Abogado, socio fundador de Círculo Escéptico y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. Además de El Fondo del Asunto mantiene los blogs La lista de la vergüenza, dedicada a dar cuenta de las titulaciones pseudocientíficas que imparten muchas Universidades españolas, y El remedio homeopático de la semana. Confiesa que cuando era un chaval probó la acupuntura para evitar la caída del cabello; hoy es rotundamente calvo.
Claro, cualquiera que haya ido a una farmacia habrá visto que en sus estantes, por regla general (y salvo las honrosas excepciones que no venden estos placebos con ínfulas), hay bastantes más que una docena de productos homeopáticos. Seguramente no tantos como los 19.000 de los que habla la propia industria homeopática (pdf), y desde lueno no los ocho millones, ocho, que dice también, ejem, la industria homeopática. Y para que vean que no me invento esta cifra, además del correspondiente enlace les dejo esta bonita captura de pantalla:
Y ahora viene la gran pregunta:
¿Cómo es posible que con 19.000 productos en el mercado, o más de ocho millones, o los que sean pero, en cualquier caso, muchos más que una docena, se produzca ahora la autorización para la venta de esos doce? Leer más »
Pero ni la campaña, que contó con el respaldo de Amazings, ni la polémica en prensa consiguieron que los responsables de la UPNA recapacitaran. Todo lo contrario: en un insólito comunicado anunciaron el mantenimiento del curso, asegurando que contaba con el apoyo del Consejo del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad y, sobre todo, que se trata de una práctica reconocida como acto terapéutico tanto por la Organización Mundial de la Salud como por el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España. Y claro, ¿qué podemos hacer nosotros, simples mortales, ante semejantes avales?
Pues lo que debemos hacer en todas las ocasiones: analizarlos con un poco de sentido crítico. Leer más »
La del oscillococcinum es una de esas historias que solo pueden ocurrir en el fantástico mundo de la homeopatía. Todo comenzó en los años 20 del pasado siglo, cuando un médico militar francés, Joseph Roy, anunció al mundo que había descubierto una nueva bacteria presente en la sangre de las víctimas de la tristemente célebre gripe española.
La bacteria tenía dos características distintivas: en primer lugar, mostraba un movimiento vibratorio muy peculiar, que hizo que Roy la bautizase con el nombre de “oscillococco”. Y, en segundo lugar, resultó que solo Roy fue capaz de verla: la bacteria en realidad no existe, aunque para compensar Roy se las arregló para “descubrirla” en la sangre y los tejidos de personas, animales y plantas afectados por todas las enfermedades que uno pueda imaginar.
Pero la dura realidad no fue suficiente para frenar a Roy, que siguiendo los principios homeopáticos decidió que, puesto que sus imaginarios “oscillococci” eran la causa de tantas enfermedades, también podrían servir para curarlas. Claro que, como no hubo forma de aislarlos (por razones evidentes para todo el mundo excepto para él), en vez de emplear las supuestas bacterias utilizó los órganos internos del pato almizclado, vaya usted a saber por qué. Y dado que el animalito en cuestión es conocido en el ámbito de la cocina francesa como Pato de Berbería, Roy no empleó su nombre linneano correcto (cairina moschata) y en su lugar presentó su remedio como “Anas Barbarie, Hepatis et Cordis Extractum”.
Hasta aquí tenemos un remedio a base de una bacteria imaginaria y elaborado con las entrañas de un pato de nombre equivocado. ¿Hay más? Pues sí, claro. Siguiendo los postulados de la homeopatía, el remedio debe ser “dinamizado”, es decir, diluido hasta que desaparezca materialmente y solo quede de él, como decía Hahnemann, su “espíritu curativo”.
En su versión comercial, el Oscillococcinum de Laboratorios Boiron, la dilución se realiza a una “potencia” de 200K. La sigla se refiere al método de Semion Korsakov, que básicamente consiste en echar el producto en un vaso, agitarlo, tirar el contenido y volver a llenarlo de agua para mezclarla con el líquido que se haya quedado adherido en las paredes y el fondo del recipiente. La precisión de semejante procedimiento nos la podemos imaginar, y de hecho los propios homeópatas no se ponen de acuerdo sobre si equivale a 1/100, 1/150 o vaya usted a saber qué. Pero da igual, porque dado que el proceso se repite nada menos que doscientas veces el resultado es obvio: el remedio final está formado única y exclusivamente por agua.
Agua que, según los homeópatas, conserva la memoria lejana de aquella bacteria inexistente. Lo que no aclaran es cómo consiguen que esa memoria, suponiendo que existiera, se traslade a los gránulos de lactosa impregnados con la mezcla final y dejados secar, que es lo que nos venden en el envase.
Con estas premisas es comprensible que el italiano Samuele Riva emplease la imagen del Oscillococcinum de Boiron para hablar en su blog de lo absurdo de la homeopatía. Hay muchos remedios homeopáticos ridículos, pero este se caracteriza porque lo comercializa con gran éxito una potente multinacional, para la cual se trata de un negocio impresionante: como contaba hace tres años Simon Singh, para recaudar más de veinte millones de dólares anuales entre sus incautos clientes Boiron no necesita emplear más que un solo pato. De hecho, les basta con unos trocitos del corazón y el hígado del pato, así que con lo demás sus directivos pueden hacerse un buen asado para celebrar el éxito económico.
Pero claro, con semejantes cifras es lógico que Boiron pretenda defender a capa y espada su negocio, y lo han hecho de una manera que empieza a convertirse en costumbre en el mundo de las terapias de mentirijillas: recurriendo a la amenaza de acciones legales. Así que han remitido al blog una carta en la que exigen la retirada de las menciones a su empresa y sus productos y la revocación de los permisos de edición de Samuele Riva.
Como se pueden imaginar, en su carta Boiron no esgrime ningún resultado científico que avale la eficacia del Oscillococcinum. Al fin y al cabo, según sus propios datos la multinacional francesa gasta al año en investigación y desarrollo aproximadamente un 1% de su volumen de ventas, una cifra muy alejada de lo que suelen invertir las industrias farmacéuticas convencionales (que oscila entre el 15 y el 20%) y que además en su mayor parte se destina a cosas tan útiles desde el punto de vista científico como el diseño de sus nuevos envases de colorines o la compra de una cátedra en la Universidad de Zaragoza. De modo que se limitan, como suele ocurrir en estos casos, a exhibir su musculatura legal en lugar de sus evidencias.
Pero si esta respuesta es la que cabe esperar en una empresa que gasta tan poco en investigación, resulta bastante chocante si nos fijamos en otro capítulo de sus cuentas: Boiron emplea nada menos que el 25% del producto de sus ventas en marketing, por lo que cabría esperar que tuviesen un poco más de cuidado a la hora de comprometer su imagen. Sin embargo, tal y como podría haber previsto hasta el más novato en esto de internet, las amenazas a Samuele Riva han servido para provocar el inevitable efecto Streisand y que decenas de blogs, webs y medios italianos se hayan hecho eco del caso. Y eso es solo el principio, porque la publicación de una nota sobre lo ocurrido nada menos que en el British Medical Journal incrementará sin duda la potencia con la que Boiron se ha propinado esta patada en su propio trasero.
Recordemos que, por lanzar a sus abogados contra el divulgador británico Simon Singh, la quiropráctica británica consiguió ponerse a sí misma al borde de la desaparición. Y no olvidemos tampoco que la propia Boiron se enfrenta a un par de demandas colectivas en California precisamente por realizar afirmaciones falsas acerca del Oscillococcinum, como pueden leer aquí y aquí.
Pero, en fin, lo han hecho, así que si se toman todas estas molestias arriesgándose a hacer público todo el tinglado que hay detrás de ese medicamento inverosímil basado en una bacteria inexistente, ¿quiénes somos nosotros para llevarles la contraria? Venga, vamos a contarlo.
El hecho de que el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda y la Diputación de Jaén vayan a emplear fondos propios y ayudas europeas para montar un “Centro de Interpretación de las Caras de Bélmez” está causando bastante indignación, y con razón. Pero lo curioso es que no es la primera vez que la idea de explotar la credulidad ajena con fines turísticos levanta más de una voz de protesta.
Vámonos a febrero de 1972. El supuesto fenómeno estaba en pleno auge. Cada fin de semana acudían miles de turistas a ver las “Caras”, y aparte de las diez pesetas (de entonces) que costaba entrar en la casa y comprar una foto de “la Pava”, muchos de ellos se dejaban también sus dineros en el bar del pueblo, el estanco o la tiendecita de la plaza mayor. Y aunque algunos periódicos hablaban abiertamente de “fraude” o “camelo”, la mayoría de los medios seguía presentándolas como un misterio misteriosísimo y paranormal.
Ese era el ambiente cuando el Diario Ya, en su edición del día 26, publicó un artículo firmado nada menos que por Antonio Ramos, uno de los periodistas que informaron por primera vez sobre las “Caras”, con el título de “El truco publicitario de Bélmez de la Moraleda”.
Antonio Ramos terminaba su artículo diciendo:
A Bélmez le hace falta ya una aclaración definitiva, porque el pueblo no tiene ni brujas medievales ni belmezanos endemoniados. Le hace falta que se acabe el serial de novela barata que vive desde hace cinco meses. Ni brujas ni rostros que le ganan la batalla al cemento… Un truco publicitario, a pelo limpio.
Han pasado cinco meses desde aquella primera visita. Me imagino que a Bélmez habrán ido ya miles y miles de amantes de “misterios”. Yo no volví. Quería seguir de cerca el asunto. Fui el primero en tropezarme con aquel “rostro” que se vendía a duro en fotografías. Durante este tiempo he estado fuera, en Roma, y desde allí me llegaron noticias de que Bélmez estaba turísticamente promocionado. Ahora, en el pueblecito jienense, al contrario que en Linares, se lidian “misterios” en lugar de toros. Promoción “perfecta”, solo que abusando del subdesarrollo y de otros “sub” que se prestan.
Desde que se publicó aquel artículo han pasado casi cuarenta años. El Diario Ya no existe, Antonio Ramos se ha jubilado, la dueña de la “casa de las Caras” (aquella mujer que aparecía en la prensa con su fajo de fotos listas para vender a los pardillos) falleció, y ni el Ayuntamiento de Bélmez, ni las instituciones públicas, ni nuestro régimen político tienen nada que ver con lo que había entonces.
Pero, cuatro décadas después, se sigue abusando del subdesarrollo, y de otros “sub” que se prestan.
Una de las cosas que más asombra (e indigna) al conocer casos como el que Enchufa2contaba el otro día, y que reprodujimos aquí, es el hecho de que ese tipo de conductas queden impunes. Que un tipo tenga la cara dura de emitir un “diagnóstico” y recomendar la visita a un homeópata resulta impresentable desde el punto de vista ético, pero legalmente hay muy poquito que hacer al respecto.
Se considera que no existe estafa cuando el sujeto pasivo acude a mediums, magos, poseedores de poderes ocultos, echadoras de cartas o de buenaventura o falsos adivinos, cuyas actividades no puedan considerarse como generadoras de un engaño socialmente admisible que origine o sean la base para una respuesta penal.
En estos casos, por lo general, se considera que el engaño es tan burdo e inadmisible que resulta inidóneo para erigirse en el fundamento de un delito de estafa.
Teniendo en cuenta que aquella Sentencia se refería nada menos que al montaje de una curandera que desplumó a una pareja de hermanos asegurándoles que podía curar el carcinoma hepático con metástasis que padecía su padre, podemos imaginar perfectamente qué pasará en los casos de mucha menor gravedad.
En cuanto a la normativa de protección a los consumidores, tampoco permite hacernos muchas ilusiones. El programa del tal Sandro Rey, recordemos, no es en realidad más que una forma de captar clientes para un servicio telefónico de tarificación adicional. En concreto de números que comienzan por 806, que están reservados para los “servicios de ocio y entretenimiento“.
La normativa que los regula establece que los operadores de estos servicios deben seguir estrictamente las normas establecidas en su Código de Conducta, hasta el punto de que su incumplimiento podría suponer la cancelación del servicio.
¿Se podría hacer algo por ahí? Repasemos el vídeo
El Código de Conducta establece que los servicios de tarificación adicional no deberán, entre otras cosas
Llevar a conclusiones erróneas a consecuencia de su inexactitud, ambigüedad, exageración, omisión o similares.
Inducir a un estado inaceptable de ansiedad o temor, o explotar situaciones de necesidad.
Inducir o incitar a cualquier persona a involucrarse en prácticas peligrosas de riesgo, o que atenten contra la salud o el equilibrio psíquico.
Contener información falsa o caduca.
Bueno, si nos ponemos quisquillosos, es difícil llegar a conclusiones erróneas acerca de la inexactitud de las predicciones de Sandro Rey, pero por lo demás parece que el individuo se aprovecha de la preocupación de la señora por el estado de salud de su nieta y la induce a involucrarse en una práctica atentatoria contra la salud (nada menos que tratar una enfermedad de Crohn con homeopatía). Y, en cuanto a la información falsa, creo que no harán falta más explicaciones.
Pero la cosa no es tan sencilla. Para empezar, resultaría bastante difícil que se admitiera una denuncia procedente de alguien que no sea la persona directamente perjudicada por estos hechos, alguna asociación de consumidores y usuarios (que, con alguna excepción, no están precisamente por la labor) o las administraciones públicas (respecto a las cuales, por desgracia, no cabe ni siquiera hablar de excepciones: ninguna hace nada). La denuncia, por otra parte, sería estudiada por la pomposamente denominada Comisión para la Supervisión de los Servicios de Tarificación Adicional, organismo que no destaca precisamente por su agilidad y contundencia. Y, por último, los titulares del servicio siempre tienen la posibilidad de alegar que este tipo de cosas son lo que cabe esperar en los servicios de contenido esotérico, astrológico, de adivinación, cartomancia y/o predicción del futuro por otros medios que están expresamente reconocidos como modalidad de los servicios de tarificación adicional.
Y si esto ocurre con las normas más específicas y, por tanto, más cercanas al problema, sobre las normas generales ya ni les cuento.
¿Qué nos queda? Pues, la verdad, poca cosa. Por supuesto, seguir intentando que las autoridades se tomen en serio este asunto y acaben con la impunidad de los charlatanes. Desde Círculo Escéptico, por ejemplo, conseguimos en su día que algunas de nuestras peticiones sobre este tema fueran asumidas por el Consejo de Consumidores y Usuarios en sus alegaciones sobre la transposición al Derecho español de la Directiva 2005/29/CE. Y a veces nuestras denuncias públicas, nuestras cartas a los medios y nuestra presión a los organismos oficiales han logrado alguna que otra victoria sobre la charlatanería.
Pero tenemos también, sobre todo, la labor de divulgación. En la Sentencia que citábamos más arriba, el Tribunal Supremo decía que es necesario tener en cuenta el grado de conocimiento medio de una sociedad que, como sucede en el caso presente, vive ya en el siglo XXI. El ciudadano medio de nuestra sociedad, tiene un nivel de información sobre estas enfermedades y sus características, que difícilmente puede alegar confianza racional en poderes paranormales.
Seguramente los Magistrados del Tribunal Supremo no se han fijado en las secciones de astrología de los periódicos, no han visto las estanterías de los kioskos repletas de Más Allá, Enigmas o Discovery DSalud, no han puesto cualquier emisora de radio, pública o privada, durante alguna noche de un fin de semana, y no han visto determinados programas nocturnos de cadenas televisivas como Cuatro o La Sexta.
Lamentablemente, el ciudadano medio de nuestra sociedad está rodeado de informaciones falsas, de cuentos de vendedores de humo y de charlatanes dispuestos, como hemos visto, a “adivinar” su estado de salud y recomendarle los servicios de otros charlatanes. Y frente a esto, lo mejor que podemos hacer es seguir poniéndoles en evidencia, seguir denunciando públicamente sus fraudes y seguir fomentando el pensamiento crítico.
En 1897 faltó muy poco para que el Estado de Indiana, en EEUU, estableciese por ley un método para lograr la cuadratura del círculo. El episodio ha pasado a la historia como la “Indiana Pi Bill”, el Proyecto de Ley de Indiana sobre Pi, porque la propuesta, que recogía la llamada “nueva verdad matemática” de un pirado llamado Edwin J. Goodwin, establecía que “la razón entre el diámetro y la circunferencia es de cinco cuartos a cuatro”, dando por tanto un valor para Pi de exactamente 3,2.
Por increíble que pueda parecer, la propuesta fue aprobada por el Congreso del Estado por unanimidad, y hubiera sido aprobada también por el Senado si no fuera porque dio la feliz casualidad de que Clarence Abiathar Waldo, jefe del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Purdue, estaba en la capital del Estado negociando con los congresistas el presupuesto universitario. Al conocer la propuesta y saber de su inmimente aprobación Waldo explicó a los senadores lo disparatado de las ideas de Goodwin, de modo que tras una sesión en la que la unanimidad del Congreso se vio transformada en pitorreo generalizado, el Senado acordó posponer la votación del proyecto sine die.
Claro, dirán ustedes: todo eso son historias del pasado, meteduras de pata propias de aquellos señorones con chistera y monóculo, pero esas cosas no pueden pasar hoy en día, ¿verdad? Leer más »
A pesar de lo que pudiera parecer, la Campaña 10:23 no está dirigida en absoluto a los homeópatas. Bueno, sí, está dirigida más bien contra los homeópatas, pero me refería a que su objetivo es informar a los medios de comunicación y al público en general. La homeopatía se comporta exactamente como una religión, y aunque no sirva para tratar ninguna enfermedad, sí que parece ser enormemente efectiva a la hora de inmunizar contra cualquier tipo de razonamiento, así que enfrascarse en una discusión con ellos es totalmente inútil. Sin embargo, conviene tener en cuenta las objeciones que van a ir poniendo a nuestro “suicidio” para ir sobre aviso.
La primera es que una sobredosis homeopática no hace daño porque su efecto no depende de la dosis, sino de la “potencia” del remedio. Lo cual es difícil de refutar: la dosis es un hecho objetivo y medible y la “potencia” no deja de ser una idea mágica sin fundamento real. Si los homeópatas dicen que un remedio a 30CH es mucho más potente que un remedio a 20CH no vamos a conseguir que se bajen del burro, a pesar de que ni siquiera ellos sean capaces de distinguir uno de otro sin mirar la etiqueta. Pero da lo mismo, porque si lo pensamos bien lo de que la dosis es irrelevante es un refuerzo a lo que venimos a decir en la campaña: si se tratase de un medicamento de verdad sí que habría que tener en cuenta la dosificación adecuada, y el hecho de que no haya que preocuparse por ella solo demuestra que los remedios homeopáticos solo contienen agua y azúcar. Leer más »
Activistas por los derechos de los consumidores de toda España han anunciado su intención de “suicidarse” tomando una “sobredosis” de homeopatía como parte de una protesta masiva global contra estos remedios alternativos.
El 5 de febrero, manifestantes en varias ciudades españolas ingerirán cajas enteras de pastillas homeopáticas para sensibilizar a la opinión pública de que los remedios homeopáticos son completamente ineficaces y, además, presionar a farmacéuticos y otros agentes sanitarios a garantizar que los productos que venden como tratamientos médicos realmente funcionen.
La mayoría de la gente no sabe que las pastillas homeopáticas no son remedios naturales, que no están hechos con plantas medicinales. De hecho, incluso los homeópatas reconocen que sus pastillas no contienen nada más que agua y azúcar.
Estamos organizando esta protesta para mostrar que estas -mal llamadas- medicinas no tienen ninguna utilidad y, por tanto, no deberían formar parte del tratamiento médico de nadie. Ni homeópatas ni farmacéuticos deberían estar vendiendo estos medicamentos falsos a personas con enfermedades reales. Son una peligrosa pérdida de tiempo y de dinero
La protesta la organizan distintos colectivos escépticos, racionalistas y de defensa de los derechos de los consumidores en apoyo de la Campaña 10:23[1], una protesta global contra los remedios homeopáticos originada en el Reino Unido. Eventos similares se desarrollarán simultáneamente en más de una decena de países alrededor del mundo; entre otros, Estados Unidos, Alemania, Hungría, Argentina o Canadá.
Michael Marshall, coordinador de la campaña internacional, dijo “Queremos demostrar que existe una sensación creciente de que ya se han invertido demasiado tiempo y dinero en los remedios homeopáticos. En los 200 años de existencia de estos tratamientos nunca ha habido ningún tipo de evidencia de que puedan funcionar, y, porque no son más que azúcar y agua, es imposible que puedan hacer lo que los homeópatas afirman que hacen. Se gastan miles de millones de euros anuales en estos tratamientos ineficaces y, cuando se dice lo que realmente son, y cómo se fabrican, la mayoría de la gente se sorprende de que sigan vendiéndose a un público no adecuadamente informado”.
La Campaña 10:23 se lanzó hace un año en el Reino Unido, con casi 400 manifestantes tomando parte en sobredosis homeopáticas por todo el país protestando por las declaraciones de la principal cadena de farmacias británica, Boots, que justificó la venta de pastillas homeopáticas “porque los clientes las compran, no porque sean eficaces”.
La campaña recibe su nombre del número de Avogadro, una constante científica que expresa el número de moléculas existenes en un mol de cualquier sustancia y que sirve para demostrar que muchas pociones homeopáticas no contienen principio activo alguno y que las que lo contienen lo hacen en unas dosis tan bajas que nunca puede producir ningún efecto.
Aunque algunos puedan argumentar que no hay nada de peligroso en dispensar pastillas de azúcar, que farmacéuticos o personal sanitario avalen la eficacia de los tratamientos homeopáticos acarrea graves consecuencias. Además de minar la confianza de la opinión pública en los servicios sanitarios, se puede animar a pacientes con enfermedades graves a buscar en la homeopatía una alternativa a la atención médica real.
Un triste ejemplo es el de Gloria Sam, de sólo nueve meses, que murió en 2002 a causa de las infecciones provocadas por un eccema que sus padres decidieron tratar con homeopatía. Recientemente, una investigación llevada a cabo por la BBC ha mostrado a homeópatas que intentaban suministrar a viajeros sus ineficaces preparaciones para usarlas como sustituto de medicamentos reales contra la malaria, e incluso, ofrecían alternativas homeopáticas a las vacunas.
El Reto 10:23 pretende conseguir el apoyo de 1023 ciudadanos en más de 10 países y 23 ciudades durante el 5 de febrero de 2011.
———————
Nota para editores:
La Campaña 10:23 es una red de agrupaciones escépticas que pretende sensibilizar a la opinión pública sobre la realidad de la homeopatía, por qué sabemos que no funciona y por qué es importante que la ciudadanía reciba la información necesaria para permitirles tomar una decisión realmente informada sobre su salud. http://www.1023.org.uk
En el principio Dios creó el cielo y la tierra (Gén. 1.1). Este principio de los tiempos, de acuerdo con nuestra cronología, ocurrió al principio de la noche anterior al día 23 de octubre del año 710 del Calendario Juliano.
En 1650, el Arzobispo irlandés James Ussher publicó sus Annales Veteris Testamenti, a prima mundi origine deducti, una obra en la que establecía una cronología de los acontecimientos pasados, basándose a partes iguales en su estudio del Antiguo Testamento, en diversas consideraciones teológicas y, sobre todo, una imaginación desbordante. Como hemos visto, la cronología de Ussher fijaba el principio de la creación bíblica en el año 710 del calendario de Scaliger, es decir, el año 4004 a.C., y más concretamente al comienzo de la noche del 22 al 23 de octubre. Leer más »