Categoría: Citas

En ciencia no existen verdades absolutas

“En ciencia, ‘hecho’ sólo puede significar ‘confirmado hasta tal punto que mantener reservas sería una perversión’. Yo puedo suponer que mañana las manzanas podrían comenzar a elevarse, pero esa posibilidad no merece igual tiempo en los salones de clases de física”.

Stephen Jay Gould

Acertada cita de Stephen Jay Gould.

1972 empate a Ochoas… ¿Y ahora?

Dos Ochoas | Dos Ochoas, dos modos de entender la modernización de un país

Hasta 1978, año de entrada en vigor de la Constitución vigente, España contaba con dos medallas de oro olímpicas, las obtenidas por los pelotaris vascos Amézola y Villota en 1900 y la muy aireada de Fernández Ochoa en los Juegos de Invierno de Sapporo en 1972. En el mismo periodo, dos españoles habían obtenido el premio Nobel en disciplinas científicas: Ramón y Cajal en 1906 y Severo Ochoa en 1959. Durante los tres primeros cuartos del siglo veinte, el empate a dos entre deporte y ciencia era un resultado ciertamente pobre pero equilibrado.

Desde esa fecha hasta el día de hoy nuestros deportistas han cosechado 26 medallas de oro en las disciplinas más diversas, en tanto que nuestra ciencia no se ha hecho acreedora de ningún reconocimiento de la academia sueca. 26-0 es un resultado que solo se ve en el rugby de vez en cuando, y siempre con bochorno. Miedo me dará mirar al marcador cuando concluyan los Juegos de Londres, que se celebrarán este verano.

Juan Torres | Vozpopuli.

Muchas gracias a Carlos Briones, bioquímico del CAB, por hacerme llegar un artículo de Juan Torres en Vozpopuli titulado “A vueltas con la ciencia“. Interesante coda final sobre dos formas de entender la modernización de un país.

Las características diagnósticas de la ciencia

Muchas veces, algunos colectivos quieren pasar como ciencia algo que no lo es. Veamos qué es lo que nos tiene que decir Edward O. Wilson en su maravilloso libro Consilience:
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Experiencias en cartas sobre el cáncer

Desde que comencé a escribir sobre el tema de mi cáncer en el Times y en otros diarios he recibido unas 30.000 cartas, de las cuales, unas 5.000 han sugerido curas alternativas.

Alrededor de la mitad de ellas hablan de curas alternativas que el que escribe, un amigo o un pariente, han seguido. Muchas cartas utilizan variantes de la frase “un año después todavía está vivo“, algunos usan la frase “dos años después todavía está viva“, y dos utilizan la frase “tres años después todavía está vivo“.

Todavía no he recibido carta alguna que incluya la frase “cinco (o diez o veinte) años después todavía esá viva”;

Sin embargo, he recibido muchas cartas de gente que recibió en tratamiento ortodoxo hace veinte años o más y todavía campan a sus anchas y pueden escribir cartas a columnistas de diario. Para acabarlo de demostrar, todavía no he recibido ninguna carta de un paciente de cáncer que desde el día del diagnóstico haya evitado totalmente el tratamiento ortodoxo en favor de las versiones alternativas, aunque sé que hay alguno.

La única deducción razonable que puedo sacar de ello es que todo el mundo que ha recibido las terapias alternativas también ha recibido las ortodoxas y que ninguno ha vivido más tiempo de lo que habría que esperar como resultado de las terapias alternativas.

John Diamond | El escándalo de la medicina alternativa

Lo que el público ignora

La vida de un hombre de ciencia está saturada de momentos verdaderamente angustiosos. Pero con frecuencia el sabio los pasa en su laboratorio, solo, o rodeado de sus ayudantes, que comparten con él sus temores y sus alegrías.

El público ignora por completo cuántas pruebas es necesario efectuar entre muros blancos antes de conseguir, no ya un modelo de avión, un automóvil o un poste de televisión, sino simplemente un interruptor eléctrico, un lápiz en el que la mina no se quiebre en el interior de su funda de madera o un bote de conservas que evite la fermentación de su contenido.

Lo que el público ve es un resultado impecable de una labor que ha costado muchos sinsabores y disgustos, e ignora completamente toda la fase preparatoria que se realiza en los laboratorios.

Jacques Piccard | Profundidad 11.000 metros

Einstein, original hasta para dar el pésame

Carta de Einstein a Robert S. Marcus (7 febrero 1950) | Fuente imagen: Letters of note.

Querido Dr. Marcus,

Un ser humano es una parte de un todo, al que llamamos “Universo”, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Él experimenta por si mismo (sus pensamientos y sensaciones) como si estuvieran apartados del resto; una especie de falsa ilusión óptica producida por su consciencia. El esfuerzo necesario para liberarse a uno mismo de esta falsa ilusión es un problema que debe resolver la verdadera religión. No alimentar esta falsa ilusión, sino intentar superarla, es la única forma de alcanzar un nivel de paz mental asequible.

Con mis mejores deseos,

Sinceramente suyo,
Albert Einstein.

Albert Einstein | Letters of note

Esta carta de condolencia fue enviada por Einstein a Robert S. Marcus en febrero de 1950. Por aquel entonces Marcus era director político del Congreso Mundial Judío y acababa de perder a su hijo por la polio.

Encontré la carta en Letters of note.

Hace ahora casi 100 años…

Don Santiago Ramón y Cajal en plena faena

La posteridad duradera de las naciones es obra de la ciencia y de sus múltiples aplicaciones al fomento de la vida y de los intereses materiales, de esta indiscutible verdad síguese la obligación inexcusable del estado de estimular y promover la cultura desarrollando una política científica, encaminada a generalizar la instrucción y a beneficiar en provecho común todos los talentos útiles y fecundos brotados en el seno de la nación.

Santiago Ramón y Cajal (escrito en 1912). | UAM.

Asimov sobre el científico más grande que jamás existió

Hoy me han regalado un viejo libro de divulgación del Buen Doctor, merecidísimo apelativo con el que muchos se referían a Isaac Asimov. En concreto se trata de la edición española de “Please explain“, traducido aquí como “100 preguntas básicas sobre la ciencia“.

En este libro, publicado en octubre de 1973, Asimov seleccionó 100 de sus mejores respuestas a dudas que sus lectores de la revista Science Digest le planteaban. En una de ellas, la número dos de la selección, Asimov contesta a un lector que le interroga sobre la identidad del científico más grande que jamás haya existido. Esta fue su respuesta:

Si la pregunta fuese «¿Quién fue el segundo científico más grande?» sería imposible de contestar. Hay por lo menos una docena de hombres que, en mi opinión, podrían aspirar a esa segunda plaza. Entre ellos figurarían, por ejemplo, Albert Einstein, Ernest Rutherford, Niels Bohr, Louis Pasteur, Charles Darwin, Galileo Galilei, Clerk Maxwell, Arquímedes y otros.

Incluso es muy probable que ni siquiera exista eso que hemos llamado el segundo científico más grande. Las credenciales de tantos y tantos son tan buenas y la dificultad de distinguir niveles de mérito es tan grande, que al final quizá tendríamos que declarar un empate entre diez o doce.

Pero como la pregunta es «¿Quién es el más grande?», no hay problema alguno. En mi opinión, la mayoría de los historiadores de la ciencia no dudarían en afirmar que Isaac Newton fue el talento científico más grande que jamás haya visto el mundo. Tenía sus faltas, viva el cielo: era un mal conferenciante, tenía algo de cobarde moral y de llorón autocompasivo y de vez en cuando era víctima de serias depresiones. Pero como científico no tenía igual.

Fundó las matemáticas superiores después de elaborar el cálculo. Fundó la óptica moderna mediante sus experimentos de descomponer la luz blanca en los colores del espectro. Fundó la física moderna al establecer las leyes del movimiento y deducir sus consecuencias. Fundó la astronomía moderna estableciendo la ley de la gravitación universal.

Cualquiera de estas cuatro hazañas habría bastado por sí sola para distinguirle como científico de importancia capital. Las cuatro juntas le colocan en primer lugar de modo incuestionable.

Pero no son sólo sus descubrimientos lo que hay que destacar en la figura de Newton. Más importante aún fue su manera de presentarlos.

Los antiguos griegos habían reunido una cantidad ingente de pensamiento científico y filosófico. Los nombres de Platón, Aristóteles, Euclides, Arquímedes y Ptolomeo habían descollado durante dos mil años como gigantes sobre las generaciones siguientes. Los grandes pensadores árabes y europeos echaron mano de los griegos y apenas osaron exponer una idea propia sin refrendarla con alguna referencia a los antiguos. Aristóteles, en particular, fue el «maestro de aquellos que saben».

Durante los siglos XVI y XVII, una serie de experimentadores, como Galileo y Robert Boyle, demostraron que los antiguos griegos no siempre dieron con la respuesta correcta. Galileo, por ejemplo, tiró abajo las ideas de Aristóteles acerca de la física, efectuando el trabajo que Newton resumió más tarde en sus tres leyes del movimiento. No obstante, los intelectuales europeos siguieron sin atreverse a romper con los durante tanto tiempo idolatrados griegos.

Luego, en 1687 publicó Newton sus Principia Mathematica, en latín (el libro científico más grande jamás escrito, según la mayoría de los científicos). Allí presentó sus leyes del movimiento, su teoría de la gravitación y muchas otras cosas, utilizando las matemáticas en el estilo estrictamente griego y organizando todo de manera impecablemente elegante. Quienes leyeron el libro tuvieron que admitir que al fin se hallaban ante una mente igual o superior a cualquiera de las de la Antigüedad, y que la visión del mundo que presentaba era hermosa, completa e infinitamente superior en racionalidad e inevitabilidad a todo lo que contenían los libros griegos.

Ese hombre y ese libro destruyeron la influencia paralizante de los antiguos y rompieron para siempre el complejo de inferioridad intelectual del hombre moderno.

Tras la muerte de Newton, Alexander Pope lo resumió todo en dos líneas: «La Naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche. Dijo Dios: ¡Sea Newton! Y todo fue luz.»

Isaac Asimov | Cien preguntas básicas sobre la ciencia

Acostumbrados a estar engañados

Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos. El engaño nos ha engullido.

Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño. En cuanto se da poder a un charlatán sobre uno mismo, casi nunca se puede recuperar.

Carl Sagan, fragmento de El Mundo y Sus Demonios

Así nos va…

En Japón un matemático tiene un programa en horario de máxima audiencia donde explica matemáticas. En España tenemos un programa en horario de máxima audiencia donde se da 5000 € a alguien que lleva una galleta desde un ojo hasta su boca ayudándose solo de los músculos de la cara, y 10000 € por ser capaz de ensartar seis macarrones en un espagueti que lleva sujeto con la boca.

Así nos va por Miguel Ángel Morales en Gaussianos.