Artículos de maikelnai

Miguel ArtimeMiguel Artime | http://maikelnai.elcomercio.es/ | @Maikelnaiblog

Miguel A. Artime Menéndez (Avilés 1971). Estudió informática en la Universidad de Oviedo. En 2002 comienza a publicar traducciones en el germen de lo que luego sería Astroseti, web que con el tiempo se convertiría en la web astronómica más visitada en lengua hispana. En Astroseti coordina la sección del Instituto de Astrobiología de la NASA (NAI). En 2005 la agencia espacial estadounidense le invita (junto al creador de la web Emilio González) a San Francisco para la conferencia AbSciCon. Comienza su experiencia con los blogs abriendo una bitácora en Barrapunto en 2005. En noviembre de 2006 funda su blog Maikelnai’s Blog. En 2009 recibe en Sevilla el premio Bitácoras al mejor blog cultural. En junio de 2010 comienza a colaborar con Yahoo! abriendo el blog Cuadernos de Ciencia junto a Javier Peláez.

El primer Delorean que obtiene su energía de la basura se hace aquí

Imagen de previsualización de YouTube
Vale, el Delorean no es a escala real sino un juguete a radiocontrol. Tampoco viaja en el tiempo con Emmett Brown a bordo, pero aún así hay que reconocer que este proyecto de la Universitat Politècnica de Catalunya tiene su gracia, sobre todo si tenemos en cuenta que nació pensando en darle un uso a la virutas de aluminio que terminaban en la basura.

Encontraréis más información sobre el dAlH2Orean en noticias.universia.es.

El vídeo es un extracto de una emisión reciente del programa tres14 de la 2 de TVE. Si queréis verlo íntegramente visitad su web.

Ingenio egipcio (o cómo adelantarse a Pitágoras atando 12 nudos)

¡Imagínate la lata! Tienes todos los lindes bien marcaditos con unos palitos o unas piedras, para lo cual tuviste que dibujar ángulos rectos con los que delimitar las fértiles propiedades ribereñas del Nilo. Y en estas que va el río (con su exactitud anual) y provoca una crecida que manda al Mediterráneo todas tus sesudas medidas, con sus estacas y sus piedrecillas. Además el faraón anda azuzándote para que crees estructuras geométicas perfectas como las pirámides. Estás en el año 2.000 a.C. y por lo tanto a Pitágoras le falta casi milenio y medio por nacer y regalarnos su archiconocido teorema. Lo único que tienes para rehacer tus cálculos es una larga cuerda. ¿Qué haces?

Cuerda de 12 nudos estirada | Fuente imagen: Sunshineras.

Pues no pasa nada, tomas una medida estándar “n” y haces un nudo en la cuerda cuando llegas a ella. Luego repites la operación atando otro nudo cada vez que recorres la distancia “n” elegida. Cuando llegas al nudo número 12 atas los extremos de la cuerda y cortas lo que sobra. Tras eso la cosa es sencillísima. Fijas un nudo al suelo, haces que alguien cuente tres nudos a partir de tu posición y estire la cuerda hasta que quede tensa, y mandas a un tercero que coja la cuerda restante y tire de ella hasta que quede perfectamente tensa por ambos lados a una distancia de cuatro nudos de ti y cinco de tu primer ayudante.

El resultado, como veis en la imagen lateral, es un triángulo rectángulo en el que la hipotenusa mide 5 nudos y cada uno de los catetos 3 y 4 nudos respectivamente (se cumple el famoso teorema porque 5^2 = 4^2 + 3^2).

Así que si te pones a pensar, con la cuerda en la mano y a río pasado deducir el teorema no parecía demasiado complicado, sin restarle méritos al viejo Pitágoras por supuesto. (Por cierto, los chinos tampoco eran mancos).

El vídeo lo encontré en galería de Ángel en Vimeo.

El mito de las renovables

Energías renovables.

Energías renovables. | Fuente imagen: renovablesverdes.com.

Dawn Stover escribió hace unos días un artículo en The Bulletin of the Atomic Scientists sumamente realista (algunos dirán también que desmoralizante) sobre los mitos que acucian a las así llamadas energías renovables; se trata de un extenso texto de muy recomendable lectura que os paso a resumir brevemente.

El autor sostiene que desgraciadamente muchos idealizan esta forma de generación energética poniendo el énfasis en que “la energía así generada se obtiene de cosas que no se agotarán” (este es literalmente el modo en que el Ministerio de Energía estadounidense la define en una web destinada a informar a los niños), en contraposición a las llamadas no renovables “que se obtienen de cosas que si se acabarán como el petróleo, carbón, gas natural o uranio”.

Esta simplista idea puede ser aceptable en la enseñanza primaria, pero un adulto que se plantee las ventajas de unas formas de generación frente a otras debe estar más formado para poder evaluar de forma crítica las verdaderas opciones de unas y otras.

Lógicamente a todos nos ecantaría que el ITER se mostrase viable en los próximos lustros, y acabar para siempre con una crisis energética que no ha hecho más que empezar (como vemos en el aumento global de demanda energética que se experimenta cada año) pero lo cierto es que las formas de generación de energía renovable con las que ahora contamos: solar (fotovoltaica o térmica), eólica, maremotriz, geotérmica, biomasa o hidroeléctrica son cualquier cosa menos renovables.

Tal y como Stover se encarga de recalcarnos, la luz solar puede ser efectivamente renovable pero ni el silicio barato con el que fabricamos los paneles fotovoltaicos ni el agua necesaria para las turbinas en las térmicas (normalmente ubicadas en lugares muy secos) son inagotables. Lo mismo sucede con las geotérmicas (que dependen de la presencia de acuíferos para sus turbinas) o con el cemento y acero necesarios para fabricación de cada aerogenerador, por no hablar ya de las tierras raras imprescindibles en los componentes electrónicos, que son como su misma definición dice “raras” (en el sentido de escasas).

Y ya hemos visto que cuando se apuesta por la biomasa el precio de los alimentos de primera necesidad parece subir de forma inaceptable. Los problemas asociados con las hidroelécticas son similares a los de las eólicas, la cantidad de acero y cemento necesario es impresionante, sobre todo teniendo en cuenta que se las diseña para que duren aproximadamente 50 años, y los efectos medioambientales en los cauces fluviales que interrumpen son bien conocidos.

La intención del autor del artículo no es por supuesto la de erigirse en lo que yo denomino, perfecto agonías tecnológico, sino la de hacernos entender que, en ocasiones, las tésis defendidas por los ecologistas son demasiado simplistas y que no contamos aún con tecnologías que nos permitan generar energía de forma completamente limpia y reciclable.

Es una lástima, pero me temo que encontrar una solución al doble problema ecológico-energético no es tan sencillo como clausurar las nucleares, abolir las centrales térmicas que queman carbón o gas natural y volcarnos por completo en las alternativas con las que contamos ahora mismo. De ser así, todo el mundo debería afiliarse a Greenpeace.

Podéis leer el artículo completo en: The myth of renewable energy (vía Slashdot).

No dejes a tus hamsters en casa, llévatelos puestos

Tengo una cosa que me sube por el cuerpo... | Fuente imagen: TotallyAbsurd.com

De tanto en tanto me da por visitar la web TotallyAbsurd en busca de alguna de las más ridículas invenciones jamás patentadas, y este chaleco porta-hamster creo que se merece más que de sobra su puesto en la lista de la verguenza, aunque debo reconocer que despierta una sonrisa.

Creo que la ilustración es suficientemente elocuente, pero esta patente estadounidense de 1999 llamada Gerbil Shirt (literalmente camisa para gerbos) te permitía salir de paseo con tus roedores favoritos, ya fueran gerbos, hamsters, ratoncillos o ardillas. Básicamente la idea ara aplicar tubos rígidos, como los que ves en las jaulas para roedores, a una camisa para poder “llevarte puesto” a tus amiguitos en todo momento.

Todo estaba pensado. El interior de los tubos, por ejemplo, era rugoso para que los hamsters encontrasen puntos de apoyo, y además incluía tomas de ventilación para que pudieran respirar (tu sudor). Suponemos que meter la camisa en la lavadora sería un pelín complicado, aunque con la ayuda de una manguera (se ruega sacar primero a los hamsters) debería poder limpiarse sin demasiado problema. Se aconsejaba a demás no correr demasiado con ella puesta para evitar colisiones entre los roedores que les pudieran hacer entrar en pánico. ¡Cuanta amabilidad!

En fin, absurdo pero simpático… aunque conozco a más de uno y de una que si se despertase con una de estas camisas puesta (con inquilinos roedores incluidos) sería capaz de subirse por las paredes como Spiderman.

Visto en Totallyabsurd.com. (Gracias a Aberrón por el chivatazo)

Einstein, original hasta para dar el pésame

Carta de Einstein a Robert S. Marcus (7 febrero 1950) | Fuente imagen: Letters of note.

Querido Dr. Marcus,

Un ser humano es una parte de un todo, al que llamamos “Universo”, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Él experimenta por si mismo (sus pensamientos y sensaciones) como si estuvieran apartados del resto; una especie de falsa ilusión óptica producida por su consciencia. El esfuerzo necesario para liberarse a uno mismo de esta falsa ilusión es un problema que debe resolver la verdadera religión. No alimentar esta falsa ilusión, sino intentar superarla, es la única forma de alcanzar un nivel de paz mental asequible.

Con mis mejores deseos,

Sinceramente suyo,
Albert Einstein.

Albert Einstein | Letters of note

Esta carta de condolencia fue enviada por Einstein a Robert S. Marcus en febrero de 1950. Por aquel entonces Marcus era director político del Congreso Mundial Judío y acababa de perder a su hijo por la polio.

Encontré la carta en Letters of note.

Ocupemos Júpiter

Ocupemos Júpiter | Fuente imagen Popsci.com

Al hilo de las protestas del equivalente USA a nuestro movimiento 15M (llamado allí Occupy Wall Street) hay quien con mucho humor ha aprovechado los eslóganes de esta corriente (contraria a las enormes desigualdades económicas entre la población) para crear esta simpática imagen.

En efecto, Júpiter, que estadísticamente es solo uno más entre los ocho planetas que conforman nuestro sistema solar (RIP Plutón), posee en realidad dos veces y medio más masa que el resto de planetas combinados juntos.

Así que ya sabéis, si esta desigualdad os resulta insoportable, demandemos un sistema solar más justo en su reparto de masas. ¡Ocupemos Júpiter!

Llega la cinta adhesiva reutilizable… (biomimesis)

Súbete por las paredes... con cinta-gecko | Crédito imagen: Gizmag.

Confieso que soy un enamorado de la biomimesis, palabro rimbombante que se emplea para designar a las técnicas de ingeniería que tratan de imitar las soluciones empleadas por la naturaleza para resolver toda clase de problemas. Sin ir más lejos hoy he encontrado en gizmag un sorprendente artículo sobre el trabajo de Achim Oesert (Universidad de Kiel, Alemania) y su equipo, que han conseguido crear una banda de cinta adhesiva capaz de pegarse y despegarse miles de veces sin perder su capacidad adherente.

En la foto superior es fácil reconocer a Oesert, es el que cuelga del techo agarrado a la cinta inspirada en los biopolímeros que el gecko emplea para pegarse a superficies tan lisas como el cristal. El secreto de la habilidad de este reptil (así como la de muchos insectos) radica en la presencia de miles de pequeños pelos llamados “setae” que cubren sus pies y patas. La abundancia de estos pelillos, que acaban en una punta aplanada que puede aplastarse para maximizar la superficie de contacto, hacen posible que surjan las fuerzas de Van de Waals (que operan a nivel molecular) permitiéndoles caminar bocabajo sobre los techos.

Es precisamente esta ténica la que ha imitado el equipo de científicos para fabricar una cinta de silicona sobre la que crearon unos patrones de diminutos pelillos parecidos a los setae que hicieron que la cinta se adhiriese con el doble de fuerza que una cinta lisa y lasa del mismo material. Por si fuera poco, la nueva cinta no dejaba residuos pegajosos en las superficies al retirarla, funcionaba debajo del agua, y como dije al principio, podía pegarse y despegarse miles de veces sin perder su capacidad de agarre.

¡Tiembla cinta americana! ¿Veremos dentro de poco en los informativos a secuestradores que inmobilizan a sus víctimas pegándolas al techo?

Por cierto, si queréis conocer otros ejemplos de biomimesis podéis leer algunas viejas entradas en Maikelnai’s blog. Recuerdo haber hablado allí de como el pico del martín pescador ayudó a subsanar el boom sónico que provocaban los trenes balas japoneses al introducirse en un túnel, de la inspiración que una empresa encontró en la piel de tiburón para crear superficies libres de bacterias, del demonio espinoso y la asombrosa capacidad de su piel para conducir el agua por capilaridad hacia su boca, o de los corales y el modo en que emplean el CO2 disuelto en el agua marina para crear esa especie de cemento con la que fabrican los arrecifes.

Asimov sobre el científico más grande que jamás existió

Hoy me han regalado un viejo libro de divulgación del Buen Doctor, merecidísimo apelativo con el que muchos se referían a Isaac Asimov. En concreto se trata de la edición española de “Please explain“, traducido aquí como “100 preguntas básicas sobre la ciencia“.

En este libro, publicado en octubre de 1973, Asimov seleccionó 100 de sus mejores respuestas a dudas que sus lectores de la revista Science Digest le planteaban. En una de ellas, la número dos de la selección, Asimov contesta a un lector que le interroga sobre la identidad del científico más grande que jamás haya existido. Esta fue su respuesta:

Si la pregunta fuese «¿Quién fue el segundo científico más grande?» sería imposible de contestar. Hay por lo menos una docena de hombres que, en mi opinión, podrían aspirar a esa segunda plaza. Entre ellos figurarían, por ejemplo, Albert Einstein, Ernest Rutherford, Niels Bohr, Louis Pasteur, Charles Darwin, Galileo Galilei, Clerk Maxwell, Arquímedes y otros.

Incluso es muy probable que ni siquiera exista eso que hemos llamado el segundo científico más grande. Las credenciales de tantos y tantos son tan buenas y la dificultad de distinguir niveles de mérito es tan grande, que al final quizá tendríamos que declarar un empate entre diez o doce.

Pero como la pregunta es «¿Quién es el más grande?», no hay problema alguno. En mi opinión, la mayoría de los historiadores de la ciencia no dudarían en afirmar que Isaac Newton fue el talento científico más grande que jamás haya visto el mundo. Tenía sus faltas, viva el cielo: era un mal conferenciante, tenía algo de cobarde moral y de llorón autocompasivo y de vez en cuando era víctima de serias depresiones. Pero como científico no tenía igual.

Fundó las matemáticas superiores después de elaborar el cálculo. Fundó la óptica moderna mediante sus experimentos de descomponer la luz blanca en los colores del espectro. Fundó la física moderna al establecer las leyes del movimiento y deducir sus consecuencias. Fundó la astronomía moderna estableciendo la ley de la gravitación universal.

Cualquiera de estas cuatro hazañas habría bastado por sí sola para distinguirle como científico de importancia capital. Las cuatro juntas le colocan en primer lugar de modo incuestionable.

Pero no son sólo sus descubrimientos lo que hay que destacar en la figura de Newton. Más importante aún fue su manera de presentarlos.

Los antiguos griegos habían reunido una cantidad ingente de pensamiento científico y filosófico. Los nombres de Platón, Aristóteles, Euclides, Arquímedes y Ptolomeo habían descollado durante dos mil años como gigantes sobre las generaciones siguientes. Los grandes pensadores árabes y europeos echaron mano de los griegos y apenas osaron exponer una idea propia sin refrendarla con alguna referencia a los antiguos. Aristóteles, en particular, fue el «maestro de aquellos que saben».

Durante los siglos XVI y XVII, una serie de experimentadores, como Galileo y Robert Boyle, demostraron que los antiguos griegos no siempre dieron con la respuesta correcta. Galileo, por ejemplo, tiró abajo las ideas de Aristóteles acerca de la física, efectuando el trabajo que Newton resumió más tarde en sus tres leyes del movimiento. No obstante, los intelectuales europeos siguieron sin atreverse a romper con los durante tanto tiempo idolatrados griegos.

Luego, en 1687 publicó Newton sus Principia Mathematica, en latín (el libro científico más grande jamás escrito, según la mayoría de los científicos). Allí presentó sus leyes del movimiento, su teoría de la gravitación y muchas otras cosas, utilizando las matemáticas en el estilo estrictamente griego y organizando todo de manera impecablemente elegante. Quienes leyeron el libro tuvieron que admitir que al fin se hallaban ante una mente igual o superior a cualquiera de las de la Antigüedad, y que la visión del mundo que presentaba era hermosa, completa e infinitamente superior en racionalidad e inevitabilidad a todo lo que contenían los libros griegos.

Ese hombre y ese libro destruyeron la influencia paralizante de los antiguos y rompieron para siempre el complejo de inferioridad intelectual del hombre moderno.

Tras la muerte de Newton, Alexander Pope lo resumió todo en dos líneas: «La Naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche. Dijo Dios: ¡Sea Newton! Y todo fue luz.»

Isaac Asimov | Cien preguntas básicas sobre la ciencia

ECM, o de cómo los cerdos nos ayudan a regenerarnos

Stephen Badylak dando una ponencia sobre medicina regenerativa. | Crédito imagen: galería en Flickr Pop! Tech 2008.

Esta semana, mientras ojeaba una de mis webs favoritas, llegué a un extenso y sin embargo apasionante artículo de Adam Priore para Discover titulado como las tripas de cerdo llegaron a convertise en la esperanza para la regeneración de miembros humanos.

El artículo comienza hablando de un caso médico complicadísimo, el del militar estadounidense de origen hispano Isaías Hernández que se negó a que su pierna destrozada en Irak (con una severa pérdida de músculo) fuera amputada. Y en como, cuando empezaba a asumir que el dolor insoportable haría más lógico aceptar la amputación, vió la luz con un producto milagro llamado ECM.

En realidad su caso es anecdótico, pero sirve como preámbulo a la verdadera y asombrosa historia, la del veterinario Stephen Badylak y de como una idea loca, a la que un compañero etiquetó como cruel y absurda, podría llegar a cambiar la historia de la medicina. Y sí, digo medicina humana, no veterinaria.

Todo empezó en 1987 cuando Badylak estudiaba en la Universidad de Purdue una técnica médica experimental llamada cardiomioplastia consistente en extraer mediante cirugía una porción de músculo sano de cualquier parte del cuerpo y envolverla alrededor del corazón enfermo para así reforzarlo.Tras eso, se implanta un marcapasos especial que hace que el nuevo múculo se contraiga como si siempre hubiera formado parte del corazón.

Pronto, Badylak se dio cuenta del punto débil de la ténica. Para remplazar la arteria aorta los cirujanos empleaban tubos sintéticos, los cuales muy a menudo provocaban inflamaciones muy agresivas e incluso coágulos de sangre. Nuestro joven veterinario pensó que si encontrase dentro del cuerpo del animal algo que sirviera como sustituto a la aorta, la cardiomioplastia podría ser un verdadero éxito. ¿Pero qué elegir?

Ese fue su momento de genialidad, y llegado a este punto tenemos que hablar de un simpático chucho de laboratorio al cual Badylak llamaba por un nombre de pila en lugar de por un número, la fría costumbre seguida por los investigadores para no encariñarse con sus “víctimas”.

El joven de Indiana decidió empear a Rocky como conejillo de indias, y lo que hizo fue extraerle una porción de intestino y usarla como sustituto de la aorta. Como he dicho antes, su compañero de laboratorio puso el grito en el cielo y se negó a colaborar. Tras la intervención, Badylak se fue a casa convencido de que a la mañana siguiente Rocky sería un cadáver.

Pero no fue así, a la mañana siguiente Rocky le esperaba meneando la cola y con un aspecto inmejorable. De hecho el chucho vivió 8 años más tras aquella experiencia.

Le siguieron muchas más intervenciones, todas exitosas, pero el veterinario no tenía ni idea de qué sucedía en el interior de los cánidos para que el intestino funcionase tan bien, así que se decidió a volver a abrir a algunos de los perros para observar que había sucedido. Para su sorpresa el intestino viajero había sido remplazado completamente por tejido vascular. De no ser por las huellas de la sutura, no habría habido forma de saber donde empezaba la aorta y dónde había habido intestino.

Tras aquella sorpresa el joven investigador hizo pruebas empleando intestino de otros animales, como gatos, temiendo que el rechazo acabara con el experimento. Pero los resultados fueron idénticos. De hecho, pronto comenzó a usar intestinos de cerdo adquiridos en los mataderos limítrofes de Indiana con idéntico éxito, lo cual le hizo despreocuparse acerca de la ausencia de donantes. Probó con otras arterias y venas, de menor tamaño incluso, y el resultado era siempre satisfactorio.

Estaba claro que algo en la estructura del intestino hacía que los tejidos mutasen en aquello que realmente hacía falta. Probó a eliminar las células gelatinosas y grasas del intestino hasta quedarse con algo tan fino como el papel, la así llamada matriz extracelular o ECM por sus siglas en inglés. Y ¡e voilà! en esta especie de andamio celular radicaba el secreto. ¿Pero cómo funcionaba? No tenía ni idea. El investigador simplemente constataba que aquel tejido maravilloso podía convertise en lo que fuera.

De hecho, comenzó a amputar secciones del tendón de Aquiles en sus animales de laboratorio, uniendo los extremos amputados con ECM. A las pocas semanas los perros no mostraban indicios de cojera, sino que saltaban por los aires como si nunca hubieran sufrido daño.

Células madre dirigiéndose a la ECM | Crédito imagen: Medill Reports.

Badylak no encontraría explicación hasta muchos años más tarde, ya entrado el siglo XXI, cuando uno de los múltiples científicos que se decidieron a usar ECM en sus intervenciones (han logrado reconstuir incluso esófagos cancerosos en humanos) le comentó que después de usar parches de ECM para intervenir una zona del hombro llamada manguito rotatorio, tuvo por casualidad que intervenir de nuevo al paciente en la misma zona por otra lesión colindante. Al microscopio, John Itamura (así se llamaba el doctor) apreció una actividad celular extraña alrededor del parche de ECM.

Pero no se trataba de anticuerpos atacando al ente extraño o provocando inflamaciones, eran otra cosa y Badylak creía saber el qué. Para probar su idea radió la médula espinal de un ratón para matar a todas sus células madre, y luego la repobló con células modificadas para resultar fluorescentes.

Cuando colocó un parche de ECM al ratón y observó al microscopio, vió una miríada de células brillantes acercándose al andamio celular porcino. No cabía duda, el ECM actuaba como una potente señal de atracción para las celulas pluripotenciales.

Este era el secreto de su habilidad para convertirse en cualquier tejido con el que entrase en contacto. Y esa es la razón por la que miles de amputados en los Estados Unidos, como el cabo Isaías Hernández (quien por cierto ha recuperado de forma asombrosa el tejido muscular perdido en la explosión) inundan cada día el correo electrónico de Stephen Badylak en busca del secreto regenerativo de la salamandra.

Mientras tanto Stephen experimenta con pequeñas bolsas “útero” que une a los extremos amputados de las articulaciones perdidas de sus pacientes. Imagina que recreando las condiciones en las que los embriones se desarrollan, tal vez dentro de muchas décadas seamos capaces de hacer crecer piernas y brazos de donde ahora solo hay muñones.

Ciertamente no creo que él llegue a verlo, pero su trabajo ha iniciado sin duda una senda maravillosa hacia técnicas con las que ahora ni soñamos.

Hace muchos años que Rocky murió, pero estoy convencido de que si todo esto acaba bien su nombre acabará en el Hall of Fame canino, tal vez en un lugar de honor junto a Laika y los perros de Paulov.

Un cambio en el guión que la habría liado parda….

Ya ves tu, un cambio de frase por parte de un personaje menor y la trilogía auténtica de Starwars (la precuela no merece ningún comentario) habría sido completamente distinta ¿verdad?

Si el ejemplo no te ha hecho gracia prueba con otros siete en Dorkly.com.

Lo vi en Neatorama.