Artículos de Rosa García-Verdugo

Rosa García-VerdugoRosa García-Verdugo | http://www.starvingneuron.com/ | @starvingneuron

Bioquímica de-formación que tras un picotear por unos cuantos campos (genética clínica,inmunología, biología de sistemas) acabó decidiendo que lo suyo era darle al coco, literalmente. Y de Asturias (tras un pequeño de-tour) emigró a Munich a estudiar el sistema nervioso de esos bichinos peludos tan monos (por las dudas hablo de ratones, no hombres). En el tiempo libre que me queda escribo un blog sobre neurociencia y otras cosas, según el humor de la musa.

Nada está escrito en piedra

Cuando estudiaba en el cole nos decían que con las neuronas que nacías morías. En todo caso, con algunas menos. También nos decían que una mujer nace con todos los óvulos que es capaz de producir en su vida (nace con todas las células germinales que darán lugar a los óvulos de su vida, ni una más). Pues bien tanto una como otra cosa han resultado no ser ciertas.

El primer mito cayó ya hace años cuando se descubrieron un par de regiones cerebrales donde se produce nacimiento de nuevas neuronas (neurogénesis) a partir de células indiferenciadas (en el hipocampo y la zona subventricular). Como suele pasar con todos los pioneros aunque los primeros “avistamientos” de neuronas nuevas sucedieron ya por la década de los 60, la comunidad científica no aceptó esta realidad hasta los 80 (sin embargo, aún existen dudas sobre su autenticidad, para una revisión recomiendo leer a Neurophylosophy). Y ahora parece que acaba de caer el segundo mito, el de la capacidad reproductora predeterminada de nacimiento.

Como aprendíamos en el cole, las células germinales con capacidad de división celular por mitosis, que darán lugar a los óvulos, migran a los ovarios en la semana 5 de gestación. Y ya desde la semana 8 y hasta los 6 meses de edad se diferencian en oocitos primarios que entran ya en la primera fase de meiosis (otro tipo de división celular en que las células hijas tienen la mitad de cromosomas que las “madres”, típicamente óvulos y espermatozoides) y se empieza a formar el folículo. Sin embargo, todo el proceso se queda en stand by hasta la maduración sexual de la pubertad. (más) Según esto, a los 6 meses de edad ya tienes todos tus pre-óvulos listos y no se esperan nuevas incorporaciones. Sin embargo…

En un artículo publicado esta semana en Nature Medicine, Yvonne White y Cia., demuestran que es posible purificar células germinales mitóticas de mujeres en edad reproductora, no de embriones en desarrollo, que eran el único estadío en que se creía que existían este tipo de células y más aún desarrollar in vitro estas células germinales hasta óvulos e incluso, in vivo.

A nadie se le escapa el potencial de este descubrimiento pues podría suponer una revolución para el tratamiento de ciertos problemas de infertilidad. En caso de existir atrofia folicular, por ejemplo, podrían intentar aislarse estas células en la paciente y desarrollarlas in vitro para la fertilización sin necesidad de recurrir a donantes de óvulos…pero como todo, este es un campo en desarrollo y habrá que esperar y ver.

Mientras tanto yo me muero de ganas de ver cual será el próximo dogma en caer. Se admiten apuestas.

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Referencia:

ResearchBlogging.orgWhite, Y., Woods, D., Takai, Y., Ishihara, O., Seki, H., & Tilly, J. (2012). Oocyte formation by mitotically active germ cells purified from ovaries of reproductive-age women Nature Medicine DOI: 10.1038/nm.2669

Una para ti, otra mí

“Donde fueres haz lo que vieres” esa decía mi abuela que era la clave para adaptarse a cualquier situación. No sé si aquello sería demasiado, pero lo que sí parece es que al menos inconscientemente ya lo hacemos cuando comemos con otros y que este hecho puede afectar hasta nuestra dieta.

Así que si te interesa estar divino este verano sigue leyendo…

Siguiendo con los refranes, también se dice que “todo se pega,….”. Esto, en términos científicos, se llama imitación de comportamiento. Y va mucho más allá del típico efecto del bostezo, que se pega sin querer.

Hay multitud de grupos de investigación dedicados a intentar entender hasta qué punto nos influencia el comportamiento de los demás, desde las redes sociales (más aquí), a lo que bebemos (por ejemplo, un estudio encontró más probable que dos personas bebieran a continuación una de otra cuando eran del mismo sexo, que cada una lo hiciera a su ritmo) o lo que comemos.

En un trabajo publicado recientemente en la revista PLoSOne, un grupo de investigadores holandeses observó cómo comían un par de mujeres para determinar hasta qué punto se influenciaban una a la otra. Una de ellas había de comer un plato de una cantidad determinada, mientras la otra no tenía límite.

Lo que observaron fue que especialmente durante los primeros 10 minutos de la comida, la probabilidad de que pegaran un bocado a la par era más alta que la de que fueran desincronizadas y la cantidad total de comida que consumían también era bastante similar.

¿Cómo lo explican? Pues por un lado invocan, sin nombrarlas, a las neuronas espejo, y el reflejo motor de hacer lo que ves; por otro lado, a mi abuela. Lo que quiero decir es que las 2 estaban intentando ajustar su comportamiento a lo que era apropiado observando lo que hacía la otra y actuando en consecuencia, lo que por supuesto acaba llevando a una escena casi de imitación.

Aunque curioso, para lo que son nuestros hábitos alimentarios esto no significa necesariamente un descenso de calorías ingeridas, pues si la otra persona tiene una porción mayor en teoría también comeríamos a la par, incluso por encima de lo que nos apetecería…

Ahora, ¡tranquilos! porque aún hay esperanza y es que, al parecer, según otro estudio comer con HOMBRES reduce la cantidad de calorías que ambos, tanto hombres como mujeres, ingieren de media cuando comen juntos. Sin embargo cuando digo juntos no digo revueltos, y es que siempre según este estudio, cuando los hombres comen con mujeres ingieren de media unas 200kcal más que cuando comen hombres solos.

Los resultados de estudio para mí son un tanto dudosos, entre otras porque su muestra, como en tantos análisis psicológicos, es de una población WEIRD (Western EducatedIndustrializedRichDemocratic) o sea occidental, educado, de país industrializado, rico y democrático que se traduce en: universitario americano. Lo que no es exactamente representativo de toda la sociedad. Y aún peor, el estudio se realizó en ¡la cafetería de la Universidad!. Sinceramente, ahí yo como menos sí o sí, más que nada porque la comida da asco, no por rodearme de hombres a los que tengo que impresionar comiendo como un pajarito…

Una cosa es cierta, sin embargo, y es que la influencia de los demás se nota, y mucho más de lo que somos conscientes. Se ha visto incluso que la probabilidad de desarrollar obesidad se correlaciona con el grado de familiaridad con un obeso, siendo más fuerte la influencia de los amigos que la de la familia (si quereis saber más).

Y ahora, ¿con quién os ireis a cenar hoy?

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Referencias:

ResearchBlogging.orgLarsen, H., Engels, R., Souren, P., Granic, I., & Overbeek, G. (2010). Peer influence in a micro-perspective: Imitation of alcoholic and non-alcoholic beverages Addictive Behaviors, 35 (1), 49-52 DOI: 10.1016/j.addbeh.2009.08.002

ResearchBlogging.orgHermans, R., Lichtwarck-Aschoff, A., Bevelander, K., Herman, C., Larsen, J., & Engels, R. (2012). Mimicry of Food Intake: The Dynamic Interplay between Eating Companions PLoS ONE, 7 (2) DOI: 10.1371/journal.pone.0031027

ResearchBlogging.orgALLEN-O’DONNELL, M., COTTINGHAM, M., NOWAK, T., & SNYDER, K. (2011). Impact of Group Settings and Gender on Meals Purchased by College Students Journal of Applied Social Psychology, 41 (9), 2268-2283 DOI: 10.1111/j.1559-1816.2011.00804.x

RV_100501 y yo

RV_100501. Ése era su nombre oficial. Pero para mí era Nico. ¿Romeo, por qué eres tú Romeo? El era  Nico y, al contrario que a la mayoría de nosotros que recibimos nuestro nombre sin siquiera merecérnoslo, el suyo se lo ganó a pulso. Su nombre era un título honorífico a su afición por intentar robarme los cigarillos que siempre llevaba en el bolsillo y fumárselos a escondidas de tres en tres.

Ya sé que lo nuestro era imposible. Ya sé que no debía. Que iba contra las reglas. Que, además, no estaba destinado a durar mucho. Pero igualmente no pude evitarlo. Me enamoré de él.

Todas las horas compartidas en la sala de juegos, intentando dominar el mecanismo de aquel programa de reconocimiento visual y las veces que compartimos unos tragos para celebrar un éxito. Yo solía elegir una cerveza en tales ocasiones. A él, curiosamente, lo que de verdad le gustaba era el zumo de frutas. Con el tiempo incluso llegué a aprender que si queria motivarlo de verdad, mejor de uva que de manzana y que era un forofo de la música popular. Nada le gustaba más que le cantara la canción de los cinco lobitos. Un poco infantil, lo sé. Pero así es mi Nico.

Perdón, ése ERA mi Nico. Y digo era, porque ayer dejó de ser. Tantas horas de trabajo, tanto tiempo compartido aprendiendo juntos y el muy muy…animal va y se asfixia al tragarse la pajita por la que bebia zumo de uva. Su preferido además.

Es ahora que Nico ya no está que por fin entiendo por qué en el laboratorio siempre recomiendan no encariñarte con tus “sujetos” . Y es que, cuando los pierdes, no es sólo que con ellos el trabajo de años, tu trabajo de años, se va a la mierda sino que además pierdes a tu mejor colaborador. Por eso el segundo autor de mi gran artículo sera Nico Zumo, porque se lo ganó con cada gota.
D.E.P.

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*Nota: lo arriba expuesto es ficción. Pero contiene ciertos elementos comunes a la experimentación con animales, en particular primates. No se suele permitir humanizarles, ni ponerles nombre. Y en los experimentos de comportamiento y aprendizaje con primates la recompensa más común es el zumo de frutas.

24 horas en el lab

Aún no ha salido el sol, pero da igual. Siempre está encendida la luz de los fluorescentes, esos que hacen que tu piel parezca gris incluso en una de las ciudades con mayor número de días de sol del hemisferio norte. Da igual si es lunes o domingo, siempre hay luz en el laboratorio de la quinta planta, porque siempre hay trabajo.

Pipetea una, dos y hasta noventa y seis veces una cantidad ínfima de líquido incoloro en uno, dos y hasta un número equivalente de tubos también transparentes, mantén siempre en hielo, no debes permitir que un cambio en la temperatura de los reactivos empiece la reacción antes de tiempo. Eso no. Y controla que cada tubo contiene exactamente el microlitro de muestra que debe. La secuencia siempre la misma, internalizada desde hace meses: control negativo, control positivo, muestra. Sin cambios, como un autómata, sin pensar.

Placa lista. Ahora pon a punto el programa…¿cuál toca hoy? Si. El número 2. Dos horas y media de espera hasta que la lavadora…no, espera. El termociclador, termine de amplificarme el DNA. Mientras, prepara un par de placas, cambia el medio de cultivo a las células y, si queda tiempo, deja el gel preparado para correr las muestras de la PCR (reacción en cadena de la polimerasa) que acabas de poner. ¡Ah! y cruza los dedos para que el termociclador no falle a mitad de programa, la PCR salga como debe y no tengas que repetir por enésima vez el proceso.

Parece que el termociclador se ha portado. No hubo tiempo de preparar placas aún pero siempre puedo hacerlo cuando termine con esto. Con la comida. Con el sandwich frío de la máquina del fondo del pasillo, que me como delante del ordenador mientras respondo el último email del jefe, que no descansa ni en vacaciones. “El resultado del experimento… en 2h:15m:37s”, que es el tiempo que le falta a mi gel, más la interpretación de los resultados. Si va bien y el control positivo tiene una banda del tamaño adecuado, el negativo está limpio y mis réplicas contienen la banda esperada puedo volver a escribir a mi jefe y decirle que por fin tenemos el resultado que buscábamos. Y entonces…entonces me permito salir antes de la puesta de sol. Me merezco un premio. Claro, cuando termine de preparar las placas y planear los experimentos de mañana.

Imagen de un gel de agarosa con muestras de DNA teñido con bromuro de etidio. | El carril del extremo izquierdo contiene la guía de tamaños de las bandas amplificadas (en el caso del ejemplo) por PCR

Y si no…si no, habrá que volver a repetir el mismo proceso de la mañana. Pipetea, plaquea, espera…y reza (ojalá existiera un Dios de los científicos desesperados al que acudir, pero me temo que anda apagado o fuera de cobertura).

El control positivo sale negativo. El jefe contesta desde su paradisíaco retiro que necesitamos un resultado positivo ASAP (o sea, ¡YA!) e incrementa mis niveles de estrés otros 3 puntos más. Llevo más de 7 horas en el lab pero no importa: REPETIMOS. Además, pienso con optimismo, así me dará tiempo a ponerme al día con la literatura y…

Bueno, seguro que al menos hoy llego a coger el último metro ¿no?

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* Nota: Aunque ficticia, esta historia contiene elementos comunes a la experiencia de cualquier persona que trabaje en un laboratorio de Biología Molecular, al menos en cuanto a carga de trabajo y estrés, aunque no todos estén presentes siempre en todos los laboratorios.

Plantas para volverse loco

A todos los que piensen que esto va a tratar sobre la amiga María, lo siento, otra vez será.

Una de las cosas que más me gustan de la ciencia es que además, en ocasiones, sirve para poner en evidencia incluso a la Historia, y es que al mirar atrás con el conocimiento actual todas las piezas del puzle parecen encajar. Una historia que me parece genial es la que tiene que ver con la caza de brujas, no la McCarthiana -traducción libre-, sino la que empezó la tan temida Inquisición allá por la Edad Media en Europa -no sólo en España comíamos habas aunque algunos gusten de creer lo contrario. Las brujas de Salem en los Estates en el s.XVII, dice alguien por ejemplo…-.

Póngame una de brujas, una de fanatismo religioso, oscurantismo y alcaloides y tenemos el cóctel perfecto para un guión al puro estilo hollywodiense.

Quema de brujas

Bien, del fanatismo religioso casi mejor no hablar porque no hemos avanzado demasiado a pesar de la tira de siglos que han pasado, así que pasamos palabra. Para brujas y oscurantismos sólo hace falta poner un rato Tele5…entonces, alcaloides ¿dices? Digo. ¿Y qué son? pues son productos del metabolismo vegetal, o sea de las plantas, derivados de aminoácidos y que se caracterizan por tener efectos principalmente PSICOACTIVOS sobre el sistema nervioso de los animales que los ingieren. ¿Veispordóndeva la cosa? ¿máspistasquereis?

En la Edad Media, igual que ahora, había clases y, también como ahora, se distinguían por lo que comían (ahora las clases bajas, especialmente en Estados Unidos, por ejemplo, son las que comen más productos precocinados y tienen menos acceso a productos frescos). Las clases altas comían un tipo de pan hecho fundamentalmente con harina de trigo llamado morcajo blanco, mientras que los campesinos comían el morcajo negro, compuesto básicamente de centeno.

Otra pista, ¿cuántas brujas de clase alta habeis visto?

Cornezuelo del centeno | Claviceps purpurea

Y es que en el centeno que comían aquellos pobres payeses crecía también un hongo, el cornezuelo del centeno, que contiene entre otros alcaloides: ergotamina, ergocristina, ergocriptina y ergometrina. Cada uno tiene efectos específicos sobre el sistema nervioso aunque además en conjunto causan vasoconstricción (ergotamina) e inducción del parto o inducción de abortos, entre otros efectos.

La lista de efectos neurológicos incluye: convulsiones, estados depresivos y alucinaciones similares a las causadas por LSD (derivado curiosamente de…ergotamina). De hecho, la combinación de síntomas daba como resultado una coreografía espectacular: el baile de San Vito (también se habla de este tipo de “baile” por las convulsiones ocasionadas por otro tipo de enfermedades neurológicas como la Corea de Hungtington, pero esa es otra historia).

Imagen de previsualización de YouTube

Así que ya podemos juntar todas las piezas del puzle. Un grupo de pobres campesinos hasta el culo de drogas psicodélicas, convulsionando y viendo demonios, vírgenes y vete a saber que más (porque aún no sabían de extraterrestres, si no seguro que también) y de otro lado los padres de la Iglesia que no pueden encontrar más explicación que la obvia: estas personas son brujas, están malditas y poseídas por el diablo. Como purgación y condena: ¡a la hoguera!

Y es que no fue hasta el siglo XIX que se describió el ciclo infeccioso del hongo, aunque existen referencias a los efectos del consumo de ergotamina sobre los animales y los humanos ya desde el 1676 (Dodard), de hecho también se dice que la orden de San Antonio se especializó en tratar a los intoxicados por ergotismo (el otro nombre de la intoxicacion por cornezuelo del centeno), especialmente de los síntomas relacionados con la vasoconstricción (por esta causa el ergotismo también se conoce como “fuego de San Antonio”) y de amputar los miembros gangrenados en consecuencia.

Conclusión de esta lección de Historia y Ciencia: los fantasmas y las brujas no existen (aunque el vídeo de Alaska parezca demostrar lo contrario).

El engaño de los sentidos

Siempre me ha resultado curioso e incluso algo cómico el ritual de la cata de vinos: oler, mover, probar, paladear, degustar… todo para extraer el máximo de sensaciones de nuestras papilas gustativas y reconocer todas las sutilezas que la etiqueta describe. Por supuesto, esto es así tanto más cuanto más cara la botella.

No es que dude del paladar de los connoisseurs mucho menos de la experiencia de los sumilleres, de lo que dudo y con razón, y espero que después de leer el siguiente artículo estarán conmigo, es de nuestros sentidos.

En la escuela una de las primeras cosas que nos enseñan es que tenemos cinco sentidos y que la información que recibimos por medio de los mismos es cuasi una copia fidedigna de la realidad que nos rodea. Cuando crecemos (y si seguimos ahondando más en Biología) descubrimos que existen sistemas de procesamiento de esta información sensorial básica en el cerebro y que estos sistemas comprenden desde experiencias anteriores, hasta recuerdos, y que las expectativas determinan en gran medida el cómo percibimos las cosas y cómo las interpretamos -y si no que se lo digan a Proust y a su famosa magdalena-.

Los 5 sentidos. El sexto: el cerebro

De vuelta al vino, un psicólogo americano decidió comprobar hasta qué punto el precio del vino de verdad correlaciona con la opinión de los consumidores sobre su calidad.

Para ello, eligió vinos con precios desde 5$ hasta 50$ (3’5-35 euros aproximadamente) y preguntó a unas 600 personas cuales creían eran los vinos más caros (este era un estudio doble ciego, donde ni el investigador ni los sujetos del experimento sabían qué vino era el caro y cual el barato).

Aunque a primera vista parece obvio que todos seríamos capaces de distinguir un vino de “brick” de un Vega Sicilia, la evidencia parece sugerir lo contrario porque los más de 600 entrevistados sólo fueron capaces de acertar cuál era el vino más caro cerca del 50% de las veces, es decir, que lanzar una moneda al aire hubiera dado los mismos resultados. ¿Significa esto que es una estupidez comprar vinos “buenos”/caros y que disfrutaremos igual con un vino del Caprabo?

Pues afortunadamente para los viticultores y empresarios dedicados a promover la experiencia del vino no es así porque ésta es más que la suma de moléculas que componen dicho brebaje. Así parece ser según los resultados de un estudio del año 2007 llevado a cabo por neuroeconomistas en Caltech.

El experimento consistió en poner a 20 personas dentro de un escáner de resonancia magnética funcional (RMF), que mide la actividad en diferentes áreas cerebrales en base a los cambios en el flujo sanguíneo a dichas áreas, y una vez dentro del escáner les dieron a probar con una pajita (no puedes meter una botella y una copa y hacer todo el ritual dentro del escáner. Falta el espacio, como puede ver en la foto a la derecha) 5 vinos con precios desde 5$-90$ (3.5-60 euros aprox.) aunque en realidad sólo 3 eran diferentes, lo que significa que el mismo vino aparecía dos veces en la cata, una con bajo precio y otra como un vino caro, en ocasiones la diferencia de precio impuesta al mismo vino llegó a ser de un 900% (de 5$ a 45$). Como en este caso los sujetos del test SÍ conocían el precio de los vinos que degustaban, en todos los casos afirmaron que los vinos caros eran mejores, incluso en los que se trataba del mismo vino con diferente precio.

En cuanto a lo que ocurría en el cerebro mientras disfrutaban de los vinos, aunque diversas áreas se activan como resultado de la experiencia sólo una parecía responder exclusivamente al precio del vino, el lóbulo orbitofrontal, que es una parte del lóbulo frontal, región implicada en la toma de decisiones, en la integración de pensamientos y acciones con los deseos internos y en el caso que nos ocupa de añadir el valor del precio del vino a la sensación que perciben nuestros sentidos del gusto y olfato (si no fuera por el olfato no podríamos distinguir el sabor de la comida/bebida por eso cuando estamos acatarrados la comida no sabe a nada, si aún no estais convencidos hacer la prueba de probar un poco de canela con la nariz tapada, os llevareis una desilusión).

En conclusión puede decirse que si atendiéramos SÓLO al sabor a la mayoría nos engañan las etiquetas, el precio y toda la vestimenta que decora la experiencia de un vino, una cerveza o incluso ¡la Coca-Cola! De hecho, en pruebas ciegas de sabor parece que Pepsi gana la partida (The Pepsi Challenge) pero ¿quién no quiere vivir The CocaCola Experience?

Cerebros treintañeros

De algunas personas siempre se dice eso de que son como niños grandes, y de otras que si ya no han madurado para los 30 poco se puede esperar pero un par de artículos publicados muy recientemente y que Neuroskeptic comenta brillantemente en su blog parecen demostrar lo contrario.

Empecemos por el principio, de las dos poblaciones de células que forman cerebro (encéfalo para ser más correctos) neuronas y células de glia, hoy hablamos de neuronas. Las neuronas, para quien se perdiera esa clase de Biología, son un tipo de células que aunque pueden presentar morfologías de lo más variado (piramidales, en cesto…) se caracterizan y por eso suelen reconocerse porque tienen una serie de protusiones, o “brazos” de longitud variada por donde reciben y transmiten información. Las dendritas suelen ser más abundantes y de menor longitud que el axón que es único y mientras las primeras son (típicamente) la parte receptora de la información el axón es el medio de transmisión.

Simplificando (¡y mucho, muchísimo!) podría decirse que la información llega a las neuronas por las dentritas y sale por el axón (después de ser procesada en el cuerpo neuronal), si sois de los que os entran las cosas mejor por los ojos, siempre podeis echar un vistazo a esa serie fundamental: “Érase una vez… la vida”.

Pues bien, entre dendritas y axones se establecen unos puntos de contacto que es donde se produce la transmisión efectiva de la información, que en el sistema nervioso sucede (mayoritariamente) por medio de moléculas químicas, los neurotransmisores. Estos puntos de contacto se llaman sinapsis y las partes de la estructura celular donde aparecen se llaman espinas dendríticas si están en el lado de la dendrita y botones axonales si están en el otro lado.

En verde las dendritas, los puntos se corresponden a las espinas y por detrás, en rojo los axones de las neuronas con quien contactan. | Imagen (Becker,2008)

Ahora que ya podeis haceros una composición de lugar y si no os he aburrido con esta larga introducción os cuento que además el número y tamaño de las espinas dendríticas cambia con la edad, el aprendizaje y tiene mucho que ver también con la actividad cerebral (lo que no debería sorprender, sirva como analogía de la necesidad de estructura para función el ejemplo de que para la mejora de las comunicaciones a larga distancia hizo falta una mejora de las intraestructuras físicas -redes ferroviarias, postes de teléfono-)

El grupo de Petanjek demostró que el número de estas espinas dendríticas -y por tanto el número de contactos entre neuronas- en el cortex prefrontal aumenta durante la infancia y disminuye drásticamente durante la adolescencia, lo que no es nuevo, ya se sabía con anterioridad que en parte el proceso de maduración supone una reconfiguración de las redes neuronales que implica la pérdida de contactos entre neuronas y de plasticidad neuronal (por eso nos cuesta mucho más aprender idiomas de adultos que de niños, porque hemos transpasado con creces el periodo crítico) lo que también descubrió este grupo fue que este proceso no termina a los 20 sino que sigue gradualmente hasta los 30 e incluso hasta después.

Densidad de espinas dendríticas vs edad en cortex prefrontal. | (Petanjek et al.)

Otro artículo en Science el año pasado puso a punto un algoritmo que conseguía predecir la madurez del cerebro a partir de los datos de RMNf que se le proponían, lo que en sí no sirve de mucho. Si tienes un amigo cuarentón con complejo de Peter Pan no necesitas meterlo en un escáner para que te digan lo obvio; pero los autores del trabajo también utilizaron esta herramienta para describir cómo cambian el tipo de conexiones funcionales cuando el cerebro madura. Así, se refuerzan las conexiones a larga distancia mientras que las conexiones cortas se hacen más débiles con la edad, y éste parece ser un proceso bastante estándar pues los cambios encontrados parecen ser bastante similares entre individuos de edades parecidas.

Así si el artículo de Petanjek nos hablaba de los cambios estructurales (causa/consecuencia de cambios funcionales) a escala subcelular que acontecen con la edad (¡me niego a hablar de envejecimiento a los 30!), este otro estudio en “zoom out” de los cambios de conectividad neuronal presenta una prueba más a favor de una constante labilidad del cerebro, que continúa cambiando a lo largo de nuestra vida en vez de una visión estática del mismo una vez terminada la adolescencia y alcanzada la madurez.

Las conexiones largas se refuerzan (naranja) mientras las cortas se debilitan (verde) con la edad

En vista de todos estos datos resulta para mí alentador pensar que contra lo que se especulaba a nivel cerebral no todo está dicho a los 20 años y que nosotros y nuestro cerebro seguimos evolucionando incluso más allá de los 30. Mamá, no desesperes…

Mosquitos, ¿por qué me pican a mí?

De vuelta de unas merecidas (o eso creo) vacaciones y con un tema que surgió como pasa con tantos por una típica discusión de sobremesa, en este caso: ¿Qué atrae a los mosquitos? y como entre las más de 10 personas sentadas en la mesa no hubo quorum decidí preguntar en PubMed y contároslo.

Por desgracia uno de los problemas de cierto tipo de publicaciones es que no puedes acceder a ellas online a menos que estés suscrito y en el caso de las más especializadas o de escaso impacto ni siquiera así, por eso las fuentes a las que me voy a referir incluyen pocos datos.

Aunque todos tenemos clara la imagen de esa “bestia” que no nos deja dormir con ese insoportable zumbido en la oreja y que nos avisa de sus malas intenciones no todos los mosquitos son hematófagos, esto es, se alimentan de sangre. Los que nos interesan en este caso sí lo son y por eso su familia, de nombre culícidos, son responsables de la transmisión de enfermedades como la malaria. Normalmente son las hembras las que “pican” porque necesitan de la energía de la sangre para producir y dotar de nutrientes a los huevos.

Imagen | Mosquito tigre (Aedesalbopictus)

Imaginémonos que somos un sanguinario mosquito en busca de una presa, ¿cómo nos guiamos? principalmente por señales fisico-químicas volátiles, percibidas en un sentido similar al olfato. Si sus presas son animales otros que los humanos las señales principales son el CO2 (producto de la respiración), el indol y el octenol (productos del metabolismo), si por contra las “víctimas” somos nosotros es el ácido láctico (otro producto del metabolismo) y ciertos componentes del sudor que son modificados por la microbiotasa profítica (los “bichitos” que se alimentan de nuestros residuos, tales como piel muerta…) de las glándulas sebáceas de la piel.

Según la introducción a un artículo publicado este año en la revista Tendencias en Parasitología los ácidos carbóxilicos parecen estar entre los componentes volátiles orgánicos más característicos de los humanos y la diferente composición del sudor determinada por variaciones en esta microbiota el grado de atractivo de cada uno para los mosquitos. Así que aquello de tener la sangre dulce es como tantos otros un mito sin base científica, lo que realmente les parece atractivo de tí es tu sudor.

Que a los mosquitos les atraen ciertos olores (compuestos volátiles) es bastante intuitivo para cualquiera desde el momento en que todos los repelentes de mosquitos expiden, por norma general, un olor bastante penetrante (recuerdos al Aután) y el modo en que lo hacen es por medio de la interacción con los odorantes y sus receptores, ya sea modificando unos u otros y inhibiendo así de manera eficiente el “radar” del mosquito (Bohbotet al., 2011).

Proponer no sudar -y más con la que está cayendo en España- me parece bastante absurdo así que no queda otra que seguir bañándonos en Aután otro verano más.

Tu inconsciente cuenta más de lo que piensas

¿Cuando se enciende la conciencia?

Uno de los temas que desde siempre me han fascinado es el origen de la conciencia. Y no hablo del concepto de conciencia del que hablan las religiones, de esa que no te deja dormir si has hecho algo malo. No, me refiero al hecho de ser conscientes de nuestros pensamientos, del porqué de nuestros actos (si decido pasar mis vacaciones en Cuba, por ejemplo ¿es mi decisión consciente o inconsciente?, o mejor aún ¿cuando se hace consciente mi decisión?).

Por supuesto todas estas preguntas son casi más filosóficas que biológicas y sin embargo la neurociencia lleva años intentando dar respuesta al origen biológico de esta característica tan especial que nos hace humanos. Leer más »

¡Y yo con estos pelos!

Much@s temen los días de lluvia, esos que producen una cabellera electrizada al estilo Einstein, para otr@s la temporada de sol, playa y cloro acaba produciendo una melena verdosa que ni Alaska. Pero ¿a qué se deben estos efectos?

Einstein sí que marcaba tendencias | Fuente imagen

El pelo está compuesto por una proteína de tipo estructural llamada queratina que también forma parte de la piel y las uñas, y es la estructura de esta proteína la que da forma a nuestro pelo, y determina si es liso o rizado. Las proteínas son largas cadenas de aminoácidos sintetizadas a partir de la información contenida en nuestro ADN, y cada uno de estos aminoácidos provee de diferentes propiedades a la proteína en la que se encuentran así por ejemplo, existen aminoácidos hidrofílicos como la Serina (Ser), hidrófobos como la Leucina (Leu), otros como el Glutamato (Glu) se emplean como saborizantes (es el sabor a carne de los preparados alimenticios “sospechosos” y en los supermercados chinos se vende en paquetes de kilo) y algunos como la Cisteína tienen propiedades estructurales pues poseen grupos sulfuro (-SH) que pueden formar enlaces por puente disulfuro (-S-S-) entre dos cisteínas diferentes de la misma o diferentes proteínas estabilizando así la estructura de ésta. Otro modo de estabilizar la estructura de proteínas es por la formación de puentes de hidrógeno (-H-H-) entre moléculas.

Estructura del pelo. (microfibrillas de queratina)

La composición de las diferentes regiones de una proteína fuerza a éstas a plegarse en forma de hélices o de hojas planas estabilizadas por los distintos tipos de enlaces anteriormente mencionados de forma que en conjunto el plegamiento de la proteína da lugar a una estructura terciaria tridimensional que, en el caso de nuestras queratinas, determinará la forma de nuestro pelo. Además el hecho de que esta composición viene genéticamente determinada se ha asociado históricamentecon la prevalencia de un tipo u otro de estructura según el grupo étnico aunque obviamente la mezcla y la interacialidad han hecho que las diferencias no se puedan asociar de manera tan simplista (ref.1).

Pero vayamos al grano, o al pelo, que de eso se trata ¿no? Para que una proteína cambie de forma es necesario romper y reformar un número considerable de puentes de hidrógeno y esto se consigue suministrando energía en forma de calor vía secador de pelo, planchas o moldeador de pelo que rompen suficientes puentes de hidrógeno de manera simultánea para que las queratinas pierdan momentáneamente su estructura y esto permite que al enfriarse de nuevo y reformar nuevos puentes de hidrógeno adquiera una nueva estructura (liso o rizado, al gusto).

Sin embargo, ¿qué ocurre en días de lluvia o cerca del mar? pues que las moléculas de agua del ambiente empezarán a competir por los átomos de hidrógeno de esos puentes recién formados devolviendo nuestro pelo a nuestra forma original además de un ligero halo que nada tiene de celestial alrededor de nuestra cabecita.

Una de las limitaciones a los cambios de forma de la estructura del pelo son los puentes disulfuro entre cisteínas porque son más fuertes que los de hidrógeno y requieren algo más que calor para romperse, por eso normalmente cuando se pretenden cambios drásticos de look como una permanente se utilizan soluciones sulfurosas que reducen a las cisteínas (-SH) rompiendo los puentes disulfuro y otorgando nueva flexibilidad a las queratinas y al pelo que entonces puede modelarse de diferente forma. Una vez en esta forma se lava la solución y se permite al pelo reformar los puentes disulfuro en el nuevo estilo. ¡Tachán!

Y en cuanto al color…así como el color de la piel el color del pelo está determinado por otra proteína, la melanina, y su cantidad también viene determinada genéticamente y está vinculada (al menos en origen) a los diferentes grupos étnicos. Por supuesto, cuando aparecen las canas es porque se deja de producir melanina.

Pero en el caso que nos ocupa vamos a tratar los cambios artificiales de color porque según dicen “los caballeros las prefieren rubias” y si miramos las estadísticas en España al menos muchas se lo creen.

Existen varios tipos de tintes dependiendo de su composición y de la duración de sus resultados. Los semi-permanentes o de corta duración no suelen contener amoniaco (NH3) y la concentración de peróxido o sea agua oxigenada (H2O2) es bastante baja por eso no penetran en la estructura del pelo, no suelen cubrir bien las canas y duran como mucho 6 semanas dependiendo de los lavados.

Ahora, los tintes “de verdad” para poder cubrir las canas y cambiar de forma permanente el color del pelo han de penetrar en la estructura del pelo, es por eso que contienen amoniaco y peróxido que son capaces de levantar la cutícula del pelo, que es la estructura más externa del pelo y que lo protege y llegar a la médula del pelo que sería la parte coloreada para decolorarlo gracias al peróxido y entonces colorearlo de nuevo con el color elegido. Sin embargo, estas sustancias químicas son irritantes y pueden dañar el cuero cabelludo por sobreexposición.

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Si recordais en las primeras líneas hablaba de pelo verde, pues bien, esto se debe a que el cloro del agua de las piscinas reacciona con ciertos pigmentos de los tintes rubios y los vuelve verdosos. Por eso el verano puede volverse un momento difícil para nuestr@srubi@soxigenad@s, sin embargo la web está llena de soluciones para este problema así que tranquil@s y ¡a seguir soñando con el veranito!