Artículos de Omalaled

Fernando del ÁlamoFernando del Álamo | http://www.historiasdelaciencia.com/ | @omalaled

Ingeniero industrial. Editor del blog “Historias de la Ciencia” en el que une Historia y Ciencia publicando pasajes y anécdotas sobre técnicos, científicos y curiosidades.

Las características diagnósticas de la ciencia

Muchas veces, algunos colectivos quieren pasar como ciencia algo que no lo es. Veamos qué es lo que nos tiene que decir Edward O. Wilson en su maravilloso libro Consilience:
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Experiencias en cartas sobre el cáncer

Desde que comencé a escribir sobre el tema de mi cáncer en el Times y en otros diarios he recibido unas 30.000 cartas, de las cuales, unas 5.000 han sugerido curas alternativas.

Alrededor de la mitad de ellas hablan de curas alternativas que el que escribe, un amigo o un pariente, han seguido. Muchas cartas utilizan variantes de la frase “un año después todavía está vivo“, algunos usan la frase “dos años después todavía está viva“, y dos utilizan la frase “tres años después todavía está vivo“.

Todavía no he recibido carta alguna que incluya la frase “cinco (o diez o veinte) años después todavía esá viva”;

Sin embargo, he recibido muchas cartas de gente que recibió en tratamiento ortodoxo hace veinte años o más y todavía campan a sus anchas y pueden escribir cartas a columnistas de diario. Para acabarlo de demostrar, todavía no he recibido ninguna carta de un paciente de cáncer que desde el día del diagnóstico haya evitado totalmente el tratamiento ortodoxo en favor de las versiones alternativas, aunque sé que hay alguno.

La única deducción razonable que puedo sacar de ello es que todo el mundo que ha recibido las terapias alternativas también ha recibido las ortodoxas y que ninguno ha vivido más tiempo de lo que habría que esperar como resultado de las terapias alternativas.

John Diamond | El escándalo de la medicina alternativa

Lo que el público ignora

La vida de un hombre de ciencia está saturada de momentos verdaderamente angustiosos. Pero con frecuencia el sabio los pasa en su laboratorio, solo, o rodeado de sus ayudantes, que comparten con él sus temores y sus alegrías.

El público ignora por completo cuántas pruebas es necesario efectuar entre muros blancos antes de conseguir, no ya un modelo de avión, un automóvil o un poste de televisión, sino simplemente un interruptor eléctrico, un lápiz en el que la mina no se quiebre en el interior de su funda de madera o un bote de conservas que evite la fermentación de su contenido.

Lo que el público ve es un resultado impecable de una labor que ha costado muchos sinsabores y disgustos, e ignora completamente toda la fase preparatoria que se realiza en los laboratorios.

Jacques Piccard | Profundidad 11.000 metros

Emociones y ciencia

Elisabeth Loftus

Cuando explico a alguien que los sentimientos, las emociones, etc., son reacciones químicas en el cerebro, siempre está el clásico que te hace la pregunta: si piensas así entonces ¿tienes tú realmente sentimientos?

Y es que hay quien considera que los científicos, pensando de esta manera, deberían (deberíamos, si me permitís) dejar sentimientos aparte, controlarlos y actuar como máquinas racionales. Pues no, no es así. Los científicos, también podemos comportarnos de forma irracional, siguiendo instintos o sentimientos. También somos personas, ¿no? Leer más »

La ciencia es progresiva

La ciencia es progresiva porque sus paradigmas dependen del conocimiento que se va acumulando por medio de la experimentación, la corroboración y la falsación. La pseudociencia, la no ciencia, la superstición, los mitos, la religión y el arte no son progresivos porque no tienen los objetivos ni tienen los mecanismos que dan pie a la acumulación del saber que crece a raíz del conocimiento del pasado. Sus paradigmas o bien no cambian o bien coexisten con otros paradigmas. En su sentido acumulativo, el progreso no es su objetivo.

Esto no es una crítica, es una observación. Los artistas no mejoran el estilo de sus predecesores, inventan estilos nuevos. Los sacerdotes, los rabinos y los pastores no intentan mejorar la prédica de sus maestros, la repiten, la interpretan y la enseñan. Los pesudocientíficos no corrigen los errores de sus predecesores, los perpetúan.

Michael Shermer | Por qué creemos en cosas raras

Una mosca cojonera en la NASA

¿No conocéis todavía a Richard Feynman? Premio Nobel de Física, declarado deficiente mental por el ejército de los EEUU, estuvo en el proyecto Manhattan y, por si fuera poco, fue la (perdón por la expresión) mosca cojonera de la NASA en la comisión Rogers por la explosión del Challenger. Si tenéis la suerte de no haber leído “¿Está Ud. de broma, Sr. Feynman?” y “¿Qué te importa lo que piensen los demás?”, aprovechadla, leedlos y disfrutad.
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¿Es culpable la ciencia?

Hace poco, veía por TV3 un programa de debate por el problema de la central nuclear de Fukushima. Uno de los que habló culpaba a una profesora de ingeniería nuclear de que los culpables eran (éramos si me permitís) los científicos. Todo el problema era culpa de los científicos. Si no fuera por ellos, no habría este problema. Leer más »

Cómo tratar con la pseudociencia

Propuesta humorística de escudo para la Universidad de Zaragoza | imagen: @Digital_plier

John Beddington, asesor científico principal del gobierno británico, propone que las pseudociencias sean tratadas de un modo semejante a como se trata el racismo o la homofobia, por poner dos ejemplos.

Creo que exagera. ¿Llamaríais racista u homófobo a una persona que tan solo es un mentiroso o un estafador? No, ¿verdad? Y si queremos ser justos hay que llamar a las cosas por su nombre.

Imaginad que una industria farmacéutica os esté vendiendo unas pastillas que no son más que un comprimido salino alegando que tienen un determinado efecto, bien sea curar una enfermedad, bien sea aliviar un dolor. Imaginad que dicha industria lo sabe. Vosotros las tomáis y os funcionan, ya que ejercen un efecto placebo que os alivia; o ni eso, pues lo que tenéis se cura solo. Un buen día sale a la luz y os enteráis de que esas pastillas no hacen nada ¿No diríais que son unos ladrones? ¿No pediríais que encerraran a todos sus responsables y que os devolvieran el dinero por una estafa o que les pusieran una buena multa? Leer más »

El experimento es lo que cuenta

Mapache | Imagen: Annick Vanderschelden

En multitud de ocasiones me encuentro con personas que me hacen preguntas del tipo: ¿No crees que dos personas se pueden comunicar telepáticamente? ¿No crees que una persona mover objetos sin tocarlos? Y un larguísimo etcétera. Cuando contesto que no hay un solo experimento realmente convincente recibo la consabida respuesta: “¿Lo ves? Eres un dogmático. Los científicos sois (me enorgullece que me consideren como tal, aunque no lo suelo decir en esas conversaciones) unos dogmáticos. No crees en nada que no cuadre con tu forma de ver el mundo”.

¿Debo creer las cosas sin que me den una sola prueba tangible, válida e irrefutable de su existencia? ¿Es acaso eso malo no creer en este tipo de cosas? ¿Debo creer sin preguntar? En realidad, la astrología, los OVNIs, la telepatía, los dioses y los ángeles son como el dragón en el garaje de Carl Sagan. Como decía el mismo Sagan, si compro un coche de segunda mano miraré el motor, los frenos, la chapa, las ruedas, llamaré a un amigo mecánico que me verifique que todo está bien, etc. Y lo haré aunque el vendedor me diga una y otra vez que el coche está perfecto. Y si ante algo tan banal como la compra de un coche tomamos tantas precauciones, ¿por qué no debemos tomarlas ante estas afirmaciones, mucho más trascendentales, sin una sola prueba material? Leer más »

Diferencias entre ciencia y creencia

El cráneo del hombre de Kennewick | Imagen: Benjamin Benschneider / The Seattle Times

Hay quien afirma que la ciencia es, tan sólo, otro tipo de creencia. Discrepo totalmente. No tiene nada que ver una cosa con la otra y, en multitud de ocasiones, se dan contradicciones entre ambos modos de entender la Naturaleza. Un bonito ejemplo en el que se puede comparar el comportamiento de creyentes y científicos está en unos párrafos del libro “Destejiendo el Arco Iris”, de Richard Dawkins.[/cite]

El hombre de Kennewick es un esqueleto descubierto en el estado de Washington en 1996, y cuya edad, estimada por el método del carbono radiactivo, es de más de 9.000 años. Los antropólogos estaban intrigados por ciertos rasgos anatómicos que indicaban que podía no estar relacionado con los amerindios típicos, y por lo tanto podía representar una migración antigua y distinta a través de lo que ahora es el estrecho de Bering, o incluso desde Islandia.

Cuando se disponían a realizar pruebas de ADN de suma importancia, las autoridades legales se apropiaron del esqueleto con la pretensión de cederlo a representantes de las tribus indias locales, que propusieron enterrarlo e impedir cualquier estudio ulterior. Naturalmente, hubo una protesta generalizada por parte de la comunidad científica y arqueológica. Incluso si el hombre de Kennewick es un amerindio de alguna clase, es muy improbable que tenga afinidades con cualquiera de las tribus que viven casualmente en la misma región 9.000 años después.

Los nativos norteamericanos tienen una fuerza legal impresionante, y “El Antiguo” podría haber sido cedido a las tribus locales de no ser por un giro inesperado. La Asamblea Popular Asatru, un grupo de adoradores de los dioses escandinavos Tor y Odín, interpuso una reclamación legal afirmando que el Hombre de Kennewick era en realidad un vikingo. Esta secta nórdica (…) obtuvo el premiso de las autoridades para realizar una ceremonia religiosa sobre los huesos.

Pero esto enfadó a la comunidad Yakama, cuyo portavoz temía que el rito vikingo pudiera “impedir que el espíritu del Hombre de Kennewick encontrara su cuerpo”. La disputa entre indios y escandinavos podría zanjarse mediante el estudio del ADN, y los nórdicos estaban completamente dispuestos a aceptar esta prueba. El estudio científico de estos restos arrojaría una luz fascinante sobre la cuestión de los primeros pobladores de América.

Pero los cabecillas indios rechazan la misma idea de investigar esta cuestión, porque creen que sus antepasados han vivido en Norteamérica desde la creación. Como dice Armand Minthorn, líder religioso de la tribu Umatilla: “Por nuestras tradiciones orales, sabemos que nuestro pueblo ha formado parte de esta tierra desde el principio de los tiempos. No creemos que nuestro pueblo migrara aquí desde otro continente, como afirman los científicos”.

Quizá la mejor política para los arqueólogos sería que se declararan una religión y convirtieran la prueba del ADN en su tótem sacramental. Por chistoso que parezca, este es posiblemente el único recurso que funcionaría en el clima estadounidense de finales del siglo XX.

Si uno dice “Mire, a partir de la datación por carbono radiactivo, del ADN mitocondrial y del estudio arqueológico de la cerámica, hay pruebas abrumadoras de que la situación es X”, no llegará a ninguna parte.

Pero si dice: “Es una creencia fundamental e incuestionable de mi cultura de que la situación es X”, merecerá inmediatamente la atención de un juez.

Independientemente de las investigaciones posteriores que se hayan llevado a cabo con estos restos, quiero destacar la diferencia entre cómo actúan unos y otros. Mientras unos se hacen preguntas, los otros cierran los ojos abrazando la creencia. Contra toda prueba.

Desgraciadamente, las creencias también abundan por aquí. Y sus comportamientos no andan muy lejos: basta ver las controversias con la Sábana Santa, o la historia de Jorge López.

Y para aquellos que creen en la Transubstanciación sugeriría una prueba de ADN del vino consagrado. ¿No sería maravilloso hacer un análisis del ADN de Jesucristo?

¿No se les había ocurrido?

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