Juan Ignacio Pérez es catedrático de Fisiología e investigó en biología de animales marinos durante las últimas dos décadas del milenio anterior. Ya en este milenio, trabajó de rector de la Universidad del País Vasco (2004-2009) y desde entonces, para divertirse y hacer algo útil, escribe historias de seres humanos y de otros animales en varios sitios. También habla de animales en la radio. Y ahora, como se aburría, se ocupa de la Cátedra de Cultura Científica de su universidad.
Alfio Quarteroni, referente a nivel mundial en el campo de la matemática industrial, fue el encargado, el 21 de febrero pasado en Bilbao, de dar el pistoletazo de salida al ciclo “Matemozioa, cita con las matemáticas”, organizado por el Basque Center for Applied Mathematics (BCAM), la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU (KZK) y la Alianza Tecnológica IK4.
Sin duda uno de los científicos más reconocidos e influyentes del mundo en el ámbito de la matemática aplicada e industrial, y tuvo un papel relevante en las históricas victorias obtenidas (2003 y 2007) por el velero suizo Alinghi en la Copa de América. Los triunfos de un velero representando a un país sin acceso al mar, están estrechamente relacionados con el gran trabajo de ingeniería matemática realizado por el grupo de investigación de Alfio Quarteroni.
La conferencia que hoy os ofrecemos lleva el título de “Modelado matemático: del legado de Galileo al ambiente, la medicina y la tecnología” y podéis seguirla en dos versiones: Inglés original y ésta que os dejamos aquí con el audio traducido al español.
Quarteroni es director de la Cátedra de Modelización y Computación Científica en el Instituto Federal de Tecnología (EPFL) de Laussane en Suiza ha contribuido también con importantes desarrollos en otras disciplinas deportivas –diseñó un material innovador para los bañadores de los nadadores de élite que repelía el agua- y en el ámbito de la medicina Quarteroni ha trabajado en la simulación numérica del sistema cardiovascular, desarrollo que facilita el estudio del comportamiento de las venas, el corazón y las arterias.
Vivir en aguas que se encuentran a tan solo unas décimas de grado de la congelación no es fácil. Y sin embargo, hay unas cuantas especies que viven bajo cero en aguas polares. La mayoría de animales que allí viven son, además, ectotermos; esto es, son animales cuya fuente de calor corporal es externa, es el entorno. Quiere esto decir que su temperatura corporal es la misma que la ambiental; o sea, sus propios fluidos corporales se encuentran en el límite de la congelación.
Hay especies emparentadas entre sí que viven en ambientes térmicos muy dispares. Unas viven en mares ecuatoriales y otras en aguas polares. Cuando ocurre eso, lo normal es que las características de las enzimas metabólicas (Vmax y KM) [1] sean tales que funcionen perfectamente a las temperaturas propias de las aguas en las que vive cada especie. También es normal que haya diferencias en la composición lipídica de las membranas celulares de unas y otras especies.
Las de las especies de aguas frías tienen una mayor proporción de lípidos insaturados, porque esos lípidos proporcionan una mayor fluidez a la membrana y gracias a esa mayor fluidez los procesos que dependen de esa característica no se ven paralizados por los efectos del frío. En aguas calientes ocurre lo contrario, los lípidos de membrana tienen un mayor grado de saturación y gracias a ello, las membranas no alcanzan una fluidez excesiva. Ese fenómeno se denomina “adaptación homeoviscosa” y junto con el ajuste enzimático citado, permite mantener similares tasa metabólicas bajo diferentes condiciones térmicas y, por lo tanto, similares niveles de actividad. Leer más »
Los seres humanos no somos los únicos animales en cuyos grupos hay líderes. En otras especies en las que se configuran grupos estables también los hay. Los grupos de elefantes están formados por hembras adultas y por crías e individuos jóvenes de ambos sexos. En esos grupos la hembra de más edad, la matriarca, ejerce el liderazgo: juega un papel clave en la coordinación de los movimientos del grupo y en las respuestas a las amenazas. Y la condición de líder obedece probablemente al hecho de que, al ser la hembra de más edad, cuenta con más conocimiento ecológico que el resto de miembros del grupo.
Una de las situaciones en que se puede poner a prueba el conocimiento de una matriarca es la que se produce cuando ha de afrontar la amenaza de los depredadores o cuando existe tal riesgo. Dejando aparte a los seres humanos, los leones son los principales depredadores de los elefantes africanos, y suelen atacar a crías de menos de cuatro años de edad. Cuando un grupo de elefantes es atacado por un grupo de leones, los elefantes adoptan un comportamiento de defensa cooperativo y muy agresivo que resulta bastante eficaz, por lo que no resulta nada fácil para los leones abatir a un joven elefante. Leer más »
Es seguro que las armaduras medievales proporcionaban a sus portadores protección frente a las embestidas de las armas enemigas. Para eso se utilizaban. Pero lo que también es seguro es que una de aquellas armaduras constituía un verdadero hándicap si su portador debía desplazarse a pie. El esfuerzo que tenía que hacer un combatiente provisto de una armadura de acero era enorme, y eso limitaba de manera notable su movilidad y su resistencia.
Un grupo de fisiólogos ha publicado recientemente los resultados de un estudio en el que han investigado la influencia que ejerce la armadura sobre el coste metabólico de la locomoción, así como otros parámetros de la fisiología respiratoria. Utilizaron, como sujetos experimentales, a cuatro “actores” (intérpretes de combate, tal y como se especifica en el artículo) pertenecientes a las Armerías Reales del Reino Unido (Leeds).
Los actores están acostumbrados a vestir armaduras hechas a medida porque lo hacen con regularidad en exhibiciones ante el público. Las armaduras utilizadas son réplicas de armaduras del siglo XV de diferentes procedencias y pesan 35 kg de media, lo que representa un 44% de la masa corporal de los actores. Leer más »
La vida puede ir más rápida o más lenta, también en el reino animal. Los animales que viven rápidamente crecen mucho en poco tiempo, pero no llegan a alcanzar grandes tamaños. Se reproducen a edades muy tempranas, y a veces lo hacen una sola vez: tras reproducirse, mueren. En general, un animal que destina a la reproducción una parte importante de los recursos que adquiere tiene una vida corta. Se puede decir que vive muy deprisa. Hay animales cuyo modo de vida es el opuesto: retrasan la reproducción y dedican a ella una pequeña fracción de los recursos que adquieren cada año. Viven más años y llegan a alcanzar grandes tamaños. Esos viven lentamente. Leer más »
Dos de los más grandes físicos, Dirac y Einstein, pensaban que con 30 años de edad un físico estaba acabado. Existía y existe la opinión, bastante generalizada, de que la creatividad, al menos en ciencia y sobre todo en física, es cosa de jóvenes. Los análisis realizados en el pasado habían mostrado que los científicos galardonados con el Nobel de física habían realizado sus contribuciones más relevantes a edades más tempranas que los ganadores del premio de química o que el de fisiología y medicina.
Pero quizás las cosas no sean exactamente así. Un estudio sobre los científicos galardonados con el premio Nobel en las tres disciplinas mencionadas a lo largo del siglo XX (entre 1901 y 2008, para ser exactos) ha permitido alcanzar conclusiones que solo en cierto grado se compadecen con las suposiciones antes dichas. Leer más »
El 36% de los géneros de la megafauna que habitaba en Eurasia hace 50.000 años se han extinguido, así como el 72% de los que poblaban Norteamérica. Con el término megafauna se denomina a grandes mamíferos, animales de tamaño y anatomía espectaculares a nuestros ojos, aunque esa espectacularidad solo la podamos imaginar en la mayoría de ellos. ¿A qué obedeció esa fenomenal extinción? ¿Fue por efecto de los seres humanos? ¿O fue debido al clima? Leer más »
En el año 1977 un submarino que había sido enviado a examinar una zona de fuentes hidrotermales en el fondo del Océano Pacífico hizo un descubrimiento alucinante: en el fondo del mar, donde no debiera haber casi ningún ser vivo, encontró poblaciones muy densas de invertebrados de diferentes especies y grupos. Algunos, incluso, eran de gran tamaño.
El descubrimiento fue sorprendente porque los fondos marinos que se encuentran a grandes profundidades (2.000-4.000 m) se parecen a los desiertos. A esas zonas no llega la luz, por lo que no hay organismos que realicen la fotosíntesis. No hay producción primaria y, sin ella, tampoco puede sostenerse una cadena trófica que permita que prolifere la fauna. La poca materia orgánica que puede haber a gran profundidad es la que procede de la superficie, y es materia detrítica que puede llegar muy abajo y que es consumida por algunos bivalvos y equinodermos. Pero esa aportación de materia orgánica es muy limitada.
Pero las fuentes hidrotermales son enclaves muy especiales. Surgen en grietas y chimeneas que se forman en el fondo del mar como consecuencia de las tensiones que se producen entre placas tectónicas. De algunas de esas grietas sale lava, pero de otras sale agua muy caliente y muy rica en hidrógeno, sulfuros y minerales; son las fuentes o fumarolas hidrotermales.
Entre los animales descubiertos en esos enclaves se encuentran gusanos tubícolas, como Riftia pachyptila, perteneciente al filo Vestimentifera (aunque algunos especialistas los incluyen en el filo Annelida); es el invertebrado con la tasa de crecimiento más alta que se conoce y puede llegar a medir más de 2,5 metros, aunque carece de sistema digestivo. También abundan bivalvos y crustáceos, así como especies de otros grupos pero mucho menos abundantes.
Las investigaciones posteriores al descubrimiento de las comunidades biológicas de las fumarolas hidrotermales revelaron que se trataba de animales que se nutren gracias al metabolismo de bacterias simbiontes que albergan en sus tejidos; se encuentran en el “trofosoma”, en el caso de los gusanos, y en la branquia en los bivalvos. La existencia de bacterias que obtienen la energía de la oxidación del sulfuro de hidrógeno era de sobra conocida; abundan en los afloramientos sulfurosos de la superficie terrestre.
En esas bacterias la oxidación del sulfídrico, que es una sustancia muy reducida, cumple el mismo papel que la absorción de la luz por los fotopigmentos en las plantas: ambos procesos proporcionan energía. Pero se desconocía la existencia de simbiosis entre ese tipo de bacterias y animales. Los organismos descubiertos en las zonas de las fuentes hidrotermales fueron los primeros en los que se encontró tal relación.
En 1986 se descubrió que los mejillones próximos a los pozos de hidrocarburos del Golfo de Méjico también tienen en sus tejidos bacterias capaces de oxidar el metano. Y a partir de entonces, se han descrito numerosas asociaciones simbióticas en las que, o bien metano o bien sulfuros son utilizados por bacterias para obtener energía. Sin embargo, no se había descrito ninguna relación de ese tipo en la que la fuente de energía fuera otra sustancia reductora distinta de las dos citadas. Hasta ahora…
Un equipo de investigadores (alemanes y franceses, principalmente) ha descubierto que los mejillones de la especie Bathymodiolus puteoserpentis tienen en sus branquias bacterias simbiontes que obtienen energía a partir de la oxidación del hidrógeno. Así, como suena; eso que persiguen con tanto ahínco científicos e ingenieros para obtener energía limpia y abundante, lo consiguen unos humildes bivalvos que se encuentran en las proximidades de surgimientos hidrotermales de la dorsal mesoatlántica. Eso sí, cuentan con una gran ventaja: a través de las chimeneas submarinas salen ingentes cantidades de hidrógeno del interior de la tierra.
Hay dos tipos de fuentes hidrotermales, dependiendo del tipo de roca en el que se generan las grietas. En unas aflora abundante sulfuro y en otras, metano e hidrógeno. La simbiosis entre mejillones y bacterias capaces de oxidar hidrógeno se ha descubierto en ejemplares de Bathymodiolus procedentes de una zona de chimeneas denominada Logatchev, que se encuentra en la dorsal mesoatlántica a una latitud de 14º 45’ N, y en la que sale abundante hidrógeno de las fumarolas.
Además, el equipo investigador ha secuenciado el gen hupL, que es el que codifica la enzima (Ni-Fe hidrogenasa) clave de la oxidación del hidrógeno. Se trata de una enzima de membrana que canaliza los electrones desde el hidrógeno hasta las quinonas, proporcionando de esa forma el nexo entre la oxidación del hidrógeno y la producción de energía.
mejillones en fuente hidrotermal
Pues bien, el gen hupL no solo se encuentra en las bacterias simbiontes de los mejillones de fumarolas hidrotermales ricas en hidrógeno; también se encuentra en mejillones del mismo género procedentes de fuentes ricas en sulfuros, así como en otras especies características de ese tipo de entornos, como el gusano Riftia pachyptila o el crustáceo Rimicaris exoculata. Por esa razón, los autores de la investigación sostienen que la capacidad para utilizar el hidrógeno como fuente de energía en las fuentes hidrotermales no constituye ninguna excepción, sino que está muy extendida, en especial en aquellas en que abunda el hidrógeno.
V. J. Orphan y T. H. Hoehler, en la sección News & Views del número de Nature en el que se ha publicado este estudio, dicen algo que me ha llamado la atención; es esto:
Miles de millones de años de actividad fotosintética han dejado a la Tierra con una fina capa de material muy oxidado sobre una masa de roca químicamente reducida, lo que quiere decir que el planeta es, en lo esencial, una batería.
La circulación hidrotermal sirve para aprovechar esa batería: los fluidos que circulan a través de la corteza del fondo del mar están cargados con compuestos reducidos (cargados de electrones) y emergen como un surtidor en el ambiente oxidante del océano.
El transporte de los compuestos de la masa de roca reducida (ánodo) al océano (cátodo) constituye un flujo de electrones. Y como ocurre con cualquier batería, ese flujo de electrones es una fuente de energía utilizable.
La sociedad que forman los mejillones y demás fauna de las profundidades con las bacterias provistas del gen hupL ha sido capaz de utilizar esa energía, y gracias a esa capacidad se desarrollan impresionantes comunidades animales a más de 2.000 m de profundidad, en medio de la oscuridad, allí donde la vida, tal y como la contemplamos en nuestro entorno, no es posible.
——————- Fuentes:
- Lutz et al (1994): “Rapid Growth at Deep-sea Vents” Nature 371: 663-664
- Orphan & Hoehler (2011): “Hydrogen for dinner” Nature 476: 154-155
- Petersen et al (2011): “Hydrogen is an energy source for hydrothermal vent symbioses” Nature 476: 176-180
Los murciélagos tienen merecida fama de noctámbulos. La mayoría de las especies de este grupo de mamíferos solo vuelan en horas de penumbra o en la noche. Y a pesar de ello, a pesar de haber dejado el nicho aéreo diurno a los pájaros, han tenido un gran éxito: los murciélagos son los mamíferos dominantes en los ecosistemas tropicales y solo se ven superados en número de especies por los roedores.
¿Por qué razón tiene la mayoría de los murciélagos hábitos nocturnos? La respuesta a esa cuestión es materia de controversia. Porque no está claro cuál es el factor o factores que han conducido a ese abandono de las horas de luz para alimentarse. Hasta la fecha se han barajado, principalmente, tres hipótesis que no se excluyen mutuamente: la competencia con los pájaros por el alimento, el riesgo de hipertermia, y la evitación de depredadores.
La primera de las posibilidades ha recibido escaso respaldo. Además, las pocas especies de murciélagos que vuelan de día rara vez coinciden con los pájaros en las mismas áreas, aunque exista cierto solapamiento horario en los periodos de actividades de unos y otros.
La hipótesis del riesgo de hipertermia se basa en el hecho de que, al carecer de pelo las membranas alares, no disponen del aislamiento que evitaría el calentamiento producido por la radiación solar. El calentamiento provocado por esas radiaciones (luz visible) de día podría elevar la temperatura del interior del organismo hasta alcanzar valores superiores al límite letal térmico. Los otros vertebrados voladores, -las aves-, no corren el riesgo de sobrecalentamiento gracias al potente aislamiento que les proporcionan las plumas.
La hipótesis que más aceptación ha recibido hasta la fecha es la tercera, la de la evitación de depredadores. Los murciélagos insectívoros y zorros voladores (frugívoros) de hábitos diurnos que habitan islas en las que no hay aves de presa avalan esa hipótesis. Aunque también hay datos en contra: en Escandinavia hay murciélagos insectívoros que se alimentan a mediodía durante el verano aunque en la zona haya aves rapaces y, por otra parte, en las Azores, el murciélago insectívoro Nyctalus azoreum se alimenta principalmente de noche aunque allí no las haya.
Imagen | Carollia perspicillata
Un estudio reciente, realizado con el murciélago frugívoro Carollia perspicillata, ha tratado de arrojar luz sobre esta cuestión midiendo las variaciones de temperatura que experimentan murciélagos en vuelo durante el día y durante la noche. Los murciélagos que vuelan de día, a una temperatura ambiental (Ta) de 31,5 ºC, alcanzan una temperatura interna (Tb) de 41,9 ºC, que es 1,7 ºC más alta que la que alcanzan (Tb = 40,2 ºC) volando de noche (Ta = 24,5 ºC). El valor de 41,9 ºC se encuentra en la zona de máximas temperaturas corporales que puede tolerar un murciélago, aunque los ejemplares analizados en el estudio no mostraron síntoma alguno de postración tras los periodos de vuelo.
A partir de los datos anteriores cabe suponer que esos murciélagos podrían volar de día durante periodos limitados de tiempo y siempre que la temperatura ambiental no fuese demasiado alta. Además, eso explicaría que haya especies que vuelan de día en el invierno en zonas templadas, y también que otras lo hagan en verano en altas latitudes, ya que en ambos casos la temperatura ambiental (Ta) sería baja y la corporal (Tb) no se elevaría en exceso durante el vuelo. Que algunos zorros voladores (murciélagos frugívoros) de las islas Samoa o de las Comoras sean diurnos se debería a que esos murciélagos (zorros voladores) son buenos planeadores, mucho mejores que los murciélagos de pequeño tamaño que vuelan batiendo las alas de forma permanente, y al planear no se ven obligados a elevar su actividad metabólica en una medida tan importante.
Volviendo a los murciélagos más comunes, una cosa es que puedan realizar vuelos diurnos de corta duración y otra muy diferente es que esa práctica pueda ser la habitual. El vuelo diurno en estas especies conllevaría en demasiadas ocasiones el riesgo de sobrecalentamiento. Además, una mayor temperatura corporal volando de día también provoca un mayor gasto metabólico, ya que la tasa metabólica de los murciélagos que vuelan de día es hasta un 15% más alta que la de los que vuelan de noche. Y ese mayor gasto metabólico supone que el rendimiento energético de la actividad alimenticia disminuiría de forma muy sensible. En definitiva, el vuelo diurno solo sería conveniente si el tiempo de vuelo es corto, si la recompensa alimenticia es alta (para compensar el mayor gasto) y si el riesgo de depredación es bajo. Si cualquiera de esas condiciones no se cumple, el vuelo nocturno reporta claras ventajas.
En conclusión, los recursos alimenticios que explotan los murciélagos volando de noche dejarían de ser rentables si la actividad alimenticia se desarrollase de día, debido a los mayores costes en que incurrirían. Volando de día, los murciélagos no solo estarían más expuestos visualmente a los depredadores, sino que, además, hubieran experimentado condiciones alimenticias subóptimas. Muy probablemente, ese conjunto de condiciones ha obligado a los murciélagos a ocupar el nicho nocturno, nicho en el que, a pesar de todo, han tenido un gran éxito y les ha permitido expandirse por los ecosistemas de prácticamente todo el planeta.
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Fuente: Christian C. Voigt y Daniel Lewanzik (2011): “Trapped in the darkness of the night: thermal and energetic constraints of daylight flight in bats” Proc. R. Soc. B 278: 2311–2317.
“Se han dado cuenta que pacientes trasplantados del corazón manifestaban unas vivencias que eran típicas del donante y no de ellos. Esto responde a una teoría que está un poco en boga hoy en día, que es la memoria sistémica, que dice que hay muchas células en el organismo que tienen la capacidad de almacenar sentimientos y memoria (…)
En el cuerpo de un trasplantado estas células…, mediante ondas electromagnéticas – se cree- envían al cerebro las memorias almacenadas y hay gente, por ejemplo, que ha cambiado totalmente gustos de comida, gustos de sexo, apetencias de deportes y se ha dado cuenta después de que eran exactamente las que tenía el donante. Y también se ha visto que esto pasa con los trasplantados del corazón y no tanto con los trasplantados de hígado y riñón (…)
Una norteamericana que había sido trasplantada… explicaba que después de la operación sentía unas cosas raras… una apetencia exagerada por comer alas de pollo frito del Kentucky Fried Chicken, de vestirse colores chillones y beber una marca determinada de cerveza (…) Consiguieron hablar con los familiares del donante y dijeron clarísimamente que la locura de su hijo era comer alas de pollo frito, beber aquella cerveza y vestir con colores muy especiales”
Josep María Caralps, cardiólogo
El autor de estas curiosas declaraciones es el cardiólogo Josep María Caralps, entrevistado por Julia Otero en Onda Cero el pasado miércoles día 28 y cuyo audio podéis encontrar íntegro sobre estas líneas. En dicha entrevista, Caralps dijo cosas tan asombrosas como que las “personas transplantadas manifiestan vivencias y querencias del donante” y relató experiencias como éstas:
Se puede cambiar la orientación sexual que uno tenía antes… Una señora que tenía una relación sentimental perfecta con su compañero fue trasplantada con el corazón de una lesbiana y se dio cuenta después de la intervención … que de vez en cuando, según a qué mujer veía, tenía sensaciones como las que tenía con su compañero. Después se supo que la donante era lesbiana.
Lo primero que piensa quien está oyendo la entrevista es que quien así se expresa ha de ser un chalado de esos que aparecen de vez en cuando enunciando alguna nueva teoría pretendidamente revolucionaria. Pero no es el caso. Lo verdaderamente sorprendente es que quien ha dicho esas cosas es, nada más y nada menos, el Dr. Josep María Caralps Riera, jefe del servicio de Cirugía Cardiaca del Hospital Quirón.
El Dr. Caralps es, además, un personaje muy relevante en el campo de la cirugía cardiovascular. Él hizo el primer transplante de corazón en España y a lo largo de los años transcurridos desde aquél, han sido más de cien los corazones que ha transplantado. Es, por lo tanto, una autoridad en su campo. Ha sido, precisamente, en el curso de la campaña promocional de su libro “Super corazón”, en que ha hecho declaraciones tan estrambóticas como la que he señalado más arriba.
El caso es que esa idea de que las células humanas pueden transmitir su memoria al cerebro mediante ondas electromagnéticas la ha venido enunciando estos días en el contexto de otra noción, tan extravagante como la anterior, según la cuál las personas que reciben un corazón ajeno mediante transplante, no solo reciben una bomba de impulsión cardiaca, también se adueñan de parte de los sentimientos y la memoria del donante. ¡Ahí es nada!
Y enmarca estas afirmaciones en una denominada “teoría sistémica”, según la cuál hay muchas células del organismo con capacidad para almacenar sentimientos y memoria. Afirma que las células tienen memoria y energía, y que envían la memoria al cerebro mediante ondas electromagnéticas. En este contexto, la precisión de que se trata de una propiedad de ciertas células pero no de todas es pertinente, porque eso explica que este fenómeno se haya, -según él-, observado en transplantes de corazón y no así en los de hígado y riñón, y es que hasta en estos menesteres todavía hay clases.
Este batiburrillo de ocurrencias tiene, al parecer, su origen en el Dr. Gary Schwartz, y a quien interese profundizar en la cuestión lo puede hacer aquí y aquí (referencias ofrecidas por Mauricio José Schwarz).
¿Es esto posible?
La memoria, entendida como la capacidad para almacenar la información adquirida, de manera que se encuentre disponible para hacer uso de ella cuando nos resulta necesaria, es una propiedad del sistema nervioso central.
Puede tener diferentes soportes orgánicos, pero hasta donde hoy sabemos, ningún tejido ni célula ajena al sistema nervioso central puede almacenar memoria que resulte operativa.
Además de lo anterior, también sabemos que hay dos mecanismos para enviar información de un lugar a otro en un organismo humano.
Uno de esos mecanismos es el impulso nervioso. Los impulsos nerviosos son señales bioeléctricas que se desplazan a lo largo de neuronas que, a su vez, se comunican entre sí mediante mensajeros químicos. Normalmente viajan del encéfalo a los órganos y los tejidos para que estos ejecuten acciones de diferente naturaleza (mecánica, metabólica, u otra), y también parten de células y sistemas receptores que recogen información, la codifican en impulsos bioeléctricos, y la envían al encéfalo o, en ocasiones, a la médula espinal.
El otro mecanismo es puramente químico. Las hormonas son sustancias químicas que sirven para transmitir información. El vehículo de la mayoría de ellas es la sangre, y por ello, se transportan a través del sistema circulatorio.
Por esa razón, porque sabemos muy bien en qué órgano radica la memoria y cómo se transmite información en el interior de organismos humanos, me he llevado un susto de consideración cuando he oído en una entrevista radiofónica que las células humanas son capaces de transmitir al cerebro la memoria que albergan. Y no solo eso: según el entrevistado, la transmiten mediante … ¡ondas electromagnéticas!
La explicación
Como sostiene César Tomé (Experiencia Docet), muy probablemente se trata de un caso de falacia lógica del tipo post hoc ergo propter hoc. Es sabido que tras los transplantes el comportamiento de las personas puede cambiar. El simple hecho de tener una esperanza de vida mayor o mejores expectativas en general, pueden incidir de forma clara en el comportamiento. Por ello, se estarían atribuyendo los cambios observados a una causa que, por haber representado un hecho de importancia máxima en la vida de una persona, se constituye en la referencia vital primera y se le otorga unos atributos extraordinarios. Pero la relación causal es errónea. No solo no hay pruebas científicas que sustenten esa noción, sino que además, no se ofrece ningún mecanismo que la explique.
El hecho de que quien enuncia una teoría tan irracional como la que denomina “sistémica”, así como todas las derivaciones de la misma, sea un reconocido cardiólogo añade gravedad al caso. Porque para la gente, quien suelta esa ristra de despropósitos es un “científico” o, al menos, se presenta como tal. Julia Otero se lo pregunta: “…y esto es científico?” y él le responde: “…esto está probado”. Eso sí, nos queda la posibilidad de utilizar este caso como ejemplo de que en ciencia el principio de autoridad no sirve. Algo es algo.
Addenda:
No me puedo resistir a incluir aquí una breve mención de algo a lo que se refiere el Dr. Caralps al final de la entrevista en Onda Cero. No viene al caso, pero me ha hecho gracia. Sostiene que el sexo es uno de los mecanismos del cuerpo humano para mantenerse en forma. Y no solo eso, a la hora de practicarlo, recomienda hacerlo con la pareja habitual, porque de ese modo equivale a subir corriendo las escaleras de un piso. Y desaconseja practicarlo con otras parejas, pues, según él y por razones obvias, equivale a subir corriendo las escaleras de cinco pisos y eso puede ser causa de accidentes cardiovasculares. No me negarán que, ante frases como esa, la imaginación tiene ante sí un campo enorme.