Artículos de Planeta Sapiens

Javier García BlancoJavier García Blanco | http://www.planetasapiens.com/ | @planetasapiens

Cursó estudios de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza y, tras varios años ejerciendo como redactor y jefe de edición en varias publicaciones, actualmente trabaja como periodista freelance para distintos medios de comunicación, centrando su labor divulgativa en torno a la temática histórica y de viajes. Es también autor de varios ensayos, entre los que destacan ‘Historia negra de los Papas’ (Ed. Espejo de Tinta, 2005), Gótica (como coautor, Ed. Aguilar, 2006) o Ars Secreta (Ed. Espejo de Tinta, 2006). En junio de 2009 puso en marcha la web ‘Planeta Sapiens’, un punto de encuentro para todos los amantes de la Historia, la Ciencia y la Cultura.

El ingrato destino de Angelo Solimán

La sociedad de la Viena de la segunda mitad del siglo XVIII no sólo asistió al auge de los grandes compositores, sino que tuvo oportunidad de presenciar otras maravillas. Una de las más singulares fue, sin duda, la que encarnó el africano Angelo Solimán.

Nacido en torno a 1721 en territorio de la actual Nigeria, Solimán fue convertido en esclavo cuando era sólo un niño, y pronto pasó a convertirse en propiedad del entonces gobernador austríaco de Sicilia, el príncipe Johann Georg Christian Lobkowitz.

Junto a su amo, Solimán se destacó rápidamente como un inmejorable compañero de viajes y aventuras, convirtiéndose en un temible soldado en aquellas campañas militares en las que participaba su señor. Su gran fortaleza y destacada estatura debieron intimidar, sin duda, a quienes osaban enfrentarse a él. Fue precisamente su destreza en el campo de batalla la que le sirvió para salvar la vida, al menos en una ocasión, a su entonces dueño, el príncipe Lobkowitz, un gesto que éste nunca olvidaría. Leer más »

El Panteón de Roma, ¿un gigantesco reloj solar?

Lleva casi dos mil años acompañando a los vecinos de Roma –unos ciento cincuenta años más si contamos al primer edificio, construido por Agrippa en tiempos de Augusto[1]–, y en la actualidad es visitado a diario por miles de turistas. Sin embargo, y por sorprendente que pueda parecer, los expertos todavía desconocen cuál pudo ser la auténtica función del célebre Panteón. De hecho, las únicas menciones de época romana sobre el recinto corresponde a breves citas de Plinio el Viejo –que se refirió al templo primitivo– y Dión Casio, quien precisamente habla de él respecto a las razones del origen de su nombre, señalando que el de Panteón –”templo de todos los dioses”–, no había sido el original.

En cualquier caso, una visita al antiguo edificio, especialmente en un día soleado, deja clara una cosa: la luz solar, que penetra únicamente a través del oculus -una abertura circular de 8’3 metros de diámetro situada en el centro de la cúpula semiesférica-, parece haber jugado un papel destacado en su función y simbolismo, fuera cual fuera.

Y de hecho, no han faltado en las últimas décadas algunos estudios que pretendían ahondar en este sentido. El último de ellos, y el más completo hasta la fecha, ha llegado de la mano dos investigadores –el italiano Giulio Magli, del Politécnico de Milán, y el neozelandés Robert Hannah, de la Universidad de Otago–, quienes en el último número de la revista Numen –especializada en historia de las religiones– proponen que el Panteón pudo haber sido diseñado en función de ciertas orientaciones astronómicas que sirvieran para dotarlo de un significado religioso que reafirmara el poder divino del emperador. Leer más »

Décimo Junio Bruto y el río del olvido

Tapiz | Décimo Julio Bruto cruzando el Limia

Durante siglos, y a pesar del establecimiento de colonias comerciales en la Península Ibérica durante el primer milenio antes de nuestra era, fenicios y griegos consideraron los territorios peninsulares como un lugar de leyenda, e incluso ubicaron aquí algunos de sus episodios mitológicos más destacados. No en vano, la Península Ibérica era entonces el “lejano Occidente”, el fin del mundo conocido, donde el Sol era devorado por las aguas del Atlántico y todo era posible, incluyendo la existencia de terribles monstruos y criaturas fantásticas. Con la llegada de los romanos a la Península y el progresivo conocimiento de los territorios, esta imagen mítica se fue diluyendo poco a poco, aunque pervivió parcialmente durante bastante tiempo.

Un buen ejemplo de esta “tardía” percepción legendaria de nuestra piel de toro lo tenemos en un episodio recogido por varios cronistas de la Antigüedad, y que tiene como protagonista al general y cónsul romano Décimo Junio Bruto. Hacia el año 135 a.C., el militar romano se encontraba en plena campaña bélica para conquistar el noroeste peninsular cuando, en tierras de la actual provincia de Ourense, sus tropas se encontraron frente a las aguas de un río –posiblemente el Limia, próximo a Xinzo de Limia–, deteniendo su avance. Los hombres de Bruto, curtidos en mil batallas, quedaron sin embargo paralizados de miedo por aquellas cristalinas e inofensivas aguas. Para disgusto de su general, la tropa se negaba a atravesar aquella corriente. ¿La razón? Los hombres, llevados por su creencia en los mitos clásicos, identificaron aquel río –que se encontraba cerca del fin del mundo conocido– con el legendario Lete (Lethes), “el río del olvido” ubicado en el Hades, y del que se creía que sus aguas eran capaces de borrar los recuerdos de aquél que las bebiera o cruzara.

Según el relato, Décimo Junio Bruto arrebató el estandarte al signífero y, sin dudarlo, atravesó las aguas del Limia, alcanzando sano y salvo la otra orilla. Desde allí, según la historia, gritó los nombres de sus soldados, uno por uno, para demostrarles que no había perdido la memoria y que era seguro cruzar el río.

Aunque es difícil determinar si este  curioso episodio –mencionado de varias maneras por autores como Estrabón, Tito Livio o Apiano– es poco más que una leyenda o posee visos de verosimilitud, de lo que no hay duda es su existencia demuestra que en época romana la percepción de Hispania como un lugar mágico, donde los mitos podían hacerse realidad, estaba todavía viva.

Curiosamente, hoy las aguas del río Limia son un lugar para el recuerdo, y no para el olvido. De hecho, cada año los habitantes de Xinzo de Limia realizan una recreación del episodio supuestamente protagonizado por Décimo, que se celebra el penúltimo fin de semana de agosto, y que se conoce como Festa do Esquecemento (Fiesta del Olvido).

Un escultor contra los demonios

Franz Xaver Messerschmidt

Nacido en 1736, el escultor alemán Franz Xaver Messerschmidt constituye, con parte de su obra, uno de los ejemplos más extremos en los que el arte, la creencia en lo sobrenatural y la locura se entremezclan de forma inequívoca. Hijo de una familia de artesanos y formado en Munich, el joven Franz destacó pronto en Viena, siendo requerido para realizar numerosas obras para la Corte Imperial y la aristocracia.

Pese al éxito inicial, su carrera se truncó cuando, con poco más treinta años, sufrió una enfermedad mental que prácticamente lo condenó al ostracismo. En sus últimos doce años de vida (entre 1771 y 1783), Messerschmidt mostró un comportamiento huraño y excéntrico, se encerró en su casa para trabajar y apenas recibía visitas. Los pocos visitantes que lograban entrar a su refugio salían asombrados al escuchar los relatos del escultor sobre demonios y espíritus que le atacaban, especialmente durante la noche.

Interesado en cuestiones ocultistas –había frecuentado círculos esotéricos en Viena– había llegado a la convicción de que podía combatir a los demonios que le atormentaban creando bustos que realizaban muecas grotescas y extravagantes, cuyos rasgos copiaba de lo que observaba al mirarse en el espejo. Así, creía él, mantenía a raya a los espíritus. Fruto de esta obsesión nacida de su enfermedad mental y tejida con sus creencias ocultistas vieron la luz un total de 69 bustos, cada uno más singular que el anterior. En la actualidad se conservan tan sólo 49 de ellos, pero su visión es suficiente para hacerse una idea de cómo su locura y la obsesión por los asuntos esotéricos pudieron modelar auténticas obras de arte.

Franz Xaver Messerschmidt

Hace sólo unos días finalizó en la Neue Gallery de Nueva York una exposición sobre su obra que, desde finales de enero de este año, y hasta el 25 de abril, podrá visitarse en el parisino Museo del Louvre.

Podéis encontrar una galería con algunas de las esculturas de Messerschmidt en esta dirección, y un documental de Hakan Topal de una media hora en esta otra (en inglés).

Un acertijo en el museo de América

Amuletos hallados en el ajuar de las momias atacameñas | (Crédito: Museo de América).

En el año 2002, un grupo de investigadores del Museo de América de Madrid que se encontraba catalogando una serie de piezas pertenecientes a la cultura atacameña descubrieron con sorpresa dos objetos totalmente inesperados.

En el interior de dos recipientes hallados junto a unas momias, los historiadores descubrieron sendos manuscritos ¡con caracteres árabes!, en los que destacaban unos llamativos “cuadrados mágicos” acompañados de varios símbolos, como estrellas de seis puntas.

Detalle de uno de los manuscritos árabes | Crédito: Museo de América

En un primer momento, y debido a la premura derivada de la inminente exposición en la que iban a exponerse aquellas piezas, los estudiosos atribuyeron la insólita presencia de aquellos manuscritos en el ajuar de las momias a la acción de algún soldado o esclavo morisco presente en el Perú que, por razones desconocidas, los introdujo entre los restos atacameños. Leer más »

¿Momias a la espera del Juicio Final?

Las criptas de la iglesia de la abadía benedictina de Riesa, en Sajonia, conservan 29 momias en un estado de conservación sorprendente. Crédito: Wilfried Rosendahl / Reiss-Engelhorn-Museen.

Desde hace algunos años, los arqueólogos alemanes Wilfried Rosendahl, Andreas Ströbl y Renier Sörries han dedicado buena parte de sus esfuerzos a la investigación de las momias. Una labor que, en principio, no tiene nada de extraordinario dada la profesión de los investigadores germanos. Sin embargo, la naturaleza de sus pesquisas resultan, sin duda, fuera de lo común. Las momias que estos tres arqueólogos y el resto de su equipo llevan años estudiando con ahínco no son egipcias, incas, chinas o tibetanas –fruto de complejas y elaboradas técnicas de embalsamamiento–, ni tampoco son cadáveres salvados de la putrefacción gracias a condiciones ambientales especiales, como sucede de forma fortuita en algunos casos.

El origen de los desvelos de Rosendahl, Ströbl y Sörries está en un nutrido número de momias –hasta el momento han catalogado más de un millar– descubiertas en territorio alemán, y datadas en una época relativamente reciente: el siglo XVIII. Para más inri, la práctica totalidad de estas momias pertenecen a antiguos miembros de familias aristocráticas o de la alta burguesía –y por tanto con un notable poder económico–, y han sido descubiertas en criptas ubicadas bajo iglesias, castillos o monasterios de distintas regiones del país.
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