nuestros genes (Hamer, El gen de dios, 2006).

Primero sepamos de qué hablamos diferenciando las dos palabras. Religión es el conjunto de creencias y dogmas acerca de un dios; la espiritualidad está relacionada con sensibilidad, poco interés en lo material e inclinación hacia lo espiritual (ver RAE). La experiencia cotidiana nos enseña que una persona religiosa puede tener una profunda espiritualidad o tenerla muy escasa y, de la misma manera, una persona que no cree en ninguna religión puede tener una elevada o ninguna espiritualidad. Como diría un castizo, “hay gente pa tó”.

Si bien está clara la diferencia entre estos dos conceptos, también es evidente que una persona muy religiosa tiene una alta espiritualidad y viceversa; a esta asociación de religión y espiritualidad permítanme que las englobe en este artículo con el término religiosidad. De la misma manera se da una alta correlación entre materialismo y ateismo. Estas relaciones no impiden, sin embargo, que puedan darse, aunque más raramente, ateos espirituales y creyentes materialistas.

Si la religiosidad estuviese determinada por nuestros genes deberíamos encontrar un comportamiento más o menos religioso-espiritual relacionado con algunas enfermedades causadas por alteraciones del cerebro o de nuestros genes. Leer más »

Percepción y estupidez

Existen varias maneras de malinterpretar la realidad. Una mala percepción de la misma representa el caso mas elemental. La obvia limitación de nuestros órganos sensoriales, fallos en ellos o sencillamente falta de atención nos hacen percibir la realidad de forma torpe o sencillamente errónea.

El siguiente nivel lo constituye una buena percepción de la realidad asociada con falta de información. Cuando las primeras civilizaciones comenzaron a asociar figuras cotidianas a los conjuntos de cuerpos celestes, lo hacian pensando que éstos estaban enclavados en una esfera enorme en cuyo centro se encontraban ellos. Su percepción de los cuerpos celestes y su movimiento era perfecta. Tanto que incluso llegaron a proponerse modelos de funcionamiento para ellos. Sin embargo carecían de información relevante para entender la realidad del universo: el propio movimiento de la Tierra o el hecho de que las estrellas fuesen soles alejados de nosotros (y entre ellos) por distancias inimaginables.

Una buena percepción asociada con falta de información les hizo tener una comprensión de la realidad, por decir poco, muy limitada.

Pero tal vez la forma mas sublime de malinterpretar la realidad sea aquella en la que, habiendo una buena percepción y teniendo una cantidad adecuada de información para entenderla, uno decide ser un estúpido. No utilizo estúpido como insulto sino como epíteto descriptivo. No pretendo ofender a nadie y de hecho me incluyo entre ellos.

Por continuar con el ejemplo de las estrellas, hoy entendemos muy en profundidad su funcionamiento. Sabemos lo que son, donde se encuentran, cuando nacieron y cuando morirán. Y sin embargo, muchos de nosotros seguimos leyendo el horóscopo cada mañana. Bastaría tomar un libro de ciencia elemental para saber que las figuras con que dibujamos a los dioses mitológicos en el cielo nocturno no tendrían ningún sentido en cualquier otro punto de la galaxia. Pero aún así preferimos ser estúpidos.

Vivimos una época dorada de conocimiento no solo por la cantidad que atesoramos sino por la facilidad de acceso. Y seguimos prefiriendo creer que hace dos mil años los milagros eran frecuentes (hoy por algún motivo ya no podemos caminar sobre las aguas ni vivir dentro de ballenas o ascender a los cielos en caballos en llamas). No nos extraña que Dios prefiriese hablar a mentes curiosas sobre la evolución o el heliocentrismo antes que a sus propios vicarios. Preferimos pensar que las manchas de humedad son parientes que olvidaron decirnos algo mientras vivían o que el cancer de páncreas puede curarse con zumos (la estupidez llega a todas partes).

¿Y qué ocurre cuando chocamos con el durísimo muro de la realidad? No hay problema. Existe una batería infinita de frases y excusas con que eludir el accidente y cubrirnos aún mas con el lodo de la estupidez: “la ciencia no lo sabe todo”, “yo no creo… pero haberlas haylas”, “los caminos del señor son misteriosos” o mi preferida “vivimos en democracia y mis creencias son tan válidas como las tuyas”.

Y el hecho señores, es que la realidad no es democrática.

Parafraseando (libremente) al interesantísimo Michael Shermer, “al parecer estamos cableados para la estupidez”.

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Este artículo participa en los Premios Nikola Tesla de divulgación científica y nos lo envía Enrique Sahagún, diseñador gráfico y Doctor en física en el Dpto. Física de la Materia Condensada de la Universidad Autónoma de Madrid.

¿La última esperanza?


Visto en Reddit

¿Vacunas? Sí, gracias

Celebrando 2012, Año de la Neurociencia, junto a mis alumnas y alumnos de secundaria vimos el biopic da HBO Temple Grandin, dedicado a la etóloga estadounidense. Aprovechamos para leer unos fragmentos de dos libros publicados en español Interpretar a los animales, RBA, 2006, e Pensar con imágenes, Alba, 2006. Luego hablamos sobre lo visto y lo leído. Dos asuntos surgieron con fuerza sobre los demás. El primero estaba relacionado con la diversidad de maneras que tenemos de percibir la realidad. Teniendo muy fresca Unha viaxe ao funcionamento da mente, la charla que ofreció Xurxo Mariño como acto de inauguración del curso 2011- 2012 (gracias, Xurxo) repasamos algunas ilusiones ópticas y sonoras.

El segundo asunto nació del primero: la condición de autista de Temple Grandin era la razón de su percepción de si misma, de las de los demás y de su entorno. Como la mayoría tuvimos, y tenemos, trato con personas autistas o que tienen síndromes relacionados con el autismo (Asperger, Tourette…) fue inevitable preguntarnos por las causas del autismo. Paseando por Internet encontraron unas cuantas explicaciones, combinaciones de varios factores, pocos comprobados y muchos supuestos. Pese a no profundizar en el grado de importancia de todos los porqués, uno de ellos era muy llamativo: la flecha dirigida a las vacunas y, en concreto, a la vacuna triple vírica conocida también como trivalente. El paso siguiente fue automático: ¿como es posible que se mantenga la vacunación con la triple vírica si puede ser una de las causas de autismo?

Tres a un tiempo, tres fuera.

La vacuna triple vírica (conocida como SPR por inmunizar al receptor frente a las infecciones por los virus do sarampión, parotiditis y la rubeola) comenzó a ser aplicada a finales de la década de los setenta, y en Galicia a principio de la de los ochenta del siglo pasado. Es preferible administrarla a los dieciocho meses de edad cuando los anticuerpos desarrollados por la madre van desapareciendo de los cuerpos de los chavalines. Al llegar a los cuatro o cinco anos de edad se administra una segunda dosis “de refuerzo” (la edad recomendada para esta segunda dosis fue disminuyendo desde 1982 hasta ahora).

Los que somos muy anteriores a esta práctica recordamos con escalofríos y pesadillas (por lo menos en mi caso) el paso por las fiebres del sarampión y de todas las molestias de las otras dos. Desde los días de la administración da triple vírica, o de las vacunas para cada una de esas enfermedades aplicadas por separado, los casos declarados disminuyeron radicalmente. Hubo epidemias puntuales de sarampión pero la tendencia va hacia la práctica desaparición de las tres enfermedades y al olvido, en el caso del sarampión, de las antes familiares olas bienales de la enfermedad (¡este es año de sarampión!).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tenía previsto declarar a Europa como zona libre de sarampión pero lo cierto es que el número de casos de sarampión aumen de 2010 a 2011. Como un sarpullido, día sí y día también, la prensa recoge nuevos casos de enfermedades evitables de seguir correctamente  el calendario de vacunaciones establecido en cada territorio.

Objeción a las vacunas.

El conocido comunicador científico Ben Goldacre (Mala ciencia, Paidós Contextos, 2011) dedica un capítulo de ese libro al “bulo mediático sobre la vacuna triple vírica”. Un artículo de Andrew Wakefield y otros autores publicado en The Lancet en 1998 relacionaba la administración de la vacuna trivalente con la posterior aparición de problemas intestinales y el autismo. Una difusión equivocada del artículo, un rumbo convenientemente dirigido a la emotividad, la ausencia deliberada de noticias con revisiones de estudios con las “evidencias empíricas” de la nula relación entre la vacuna y el autismo y la mitificación de Andrew Wakefield, supuso la formación de grupos de madres y padres opuestos a la administración de la triple vírica y la formación de asociaciones para la “libertad de vacunaciones”. Los motivos concretos aducidos para oponerse a la vacunación o a algunas vacunas son diversos: miedo a los efectos secundarios, desacuerdo con la intervención del estado en la salud individual, recelo frente a los componentes de las vacunas, consideración de “benignas” de algunas de las enfermedades objetivo de las vacunas… Personalmente solo conozco dos de estas situaciones, una relacionada con un miedo excepcional a un efecto adverso y otra que tiene que ver con un estilo de vida y creencias próximas (muy próximas) a las pseudociencias.

Finalmente el caso de Wakefield y sus antivacunas se destapó como todo un fraude.

El asunto de la oposición a las vacunas o de la libre elección para vacunar o no a los hijos es habitual en las redes sociales, en parte debido a la difusión en los medios de comunicación de casos con títulos muy llamativos (con frecuencia atenuados en los subtítulos y explicados en el texto hasta contradecir total o parcialmente el titular) y empleados como argumentos por las activas asociaciones anti vacunación en sus diferentes grados.

Frente a la irracionalidad de estas corrientes es de agradecer la labor de las asociaciones de pensamiento crítico, círculos de escépticos, etc., en su trabajo de reacción (y de acción) ante todo este tipo de cuentos y trolas. Sin esta posición crítica y divulgativa poco podrá arreglar al anunciado calendario de vacunación único para todo el estado.

Para quién quiera imaginarse una época pre vacunas aquí queda la sobrecogedora Némesis de Philip Roth (Mondadori, 2011) o este vídeo de Penn y Teller que ya pasó por Amazings pero que siempre es bueno recordar.

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Este artículo participa en los Premios Nikola Tesla de divulgación científica y nos lo envía Alberto Cifuentes, biólogo y profesor de ciencias desde hace más de veinte años. Ha participado en numerosos proyectos de divulgación científica como el desaparecido “Vieiros” (1999), el portal de divulgación científica” en gallego Canal Ciencia (1999-2008);  en el suplemento “Descubrir” de “O Correo Galego”, más tarde “Galicia Hoxe” (2000-2008, 400 artículos entre los dos diarios) y en otras publicaciones de Galicia (“Tempos novos”…) y españolas (revistas, páginas de divulgación de ciencia, blogs…). Además realizó colaboraciones con “Cienciópolis” de RNE-5 hasta que acabó y en otras cadenas radiofónicas y de televisión.

¡ZAS! En todo el Boiron

La empresa de productos homeopáticos Boiron ha aceptado pagar 12 millones de dólares para evitar una demanda colectiva por publicidad engañosa en EEUU por la venta de seis productos homeopáticos. Según informa el portal jurídico Law360, la compañía acepta dedicar 5 millones de dólares a los demandantes particulares que reclaman la devolución del dinero, una indemnización que será de hasta 100 dólares por demandante.

Enlace: Boiron pagará 12 millones de dólares para evitar las denuncias por publicidad engañosa de sus productos homeopáticos (lainformacion.com)

I want to believe… “bach” I can’t

Ha llegado a mi correo electrónico un curso de formación en terapia floral con flores de Bach. Me decepciona que un Aula de la Farmacia, plataforma que consideraba seria en cuanto a cursos de formación, tome en serio una terapia tan “dudosa”. Mi humildad y actitud ecléctica me obligan a realizar el curso. Con la homeopatía tuve que entender primero en qué consistía la pseudociencia para poder descartarla, así que me puse a leer el primer tema con la esperanza de encontrar un ápice de racionalidad. Quiero creer.

Según la terapéutica de Bach, la enfermedad está causada por una falta de armonía entre la personalidad y el alma, es decir, las enfermedades son debidas a errores psicológicos. Esto empieza a sonar mal, pero entiendo que puede hacer referencia a la somatización que se produce en ciertas patologías; el dolor, por ejemplo, puede tener un origen psicológico; el estrés y la ansiedad ligera, tratables en ocasiones con psicoterapia, pueden entenderse como alteraciones del alma, del ser. Personalmente, no me gusta intercalar este carácter místico a las ciencias de la salud, pero puedo aceptar que sea más fácil de entender o aceptar para ciertas personas no duchas en la materia. Leer más »

Se nos ha ido de las manos…

Nos lo enviaba ayer Andrés Arranz que se lo encontró en una parada de bus de Madrid. No sé cómo sería su sorpresa pero a nosotros nos ha dejado a cuadros. El cómo se puede llegar a tal grado de tergiversación es algo que se nos escapa… lo de la cuántica se nos ha ido ya de las manos…

Simple y llana Geografía…

Imagen | Traducido de esta imagen en Bit and pieces