Artículos de Sophie

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Licenciada en Medicina y autora del blog Mondo Médico. Actualmente trabaja como residente en el ámbito de la hematología en un hospital andaluz.

El famoso 20%

Para entender el famoso 20% hay muchos caminos. El mío fue sentarme una mañana con una farmacéutica de mi hospital y terminar dándome cuenta de que hablar de ese 20% sin meterme en la Estadística es como hablar de espaguetis a la boloñesa sin mencionar el tomate frito, la pasta ni la carne picada. Un despropósito. Por eso he tardado tanto en escribir y revisar este artículo (continuación del post que publicamos hace unos meses)

Cuando se decide estudiar un genérico, se realiza un ensayo clínico controlado con 12-36 pacientes. Se les divide en dos grupos. Al primero se le da el fármaco de referencia, que es aquel fármaco de marca que ha sido comercializado durante todo el tiempo de la patente y ha demostrado una cierta eficacia y seguridad. Al segundo se le da el fármaco genérico, que tiene el mismo principio activo y tiene que demostrar que produce un efecto biológico similar. Ambos grupos toman el medicamento asignado durante un cierto tiempo, durante el cual se les hace continuos análisis de sangre para ver la cantidad de ese fármaco que se encuentra en ella. Tras todo esto los voluntarios pasan un tiempo sin tomar ese medicamento, hasta que no se encuentra en la sangre rastro alguno de él. Es el denominado periodo de lavado.

Cuando ha pasado el periodo de lavado, se les vuelve a dar el fármaco, pero cambiando el grupo al que se asigna, de modo que quienes recibieron el fármaco de referencia reciben el genérico en la segunda ocasión y viceversa. ¿Por qué se realiza así? Porque se busca que cada paciente sea su propio control, evitando variaciones en los resultados por las características personales, por las variabilidades individuales.

Tras haber realizado las oportunas mediciones, se realizan varias gráficas en las que se mide la concentración máxima de ese principio activo que lleva el fármaco que se ha encontrado en la sangre, así como el tiempo que ha permanecido en ella. Se compara la gráfica del fármaco de referencia con el de marca y se recurre a la temida, odiada, aburrida pero necesaria Estadística para marear los datos una y otra vez hasta asegurarnos de medir correctamente las cosas.

Para empezar, dividimos la  media de la concentración máxima alcanzada en la sangre con el genérico entre la media de la concentración máxima alcanzada con el fármaco de referencia y cruzamos los dedos para que el valor sea lo más cercano posible a 1, indicando entonces el genérico ideal, el que cumple las mismas condiciones que el de referencia; lo mismo se hace con la medición de la cantidad de fármaco y el tiempo que permanece en la sangre,  para lo cual recordaremos nuestras nociones de geometría del cole y calcularemos el AUC (area under curve) o área que tenemos en esa figura formada por el eje de abscisas, el de ordenada y la curva que se forma al medir la cantidad de fármaco y el tiempo que está en sangre.  Dividimos la media del área bajo la curva del genérico entre la del fármaco de referencia y nuevamente buscamos y esperamos que sea lo más cercano a 1.

La cosa no queda ahí. Queremos estar más seguros todavía de que esos fármacos son bioequivalentes y no habrá problemas al administrar un genérico. Que no nos estamos equivocando al comparar esos dos fármacos.  Para eso calculamos el intervalo de confianza  del 90% de esos cocientes obtenidos tal como acabo de contar. Los intervalos de confianza de esos cocientes tienen que estar entre 0’8 y 1’20, es decir, se admite un 20% de variación en torno a 1, lo que asegura que ambos fármacos sean intercambiables, ya que tras múltiples estudios se ha comprobado que esos límites son los que aseguran que no se notarán diferencias en el organismo al tomar un genérico o el medicamento de referencia.

Es muy raro que se llegue a esa variabilidad del 20% en ese parámetro, alcanzando la mayoría de los genéricos una diferencia del 4%. Sorprendidos, ¿verdad?

Espero haberos convencido de que un genérico no tiene un 20% menos de principio activo que un fármaco de marca, además de la importancia de tener unas nociones mínimas de Estadística…

¿Medicamentos de marca o medicamentos genéricos? aclarando conceptos.

Hablar de medicamentos genéricos es comenzar un debate controvertido e interesante en el que todos, tanto los sanitarios como los pacientes y quienes trabajan en la industria farmacéutica, tenemos mucho que decir.

Comienzo una serie corta de artículos (seguramente sólo sean dos) sobre el tema basándome en lo que ya he escrito en Mondo Medico.

Se admiten todo tipo de comentarios y discrepancias, con la siguiente condición: la carga de la prueba incumbe al que afirma, por lo que tiene más valor lo que se demuestra con datos que las meras opiniones.

Oigo preguntar con frecuencia si un medicamento genérico tiene la misma efectividad que un medicamento de marca, que los genéricos tienen excipientes de peor calidad y por ello son menos efectivos y dan más reacciones alérgicas. Además, me encuentro con pacientes enfadados cuando les receto por principio activo, “a mí me da el antibiótico bueno, no el genérico malillo”.

Para realizar comparaciones entre genéricos y medicamentos de marca es necesario entender primero qué es cada uno y qué les caracteriza.

Un medicamento de marca es aquél sintetizado por un laboratorio, que se ha encargado inicialmente de la investigación de ese medicamento, los estudios de eficacia, eficiencia, biodisponibilidad (más adelante explico este concepto), etc. Lleva asociada una patente que impide que cualquier otra empresa farmacéutica pueda sintetizar y comercializar ese medicamento durante aproximadamente 20 años, incluyendo el tiempo que se estudia ese medicamento y su comercialización. Y lleva escrito en el envase el nombre comercial y el del principio activo.

Un medicamento genérico, según se describe en el Real Decreto 1345/2007, artículo 2.35, es “el medicamento que tenga la misma composición cualitativa y cuantitativa en principios activos y la misma forma farmacéutica, y cuya bioequivalencia con el medicamento de referencia haya sido demostrada por estudios adecuados de biodisponibilidad.” Esto, en plan Barrio Sésamo, quiere decir que el genérico debe tener la misma composición en cantidad y calidad de principio activo, el mismo aspecto (pastilla, jarabe, cápsula) y debe haber demostrado que ejerce el mismo efecto en el mismo tiempo y en la misma forma que el medicamento de marca. Además, es preciso  que hayan transcurrido 10 años desde que comenzó a comercializarse el medicamento de referencia (el de marca), demostrándose de forma clara que es útil, no tiene efectos secundarios serios que motiven su retirada ni ninguna otra contraindicación para su síntesis y comercialización como genérico. Y no lleva ningún nombre comercial en el envase, tan sólo el nombre del principio activo.

Aclaradas las diferencias, vamos a por los siguientes conceptos que es necesario comprender para entrar a debatir: qué queremos decir al hablar de biodisponibilidad y bioequivalencia.

Al sacar un nuevo fármaco nos interesan varias cosas, pero las más importantes son saber qué cantidad es necesario administrar para tener efecto, qué cantidad se puede administrar para tener efecto y que la toxicidad sea mínima o nula, si ese fármaco llega al sitio que queremos que llegue y lo hace de la manera que queremos…

La biodisponibilidad de un medicamento es la cantidad de medicamento que llega inalterado a la sangre en un tiempo determinado desde que lo ingerimos, nos lo pinchan o lo que sea y, por tanto, está disponible para llegar a los tejidos del organismo que nos interesan y ejercer su función. Es útil porque nos indica cuándo comienza a hacer efecto, cuánto dura y cuál es su intensidad. Hay una parte del medicamento que se puede unir a ciertas proteínas, por ejemplo, por lo cual no “trabaja”, de manera que no hay medicamento del que se aproveche el 100%. Esto lo conocemos los sanitarios, químicos y farmacéuticos y sabemos que la biodisponibilidad depende, entre otras cosas, de cómo administremos ese fármaco (inyección, jarabe, pastilla) y de la existencia o no de factores que puedan alterar la absorción del fármaco.

Con lo que cuento en el anterior párrafo, se puede entender que no es lo mismo dar un fármaco en pastillas que en inyección y que, por tanto, no se puede poner los mismos excipientes en uno que en otro, ¿quién va a machacar una pastilla, mezclarla con suero e inyectársela en vena? Nadie. Se coge ese fármaco y se “adapta” para poder ser inyectable, se coge esa sustancia que ejerce efecto y se le ponen unos excipientes adecuados a la vía de administración. Y aquí es cuando surge el otro concepto interesante: la bioequivalencia.

Un laboratorio X saca al mercado un medicamento que lo mejor para una determinada enfermedad. Lo saca en inyección. Con el tiempo, ese laboratorio piensa en que para una administración más cómoda y así aumentar las ventas (a quién le gusta que le pongan una banderilla en el culo o el brazo), lo ideal sería sacar ese medicamento en pastillas. Para ello tiene que sacar ese fármaco con otros excipientes y estudiar la bioequivalencia, es decir, que cuando dos medicamentos se administran con el mismo principio activo, en igual cantidad e igual calidad, en idénticas condiciones, se alcance una biodisponibilidad similar.

Imagino que ya sabréis por dónde va la cosa. Sí, no sólo los laboratorios que fabrican genéricos realizan estudios de biodisponibilidad y bioequivalencia para sacar los mismos medicamentos pero más baratos, también los laboratorios “de marca” los hacen para sacar nuevas presentaciones del mismo producto. ¿Por qué, entonces, desconfiamos de los genéricos y no de las marcas?

En el próximo artículo, más y mejor, hablaremos del famoso 20% y de las dudas más comunes al hablar de medicamentos genéricos.

Esos palabros médicos: diccionario Sanitario-Resto de la Humanidad

Cuando comencé a trabajar como Médico Interno Residente (los famosos MIR), un médico adjunto me dio una de las lecciones más valiosas de No-Medicina: “Sophie, ten en cuenta que cuando escribas un informe de alta de un paciente lo van a leer varias personas: el paciente, su familia, un compañero, su abogado, el juez y un hijodeputa que te va a buscar las cosquillas”.

Los informes de alta, tanto de planta como de Urgencia, incluso los informes de los Centros de Salud, son un dechado de poesía médica. Nos encontramos con términos que hacen que cualquiera piense que los sanitarios hablamos en arameo y pársel, tenemos un código secreto para transmitirnos información sin que el paciente se dé cuenta.
Queridos lectores Amazings: no os asustéis, aquí estoy yo, junto con el resto de matasanos que asoman el flequillo de vez en cuando por este blog, para aclararos esas dudas que os corroen desde que os dieron ese dichoso informe.

Os presento, señores, un breve diccionario “Sanitarios-Resto de la Humanidad” con el que os podréis desenvolver y además dejamos los comentarios abiertos para resolver todas vuestras dudas al respecto. Un chollo, hoygan.

El paciente tuvo un intento autolítico”: el paciente intentó suicidarse
La paciente tiene deseos genésicos”: la paciente se quiere quedar embarazada
Útero eutrófico”: útero normal, no está atrofiado.
Idiopático”: desconocemos la causa a pesar de las pruebas realizadas /no tenemos ni pajolera idea
Yatrogénico”: lo que el paciente padece es por culpa de alguna acción médica, bien por haber hecho algo o por haberle prescrito o dado un medicamento que le ha causado ese daño.
Éxitus”: el paciente ha muerto.
Eupneico”: que respira bien y no está a lo Darth Vader.
Disneico”: a su lado, Darth Vader respira muy bien.
Pupilas isocóricas y normorreactivas”: El paciente tiene las dos pupilas iguales y se le encogen cuando le apuntamos con la linternita (que desearía que nos la metiéramos por el orto)
Apirético”: no tiene fiebre
Disuria”: intenso escozor al orinar
Tenesmo vesical/rectal”: esa sensación tan desagrable de espasmo al orinal/defecar que hace que sintamos que no hemos terminado pero por más que forcemos no sale ná.
Hemodinámicamente estable”: tiene la tensión controlada y no tiene crisis de hipotensión, hipertensión, etc.

¿Qué otros palabros os habéis encontrado y os gustaría que os aclaráramos qué diantres significan?

Socorro… tengo un viaje largo y tengo miedo al Jet Lag

Seguramente muchos habréis vivido al menos una vez en la vida el fastidioso Jet-Lag. Un viaje largo, atravesando algunos husos horarios demasiado rápido como para adaptaros, llegáis al lugar de destino y os sentís como un pulpo en un garaje, vuestro reloj biológico no coincide con la hora local. Cuando queréis desayunar es la hora de almorzar, por ejemplo. Cuando tenéis sueño es media mañana. O es de noche y no podéis dormir porque seguís teniendo el mismo ritmo de sueño que el lugar desde el que partís. Os sentís torpes y patosos, somnolientos y cabreados sin un motivo claro.

En relación con esto, Aberrón comentaba hace poco en un hilo de Amazings que se había enterado de la existencia de un nuevo producto, “No-Jet-Lag“, que prometía ayudar a contrarrestar los efectos del Jet Lag. Una buena idea, si no fuera porque al examinar la página nos encontramos con un preparado homeopático en tabletas. Nuestro gozo en un pozo, porque como ya hemos repetidos muchas veces en Amazings, la homeopatía no tiene efectividad alguna, así que el único efecto que pueden causar esas pastillas es el efecto placebo.

¿Y qué podemos hacer entonces frente a ese efecto? ¿Existe algún medicamento o algún remedio eficaz? Pues sí, existen una serie de recomendaciones y en EEUU se vende en herbolarios melatonina, una hormona que ayuda a reestablecer el reloj biológico y hacer frente al Jet-Lag. En España está aprobado desde 2007 un medicamento a base de melatonina que contiene 2 mg de principio activo. En Mayo de 2010, la Agencia Española del Medicamento ordenó la retirada de todos los productos a base de melatonina que se vendían como complemento alimenticio y poseían una cantidad de principio activo superior.

En general se aconseja:
1. Antes de irte de viaje mantén un horario de sueño regular. No vayas a cometer la salvajada de dormir poco los días previos pensando que “estaré reventado de cansancio y así duermo seguro”. Gran error.

2. ¿Te vas de viaje a un sitio que está tirando para el Este? No sería mala idea irte a dormir dos horitas antes. ¿Tu destino de viaje está hacia el oeste? Te vendría bien irte a dormir dos horitas después.

3. Si vas a hacer un viaje cortito, una semana por ejemplo, no merece la pena que cambies tu ritmo de comida y sueño, aunque la gente enarque una ceja al verte almorzar a deshoras. Si es un viaje más largo, te vendrá bien adaptarte al horario local.

4. Durante el vuelo, procura no dormir a horas que no serían las adecuadas en el lugar de destino. Por ejemplo, si te apetece echarte una siesta, haces cuenta y en ese lugar serían las 5 de la mañana…desiste.

5. Bebe abundantes líquidos, evitando el alcohol y la cafeína

6. Procura descansar y estar cómodo durante las escalas.

7. Si sueles hacer ejercicio de forma regular, mantén ese mismo ritmo al llegar a tu destino.

En cuanto a la melatonina, no es la panacea ni nos va a quitar por completo el Jet-Lag, pero sí va a ayudar a mejorar algunos síntomas como la somnolencia, la descoordinación y el bajo estado de alerta. Su mecanismo de acción se basa en que  la oscuridad estimula al cuerpo para que produzca más melatonina, la cual es una señal para el cuerpo para que se prepare para dormir, mientras qeu la luz disminuye la producción de melatonina y avisa al cuerpo para que se desperece y despierte. En teoría, si administramos melatonina estamos “ordenando” a nuestro organismo que tenga sueño y, por tanto, duerma y descanse. Se recomienda especialmente cuando se van a atravesar 5 o más zonas horarias, especialmente si se viaja hacia el este y se ha sufrido Jet-Lag en viajes anteriores.

Las vacunas y su necesidad

En los últimos años estamos asistiendo a una preocupante vuelta a antiguas y rancias posiciones anticientíficas. Ideas ya superadas hace siglos están volviendo con fuerza y se están instalando en la mente de aquellos que no están bien informados.

Creacionismo, supersticiones, irracionalidades homepáticas, astrológicas… han vuelto incluso los que afirman que la Tierra no es redonda sino plana. Y de entre todos estos pasos atrás en el conocimiento, sin duda, los más peligrosos son los que atañen a las prácticas médicas.

Poco a poco se ha ido fraguando un absurdo movimiento anti-vacunas que pone en serio peligro la salud de las personas, sobre todo las más jóvenes y débiles. Por ello he pensado que estaría bien realizar un breve artículo, sencillo y ameno, sobre la necesidad y conveniencia de las vacunas, explicando fácilmente cómo funciona nuestro sistema inmunológico y cómo actuan las vacunas ayudándolo.

Cantaban Manolito Santander y sus muchachos en los Carnavales gaditanos de 1998 que “En la familia Pepperoni somos malos de verdad, la familia Pepperoni no conoce la piedad…¡tiro al vento, tiro al vento!…¡ni la Piedad, ni la Borriquita ni el prendimiento!”

Otros que no conocen la piedad son los integrantes del Sistema Inmune.

Nuestro sistema defensor contra todo bicho que codicie nuestro organismo como virus, bacteria, hongo, parásito o lo que sea, se las tiene que ver con toda una “famiglia” de glóbulos blancos dispuestos a matar, fagocitar, aniquilar, destruir, arrasar.

Tiene diversas formas de llevar a cabo su misión, pudiendo hacerlo de forma directa en plan “tonto el último que se cargue al enemigo” o actuar en cooperación y mediante un mecanismo sofisticado para dejarlo bien “muerto matao”.

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Por qué cuando sufres una borrachera grave te ponen vitaminas del grupo B y suero

Me preguntaron hace poco en un artículo que por qué se administraban vitaminas del grupo B en caso de intoxicación etílica. Respondí de forma concisa, dándome cuenta más tarde de que ese tema merecía un artículo para él solo.

Cuando los médicos llegamos al servicio de Urgencias y nos enfrentamos a nuestro primer paciente con una intoxicación alcohólica aguda (coloquialmente una borrachera, una papa), nos enseñan la santísima trinidad: tiamina, piridoxina, suero. La tiamina es vitamina B1, la piridoxina es vitamina B6, el suero es suero, para rehidratar. No se usa un suero cualquiera, sino suero glucosado al 5%.Es lo que nos enseña el adjunto con el fonendo gastado de tantas guardias, lo que viene en los manuales de Urgencias.

¿Por qué se maneja de este modo un caso así? Cuando un paciente llega con una intoxicación etílica grave, lo primero que nos planteamos es que hay que rehidratarle, ya que el alcohol fuerza la diuresis y se pierde líquido. A continuación nos planteamos que debemos aportarle glucosa, puesto que al ingerir alcohol etílico éste inhibe la formación de glucosa por parte del hígado (conocida como gluconeogénesis). Después llega el siguiente paso: si administramos glucosa tenemos que administrar también tiamina (vitamina B1), ya que ésta es necesaria para metabolizar la glucosa y si se produce un déficit brusco podemos ocasionar una patología bastante aparatosa, conocida como Encefalopatía de Wernicke. No querréis que el paciente se ponga más malito todavía y el neurólogo de guardia se acuerde de nuestros ancestros, ¿verdad?

¿Y qué ocurre con la piridoxina (vitamina B6)? Durante años se ha creído que ayudaba a metabolizar el alcohol a mayor velocidad, siendo esto descartado en los últimos estudios, ya que no se ha conseguido demostrar de forma objetiva que tenga ese efecto. ¿Por qué se sigue poniendo aún en muchos hospitales? Por inercia o por falta de actualización en ese tema. ¿Hay alguna alternativa? Parece ser que sí, un derivado de ella, la metadoxina, que parece acelerar la eliminación de etanol en sangre, no tiene efectos secundarios y sólo se requiere una única dosis de 300-900 mg por vía intravenosa.

Fuentes:

The therapeutic effect of metadoxine on alcoholic and non-alcoholic steatohepatitis

Intravenous pyridoxine in acute ethanol intoxication

Devlin, Thomas M. : Bioquímica. Libro de texto con aplicaciones clínicas. 4ª Edición. Editorial Reverté; 2006

Dueñas Laita, A. : Intoxicaciones agudas en Medicina de Urgencias y Cuidados Críticos. 5ª reimpresión. Editorial Masson; 2005

Jiménez Murillo, L, Montero Pérez, F.J. : Compendio de Medicina de Urgencias. 2ª Edición. Editorial Elsevier; 2006

Sophie: Seis años gastando culo y codos para obtener el título de licenciada en Medicina. 1ª Edición. Editorial Amazings; 2010

Cómo reconocer un bulo médico en unos sencillos pasos

El otro día me mandó Camarada Bakunin un correo de reenvío con el que se me saltaron las lágrimas de risa. Era uno de esos bulos médicos que van circulando por la red, de correo en correo, llamando la atención de algunos y preocupando a otros.

Todos tienen en común la misma estructura, que voy a destripar aquí, dando un sencillo esquema para reconocerlos y así borrarlos rápidamente sin preocupación alguna.

1. En el correo se ensalzan las propiedades de un producto “natural”, como la chirimoya, el bicarbonato y cosas por el estilo. Nada de productos artificiales como una aspirina, por ejemplo.

2. Suelen afirmar que tal producto natural cura el cáncer, fundamentalmente. No sé por qué existe esa fijación con esa enfermedad, pero casi todos los que me pasan suelen afirmar que ese producto es un remedio barato, natural y carente de efectos secundarios para luchar contra el cáncer.

3. Se critica a la mafia médica y la mafia farmacéutica, que boicotean sin parar la publicación de artículos en los que se habla de tan grandes hallazgos e impiden que la gente se entere de las propiedades naturales de la pulpa de manzana para frenar el avance de las células cancerosas gracias a sus propiedades antioxidantes.

4. Aportan numerosos testimonios de personas anónimas con las que no se puede poner uno en contacto para confirmar tan milagrosa recuperación

5. Además, no se aportan enlaces a los “numerosos estudios que prueban que” ni tampoco se facilita el ponerse uno en contacto con el “Doctor Fulanete” que ha estudiado durante años esas milagrosas propiedades de las pepitas del kiwi contra el cáncer.

6. No explican el mecanismo por el que ese producto cura el cáncer o la enfermedad que sea. Si te dicen que un coche vuela, querrás saber por qué lo hace, ¿no? Pues con este caso, lo mismo, yo quiero saber qué hay detrás de eso y cómo cura el cáncer, quiero explicaciones lógicas, creíbles y coherentes con lo que se sabe hasta ahora de Fisiología y Farmacología, por poner dos ejemplos.

Seguro que me dejo alguna característica en el tintero, indicádmelas en los comentarios.

Karate Doc: el médico que sabía que era mejor maña que fuerza

¿Creéis que para ser traumatólogo hay que ser un armario empotrado? ¿Que la Traumatología es la Bricomanía de bata blanca? Pues bien, espero haceros cambiar de este opinión con este artículo.

Hace tiempo leí en Medpage Today un post curioso acerca de la utilización de una técnica de artes marciales denominada Tuite para la reducción de una luxación de hombro.

El Tuite está basado en agarres, torsiones, volteo, bloqueo de articulaciones, presiones y puntos especiales que no deja marcas ni señales del ataque, de forma que dejas a tu oponente hecho una piltrafa de forma elegante. En el post, el autor explica que utiliza esa técnica cuando debe contener a un paciente intoxicado o psicótico al que se debe colocar una inyección intramuscular de haloperidol (Haldol), provocándole un pequeño dolor localizado que le impida moverse, así como que en una ocasión la tuvo que emplear para reducir a un borracho que atacó a una enfermera. También cuenta cómo consiguió reducir una luxación de hombro a base de Tuite :)

Fuente imagen | Adam.com

Quien padecía la luxación era una mujer bastante obesa en la que no lograban palpar el relieve de ningún hueso, con lo que iban a ciegas. Como se ve en las imágenes, en una luxación de hombro la cabeza del húmero se desplaza, dejando de estar encajada en la cavidad glenoidea ( el hueco que podéis observar en el omóplato, donde se aloja la cabeza del húmero). Esto provoca dolor, hinchazón e imposibilidad de mover el brazo correctamente. Para reducirla, es preciso sedar al paciente y realizar maniobras de torsión, desplazamiento o tracción del brazo con el fin de colocar el hueso correspondiente en su sitio y formar una articulación que funcione de manera correcta sin roces ni dolor. Se sabe que la maniobra ha sido un éxito cuando se oye un chasquido muy carácterístico, algo así como “clank”. Da grimilla, sí, pero te asegura que el hueso está en su sitio.

El autor cuenta que un compañero suyo, más musculoso que él intentó sin éxito reducir la luxación. En la radiografía posterior a las maniobras se comprobó que el hombro seguía igual de dislocado. Entonces, él se acordó de una técnica que había aprendido, que implicaba bloquear la muñeca, el codo y el hombro, no muy útil para defenderse pero que ejercía una considerable presión sobre la cabeza del húmero, facilitándole insertarla de nuevo en la cavidad glenoidea y conseguir así “desluxar” el hombro.

Cogí su mano derecha con mi mano derecha, deslicé mi mano izquierda por debajo de su antebrazo, luego hacia arriba a lo largo de la curvatura de su codo, por encima y por detrás de su brazo. Presioné hacia abajo su mano derecha, haciendo palanca contra mi brazo izquierdo mientras tiraba y empujaba un poco su húmero con mi mano izquierda. Inmediatamente, sin titubeos, el hombro entró de golpe con un audible y satisfactorio clank

Traducción libre del texto

Así, con mucha maña y menos fuerza que su compañero, logró la reducción sin problema alguno, haciendo palanca y aumentando de este modo la fuerza aplicada para poder encajar la articulación. Curiosamente en un servicio de Trauma hay que saber mucha Física, conociendo las distintas clases de palancas puedes mover articulaciones con más maña que fuerza.

Si McGyver hubiera sido médico… ;)

Bhut Jolokia, el pimiento más picante del mundo

Hallábame yo el otro día en un restaurante canario (aunque no sé si la receta del mojo la harían como la muestra Mapoto en su blog)  hablando de esto y lo otro… cuando alguien nombró el pimiento más picante del mundo, el Bhut Jolokia, el más potente según la  Escala Scoville. Mirad este vídeo, no apto para almas y lenguas sensibles:

Imagen de previsualización de YouTube

Impresionante, ¿verdad? No sirve beber una jarra de cerveza de un tirón, ni agua, ya que el principio activo que provoca el intenso escozor al probar el pimiento, la capsaicina, no es muy hidrosoluble que digamos, siendo más fácil disolverla y neutralizarla tomando una o dos cucharadas de aceite.

La capsaicina no se encuentra sólo en el Bhut Jolokia sino en cualquier pimiento picante. Esta especia tiene su interés en cocina, donde se pueden preparar infinidad de platos aderezados con ella y también en Medicina por la posibilidad de ser empleado su principio activo como analgésico en ciertos dolores severos, por ejemplo el dolor de la neuropatía diabética o la la neuralgia postherpética. Para comprender bien cómo es posible que algo que causa tanto ardor y escozor pueda funcionar como analgésico, tenemos que hablar de la Teoría de las compuertas del dolor. Leer más »

Lirios vendados

Comentaba una amiga el otro día que cada cultura tiene sus propios cánones de belleza y sus costumbres para embellecer o adornar.

Nosotras usamos pendientes y lo vemos como algo normal, frente a las mujeres-jirafa, por ejemplo, o las chinas de pies “loto dorado” o “lirios vendados”. Este último caso es quizás el más llamativo y popular por su mención en novelas y películas.

Esta costumbre se inició en la dinastía Tang (618-907 d.C.) y continuó hasta 1911, cuando fue abolida, aunque hoy en día aún es posible ver a algunas mujeres bastante mayores con los pies pequeños.

Antes de empezar se realizaba una consulta astrológica con el fin de elegir el día más adecuado para el comienzo del rito de vendaje y se ofrecían pastelillos de arroz a los dioses solicitándoles que los pies de su hija fueran tan suaves como esos pastelillos.

A las niñas les metían los pies en remojo con hierbas y sangre animal para eliminar posibles infecciones en la piel y les cortaban las uñas; después, les rompían los cuatro dedos más pequeños del pie a los 4 ó 6 años y durante dos años eran sometidas a un doloroso proceso de vendaje drástico, manteniendo esos dedos rotos apuntando hacia el talón, fuertemente sostenido con tiras de algodón o seda, renovando el vendaje cada día, consiguiendo así un pie de 10-12 centímetros como máximo. Leer más »

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