Categoría: Ecología

El deshielo del Ártico en el Pamplonetario

Hace sólo 100 años, Amundsen conseguía conquistar el Polo Sur. Han pasado aún menos, 85, desde que su equipo llegó hasta el punto opuesto del planeta, en el Ártico, a bordo del dirigible Norge. Los polos han sido durante mucho tiempo la última frontera inexpugnable. El refugio secreto de Supermán. El último lugar de la Tierra capaz de mantenerse ajeno a la actividad de los hombres.

Y sin embargo, hoy, parecen ser precisamente estas regiones remotas las que más repentinamente están sufriendo su presencia. El cambio global y el aumento de las temperaturas amenaza aquellos lugares que dependen directamente del frío, del hielo. El Ártico, en concreto, se está calentando tres veces por encima del promedio del resto del planeta. La banquisa amenaza con desaparecer verano tras verano y, con ella, todo el ecosistema que depende de su superficie. Este mismo verano, el nivel de hielo volvió a registrar nuevos récords de mínimos, dejando libres los emblemáticos pasos NorEste y NorOeste, por primera vez en siglos.

Por ello, es aquí donde se centran gran parte de las investigaciones actuales sobre cambio global. El pasado mes de mayo pude recorrer los alrededores de las islas Svalbard como parte de la expedicion Arctic Tipping Points, un proyecto dirigido por Carlos Duarte, del CSIC, y Paul Wassmann de la Universidad de Tromso. Su objetivo es identificar los umbrales de cambio del Ártico: aquellos puntos de inflexión a partir de los cuales el ecosistema podría sufrir cambios bruscos y, quizás, irreversibles.

Durante el viaje tuve ocasión de sacar infinidad de fotografías del hielo, los animales, los paisajes… un lugar fascinante que he querido retratar en 24 imágenes acompañadas de breves descripciones y anécdotas. La exposición se inauguró en Septiembre gracias a Amazings y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV, y a partir de este jueves, día 19, colgará en el Pamplonetario de Navarra para quedarse hasta marzo. Quien acuda a la inauguración, presentada por Juan Ignacio Pérez y apadrinada por Javier Armentia, podrá asistir además a una charla de presentación en la que hablaré un poco del proyecto y la experiencia del viaje, a partir de las 19:30.

El Pamplonetario acoge simultáneamente otras actividades relacionadas con los fríos polos y el centenario de la aventura de Amundsen. Una buena época para recordar que existen lugares más fríos que tu coche a las 6 de la mañana. No os lo perdáis.

Resumen de la Conferencia de Durban

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El mito de las renovables

Energías renovables.

Energías renovables. | Fuente imagen: renovablesverdes.com.

Dawn Stover escribió hace unos días un artículo en The Bulletin of the Atomic Scientists sumamente realista (algunos dirán también que desmoralizante) sobre los mitos que acucian a las así llamadas energías renovables; se trata de un extenso texto de muy recomendable lectura que os paso a resumir brevemente.

El autor sostiene que desgraciadamente muchos idealizan esta forma de generación energética poniendo el énfasis en que “la energía así generada se obtiene de cosas que no se agotarán” (este es literalmente el modo en que el Ministerio de Energía estadounidense la define en una web destinada a informar a los niños), en contraposición a las llamadas no renovables “que se obtienen de cosas que si se acabarán como el petróleo, carbón, gas natural o uranio”.

Esta simplista idea puede ser aceptable en la enseñanza primaria, pero un adulto que se plantee las ventajas de unas formas de generación frente a otras debe estar más formado para poder evaluar de forma crítica las verdaderas opciones de unas y otras.

Lógicamente a todos nos ecantaría que el ITER se mostrase viable en los próximos lustros, y acabar para siempre con una crisis energética que no ha hecho más que empezar (como vemos en el aumento global de demanda energética que se experimenta cada año) pero lo cierto es que las formas de generación de energía renovable con las que ahora contamos: solar (fotovoltaica o térmica), eólica, maremotriz, geotérmica, biomasa o hidroeléctrica son cualquier cosa menos renovables.

Tal y como Stover se encarga de recalcarnos, la luz solar puede ser efectivamente renovable pero ni el silicio barato con el que fabricamos los paneles fotovoltaicos ni el agua necesaria para las turbinas en las térmicas (normalmente ubicadas en lugares muy secos) son inagotables. Lo mismo sucede con las geotérmicas (que dependen de la presencia de acuíferos para sus turbinas) o con el cemento y acero necesarios para fabricación de cada aerogenerador, por no hablar ya de las tierras raras imprescindibles en los componentes electrónicos, que son como su misma definición dice “raras” (en el sentido de escasas).

Y ya hemos visto que cuando se apuesta por la biomasa el precio de los alimentos de primera necesidad parece subir de forma inaceptable. Los problemas asociados con las hidroelécticas son similares a los de las eólicas, la cantidad de acero y cemento necesario es impresionante, sobre todo teniendo en cuenta que se las diseña para que duren aproximadamente 50 años, y los efectos medioambientales en los cauces fluviales que interrumpen son bien conocidos.

La intención del autor del artículo no es por supuesto la de erigirse en lo que yo denomino, perfecto agonías tecnológico, sino la de hacernos entender que, en ocasiones, las tésis defendidas por los ecologistas son demasiado simplistas y que no contamos aún con tecnologías que nos permitan generar energía de forma completamente limpia y reciclable.

Es una lástima, pero me temo que encontrar una solución al doble problema ecológico-energético no es tan sencillo como clausurar las nucleares, abolir las centrales térmicas que queman carbón o gas natural y volcarnos por completo en las alternativas con las que contamos ahora mismo. De ser así, todo el mundo debería afiliarse a Greenpeace.

Podéis leer el artículo completo en: The myth of renewable energy (vía Slashdot).

Lagartos, iguanas, tortugas y la evolución abofeteandote la cara

Noventa grados oeste, treinta minutos sur, coordenadas simples, pero más allá de los impersonales números nos indican un lugar maravilloso, un lugar que hace tiempo se conoció como las islas encantadas, hoy tal vez os suenen más por su nombre, las islas Galápagos.

En pleno ecuador y nacidas de los infiernos, las Galápagos se han convertido en un icono de la biodiversidad. Han pasado a la historia como las islas que pusieron a Charles Darwin tras la pista de la verdad de la vida en este planeta. La vida no apareció debido a un acto de creación divino, toda la biodiversidad de la Tierra ha aparecido por evolución, cuyo motor principal es la selección natural.

Cuando visitas las islas no sorprende que las mismas le abrieran los ojos al joven Darwin que viajaba en el HMS Beagle. Mires donde mires, es fácil ver como los organismos se han adaptado a su medio, no hace falta ser un naturalista experto para percatarse de que ante tus ojos tienes algo sorprende y maravilloso, es casi como ver la evolución en plena acción.

Os voy a mostrar algunos ejemplos de adaptaciones realmente fáciles de ver, salvo que uno esté completamente ciego. Una de las especies que me encontré cuando fui a la isla de Bartolome fue los lagartos de lava. La anécdota es que allí se refieren a ellos como lagartijas, lo cual te llama la atención ya que son como el doble de largas a las que estamos acostumbrados a ver. Los lagartos de lava son endémicos de las Galápagos, es decir, solo los puedes ver allí, no existen en ningún otro lugar del planeta. Bartolome es una isla con un entorno completamente árido, en algunos lugares el paisaje de roca es de un color rojizo que te recuerda la superficie de Marte, en otras zonas se encuentran capas negras de lava seca, y otras rocas presentan un color grisáceo. En estas últimas rocas es donde descubrí mi primer lagarto de lava, fijaros lo bien que se mimetiza con la roca, en la foto parece fácil de ver pero en vivo es más difícil, normalmente te lo tienen que indicar, una vez que lo ves y lo identificas haces zoom con la cámara para que en la foto salga lo mejor posible:

Lagarto de lava en la isla BArtolome

Pues bien, si nos movemos a otra isla, en este caso a Santa Cruz, donde la vegetación es realmente abundante podemos encontrarnos también lagartos de lava, pero de una coloración distinta. Aquí el entorno es distinto, abunda el verde de las plantas y el gris de las rocas, así que ha existido una presión para que los lagartos de lava presente esos colores, cuanto mejor te camufles más difícil de localizar eres para tus depredadores, lo cual hace que tengas más opciones de procrear al tener un mayor tiempo de vida. También claro está, tienes más opciones de procrear porque tus competidores para encontrar pareja probablemente estén muertos. Tus descendientes heredaran esa característica tuya haciendo que a la larga tu genotipo sea el más extendido entre la población. Aquí tenéis al lagarto de lava de la isla de Santa Cruz y su mezcla entre verde y gris:

Lagarto de lava de la isla de Santa Cruz

Aquí resulta fácil de ver, pero os aseguro que en cuanto se fue entre las plantas me resulto imposible seguirlo con la vista, en seguida se hizo “invisible”.

Otro ejemplo de adaptaciones lo encontramos en las iguanas. En Galápagos encontramos a las iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus) que son otra especie endémica. Presentan un color prácticamente negro, lo cual hace que sean fácilmente observable en las playas de arena blanca:

Iguana Marina

Pero si nos movemos a su hábitat natural, rocas volcánicas de tonalidad gris y negra, resulta que las iguanas marinas tienen un camuflaje muy bueno. Pinchando aquí podéis ver esta imagen de alta resolución, si buscáis las iguanas sin ampliar la imagen, veréis que es algo difícil encontrarlas, ampliando la imagen la cosa se simplifica. Estas iguanas tiene un comportamiento raro para ser reptiles. Si os fijáis en la imagen muchas de las iguanas en la imagen están realmente juntas, incluso algunas están encima de otras, esto tiene dos ventajas. Recordemos que son animales de sangre fría y necesitan aumentar su temperatura por medios externos, por eso posan de cara al Sol, al agolparse unas encima de otras consiguen compartir su calor corporal. Por otro lado al amontonarse consiguen aumentar su tamaño y mimetizarse mejor don las rocas en las que se encuentran.

Las iguanas marinas no son las únicas iguanas que podemos encontrar en las Galápagos, también están sus primas cercanas las iguanas de tierra (Conolophus subcristatus), las cuales están en peligro de extinción debido a las especies que ha introducido el ser humano en las islas. Son particularmente vulnerables a especies introducidas como los perros, gatos, cerdos y ratas. Estos destruyen sus nidos y los cerdos se comen sus huevos. La estación científica Darwin situada en la isla de Santa Cruz está haciendo esfuerzos por proteger y recuperar dichas iguanas.

Las iguanas de tierra tienen un color completamente distinto a las marinas. Las de tierra son de tonalidades marrones, en la estación científica Darwin resulta fácil verlas en cautividad, pero estando en libertad asistimos una vez más a lo eficaz que es un buen camuflaje. Su comportamiento también es distinto al de las iguanas marinas. No son ni de lejos sociables. Son territoriales, y si te acercas a comer del mismo cactus del que se está alimentando más vale que lo hagas con cuidado o te vas a llevar un zarpazo. Su dieta nos permite ver otra de sus adaptaciones, a nadie se le escapa que comer cactus no debe ser tarea fácil, para eso tienen sus garras. Con ellas quitan las púas del cactus para poder morder más tranquilamente. En las siguientes imagenes tomadas en la isla Seymour Norte, podéis ver a una iguana entre la maleza y debajo tenéis los restos de un cactus donde podemos apreciar los zarpazos de la iguana para quitar las púas.

Iguana de tierraCactus

Por último llegamos al ícono de las islas, sus tortugas gigantes. En la siguiente imagen os podéis hacer una ligera idea de su tamaño en relación con una persona. Hay que tener en cuenta que ese ejemplar es una hembra que son más pequeñas que los machos, los cuales son mucho más imponentes:

Tortuga de la isla Santa Cruz

Una vez más, dependiendo de la isla a la que pertenezca la tortuga así será su caparazón. Según cuentan, el vicegobernador de las islas le comentó a Darwin que podía saber de que isla había sido capturada una tortuga con solo observar su caparazón.

Por desgracia, las tortugas, al igual que las iguanas terrestres se encuentran actualmente amenazadas. Esto es así principalmente por dos factores. Por un lado la voracidad de los humanos y por otro las especies que hemos introducido en el archipiélago. Algunas especies de tortugas de las Galápagos ya se han extinguido. Otra está apunto de hacerlo ya que sólo queda un ejemplar, el famoso solitario George:

El solitario George

Que como podéis observar es ciertamente grande. George es el último de su especie. Actualmente se llevan acabo intentos para que se reproduzca. Evidentemente ha habido que buscarle una pareja, dado que no existen de su misma especie se ha optado por la más cercana genéticamente, pero de momento no ha habido éxito. George proviene de la isla Pinta, que es árida y la vegetación está constituida principalmente por cactus. Si observáis su caparazón, la parte anterior está muy abierto, esto le permite alzar mucho la cabeza y poder alcanzar las almohadillas de los cactus, que es el principal componente de la dieta de estas tortugas. En cambio, el caparazón de la tortuga de Santa Cruz(la de la primera imagen) como observáis es distinto. En la isla de Santa Cruz, como ya he comentado, la vegetación es frondosa, por lo que las tortugas de dicha isla no necesitan alzar el cuello tan arriba para poder alimentarse, aquí tenéis un vídeo de una de estas tortugas en pleno banquete:

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Galápagos, un recóndito lugar del planeta que nos ha ayudado a comprendernos mejor a nosotros mismos, su biodiversidad ayudó a Charles Darwin a desarrollar la teoría de la evolución por medio de la selección natural. En parte, gracias a ellas sabemos de donde venimos, devolvamoslas el favor como se merecen, cuidemoslas y protejamoslas para poder seguir yendo allí y ver la evolución en acción.

Si emites CO2, a pasar por caja

Flickr Creative Commons

La noticia saltaba la semana pasada: Australia va a aprobar un impuesto que gravará cada tonelada de CO2 emitido (y el día 19 se hizo público que España esta pensando en implantar una tasa similar). Como diría un tertuliano en una de esas emisoras: “Ya está, el malvado estado  sacando provecho, vía impuestos, del “inexistente” cambio climático.” Aunque el asunto, como diría Ben Goldacre, es un poco mas complicado de lo que parece.

Resulta sorprendende lo que ha tardado Australia en adoptar una medida de este tipo teniendo en cuenta que la UE ya adoptó su mercado de emisiones en 2005 y es el pais que emite el 1,5 % de gases de efecto invernadero (que para un país de 22 millones de habitantes es uno de los mayores ratios de emisión per cápita) impulsado sobre todo por su tremenda cabaña bovina y su total dependencia energética del carbón. A eso hay que sumarle que está sufriendo los grandes problemas ambientales de primera mano: la debilitación de la capa de ozono incremetó el número de casos de cancer de piel y el cambio climático esta destruyendo la Gran Barrera de Coral, con la bajada de ingresos turísticos que supone, y esta desplazando a otros habitantes de Oceanía a su territorio debido a la inundación de sus islas.

Flickr Creative Commons

Pero, ¿en que consiste este impuesto? ¿Lo van a pagar todos los australianos? El impuesto consiste en gravar con 23 $ australianos (unos 17 €) la tonelada de CO2 emitida pero solo lo pagarán aquellas empresas que superen las 25.000 tm/año, unas 500 en todo el país. Solo cuenta con el apoyo del 30 % de la población y, por supuesto, las empresas ya se están poniendo la tirita en la herida del cuantos puestos de trabajo se van a perder, lo normal, se cuentan los problemas pero no los beneficios que van a obtener.

El plan australiano va más allá de recaudar impuestos: quiere que las industrias reduzcan las emisiones dentro de un ambicioso plan que persigue el cierre en 2020 de las centrales térmicas de carbón y su sustitucion por renovables. En total le va a salir por 26.000 millones de $ entre ayudas directas y excenciones fiscales y, que quieren que les diga, me parece estupendo que las que más contaminen sean las que mas paguen y contribuyan a un plan del que ellas también se van a beneficiar: si reducen sus emisiones, pagarán menos, no hace falta un MBA para darse cuenta. Pero parece que el concepto de “eficiencia energética” en el mundo anglosajón no va con ellos.

Agro-Borroka y acientifismo

Greenpeace una vez fue amiga de la Ciencia pero en la última década ha abandonado el rigor científico. Cuando la Ciencia le plantea algún inconveniente, Greenpeace elige el dogma…

COSMOS Magazine

En un artículo reciente del histórico COSMOS magazine se lamentaba de la triste deriva que está tomando Greenpeace en la última década. De la misma manera que algunas campañas históricas como las de la protección a las ballenas o las de proteger a la capa de ozono han tenido resultados notables y son dignas de aplauso, últimamente han abrazado el dogmatismo anticientíficos en temas como la energía nuclear, la agricultura ecológica o los transgénicos, y muchas de sus campañas parecen más enfocadas a atraer la atención mediática que a solucionar los problemas medioambientales, como acusar a los iPhone de tóxicos y peligrosos.

A los que trabajamos en ciencia esta deriva de Greenpeace no nos pilla de nuevas.

Estudios experimentales para curar la hepatitis C mediante tomates transgénicos | Imagen: Flickr Creative Commons

Hace unas semanas, Juan Felipe Carrasco, responsable de transgénicos de Greenpeace, fue invitado a dar su visión en en el V congreso de estudiantes de biotecnología. Según él, Greenpeace no está en contra de la ciencia, ni siquiera de los transgénicos, pero quiere alertar de sus riesgos para le medio ambiente y la salud. Y ponía como ejemplo las mariposas monarcas y el maíz Bt.

Supongo que es un buen ejemplo de lo que decía Groucho Marx, “estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Más mentiras no se pueden decir en menos tiempo. Para empezar el tema de las mariposas monarca se demostró que el peligro era falso y se publicó una rectificación sobre el artículo original hace más de 10 años. Pero este señor parece no haberse enterado.

También siguen diciendo que el glifosato es tóxico para las embarazadas, cuando lo único que demostraba el artículo es que es malo inyectar herbicida en la placenta. En este caso la revista no publico una, sino tres rectificaciones sobre el artículo original, por cierto, una de ellas escrita por un servidor a raíz de un comentario en Amazings.es.

Bueno a estas alturas ya está claro que llamar informe científico a un comunicado de Greenpeace es llamar debate periodístico de altura a un programa de la noria.

Pero retomemos sus palabras, no están en contra de la investigación. ¿Cómo casa esto con al destrucción de un campo experimental esta semana en Australia? Además no han tardado en adjudicarse el mérito y lo presentan como el acto heroico de una madre, cuando en realidad era trigo pensado para mejorar sus cualidades nutricionales… se ve que las madres de niños diabéticos no tienen derecho a obtener una mejor alimentación para sus vástagos.

A ver: dicen que no podemos estar seguros con los transgénicos por que no hay investigación (cosa que es falsa), pero además, queman los campos experimentales. Me parece que lo que empezó siendo una organización con unos intereses encomiables, ha acabado siendo un movimiento anticientífico e integrista. De esos, por desgracia, vamos sobrados, no necesitamos más.

En Alemania esta semana una plantación experimental de patata transgénica dedicada a la industria del plástico ha sufrido un ataque similar, agravado por la violencia de los perpetradores. Han utilizado bates de béisbol y spray de pimienta. Todo muy Green, pero poco Peace. Lo más hiriente ha sido la actitud del partido verde que “lamenta, pero no condena estos actos” ¿a que os recuerda?

En España tampoco nos libramos. Gracias al esfuerzo de Greenpeace, Amigos de la Tierra y Ecologistas en Acción, todos los veranos se publicitan las parcelas donde se harán ensayos con transgénicos, así si alguien le apetece puede ir y arrasarlos, aunque a veces se equivoquen y no quemen la de transgénicos. Da igual, las penas que se aplican son unas multas irrisorias. Además sirve para que algunos saquen pecho y se den autobombo. Y hay que considerar que lo que se pierde no es solo el trabajo y la fuente de ingresos de un agricultor.

Destrozar un campo experimental puede suponer perder uno o dos años de trabajo y recopilación de datos. Si esa experimentación se desarrolla en el marco de una tesis doctoral o de un Postdoctoral puede suponer perder un tiempo irrecuperable de beca o de contrato y echar por tierra una carrera científica, todo por un acto de violencia gratuita e injustificada. Y lo que es más grave, están destruyen un ensayo científico controlado que cuenta con todos los permisos y autorizaciones simplemente por razones ideológicas… lo que nos retrotrae a las épocas más oscuras de la historia, cuando la ciencia era innecesaria por que ya estaba la religión, o cuando Stalin y Lyssenko rechazaban el Darwinismo por que no era Marxista.

Ya que Greenpeace dice que alerta, yo también. Sirvan estas modestas líneas como llamada de socorro. La violencia va en aumento año tras año. Al paso que vamos es cuestión de tiempo que un agricultor, un guardia de seguridad o un científico caiga herido o algo peor que no quiero ni pensar. Paren esta locura y dejen que la ciencia siga su camino. Nos beneficiaremos todos.

Malaspina vuelve a casa

La Expedición Malaspina por fin vuelve a Cartagena. Cuesta creer que ya hayan pasado 7 meses desde que embarqué en el Hespérides para acompañarla en su partida. Ayer me sorprendió el 13 de Julio, con prisas en el calendario y me acordé, sobre todo, de la dotación: los marineros, cabos y oficiales que han pasado ya 7 meses enteros en alta mar, echando de menos a sus familias como no, pero también una cama amplia o una ducha que no se bambolee incansablemente mientras uno intenta enjabonarse y entonar el “Oh sole mio” al mismo tiempo. Me acordé, sobre todo, de un jovencísimo electricista (qué rabia no recordar su nombre…) totalmente cubierto de tatuajes, que no se cansaba de repetir lo mucho que añoraba a su pareja y a su pequeña hija: hoy por fin podrá verlas. Será un gran día, no sólo para la ciencia.

Pero también, por supuesto, para la ciencia. Durante estos siete meses, la Expedición Malaspina, la mayor expedición marina española de la historia, liderada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ha dado su primera vuelta al mundo. Ha recorrido cerca de 32.000 millas náuticas (60.000 kilómetros). Ha recorrido y explorado los distintos océanos de nuestro planeta azul. Ha visitado las costas de Río de Janeiro, Ciudad del Cabo, Sidney, Honolulú y Cartagena de Indias entre otras. Ha tomado miles de datos y muestras (con sus correspondientes Nachoetiquetas) de agua, aire, contaminantes y todo tipo de formas de vida, coordinando el trabajo de más de 400 investigadores de todo el mundo y consolidando una impresionante base de datos y muestras llamada muy oportunamente Legado Malaspina ya que, parte de ella quedará reservada para los científicos de dentro de 30 años (esos que ahora están en el colegio).

Y, con todo, el principal viaje de Malaspina aún no ha empezado. Aún queda mucho trabajo por hacer: muchas muestras que analizar, muchos datos que extraer, muchos estudios por realizar y muchas teorías que formular. Aún nos quedan por ver todos los descubrimientos que los científicos de la expedición podrán extraer de esta impresionante aventura. Esa será la segunda vuelta al mundo de Malaspina (sin postales, eso sí): la de los nuevos conocimientos aportados por sus investigadores.

Desde aquí me gustaría dar la bienvenida a todos esos científicos, a los estudiantes y los investigadores (con especial cariño para los integrantes del primer leg), y mandarles mucho ánimo para el duro, aunque emocionante, trabajo que les espera. Seguiremos de cerca esta segunda parte de su viaje.

Galería de fotos de Almudena M. Castro

¿A quién le importa que se funda el Ártico?

Fotografia | Almudena M.Castro

He pasado dos semanas alucinantes recorriendo el Ártico a bordo de la expedición Arctic Tipping Points (un proyecto financiado por el 7º Programa Marco de la UE y el MICINN).

Han sido dos semanas llenas de baches, a pesar de la calma irreal de sus aguas (como la de una bañera de mercurio), debido a los altibajos emocionales incesantes día tras días. Y es que la rutina del barco, creo yo, estaba diseñada con inquina: perfectamente planificada para que los tripulantes del Jan Mayen abandonásemos la expedición sin saber si reír o llorar. Cada día, las excursiones matutinas, los paisajes helados, los emocionantes avistamientos de ballenas, osos y morsas… eran sucedidos por conferencias y presentaciones científicas, donde se hacía imposible eludir que todo aquello está desapareciendo ante nuestros ojos. El Ártico, ese lugar encantado que acabamos de conocer, padece un cáncer de los graves. Valdría para un argumento de drama romántico hollywoodiense si no fuese tan real.

Y quizás ese fuese el problema: la realidad de toda esta historia. En altamar, rodeados de pruebas, probetas y  razones, el cambio climático no se deja disfrazar de ficción. No es una película de miedo, un mero entretenimiento, ni siquiera una amenaza, o una noticia emitida durante 2 minutos en el telediario de la sobremesa que cesará en cuanto empiecen los anuncios. En el Ártico, más que en ninguna otra parte, el cambio climático es un hecho: visible e innegable día a día en el deshielo de los glaciares, en la desorientación de los osos polares, en la zona de hielo marginal polar que retrocede hacia un nuevo récord cada año.

Sólo así planteado, como hecho, resulta necesario buscar una respuesta a este problema inminente. De hecho, cada tarde, en las reuniones vespertinas del Jan Mayen, se hablaba de todos estos temas: de la lucha contra el cambio climático, de cómo hacer llegar mejor el mensaje a la sociedad, de cómo conseguir producir cambios significativos; de cómo mejorar el mundo, en definitiva. Eran conversaciones trascendentes, conscientes de su peso, pero sin el menor rastro de escepticismo (para variar).

Fotografía | Almudena M.Castro

La actitud habitual ante estos problemas, en cambio, suele ser la negación: en algunos casos porque se niega de entrada que exista el cambio global, un problema más o menos habitual que se soluciona con información. Pero pienso que la mayoría, simplemente, omite el problema. Como dice Carlos Duarte, investigador del CSIC, cambia de canal: bien porque lo considera ajeno o bien porque “tiene las alubias al fuego” y ahora mismo no lo puede atender. Sencillamente, el cambio climático se considera una cuestión menor, perfectamente prorrogable. Un “plus” al comportamiento del buen ciudadano: “no tires las colillas al suelo, cede tu asiento a la anciana de al lado, salva a las ballenas y recicla”.

Esta actitud está claramente retratada en un icono del ecologismo como es el oso polar. A fin de cuentas, como se preguntaba uno de los compañeros de la expedición, el director de cine Tom Fernández: ¿para qué sirve un oso?, ¿a quién le importa que se derrita el Ártico? Salvar a este tipo de ecosistemas parece una cuestión secundaria, una lucha abstracta por la belleza (siempre nos quedarán los museos con sus fotos), por la conservación de algo que no es útil para nosotros, sino Bueno y Bello en sí mismo quizás, pero perfectamente prescindible. Consecuentemente, se borran del anuncio otros elementos del ecosistema menos “bonitos”: los copépodos, las bacterias, el fitoplancton… independientemente de la función ecológica que puedan cumplir, está claro que tienen peor prensa.

Nada más lejos de la realidad: la lucha contra el cambio climático no es un Bien Moral. Tampoco una cuestión de elegancia o de civismo gratuito, ni la nostalgia de cuatro hippies enamorados de las ballenas. El Bien así planteado es prorrogable porque no tiene consecuencias (Dios perdona los pecados veniales). Todo lo contrario: la lucha contra el cambio climático es necesaria y urgente porque es interesada y egoísta, en el mejor de los sentidos. Lo preocupante de que se deshiele el Ártico no son los hermosos paisajes, ni siquiera los osos, que, a fin de cuentas, pocos afortunados han visto o verán en directo: lo grave es que este delicado punto de inflexión, tan aparentemente alejado de nuestro cálido hogar, implica cambios irreversibles también a nivel global: implica consecuencias directas sobre nuestras vidas, sobre el equilibrio que ha posibilitado el desarrollo de la civilización que conocemos.

La respuesta está en el viento.

Si te pregunto a ti, avispado lector de Amazings, cual es el sitio de la Tierra con menores precipitaciones anuales, la gran mayoría pensará en Atacama. Y si pregunto por las zonas más lluviosa de España enseguida viene Galicia y la cornisa norte a la cabeza. Pues aquí es donde unos cardan la lana y otros se llevan la fama. El lugar más seco de la Tierra está en los Dry Valleys de la Antártida y unos de los lugares más lluviosos de España ademas de la cornisa cantábrica es Grazalema, en Cadiz. Y la respuesta a estas cuestiones está en el viento, como diría Bob Dylan.

- La zona mas seca de la tierra: los Dry Valleys antárticos


Ver mapa más grande

Si obsevan la imagen veran que en esa enorme masa glaciar que es la Antártida hay una zona totalmente despejada de hielo. Son los Dry Valleys (si es que el nombre ya lo dice todo), que están situados cerca de la estación McMurdo. Se cree que hace miles de años que no llueve allí.

Los culpables de la sequedad de estos valles son dos: los vientos catabáticos y la altura de las montañas que los rodean. Los vientos catabáticos son vientos fríos y, por ende, secos que recorren a gran velocidad las llanuras de la Antártida. Cuando llegan a estos valles se desploma, ya que el aire frío tiene mayor densidad y, al contacto con la zona baja del valle, se calientan arrastrando con ellos toda la humedad y evitando las precipitaciones en tierra. Las montañas impiden el flujo de los glaciares y mantienen la zona libre de hielo.

- La zona más lluviosa de España al sur de Cantábrico: Grazalema

Grazalema está situada al final de un valle que da al Atlántico, los vientos, que ya llegan cargados de humedad, se van calentando a lo largo del valle haciendose aún más húmedos. Al toparse con un relieve montañoso, en este caso las Sierras del Pinar y del Endrinal, ascienden por la vertiente y al enfriarse llegan al “punto de rocío”, lo que provoca la “lluvia orográfica”. Estos vientos son justo lo contrario de los vientos catabáticos y se llaman viento anabáticos. La precipitación media anual en Grazalema es de 1962 mm y hay años donde se supera los 4.000 mm.

Grazalema | Fuente: WikimediaCommons

A raíz esto, la otra vertiente de la montaña, la que no da al mar, recibe un viento cálido y seco que conlleva menos precipitaciones en esas zonas. A esto se lo conoce como efecto Foehn o Föhn pero esto ya es cuestión para otro post.

El mochuelo, ave del año 2011

SEO/BirdLife lleva más de veinte años eligiendo al ave del año, para simbolizar algunas de las amenazas más significativas que sufre nuestra avifauna. Su objetivo consiste en llamar la atención sobre la delicada situación en la que se encuentra cada una de estas especies y sus hábitats.

Para este año 2011 se ha elegido como ave del año al mochuelo comúnAthene noctua, una pequeña, simpática y carismática rapaz nocturna que habita en nuestros campos y que por desgracia se encuentra en declive. Por ello, y a modo de homenaje, quiero compartir con vosotros, al igual que ya hiciéramos con los murciélagos o con esos extraños bichitos que son los opiliones20 curiosidades que probablemente no sabías sobre los mochuelos (o a lo mejor sí):

Athene noctua | Fuente

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