“Los homeópatas no somos curanderos, somos médicos”, sentencia Inmaculada González-Carbajal, presidente de la Federación Española de Médicos Homeópatas (sic) en La Vanguardia. Podéis acceder al artículo pinchando en la imagen:
Entrevista en La Vanguardia a la presidenta de FEMH
Continúa la pataleta de los homeópatas a raíz del reciente estudio del Ministerio de Sanidad sobre la inutilidad de esta timomedicina.
El genial Mauricio-José Schwarz ya les dio caña en su blog con la entrada La mala respuesta de los homeópatas pero por supuesto no se dan por vencidos. Y como no hay mejor defensa que un buen ataque, su presidente atribuye a la ignorancia los ataques racionales contra la homeopatía:
“Un defecto que tiene mucha gente en este país es la ignorancia (…) es un argumento que no tiene ningún tipo de fundamento más que la ignorancia como actitud”.
Poco importa que una revista médica tan prestigiosa como Lancet publicara en 2005 un metaanálisis que concluía que el único efecto de la homeopatía era el placebo, conclusión aceptada por el Parlamento Británico antes que por nuestro Ministerio de Sanidad.
Los homeópatas -esta vez doña Inmaculada- siempre contraatacan con pseudoargumentos, como la falacia de autoridad:
“La practicaron médicos muy importantes de la época”; “recientemente ha salido un oncólogo recomendando que los pacientes complementaran el tratamiento de la medicina convencional con acupuntura o con homeopatía”.
O el sofisma populista:
“Muy asentada en países como Alemania o Francia, va en aumento también en España”; “llevo trabajando 30 años con muchos éxitos en mi consulta ¿Usted cree que la gente es tonta?”
Desde las filas homeopáticas se insiste en que no puede haber placebo si “funciona” con niños y con animales (aunque se les puede dar un ¡zas! en toda la boca coneste estudio y con este otro):
“La veterinaria homeopática es muy interesante porque además en los animales las respuestas son muy rápidas ¡y aquí no puede haber placebo! Y yo tengo en mi consulta cantidad de niños de 0 a 3 años ¿a ver qué componente de placebo puede haber aquí?”
Parece ser, cómo no, que (aunque no las cita directamente) las malvadas multinacionales farmacéuticas conspiran contra los honrados homeópatas:
“Pero a nivel general sí que nos tenemos que enfrentar a esas ‘opiniones’ que quizá vienen más del sector médico. Y probablemente haya intereses…”
Otra perla de la entrevista:
“-¿Están reconocidos como medicamentos? -Sí, en la ley de Garantías. Por tanto son legales como lo son los medicamentos tradicionales. Si esto es así, es porque en su día, el Ministerio de Sanidad los reconoció atendiendo a sus particularidades pero reconociendo su eficacia”.
Lo que Doña Inmaculada se calla es que lo de atendiendo a sus peculiaridades quiere decir que a los “medicamentos” homeopáticos, a diferencia de los de verdad, no se les exige que demuestren su eficacia.
Aunque a mí, personalmente, lo que más me ha gustado de la entrevista es que…
“La homeopatía es una medicina muy barata”.
Es obvio que yo no opino igual. Ni es barata ni, lo que es peor, es efectiva; y como no es efectiva, la homeopatía es peligrosa. Es cierto que muchos titulados en medicina ejercen como homeópatas, pero eso no justifica la siguiente afirmación de su jefa:
“No somos curanderos ni buhoneros. Somos médicos, gente formada”.
Porque es una afirmación contradictoria: servidor, que se gana el pan dando clase de Ciencias, sabe que en el temario de Química de tercero de ESO entra el número de Avogadro, así que en todo caso pueden decir que son gente titulada, pero no formada.
Aún añadiría más. Tienen razón en lo de que no son ni curanderos ni buhoneros. Son magos, pero al estilo de Merlín o de Harry Potter, y a las pruebas me remito. Y por si acaso os queda alguna duda del carácter pseudocientífico y de la nula efectividad de esta timomedicina encontraréis la respuesta en ¿Qué es la homeopatía?
Hay algo que no puedo negarle a todo este mundillo de pseudociencias y terapias alternativas, y es la capacidad de sorprenderme. No sé, personalmente, es algo que me maravilla. Y lo cierto es que no sabría explicar si es por la increíble imaginación de alguna gente para inventarse los disparates más absurdos, o si en realidad es por la existencia de gente que de verdad los cree.
La última de mis sorpresas me la regala El Mundo, en lo que parece ser es una sección de vida y salud, o algo parecido, o todo lo contrario, llamada “Vivir en ti“… No me miréis, yo aún estoy dándole vueltas al título y preguntándome si se puede vivir de otra manera. Vivir en ti… Acepto sugerencias de gente que viva en otro sitio.
La psicogenealogía es el estudio del inconsciente familiar a través del árbol genealógico, en el que se originan mucho de los problemas de cada uno de nosotros y donde conviven tanto nuestras posibilidades de realización como los guiones de nuestro fracaso. Así lo asegura el fundador de este movimiento en los años 80, Alejandro Jodorowsky, quien ve en la psicogenealogía la posibilidad de liberarse de los antiguos anclajes tóxicos que actúan sobre las personas y sobre familias enteras de forma inconsciente.
Y la cosa es seria… no se vayan a creer, y ya nos lo avisan desde el primer párrafo:
¿Te llamas como alguno de tus progenitores o como algún familiar? Ten cuidado. Es posible que estés viviendo un destino que no te pertenece, marcado al ponerte ese nombre.
¡Cuidado! podrías estar viviendo un destino que no te pertenece… Al parecer el artículo se basa en evidencias científicas y casos demostrados como que hubo una vez un tal José que se llamaba igual que su padre José y las pasó canutas… no se crean.
Además, para darle más credibilidad si cabe a esta sarta de memeces siempre es bueno que aparezca algún personaje con criterio y apariencia científica… y es aquí dónde entra un psicoterapeuta llamado Jorge Llano que se muestra verdaderamente expeditivo:
La recomendación de Llano es contundente: “Nunca se deben repetir los nombres en la familia”. ¿Qué hacer cuando el daño ya está hecho? La solución es que la persona que se llama como algún ascendiente tome conciencia de que tiene “una capacidad para torcer el destino, para volver al alma de la familia y recuperar el sentido profundo de la existencia de la misma”
Como se puede ver en el artículo, si usted se llama como algún familiar… el daño ya está hecho y a partir de ahí, lo único que queda es voluntad para volver al alma de la familia y recuperar el rumbo de su vida haciendo mucho esfuerzo… imagino que visitando la empresa que él dirige, asististiendo a alguno de sus cursos o matriculándose en el Instituto que tan magnánimo psicoterapeuta ha abierto para tal efecto y que El Mundo enlaza…
No olvide traer su mente abierta y su cartera llena… ellos sabrán cómo ayudarle a sobrellevar el peso de su nombre.
Los sensores CMOS se utilizan en Medicina para obtener radiografías digitales. Y las radiografías son básicamente una imagen de la radiación ionizante que ha conseguido atravesar el cuerpo u objeto analizado. Esta radiación ionizante detectada por los sensores CMOS es en esencia la misma que se produce en un reactor nuclear. Y puesto que la cámara del iPhone utiliza un sensor CMOS, a alguien se le ha ocurrido la brillante idea de desarrollar una aplicación que permita convertir nuestro iPhone en un medidor de radiación.
Ante todos ustedes, WikiSensor Dosimeter:
Como se muestra en el vídeo, el funcionamiento es muy sencillo: basta con cubrir la cámara frontal del móvil con algo opaco (p.ej. cinta aislante) y ejecutar la aplicación para, en tan sólo 30 segundos, obtener un maravilloso y exacto resultado en microsieverts por hora (μSv/h):
Por supuesto, si su uso es sencillo, la explicación “técnica” no podía ser menos. Traduzco de la página web oficial:
Las lentes de las cámaras, incluidos los sensores CMOS, encontrados en la mayoría de los smartphones, no son sólo sensibles a la luz visible, sino también a otros tipos de ondas, incluyendo rayos gamma y rayos X emitidos por fuentes radioactivas.
Cubriendo la cámara con algo opaco (cinta aislante, el dedo pulgar del usuario…) las lentes ya no capturan la luz visible, sino únicamente los rayos gamma y X. Entonces, el algoritmo de la aplicación cuenta el número de impactos recibidos y lo transforma en un valor en microsieverts por hora.
Sensor de imagen CMOS
Además, para adornar este esperpento, en su página web hay una serie de vídeos sobre la aplicación, entre ellos un supuesto testeo en laboratorio con material radiactivo, y por Internet podemos encontrar diversos blogshaciéndoseeco de este portento de aplicación. Para colmo de males la aplicación se encuentra disponible en la tienda oficial de Apple (iTunes) al módico precio de 80 céntimos.
Sin embargo, la primera pregunta de cualquier mente escéptica sería: si esa explicación técnica es cierta, entonces ¿no nos valdría cualquier cámara de fotos para detectar esa misma radiación ionizante? Los sensores CMOS de las cámaras son mejores que los introducidos en los móviles.
Por otro lado, otro aspecto que chirría es que lo lógico sería que el sensor de una cámara de fotos esté optimizado para el rango de frecuencias de la luz visible, que al fin y al cabo es lo que queremos que salga en la foto, ¿no?.
Cristal centelleador rodeado de varias unidades detectoras de centelleo
Efectivamente, en los últimos años se ha extendido en radiografía el uso del Active Pixel Sensor (APS) basado en la tecnología CMOS, por ofrecer una ventaja coste-resultados sobre los sensores CCD y los TFT.
Sin embargo, y por desgracia para el mundo mágico de las aplicaciones magufas, para que estos sensores de imágenes sean capaces de recoger la radiación ionizante, es imprescindible convertir esta energía en luz visible. Algo que se hace poniendo sobre el sensor una lámina de material centelleador (p.ej. oxisulfato de gadonio oxisulfuro de gadolinio(GadOx) o yoduro de cesio (CsI)) que emita luminiscencia cuando es bombardeado por la radiación ionizante. Y es esta luminiscencia la que capta el sensor CMOS.
Quizá conozcáis la historia de cómo Wilhelm Roentgen descubrió los rayos X a finales del s. XIX. Estaba trabajando un poco tarde en su laboratorio de Wurzburg con un dispositivo que disparaba un haz de electrones a un objetivo en un tubo de vacío, cuando se percató de que una solución de cristales de platino-cianuro de bario que dieron la casualidad de estar cerca, comenzaron a resplandecer con un tono verdoso-amarillento. Observó que el resplandor aparecía cuando encendía su dispositivo y desaparecía cuando lo apagaba. Roentgen acababa de descubrir accidentalmente una nueva forma de radiación e inventado el primer detector de centelleo.
La cantidad de luz producida por el centelleador es proporcional a la intensidad de la radiación recibida, y el fotodiodo de silicio que hay en el interior del sensor CMOS convierte esa luz en una señal eléctrica amplificada, cuyos voltajes nos dan la información sobre la intensidad de la radiación que incidió sobre el centelleador.
En todo caso, aunque consigas un material centelleador, no te molestes en ponerlo sobre la cámara de tu teléfono esperando poder desarrollar una aplicación que mida la radiación. Aunque la tecnología CMOS sea esencialmente la misma, los sensores tienen que estar integrados con el material centelleante en paneles específicamente diseñados para medir la radiación
Si aún así sigues empeñado en medir la radiación, la mejor opción sería buscar alguna aplicación que se base en datos de estaciones de medición disponibles online, como RT Radiation (iPhone) o Global Nuclear Watch y Nuclear Radiation Dosim (Android).
El domingo pasado, El Mundo publicaba un publirreportaje con aspecto de noticia titulado “Reiki, manos que curan“. No vengo aquí a decir que el reiki en realidad es una magufada absurda, ya Luis Alfonso Gámez le ha dado cera al artículo de marras, cuya única fuente de información es un reikipeuta profesional. Esta vez escribo porque me saca de mis casillas que alguien dé datos a medias o verdades sesgadas para vendernos su patraña.
Por ejemplo, ya en la primera frase de la noticia. Cuando nos masajeamos una zona dolorida no es para aplicar inconscientemente el reiki (si ahora va a resultar que hasta los animales aplican algo que se inventó en el siglo XX), sino que estimulamos un tipo de fibras nerviosas que, al llegar a la médula espinal, inhiban la transmisión del impulso doloroso, mecanismo conocido como “inhibición lateral”.
Lo de la terapia milenaria es de risa: una cosa es que haya textos de unos monjes que hablaran de la imposición de manos (¿y a mí que eso me suena de algo?), y otra es que un avispado en 1920 inventara el reiki tal y como se emplea hoy. O que se “administre” en hospitales públicos, que se supone que da un pábulo de legitimidad al hecho de que vayan voluntarios de una organización externa (ni siquiera titulados sanitarios)a dar masajitos y charlar con los enfermos.
Indispensable la mención de todo magufo a la física cuántica. Es una de esas palabras chulas que siempre quedan bien para vender un producto, como orgánico, biológico, o gatitos. Claro que se le olvidó pasar por alto que, para que mis ochenta kilos de masa escéptica y respondona se transformen en “todo energía”, sería mediante una reacción nuclear o algo similar. No te confundas: la energía que sientes que desprendes no es más que el calor producto del metabolismo de tus células.
Y en cuanto al nudo energético y el equilibrio de fluidos taponados… Mira, cantamañanas: que yo sepa, el único momento en el que sirve imponer las manos es, precisamente, para taponar esa aorta desgarrada que está haciendo que un hombre se desangre a borbotones sobre la mesa de quirófano. Así que no vengas a hablarme de quistes energéticos, que he visto tumores de mama como pulpos y úlceras por presión en las que cabía mi puño. Así que vete a contarle gilipolleces energéticas a otro.
En cuanto a esa parálisis de la cara que se resuelve milagrosamente y que prueba la efectividad del reiki, ¿no será una parálisis de Bell, que se cura sola en unas pocas semanas o meses?
Sigamos, sigamos con un órdago a grande. El reiki está reconocido por la OMS, dice. ¿Qué significa, que llega un tipo de la OMS y dice “Ah, esto es reiki“? Porque, con menos sorna, es lo que hace la OMS con las terapias alternativas (incluida la homeopatía): se limita a afirmar que hay gente que la usa, pero no dice nada sobre su efectividad o utilidad. De hecho, he ido a la web de la OMS, he buscado la palabra “reiki”, y me ha aparecido este documento en el que las ponen justo al lado de “tratamiento basado en la fe”. Sin comentarios.
En fin, para qué seguir. Luego el publirreportaje suelta cosas sobre energías y chutes (¿consistirá en meter los dedos en el enchufe?), la experiencia de uno que tiene un primo en Huelva que está mucho más satisfecho consigo mismo desde que le masajean el occipucio, y que no puede ser malo porque hay monjas que se lo administran (me deja mucho más tranquilo saber que no me condenarán a la hoguera por brujería).
Eso sí, le voy a dar la razón en su última frase: el poder está en tu mano, pero no en la palma sino en los dedos. En tus dedos, un teclado y una conexión a internet para buscar información y dejarte de tonterías.
Si tratara de escribir un texto humorístico tratando de parodiar la veta de productos milagrosos no me saldría un artículo tan descacharrante como el que se marca Guillermo Moratinos en El Confidencial. En un artículo sembrado de pseudociencia, el autor relata las bondades de una terapia llamada “gotas de lluvia” inspirada por la energía de las auroras boreales:
La aplicación de los aceites esenciales se realiza a partir de un tipo de masaje que se inspira en las enseñanzas de los indios Lakotas, nativos de Norteamérica. Éstos recibían la energía de las auroras boreales recogiéndola con sus manos para proyectarla, posteriormente, en la espina dorsal. La técnica producía mejoras espectaculares en su salud.
Como dice J. M. Mulet en la lista de Amazings, es una pena que los pobres indios Lakotas no utilizaran esos rayos energéticos, a la manera de los Caballeros del Zodiaco, para curarse la viruela que les contagiaron franceses e ingleses. Pero ahí no acaba la cosa. Este ungüento tiene aún más supuestas propiedades:
…los aceites llegan a los lugares más recónditos del cuerpo y expulsan las bacterias y los virus, lo que supone “una poderosísima herramienta para recuperarnos”. (…) pueden ayudar a curar enfermedades como la lumbalgia, la esclerosis, la fibromialgia, la gripe, el estrés o la escoliosis, de la que afirma que se puede llegar a conseguir una recuperación de la posición natural de la espalda del 90 por ciento. Esto se produce en casos en los que el factor bacteriano es el causante de la enfermedad, ya que los aceites, que viajan muy rápido por el cuerpo, eliminan los virus existentes.
Es decir, que estos señores han descubierto el origen bacteriano (o vírico, no se aclaran muy bien) de la escoliosis ¿y no optan al Nobel de Medicina? Qué gente tan humilde y desprendida. Por último, como no, aparece el recurrente “equilibrio”, que igual te entra por los poros, por las orejas, que por el nervio olfativo, oiga.
Los cambios en el estado emocional se producen porque las micropartículas de los aceites pasan del nervio olfativo al sistema linfático. Los olores llegan a la memoria haciendo efecto sobre la experiencia que necesitamos resolver para estar en equilibrio.
Dice la autora de estas “gotas de lluvia” que hay aceites que sirven “para sacar nuestro niño interior”. Lo que es seguro que le sacarán a usted si cae en uno de estos reclamos fraudulentos es el dinero y el valiosísimo tiempo que podría haber ganado yendo al médico. Lo que por lo visto no hay manera de sacar a algunos periodistas, como el autor de este panfletillo de aurora boreal, son los colores. | Vía: América Valenzuela
“Se han dado cuenta que pacientes trasplantados del corazón manifestaban unas vivencias que eran típicas del donante y no de ellos. Esto responde a una teoría que está un poco en boga hoy en día, que es la memoria sistémica, que dice que hay muchas células en el organismo que tienen la capacidad de almacenar sentimientos y memoria (…)
En el cuerpo de un trasplantado estas células…, mediante ondas electromagnéticas – se cree- envían al cerebro las memorias almacenadas y hay gente, por ejemplo, que ha cambiado totalmente gustos de comida, gustos de sexo, apetencias de deportes y se ha dado cuenta después de que eran exactamente las que tenía el donante. Y también se ha visto que esto pasa con los trasplantados del corazón y no tanto con los trasplantados de hígado y riñón (…)
Una norteamericana que había sido trasplantada… explicaba que después de la operación sentía unas cosas raras… una apetencia exagerada por comer alas de pollo frito del Kentucky Fried Chicken, de vestirse colores chillones y beber una marca determinada de cerveza (…) Consiguieron hablar con los familiares del donante y dijeron clarísimamente que la locura de su hijo era comer alas de pollo frito, beber aquella cerveza y vestir con colores muy especiales”
Josep María Caralps, cardiólogo
El autor de estas curiosas declaraciones es el cardiólogo Josep María Caralps, entrevistado por Julia Otero en Onda Cero el pasado miércoles día 28 y cuyo audio podéis encontrar íntegro sobre estas líneas. En dicha entrevista, Caralps dijo cosas tan asombrosas como que las “personas transplantadas manifiestan vivencias y querencias del donante” y relató experiencias como éstas:
Se puede cambiar la orientación sexual que uno tenía antes… Una señora que tenía una relación sentimental perfecta con su compañero fue trasplantada con el corazón de una lesbiana y se dio cuenta después de la intervención … que de vez en cuando, según a qué mujer veía, tenía sensaciones como las que tenía con su compañero. Después se supo que la donante era lesbiana.
Lo primero que piensa quien está oyendo la entrevista es que quien así se expresa ha de ser un chalado de esos que aparecen de vez en cuando enunciando alguna nueva teoría pretendidamente revolucionaria. Pero no es el caso. Lo verdaderamente sorprendente es que quien ha dicho esas cosas es, nada más y nada menos, el Dr. Josep María Caralps Riera, jefe del servicio de Cirugía Cardiaca del Hospital Quirón.
El Dr. Caralps es, además, un personaje muy relevante en el campo de la cirugía cardiovascular. Él hizo el primer transplante de corazón en España y a lo largo de los años transcurridos desde aquél, han sido más de cien los corazones que ha transplantado. Es, por lo tanto, una autoridad en su campo. Ha sido, precisamente, en el curso de la campaña promocional de su libro “Super corazón”, en que ha hecho declaraciones tan estrambóticas como la que he señalado más arriba.
El caso es que esa idea de que las células humanas pueden transmitir su memoria al cerebro mediante ondas electromagnéticas la ha venido enunciando estos días en el contexto de otra noción, tan extravagante como la anterior, según la cuál las personas que reciben un corazón ajeno mediante transplante, no solo reciben una bomba de impulsión cardiaca, también se adueñan de parte de los sentimientos y la memoria del donante. ¡Ahí es nada!
Y enmarca estas afirmaciones en una denominada “teoría sistémica”, según la cuál hay muchas células del organismo con capacidad para almacenar sentimientos y memoria. Afirma que las células tienen memoria y energía, y que envían la memoria al cerebro mediante ondas electromagnéticas. En este contexto, la precisión de que se trata de una propiedad de ciertas células pero no de todas es pertinente, porque eso explica que este fenómeno se haya, -según él-, observado en transplantes de corazón y no así en los de hígado y riñón, y es que hasta en estos menesteres todavía hay clases.
Este batiburrillo de ocurrencias tiene, al parecer, su origen en el Dr. Gary Schwartz, y a quien interese profundizar en la cuestión lo puede hacer aquí y aquí (referencias ofrecidas por Mauricio José Schwarz).
¿Es esto posible?
La memoria, entendida como la capacidad para almacenar la información adquirida, de manera que se encuentre disponible para hacer uso de ella cuando nos resulta necesaria, es una propiedad del sistema nervioso central.
Puede tener diferentes soportes orgánicos, pero hasta donde hoy sabemos, ningún tejido ni célula ajena al sistema nervioso central puede almacenar memoria que resulte operativa.
Además de lo anterior, también sabemos que hay dos mecanismos para enviar información de un lugar a otro en un organismo humano.
Uno de esos mecanismos es el impulso nervioso. Los impulsos nerviosos son señales bioeléctricas que se desplazan a lo largo de neuronas que, a su vez, se comunican entre sí mediante mensajeros químicos. Normalmente viajan del encéfalo a los órganos y los tejidos para que estos ejecuten acciones de diferente naturaleza (mecánica, metabólica, u otra), y también parten de células y sistemas receptores que recogen información, la codifican en impulsos bioeléctricos, y la envían al encéfalo o, en ocasiones, a la médula espinal.
El otro mecanismo es puramente químico. Las hormonas son sustancias químicas que sirven para transmitir información. El vehículo de la mayoría de ellas es la sangre, y por ello, se transportan a través del sistema circulatorio.
Por esa razón, porque sabemos muy bien en qué órgano radica la memoria y cómo se transmite información en el interior de organismos humanos, me he llevado un susto de consideración cuando he oído en una entrevista radiofónica que las células humanas son capaces de transmitir al cerebro la memoria que albergan. Y no solo eso: según el entrevistado, la transmiten mediante … ¡ondas electromagnéticas!
La explicación
Como sostiene César Tomé (Experiencia Docet), muy probablemente se trata de un caso de falacia lógica del tipo post hoc ergo propter hoc. Es sabido que tras los transplantes el comportamiento de las personas puede cambiar. El simple hecho de tener una esperanza de vida mayor o mejores expectativas en general, pueden incidir de forma clara en el comportamiento. Por ello, se estarían atribuyendo los cambios observados a una causa que, por haber representado un hecho de importancia máxima en la vida de una persona, se constituye en la referencia vital primera y se le otorga unos atributos extraordinarios. Pero la relación causal es errónea. No solo no hay pruebas científicas que sustenten esa noción, sino que además, no se ofrece ningún mecanismo que la explique.
El hecho de que quien enuncia una teoría tan irracional como la que denomina “sistémica”, así como todas las derivaciones de la misma, sea un reconocido cardiólogo añade gravedad al caso. Porque para la gente, quien suelta esa ristra de despropósitos es un “científico” o, al menos, se presenta como tal. Julia Otero se lo pregunta: “…y esto es científico?” y él le responde: “…esto está probado”. Eso sí, nos queda la posibilidad de utilizar este caso como ejemplo de que en ciencia el principio de autoridad no sirve. Algo es algo.
Addenda:
No me puedo resistir a incluir aquí una breve mención de algo a lo que se refiere el Dr. Caralps al final de la entrevista en Onda Cero. No viene al caso, pero me ha hecho gracia. Sostiene que el sexo es uno de los mecanismos del cuerpo humano para mantenerse en forma. Y no solo eso, a la hora de practicarlo, recomienda hacerlo con la pareja habitual, porque de ese modo equivale a subir corriendo las escaleras de un piso. Y desaconseja practicarlo con otras parejas, pues, según él y por razones obvias, equivale a subir corriendo las escaleras de cinco pisos y eso puede ser causa de accidentes cardiovasculares. No me negarán que, ante frases como esa, la imaginación tiene ante sí un campo enorme.
Durante el periodo de documentación para escribir “Los Productos Naturales ¡vaya timo!” me encontré con que en el mundillo de la medicina alternativa, perdón, complementaria, estaba ganando predicamento una terapia que a diferencia de otras si que tenía cierta evidencia científica detrás, pero como también suele pasar, esto se aprovechaba para venderla como remedio mágico contra cualquier tipo de dolencia.
La Ozonoterapia todavía esta lejos de alcanzar el top 3 de las terapias “naturales”, cómodamente ocupado por la fitoterapia, la acupuntura y la homeopatía. No sé que tienen de naturales estas dos últimas, aunque puestos a ser exigentes hoy en día hasta la fitoterapia se da en pastillas, con lo que llegamos a la conclusión de que medicina natural es cualquier cosa que alguien te vende diciéndote que es natural.
El que la ozonoterapia se incluya en la terapias naturales también es un poco peculiar. Supongo que se ha ganado un sitio en el mundillo alternativo por las famosas campañas para proteger la capa de ozono de los gases CFC, lo que le granjeó al ozono una fama de molécula guay y de buen rollo, imprescindible para triunfar en el campo de las terapias sin evidencia científica que las respalde.
La realidad es que el ozono tiene un papel fundamental en filtrar la radiación ultravioleta proveniente del sol en las capas altas de la atmosfera, pero a ras de suelo es un oxidante muy potente, que procede, entre otras fuentes, de los tubos de escape de los coches y de las emisiones industriales. En proporción con otros gases contaminantes su impacto no es muy significativo en humanos y animales.
No obstante es tremendamente agresivo con las plantas, y no es raro ver los efectos de la contaminación por ozono en plantas que están cerca de calles o carreteras con mucho tráfico. En este potencial oxidante radica el único efecto terapéutico comprobado. En casos de hernia discal o de dolor fuerte en la espalda, las infiltraciones con ozono mitigan este dolor, probablemente por que la fuerte oxidación inerve esa zona.
A partir de ahí cualquier otro tipo de aplicación no tiene respaldo científico.
En el libro describo un caso de un individuo que se anunciaba como médico naturista y que aplicaba la ozonoterapia en dosis homeopaticas, es decir, que ni siquiera se molestaba en aplicar ozono. Lo más sangrante es que la paciente que se mostraba contentísima con este tratamiento sufre ELA, una enfermedad degenerativa y progresiva.
Recientemente he tenido conocimiento de otro uso “imaginativo” de la ozonoterapia. La cosa consiste es que te sacan una pequeña cantidad de sangre, le aplican el ozono y teóricamente la “purifican”. El paciente ve como la sangre oscura se vuelve clara y de un color rosa precioso y luego ya “limpia” te la vuelven a inyectar. El paciente que conocí asegura que después del tratamiento se siente con mucha energía y muy vital. El cambio de color es fácilmente explicable por la hemólisis de los glóbulos rojos y a la oxidación, pero eso no es ninguna purificación, más bien matas a la sangre.
Por suerte el ozono es muy inestable y cuando te lo reinyectan ya ha reaccionado todo y apenas queda ozono, aunque se producen radicales libres que todavía rondan por la mezcla. Inyectar ozono directamente en sangre sería como inyectar agua oxigenada o lejía, es decir, perjudicial o incluso mortal. Por lo demás como suele ser norma en estos casos, los beneficios son imprecisos y subjetivos (energía, vitalidad), pero nada que se pueda seguir en un análisis como marcadores tumorales, hematocritos o glóbulos blancos. Esto puede ser debido lisa y llanamente al efecto placebo, o siendo muy mal pensado (y quiero insistir en que esto es una elucubración personal) a que en la sangre que vuelve al cuerpo junto con el ozono se le ha añadido alguna cosilla más, una anfetamina por ejemplo, que explicaría la mejoría. No sería el primer caso. Las anfetaminas son un ingrediente de muchas pastillas mágicas para adelgazar ya que cortan el apetito. También las utilizaba un médico de estos que inventó un remedio contra el cáncer que servía para desplumar a pacientes desesperados y así simulaba una aparente mejoría.
Lo dicho, hay gente que no tiene ningún escrúpulo en aprovecharse de la desesperación ajena.
El hecho de que el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda y la Diputación de Jaén vayan a emplear fondos propios y ayudas europeas para montar un “Centro de Interpretación de las Caras de Bélmez” está causando bastante indignación, y con razón. Pero lo curioso es que no es la primera vez que la idea de explotar la credulidad ajena con fines turísticos levanta más de una voz de protesta.
Vámonos a febrero de 1972. El supuesto fenómeno estaba en pleno auge. Cada fin de semana acudían miles de turistas a ver las “Caras”, y aparte de las diez pesetas (de entonces) que costaba entrar en la casa y comprar una foto de “la Pava”, muchos de ellos se dejaban también sus dineros en el bar del pueblo, el estanco o la tiendecita de la plaza mayor. Y aunque algunos periódicos hablaban abiertamente de “fraude” o “camelo”, la mayoría de los medios seguía presentándolas como un misterio misteriosísimo y paranormal.
Ese era el ambiente cuando el Diario Ya, en su edición del día 26, publicó un artículo firmado nada menos que por Antonio Ramos, uno de los periodistas que informaron por primera vez sobre las “Caras”, con el título de “El truco publicitario de Bélmez de la Moraleda”.
Antonio Ramos terminaba su artículo diciendo:
A Bélmez le hace falta ya una aclaración definitiva, porque el pueblo no tiene ni brujas medievales ni belmezanos endemoniados. Le hace falta que se acabe el serial de novela barata que vive desde hace cinco meses. Ni brujas ni rostros que le ganan la batalla al cemento… Un truco publicitario, a pelo limpio.
Han pasado cinco meses desde aquella primera visita. Me imagino que a Bélmez habrán ido ya miles y miles de amantes de “misterios”. Yo no volví. Quería seguir de cerca el asunto. Fui el primero en tropezarme con aquel “rostro” que se vendía a duro en fotografías. Durante este tiempo he estado fuera, en Roma, y desde allí me llegaron noticias de que Bélmez estaba turísticamente promocionado. Ahora, en el pueblecito jienense, al contrario que en Linares, se lidian “misterios” en lugar de toros. Promoción “perfecta”, solo que abusando del subdesarrollo y de otros “sub” que se prestan.
Desde que se publicó aquel artículo han pasado casi cuarenta años. El Diario Ya no existe, Antonio Ramos se ha jubilado, la dueña de la “casa de las Caras” (aquella mujer que aparecía en la prensa con su fajo de fotos listas para vender a los pardillos) falleció, y ni el Ayuntamiento de Bélmez, ni las instituciones públicas, ni nuestro régimen político tienen nada que ver con lo que había entonces.
Pero, cuatro décadas después, se sigue abusando del subdesarrollo, y de otros “sub” que se prestan.
En esta entrada vamos a tratar de explicar cómo y por qué se ha llegado a financiar el centro de interpretación de caras de Bélmez (Jaén). Como ya habréis leído en la Red hace un poco más de un mes, este centro se financiará con dinero público de la Unión Europea, de la Diputación de Jaén y del propio municipio. El desglose, aparece en el siguiente tríptico de la diputación de Jaén.
Este centro se ha financiado a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), el cual es el organismo con el que cuenta Europa para destinar ayudas públicas a las regiones. Obviamente, ese dinero también sale de nuestro bolsillo. La solicitud probablemente haya sido gestionada por la Diputación de Jaén para el ámbito de Sierra Mágina. Los proyectos gestionados para esta comarca están en esta página de la Diputación provincial. El hecho de que el proyecto esté en Jaén y no en otra parte de España no es nada arbitrario, ya que una de las claves del éxito de la financiación se basa en el Mapa de Ayudas Públicas (2007-2013) que tiene el FEDER para destinar proyectos. Esto establece qué prioridad tienen las autonomías españolas para recibir fondos europeos. La lista se puede ver en el siguiente gráfico.
Como se puede ver, hay autonomías no prioritarias, como Madrid, Cataluña, País Vasco… es decir, si un centro parecido se pidiera para una de estas zonas, seguramente se desestimaría. El objetivo del Mapa de las Ayudas sobre el que se basa FEDER es tener una nación equilibrada en cuanto a inversiones en investigación e índices de empleo, y da por hecho que Madrid, Cataluña, País Vasco… tienen suficiente industria y recursos propios para generar dinero y financiarse la creación de otros centros o infraestructuras.
Sin embargo, es en ese sentido donde radica la crítica más feroz a este proyecto, ya que además de financiar una magufada, no se crean muchos puestos de trabajo, más bien se invierte en el “mantenimiento” de las instalaciones que requiere este centro.
El mundo de las ayudas públicas existe la coletilla de “se va a financiar cualquier proyecto que pidan para (las comunidades prioritarias de ayudas)”.
La Unión Europea además del FEDER, cuenta con otros organismos para financiar proyectos concretos. Los más famosos son los del Programa Marco, la cual va por el 7º. En estos proyectos, varias empresas (pequeñas, grandes, medianas), universidades, centros o entes jurídicos de distinta naturaleza se unen para realizar un proyecto a varias bandas. La consecución de esta financiación es difícil, ya que la estadística dice que sólo 1 de cada 7 proyectos presentados al Programa Marco se aprueban. Eso indica que obtener fondos europeos es sinónimo de que tu proyecto es relevante y tiene una aportación a la industria o sociedad.
Sin embargo, en el caso de desarrollo de infraestructuras como en Bélmez, los criterios de puntuación son distintos y algunas autonomías están más ponderadas que otras. Lo que no cubrió los fondos FEDER fueron cubiertos por el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda y por la Diputación de Jaén, pero lo difícil ya estaba hecho.