La viñeta es obra de Dan Piraro para su web Bizarro.com, aunque yo la encontré en el post Ten physics cartoons del blog “An engineer aspect”.
A eso le llamo yo juzgar a alguien con gravedad.
La viñeta es obra de Dan Piraro para su web Bizarro.com, aunque yo la encontré en el post Ten physics cartoons del blog “An engineer aspect”.
A eso le llamo yo juzgar a alguien con gravedad.

Hace unos días Aberrón nos hablaba aquí de lo que se le pasa por la cabeza a un perro despierto cuando se le hace una resonancia magnética. Pero… ¿y dormidos? ¿sueñan con huesos los perros cuando se tapan los ojos con las orejas?
La respuesta, según acabo de confirmar en Popular science, pero sobre todo a la vista del vídeo que encabeza este post es un “sí” rotundo.
Como podéis observar, el perro del vídeo mueve las patas como si corriera detrás de un gato invisible, cada vez más rápido y alocadamente hasta el cómico final. Según el profesor de psicología en la Universidad de la Columbia Británica Stanley Coren, autor del libro “La inteligencia de los perros”, los canes pasan por las mismas etapas del sueño que los humanos, solo que más rápido. Apenas 20 minutos despúes de quedarse dormido, el perro entra en la fase REM, la etapa en la que ocurren los sueños más vívidos.
Curiosamente los perros más grandes sueñan más rato que los pequeños, quienes en cambio lo hacen más frecuentemente.
Los peces y los insectos no tienen sueño REM, privilegio del que disfrutan algunas aves y todos los mamíferos. En cuanto a los lagartos, el autor no está seguro… aunque podría ser, y de hecho algunos centíficos creen que el sueño de los mamíferos podría ser una reliquia de nuestros cerebros reptilianos.
Como veis en esto de soñar tampoco somos únicos. Ya solo falta que descubran que los gatos tienen alma… Oh Wait!

Podemos pensar que las ruedas son el arquetipo de la tecnología troglodita (tal y como aparece en el chiste de la ciencia con humor que ilustra el post), y aunque ciertamente es un invento primitivo, en realidad no lo es tanto como tendemos a imaginar. Aunque pueda sorprender, la rueda es una creación tan ingeniosa que no vio la luz hasta el 3.500 a.C.
Eso prácticamente es “ayer”. Tened en cuenta que en aquel tiempo (la edad de bronce) los humanos ya dominábamos las aleaciones de metales, construíamos canales y barcos, e incluso diseñábamos instrumentos musicales complejos como el arpa.
Entonces ¿por qué se tardó tanto en inventar la rueda?
Bueno, el caso es que con todo lo ingenioso que resulta crear un mecanismo redondo que consiga “rodar” ladera abajo, de poco va a servir si no somos capaces de acoplar la rueda a un eje, y ahí surgían los problemas técnicos.
Tal y como explica David Anthony (profesor de Antropologia en el Hartwick College de Nueva York) a Life’s little mysteries: “Lo realmente brillante fue el concepto rueda-eje, pero hacerlo resultaba también muy dificil”.
Para mantener fijo un eje y una rueda hace falta trazar círculos muy precisos, tanto en el contorno del eje, como en el agujero de la rueda. Ambos tienen que encajar firmemente. La firmeza de la unión no debería resultar excesiva, para que no hubiera demasiada fricción. Quedarse corto tampoco era una opción, o el conjunto sería incapaz de soportar cargas importantes.
Par solucionar estos problemas los primeros vagones eran muy estrechos, ya que empleando ejes cortos el grosor podía ser menor. La sensibilidad entre todos estos parámetros hizo que resultase imposible inventar la rueda gradualmente, o por fases. Hasta que no se solventaron todos estos problemas estructurales no pudo nacer el carro. De hecho hay quien cree que el auge de la carpintería retrasó su aparición.
Fuera quien fuera el que la inventó debió tener acceso a múltiples troncos de madera, ya que las primeras ruedas eran simplemente “rodajas” serradas de un tronco. Además, su creador debía tener también acceso a herramientas hechas con metal (formones), ya que eran imprescindibles para hacer que los ejes encajaran debidamente en los agujeros. Sin duda se trataba también de alguien que requería transportar pesadas cargas a través de campo abierto. Ya sabemos que la necesidad agudiza el ingenio.
Hubo que esperar al año 4.000 antes de Cristo a que las fundiciones permitieran que se popularizaran los formones y gubias de cobre en el Oriente Próximo. Lo más probable, dado el reto tecnológico que entonces suponía, es que la rueda apareciera únicamente una vez y que se expandiera rápidamente por Eurasia y el Oriente Medio.
Las primeras imágenes de carros con ruedas se encontraron en Polonia, y en otros lugares de las estepas de Eurasia, región colindante con Mesopotamia, lugar de nacimiento probable de la rueda. Aunque en esto, como en todo, también hay voces discordantes. Para Asko Parpola, indólogo de la Universidad de Helsinki, existen razones lingüísticas que indican que probablemente la rueda fue inventada por un miembro del pueblo de Trypillia, cerca de la actual Kiev (Ucrania), ya que las palabras asociadas a ruedas y vagones derivan del lenguaje de aquella cultura.
Me enteré leyendo Life’s little mysteries.
Hace un par de años apareció por Avilés una señora de etnia gitana, que iba mendigando de terraza en terraza empujando una silla de ruedas en la que transportaba a su tullido “hijo” (lo entrecomillo pues el parentesco lo he deducido).
El pobre chaval, de unos 9 años, tenía el cuerpo gravemente deformado y las piernas le desaparecían por debajo de la rodilla. Su supuesta “madre” siempre actuaba igual. Se paraba delante de una terraza repleta de “público”, bajaba al niño de la silla, y mientras el pobre chaval se movía lastimosamente por el suelo sobre sus óseos y desnudos muñones (haciendo un ruido muy característico a cada paso) la recaudadora pasaba el sombrero hablando en algún idioma desconocido.
No tengo ni idea de lo que le decía al niño… aunque probablemente fuera algo del estilo: “levántate y anda”.
Aquel fue uno de los espectáculos más tristes a los que he asistido jamás. Semejante forma “feriante” de pedir limosna, con niño tullido en lugar de cabra y escalera, me retrotrajo a épocas medievales, tiempo en el que la picaresca era moneda común y la ética una completa desconocida.
El sonido de los movimientos de tierra del tristemente famoso terremoto de escala 9.0 sucedido hace ahora un año de Japón, fue captado por varios sismómetros, y podría albergar grandes cantidades de información sobre el modo en que se producen los temblores.
Para estudiarla, científicos nipones han multiplicado por 100 la intensidad de las vibraciones para hacerlas audibles para un humano y han reducido la escala temporal entre el temblor y las docenas de sacudidas posteriores. El resultado final podéis escucharlo en este clip. Los datos reales se recogieron en un sismómetro que estaba a mitad de camino entre el epicentro y Tokyo.
El trabajo aparecerá publicado en la edición de marzo/abril de la revista Seismological Research Letters.
Me enteré leyendo ScienceShot.
Hace apenas dos días publiqué en mi blog Cuaderno de Ciencias un breve resumen con las imágenes premiadas por Science y la NSF en la edición 2011 de su concurso anual Visualization challenge.
Enseguida me llamó la atención la imagen ganadora en categoría “Pósters y gráficos informativos“, principalmente por su tamaño y colorido, pero también por lo inusual de su temática y por el “hispanísimo” nombre de su autor principal: Miguel Ángel Aragón Calvo (trabajo realizado en colaboración con Julieta Aguilera y Mark SubbaRao del Planetario Adler de Chicago). Podéis verlo en detalle sobre estas líneas moviéndo sobre él el puntero del ratón, y acercaros o alejaros (zoom) usando la rueda del scroll.
El galardonado Miguel Ángel Aragón Calvo nació en la Ciudad de Mexico en 1976, se doctoró en astrofisica en la Universidad de Groningen en Holanda en 2007 y desde entonces trabaja en el Departamento de Física de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, Maryland). Después de contactarle para felicitarlo por tan espectacular gráfico y por el reconocimiento logrado, el flamante vencedor ha sido tan amable de explicar a los lectores de Amazings qué es lo que se representa en el póster.
El póster muestra la estructura en el universo desde varios puntos de vista. A la izquierda se pueden ver los flujos de materia que dan forma a las estructuras de galaxias que observamos. Moviéndonos a la derecha vemos la red de vacíos cósmicos como un sistema de burbujas con diferentes colores. Esta es una abstracción del Universo que nos muestra su topología de una forma simple. Al final la estructura del Universo se puede comparar a la estructura de la espuma. Siguiendo a la derecha se ven trayectorias de materia desde el inicio del Universo hasta el tiempo presente. Estos “gusanos” nos permiten ver la dinámica de la materia a través del tiempo en una sola imagen. La siguiente visualización muestra la red de materia oscura, que representa la mayor parte de la materia en el universo y de la cual las galaxias que observamos (extrema derecha) son sólo la punta del iceberg.
De nuevo enhorabuena al físico mexicano por su premio, y gracias por dedicarnos un ratillo.
“En ciencia, ‘hecho’ sólo puede significar ‘confirmado hasta tal punto que mantener reservas sería una perversión’. Yo puedo suponer que mañana las manzanas podrían comenzar a elevarse, pero esa posibilidad no merece igual tiempo en los salones de clases de física”.
Acertada cita de Stephen Jay Gould.

Esta pieza para pianola, llamada “Galope circense” o también “Vals de la muerte” es imposible de interpretar para un humano, de hecho si existe es sólo porque a alguien, probablemente operario en una fábrica de pianolas, se le ocurrió fabricar un test de resistencia para los aparatos recién construidos. Si el instrumento no saltaba por los aires interpretando esto, entonces estaba preparado para salir a la venta.
Tal y como dicen en Neatorama, nadie ha sido capaz de tocarla jamás, y para lograr semejante reto haría falta literalmente modificar con ingeniería genética al aspirante para que tuviera ocho brazos como un pulpo, y visión ultra-rápida para poder leer la partitura.
Confórmate de momento con oír su estruendo infernal saliendo de una sufrida pianola. Y recuerda su nombre, por si un día quieres dejar en ridículo a un pianista petulante.