Artículos de Txapulin

Alex MéndezAlex Méndez | http://blog.txapulin.net/ | @txapulin

Se doctoró en informática gráfica en el 2007, después de cinco años de sentirse afortunado por tener la mejor beca de investigación predoctoral de España a 13200 euros el año. Inmediatamente después fue abducido por una empresa inglesa que le trata muy bien y le valora mejor y desde hace tres años vive en Cambridge, la mítica ciudad donde Newton y Darwin investigaron y donde los Pink Floyd empezaron a tocar.

El escarabajo de Darwin

Hace unos días publicaba en amazings.es un acertijo en forma de fotografía. Había que adivinar de qué se trataba en los comentarios. A los 11 minutos ya se había nombrado Darwin y a los 23 ya alguien dijo exactamente de qué estatua se trataba.

Yo ya estaba en esta ciudad cuando el 12 de febrero de 2009 vino el príncipe consorte Felipe, Duque de Edimburgo, a Cambridge a inaugurar la estatua que conmemora el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin. Tenía curiosidad por verla, pero no se me ocurrió buscar dónde estaba hasta que un amigo vino a visitarme, y nos pusimos a turistear. La estatua no está precisamente en un lugar de paso: se encuentra en uno de los jardines del Christ’s College, uno de los treintaytantos colleges de la ciudad, que tiene un horario restringido de visitas al público general.

Darwin llegó a Cambridge en 1828, con 19 años, para estudiar arte en el Christ’s College después de fracasar en sus estudios de medicina en Edimburgo, pero en vez de darse al arte, se interesó más por coleccionar escarabajos y por dar largos paseos con el profesor de botánica John Stevens Henslow y sus colegas, a través de los cuales se introdujo a la teología natural. La estatua representa, en contrapartida a la conocida imagen del Darwin viejo y con larga barba, al joven Darwin estudiante, que estuvo tres años en Cambridge formándose y sentando las bases de quien más tarde sería el más célebre naturalista del mundo. El escarabajo muestra su pasión por estos insectos y el libro mostrado es uno de los primeros que le nombra. Nos lo cuenta perfectamente César en uno de los comentarios de la entrada del fotoacertijo:

El libro superior es el Illustrations of British Entomology de John Francis Stephens, edición de 1830. Fue el primer libro en el que apareció el nombre de Charles Darwin; lo hacía como persona que había capturado el ejemplar descrito: “No poet ever felt more delight at seeing his first poem published than I did at seeing in Stephen’s Illustrations of British Insects the magic words, “captured by C. Darwin, Esq.

Sobre los otros tres libros que aparecen en la estatua, Darwin sostiene en su mano Personal Narrative de Alexander von Humboldt, en el que el autor cuenta sus viajes y que prendió en Darwin el deseo de viajar observando la geología y la historia natural de lugares lejanos, cosa que haría unos meses después en su famoso viaje en el Beagle. Bajo el libro de entomología de Stephens, están Natural Theology, de William Paley, y Preliminary Discourse on Natural Philosophy de John Herschel.

¡Ah! Y el escarabajo es un Brachinus crepitans, que se tira unos pedos impresionantes para espantar a las hormigas:

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Fotoacertijo

Opciones, ideas, elucubraciones, idas de olla y posibles respuestas, sírvanse en los comentarios. En unos días, la solución.

La falsa leyenda del puente matemático

Desde el puente de Silver Street, en Cambridge, mirando al sur vemos un embarcadero de punters, donde los turistas pagan entre 12 y 15 libras, dependiendo de la negociación con el estudiante que te haga la oferta, por una hora de recorrido sobre el río Cam. A la izquierda, haciendo esquina, está el pub The Anchor, que se llamaba en los años 60 The Riverside Jazz Club, y donde tocaba un músico llamado Sid “The Beat” Barrett. El joven estudiante Roger Keith Barrett iba seguido a ese bar a escuchar a la banda local y adoptó el sobrenombre de Syd por la coincidencia de apellido con el bajista del pub. Syd Barrett fundaría con sus colegas pocos años después el grupo Pink Floyd. Hoy hay una placa en The Anchor que cuenta esta historia.

Mirando al norte desde el mismo puente, un detalle abarca toda la atención: un puente de madera que cruza el río uniendo las dos partes del Queens’ College. Le llaman el puente matemático, y es posible que, mientras lo observa, alguien le cuente la siguiente historia que, ya les adelanto, es falsa:

Este puente fue diseñado por Isaac Newton, quien usó para su construcción simples tablas de madera dispuestas de tal modo que no necesitaban clavos, tuercas ni tornillos, desafiando así a su propia ley de la gravedad. Un día varios estudiantes lo desmontaron con el propósito de recrearlo más tarde, pero no pudieron, y entonces sí que necesitaron tuercas y tornillos.

Es cierto que originalmente el puente no estaba en su ubicación actual, sino algo más al norte, a la altura del Trinity College, donde efectivamente Sir Isaac Newton tenía su fellowship (todo profestor y alumno de la Universidad de Cambridge pertenecen a alguno de los colleges de la ciudad, y la unión de todos los colleges es lo que forma la Universidad).

Pero resulta que el puente se construyó por primera vez en 1749, veintidós años después de que Newton muriera. El diseñador se llamaba William Etheridge y el constructor James Essex. El puente se reconstruyó en 1866 y 1905. El diseño original ya incluía las tuercas y tornillos para mantenerlo firme.

Las juntas están, en cualquier caso, lo suficientemente escondidas como para creer que las tablas de madera se sostienen sin ayuda.

Total, que el puente en sí es bonito y su diseño suficientemente complejo para ser admirado sin necesidad de inventar historias fantásticas sobre él. Creo que esta argumentación me suena de algo…

En cualquier caso, ya que parece que Newton no tuvo intención de desafiar a la ley de la gravedad, os presento a otros genios de Cambridge que sí lo hacen. Esperemos que la gravedad no se les rebote un día:

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El bar donde se anunció “el secreto de la vida”

The Eagle

A escasos cincuenta pasos del cronófago hay un pub semilaberíntico que todos conocen como The Eagle. Su cocina tiene buena fama y es un lugar agradable para tomarse unas pintas. Pero también es un lugar con historia. Un gran cartel a la entrada nos explica en unas veinte lineas la historia del lugar, que se remonta a casi quinientos años atrás. Quisiera destacar la parte central y lo que realmente da fama al pub:

Mientras investigaban sobre el ADN, a principios de los años cincuenta, dos investigadores del cercano laboratorio Cavendish, Watson y Crick, venían al The Eagle a discutir sus teorías mientras se refrescaban con pintas de cerveza.

Yo me imagino una tarde de borrachera a la inglesa mientras estos dos dibujaban garabatos en servilletas. Al día siguiente, con la resaca vieron que uno de estos dibujos era la doble hélice de la molécula del ADN. Y de ahí al Nobel, un paso.

Una historia algo más creíble nos la han contado en este mismo blog, y aunque ya sabemos que en ciencia, tal como arte, literatura o cine, toda buena idea está basada en cientos de buenas ideas anteriores, muchas veces la leyenda sobrevive a los hechos.

Lo que sí es cierto en este caso es que Watson y Crick eligieron este pub para presentar (y celebrar, supongo) el 28 de febrero de 1953 el éxito de sus estudios.

Francis Crick se levantó, interrumpió el almuerzo de los que allí estaban reunidos y anunció “que habían descubierto el secreto de la vida

El laboratorio Cavendish sigue existiendo hoy en día, pero su sede fue trasladada a principios de los setenta a uno de los enormes campus que hay al oeste de Cambridge. El Cavendish corresponde al departamento de física de la Universidad de Cambridge, fue fundado por James C. Maxwell, el de la teoría electromagnética, y desde 1874 ha producido 29 premios Nobel.

El cronófago

Cronófago | Foto Omar Parada

Siendo Cambridge una ciudad milenaria con una universidad que acaba de cumplir 800 años, es curioso que una de las mayores atracciones turísticas sea un reloj inaugurado hace apenas dos años.

Situado en la esquina del Corpus Christi College entre Benet St. (la calle del pub The Eagle, del que hablaremos en una futura entrega) y Trumpington St., casi frente a la entrada del famoso King’s College, hay que reconocer que es espectacular. Con un coste de un millón de libras, fue ideado, pagado y finalmente donado al colegio por el ingeniero John C. Taylor, que se hizo rico investigando y comercializando teteras eléctricas (la famosa kettle, un electrodoméstico que no falta en ningún hogar inglés, y que se usa para calentar el agua para preparar el perfecto té de las 4, que no las 5, como creemos en España).

Fue inaugurado por Stephen Hawking el 19 de septiembre de 2008. Muy propio, teniendo en cuenta que la mayoría conocemos a Hawking por su libro Una historia del tiempo, publicado en 1988. Hawking fue titular de la Cátedra Lucasiana de matemáticas hasta que se jubiló en noviembre del 2009. Esta cátedra es de las más prestigiosas del mundo y ha sido ocupada, entre otros, por Isaac Newton (el de la gravedad), Charles Babbage (el de la primera máquina de calcular) o Paul Dirac (el de la delta de Dirac, que nos complica la vida en las integrales).

Volviendo al reloj, debo compartir mi decepción sobre el arte del mismo, ya que yo esperaba encontrar una fabulosa historia mitológica detrás del monstruo cometiempo que corona el artefacto, pero es algo mucho más sencillo (recordemos que el diseñador es un ingeniero, no un artista): hace un homenaje, representa y, a su vez, oculta, uno de los mecanismos indispensables para cualquier reloj analógico, el escape, cuya versión particular para algunos relojes de péndulo, incluyendo el que nos ocupa, se llama, cómo no, escape saltamontes.

La curiosidad sobre el funcionamiento del reloj es que observándolo hay ciertos momentos en que parece funcionar de forma errática. A veces el péndulo se para unos instantes, otras el segundero acelera para recuperar el tiempo perdido.

Esto está hecho ex profeso, y su constructor asegura que el reloj da la hora exacta cada cinco minutos, simbolizando el “devenir irregular de la vida”.

En el siguiente video pueden ver mejor cómo funciona, y el mismo Taylor nos lo explica:

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