Artículos de Experientia Docet

César Tomé LópezCésar Tomé López | http://cesartomelopez.blogspot.com/ | @EDocet

Licenciado en Ciencias Químicas (UGR, 1989) y Master en Neurociencia y Biología del comportamiento (UPO, 2006). Se gana la vida como directivo de empresa. Autor del blog Experientia docet.

¿Existe el calor?

Las respuestas que obtienes dependen no sólo de qué preguntes sino de cómo hagas las preguntas. Si pretendes cobrar un extra por la salsa es mejor que tus empleados pregunten “¿barbacoa o ranchera?” que un plano y directo “¿quieres salsa?”. La primera pregunta da por hecho que el cliente la quiere mientras que la segunda abre la posibilidad de la negativa. Este descubrimiento de McDonald’s fue la inspiración inversa para mi pequeño experimento en Twitter. La idea era comprobar experimentalmente los conceptos que sobre el calor tiene la gente, pero en vez de preguntar “¿qué es el calor?” preguntamos “¿existe el calor?”, dejando abierta la puerta a negar la mayor. Y se lió.

Recibimos respuestas de todo tipo. Desde las que, asumiendo su existencia, se basaban en una apreciación puramente intuitiva del calor asociado a sensación térmica (¿que si existe? Vente para Córdoba, Bilbao, Paiporta, etc.), a muy técnicas, en las que el calor no es más que una forma que adopta una cantidad escalar dependiente del observador y conservada determinada por la simetría bajo traslaciones temporales que contiene toda la información dinámica del sistema (en román paladino, el calor es una forma de energía), a intermedias y de libro de bachillerato donde se le asocia al trabajo de un sistema (U= Q+W). Por otra parte aparecieron respuestas en las que se negaba la existencia del calor (puesto que directamente es energía), aproximaciones macroscópicas y microscópicas, restricciones en el uso del término y asimilaciones a otras variables como la entalpía (de combustión, de solidificación, de formación, etc.), etc., etc.

Pero lo importante no eran las respuestas en sí, sino la ilustración de que el concepto de calor, tan omnipresente y tan fundamental en la ciencia y en la técnica, no es un concepto bien establecido. Habrá quien diga que él lo tiene claro, pero si una misma palabra suscita respuestas tan disímiles, estará conmigo en que algo falla.

La raíz de este problema es histórica y terminológica. Vamos a explorar sucintamente los distintos planteamientos del concepto de calor, el origen de esta terminología y veremos finalmente que existe una aproximación que puede contribuir a solucionar esta confusión, sobre todo a los estudiantes que se enfrentan por primera vez con los conceptos de la termodinámica. Pero vayamos por partes, e intentaremos hacerlo muy facilito. Leer más »

El genio de Bohr

Niels Bohr

En la apasionante historia de la física de finales del XIX y primera mitad del siglo XX, llena de hombres y mujeres eminentes, la figura de Niels Bohr es una de las que destacan. Sin embargo, y de forma habitual, Niels Bohr suele aparecer como alguien ya maduro, influyente y asentado, que se dedica a polemizar con Einstein y sentar las bases, junto a su grupo de destacados alumnos, de la llamada interpretación de Copenhage de la mecánica cuántica. Pocos conocen la osadía a la que se atrevió cuando tenía apenas 25 años y que le granjeó esa autoridad a nivel mundial en la nueva física.

El modelo atómico más popular de la historia contemporánea es, sin lugar a dudas, el átomo de Rutherford: un átomo cargado positivamente rodeado de un número de electrones con carga negativa. ¿Qué impide que los electrones “caigan” hacia el núcleo empujados por la atracción eléctrica? Una posible respuesta es que el átomo puede que sea como un sistema planetario, con los átomos girando en órbitas alrededor del núcleo (esta imagen es la que se suele representar popularmente al hablar de átomos). Un planeta que órbita el Sol debe estar sujeto a una fuerza atractiva hacia el centro, de otro modo el planeta seguiría su camino tangente a la órbita. En el caso de los planetas esta fuerza es la atracción gravitatoria del Sol sobre el planeta. Rutherford sugirió que la fuerza eléctrica podría ser la equivalente a la gravedad. Y todo estaría bien si no fuese por James Clerk Maxwell y sus leyes.

Según las leyes de Maxwell una partícula cargada irradia energía cuando se acelera. Que algo se acelere significa que cambie su velocidad. Con este término “velocidad”, con lo común que es, suele haber dificultades en español. La magnitud que marca el instrumento del coche no es, estrictamente hablando la velocidad, sino la celeridad: si yo programo mi coche para que circule constantemente a 120 km/h estoy haciendo constante el módulo (la dimensión, el tamaño) del vector velocidad. Un vector es una expresión matemática que te indica la dirección, sentido e intensidad (dejemos lo del punto de aplicación aparte) de una magnitud física. Es la intensidad del vector velocidad lo que se llama celeridad. Y aunque mi celeridad sea constante el vector no lo es, puesto que cambia la dirección cuando doy curvas o subo o bajo desniveles. Pues bien, la velocidad de un electrón en una órbita de Rutherford cambiaría constantemente, puesto que cambia su dirección, y esto implica que se acelera.

El electrón, por tanto, perdería energía emitiendo radiación y siendo empujado continuamente hacia el núcleo. En muy poco tiempo, el electrón terminaría precipitándose en el núcleo. Según la mecánica, el electromagnetismo y todo el resto de la física clásica un átomo planetario no sería estable más allá de una fracción (pequeña) de segundo.

Sin embargo la idea de un sistema planetario es muy intuitiva y por lo tanto muy atractiva (cien años después, como decíamos antes, se sigue representando el átomo así en el imaginario popular). Los físicos continuaron buscando una teoría que incluyese una estructura planetaria estable y que pudiese explicar los datos experimentales (especialmente las líneas espectrales). No era una solución fácil de encontrar. De hecho la solución a este problema requería una nueva física y el tipo de valentía que da el genio, la juventud y, quizás, la falta de prestigio que proteger.

El modelo que propuso un jovenzuelo danés con la tinta de su tesis aún húmeda, pasó a llamarse  modelo de Bohr, o modelo de Rutherford-Bohr (más que nada porque había electrones en órbitas) o modelo cuántico del átomo. Fue un éxito clamoroso y una revolución copernicana (en las modificaciones que sufriría posteriormente Arnold Sommerfeld asumiría el papel de Kepler). La propuesta de Bohr mostraba además no sólo el “qué” sino también el “cómo” se podía aplicar la teoría cuántica para resolver los problemas atómicos; no sólo era un pez, Bohr enseñaba a pescar.

¿Y qué fue lo que hizo Bohr? Algo muy sencillo, aparentemente. Introdujo dos postulados, afirmaciones para las que no tenía pruebas y que contradecían la física conocida, pero cuyos resultados prácticos demostraban que, de momento, funcionaban.

1. Existen estados de un sistema atómico en los que no existe radiación electromagnética a pesar de que haya aceleración de las partículas cargadas. Es decir, las leyes de Maxwell puede que no se cumplan tal cual a nivel atómico. Estos estados se llaman estados estacionarios del átomo. Este postulado justificaba la estabilidad de un átomo planetario con órbitas circulares.

2. Cualquier emisión o absorción de radiación, ya sea de luz visible o cualquier otra, corresponde a un repentino (palabra importante) paso de un estado estacionario a otro. Lo que justificaba las líneas espectrales distintas de los distintos átomos que tendrían estados estacionarios distintos.

La teoría cuántica había comenzado en 1900 con la idea de Planck de que los átomos emiten luz sólo en cantidades definidas de energía. Este concepto fue ampliado por Einstein en 1905 al afirmar que la luz viaja en paquetes definidos, cuantos, de energía. Ahora, en 1912, Bohr extendía aún más la teoría para incorporar la propia materia: los átomos sólo existen de forma estable en estados definidos, cuantizados, de energía.

Pero Bohr no se quedó ahí, también usó el concepto de cuanto para decidir cuales de todos los estados estacionarios concebibles son realmente posibles, introduciendo los números cuánticos, pero esta es ya otra historia…

Del relativismo al cientificismo

Si hiciésemos una encuesta sobre quien es el pensador que más ha influido en la sociedad actual aparecerían muchos nombres. Probablemente entre ellos no estaría Protágoras, un sofista del siglo V a.C. y, sin embargo, una de sus ideas centrales parecen permear amplios estratos de la sociedad que afirma sin rubor “es que esto es verdad para mí”. Protágoras es el padre del relativismo; su famosa máxima “el hombre es la medida de todas las cosas”, tantas veces citada fuera de contexto, viene a resumir su pensamiento de que las apariencias de las cosas percibidas por una persona y sus creencias son la verdad para esa persona. Protágoras intenta eliminar la objetividad y, ya puestos, la Verdad, con mayúsculas.

El relativismo ha tenido sus defensores a lo largo de los siglos, y uno bien notable en el siglo XX fue Paul Feyerabend, un filósofo de la ciencia. Hoy día podemos encontrar su influencia en el pensamiento meditado o regurgitado de muchas personas y es fuente de división entre las dos culturas de las que hablaba C.P. Snow.

El auge de las pseudociencias, el pensamiento mágico, culturas new age y el desprecio y alarde de desconocimiento de la ciencia por parte de la clase dirigente y buena parte de los llamados intelectuales hunde sus raíces en esta actitud (pues es actitud, ya que no resiste el mínimo análisis racional). Leer más »

¿Una segunda juventud para el acero?

Gary Cola, el revolucionario del acero | Fuente imagen: scienceresearchprojects.com.

Hubo una época en la que las aportaciones de los aficionados (militares, cerveceros, caballeros ociosos, amas de casa, etc.) a la ciencia y a la técnica eran importantes, si no fundamentales. Hoy, cuando hablamos de nuevos materiales pensamos en nanotecnología, fulerenos, fibras de esto y lo otro y centros de investigación hiperdotados en recursos humanos y materiales, lo que aparentemente ya no deja espacio para aportaciones significativas de los “no profesionales”. Por ello es mucho más llamativo el caso de Gary Cola, dueño de un pequeño taller de estampación de acero, y que ha desarrollado un proceso que puede marcar el futuro próximo en el uso de materiales de alto rendimiento: hablamos de un tratamiento térmico que hace al acero un 7% más fuerte que cualquier otro acero conocido (y la mayoría de las aleaciones de titanio) y que emplea menos de 10 segundos. Los que lean esto que entiendan de metalurgia ya deben de estar con la boca abierta, los demás espero que lo estéis al terminar de leer.

Se estima que la humanidad conoce el acero desde hace unos 6.000 años. Al principio no era algo a lo que se le prestase demasiada atención, porque el material objetivo era el hierro y el acero se obtenía accidentalmente al incorporar algo de carbono en su composición cuando el mineral de hierro se trataba en hornos de carbón vegetal. Se encuentran muestras de acero en África y en China que datan de épocas muy anteriores a la Era Común. Pero si hubo un pueblo que puso el acero en el centro de todas las miradas, ese fue el hitita. Cuando tomaron la decisión de hacer todas sus armas de acero, sólo el desierto egipcio pudo pararles en su avance hacia el oeste en el 1.200 AEC. Desde hace más de tres mil años, pues, se viene desarrollando la tecnología del acero. Se emplea en todas partes, desde utensilios de cocina a barcos, de puentes a bisturíes, de carrocerías de automóviles a cojinetes de bolas. Parece que ya haya poco que saber sobre el acero y los centenares de sus aleaciones.

De hecho, pocos centros de investigación se dedican a investigar sobre el acero hoy día. Se considera una tecnología madura y los procesos de mejora continua y desarrollo de aleaciones especiales recaen en las pocas grandes multinacionales que lo fabrican a nivel mundial. La investigación industrial es cara, la inversión en inmovilizado es tremenda, y se va con pies de plomo.

Con estos antecedentes Gary Cola, dueño de SFP Works LLC, una empresa que no llega a los 60.000€ de facturación y ubicada en un pueblo cercano a Detroit (Michigan, Estados Unidos), se encontró con dos problemas: uno, encontrar alguien que no fuese una multinacional del acero al que contarle lo que había encontrado y, otro, conseguir que le creyese. Finalmente un pequeño grupo de la Universidad Estatal de Ohio accedió a viajar a Detroit para ver el proceso in situ.

Una vez en las instalaciones, pudieron apreciar cómo una máquina hacía pasar planchas del metal (un acero SAE 8620, EN 20NiCrMo2-2) por unas llamas a 1.100 ºC y de ahí directamente a un baño de enfriamiento. Y eso era todo. Cualquier especialista en acero te dirá que este proceso no puede funcionar de ninguna de las maneras (un proceso estándar requiere temperaturas del orden de 900 ºC y superiores mantenidas durante horas o días para que el metal adquiera las características adecuadas). Pero cuando el equipo de Ohio analizó sus muestras en el laboratorio pudo constatar que el hecho cierto es que sí funciona. El acero así obtenido se llama comercialmente Flash Bainite y podría reducir el peso de un vehículo medio en torno a un 30%, sin pérdida de características.

A partir de la confirmación de los datos de Cola, el equipo de investigadores de Ohio se dispuso a desentrañar el misterio de qué podía ocurrir en 10 segundos que hiciese a un acero significativamente más fuerte que el más fuerte de los aceros martensíticos y sustancialmente más maleable que éstos, tal y como lo expresó Cola originalmente. Entender sus resultados es mucho más fácil de lo que parece.

Martensita | Fuente imagen: Cerezo.pntic.mec.es.

Se deduce de lo que llevamos dicho que la clave no está en la composición química ( el material de partida es una aleación estandarizada de hierro, níquel, cromo, molibdeno y carbono), sino en el tratamiento térmico, y éste afecta a la estructura cristalina. La martensita, el acero martensítico al que se refería Cola, es una estructura cristalina específica. Pero vayamos por partes.

El acero es una disolución sólida intersticial, en la que los átomos de carbono, que son bastante más pequeños que los de hierro y los de los demás aleantes metálicos, ocupan los espacios intermedios del retículo cristalino del metal, o visto de otra manera, forman carburo de hierro (F3C) que está disuelto en hierro (Fe). Es este retículo cristalino el que le da sus características mecánicas al acero, al igual que le ocurre al carbono puro: la mina del lápiz y el diamante tienen la misma composición química y sólo se diferencian en la estructura cristalina. Una vez obtenida una aleación, el trabajo de los ingenieros es diseñar los procesos que permitan obtener la estructura cristalina deseada. Ésta va a depender de la composición química, de los estados de equilibrio de la disolución a cada temperatura y de la rapidez con la que se enfríe.

El hierro puro, y aquí simplificamos, presenta dos estructuras cristalinas en función de la temperatura: desde la temperatura ambiente hasta los 911 ºC, el hierro de toda la vida, se denomina ferrita y es un sistema cúbico centrado en el cuerpo; a partir de 911 ºC (y hasta unos 1400 ºC, pero a partir de ahí no nos interesa ahora) la estructura pasa a ser un sistema cúbico centrado en las caras y se llama austenita (por William Roberts-Austen). Cuando se añade carbono, se forma el carburo de hierro denominado en metalurgia cementita. La incorporación del carbono complica algo el diagrama de fases, pero no para nosotros.

En los procesos habituales lo que se hace es aumentar la temperatura de la aleación por encima de 911 ºC el tiempo suficiente como para que toda la ferrita pase a ser austenita, formando una fase homogénea. Este tiempo, como decíamos más arriba, puede llegar a ser de días para garantizar la homogeneidad. Una vez obtenida la austenita, la velocidad del enfriamiento determinará qué estructura cristalina mantendrá el acero frío. Así, un enfriamiento rápido crea una estructura tetragonal centrada en el cuerpo, esta es la martensita (por Adolf Martens) que mencionábamos antes. Es, tras la cementita, el constituyente más duro de los aceros. Si lo que queremos es un material no tan duro pero sí más maleable y dúctil enfriamos más lentamente y obtenemos bainitina (por Edgar Bain). La bainitina no es realmente una estructura cristalina por sí misma sino una mezcla más homogénea de ferrita y cementita, que es más dura que la ferrita y más maleable y dúctil que la martensita.

Los investigadores de Ohio determinaron por microscopía electrónica que el proceso de Cola hacía que apareciese una microestructura de martensita, pero salpicada con bainitina y cementita. Una nueva estructura que supera en dureza a la martensita pero manteniendo la maleabilidad de la bainitina. Una posible explicación es que el proceso es tan rápido que los carburos no tienen la posibilidad de disolverse completamente en austenita, lo que hace que permanezcan en el acero en forma de cementita junto con la bainita y la martensita.

Es necesario ahora investigar cómo se comportan otras aleaciones y resolver algunas cuestiones prácticas antes de que este proceso suponga un rejuvenecimiento, en forma de ahorro de costes, menor impacto medioambiental y nuevas aplicaciones, en la vieja industria siderúrgica. Una de esas cuestiones prácticas no menor es el problema de la soldadura: con lo que ha aprendido el lector en este artículo, ¿cómo cree que afectaría el proceso de soldadura a este acero?

Más información y datos técnicos en
http://www.bainitesteel.com/

Lolla, T; Cola, G; Narayanan, B; Alexandrov, B; Babu, S S, Development of rapid heating and cooling (flash processing) process to produce advanced high strength steel microstructures Materials Science and Technology, Volume 27,Number 5, May 2011 , pp. 863-875(13) DOI: 10.1179/174328409X433813

¿Qué sabemos realmente de las neuronas espejo?

En 1992, Giacomo Rizzolatti y su equipo de la Universidad de Parma estaban estudiando un área del cerebro del macaco llamada F5. F5 es un área premotora, es decir, está implicada en la organización del comportamiento, aunque la actividad que se desarrolla en ella no se traduce directamente en órdenes motoras; dar las órdenes es misión de la corteza motora. Los científicos estaban midiendo la actividad eléctrica de las neuronas F5 con electrodos implantados en los cerebros de los macacos. Leer más »

¿Viviendo con el enemigo? Explicación, análisis y proyección del hallazgo de la NASA

cepa GEFAJ-1 de la Halomonadaceae | imagen NASa

Una cepa de bacteria aislada a partir de muestras de un lago salado californiano puede crecer en un medio rico en arsénico, aparentemente usándolo en lugar del fósforo en su ADN y en otras biomoléculas importantes. El descubrimiento, que fue dado a conocer ayer en una rueda de prensa de la NASA y aparece publicado en la web de Science, pone en duda algo que todos hemos aprendido alguna vez en el colegio, a saber, que el fósforo es esencial para la vida en la Tierra. También amplía el rango de lugares en los que tendrá sentido buscar organismos extraterrestres.

Reflexionemos un momento sobre lo sorprendente que es el descubrimiento en sí antes de explorar sus implicaciones. Los seres vivos, se pensaba hasta ahora, están compuestos en su mayor parte de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre. El resto son los llamados oligoelementos: hierro, molibdeno, yodo, zinc, manganeso, etc. Si tienes un complejo vitamínico en casa, lee el prospecto, verás que lleva un montón de estos elementos complementarios pero esenciales. El que no encontrarás es el arsénico. El arsénico es uno de los pocos elementos que se consideran solamente tóxicos (los demás lo son dependiendo de la dosis) y que no tiene ningún papel en el metabolismo. Leer más »

La falacia cosmista: por qué no existe el cosmos y tú crees que sí

Eduard Büsching envió a Albert Einstein una copia de su libro “No hay dios” en 1929. En la carta de respuesta que envió Einstein el 25 de octubre, éste afirmaba que el libro sólo trataba sobre la no existencia de un dios personal y se declaraba seguidor de Spinoza, afirmando:

Nosotros, los seguidores de Spinoza, vemos a nuestro dios en el maravilloso orden y las leyes de todo lo que existe […]

Esta visión del universo por parte de Einstein como un todo ordenado y armónico condicionó su aceptación de los avances que para la física supuso la mecánica cuántica, a pesar de las evidencias experimentales.

Cincuenta años después, Carl Sagan, no pudo sustraerse a la visión del universo como un “cosmos”, un todo ordenado y armónico. En su famosa serie de televisión de este título, afirmaba: “El cosmos está lleno más allá de toda medida de verdades elegantes; de interrelaciones exquisitas; de la sobrecogedora maquinaria de la naturaleza”. Si nos fijamos bien, es la misma idea de Einstein expresada en términos no tan explícitos.

¿Pero existen realmente ese orden y esa armonía? ¿Existe esa maquinaria universal que les habla de un relojero a los seguidores del diseño inteligente? ¿O es solamente una simplificación a la que nos obliga nuestra limitada capacidad para gestionar la información?

A continuación vamos a explorar someramente algunos aspectos de la física que pondrán en evidencia que, científicamente hablando, no podemos afirmar que exista el cosmos. Es decir, no tenemos base para atribuir al universo, más allá de toda duda razonable, un orden y una armonía. Fundamentalmente porque no sabemos cómo es en sí, fuera de los experimentos y de cómo lo percibimos. Veremos por qué hablar de cosmos es una falacia, la falacia cosmista. A continuación exploraremos brevemente por qué caemos en ella. Leer más »

Menú transgénico: de primero cerdo ecológico, de segundo salmón con “ventajas”

No hace mucho el anuncio de la empresa AquaBounty de que estaba próxima la autorización para la comercialización de un salmón transgénico de crecimiento rápido ocupaba titulares de prensa en todo el mundo. Hasta ahora cuando se habla de transgénicos uno suele pensar en maíz o soja, pero hay toda una lista de animales procedentes de la ingeniería genética a la espera de permiso para ocupar los lineales de tu supermercado habitual. Los objetivos en su desarrollo no han sido sólo los de desarrollar animales más productivos, también más ecológicos o más saludables. Repasamos los proyectos más interesantes.

Enviropig | Imagen: Universidad de Guelph

El estereotipo de los cerdos como animales sucios ha sido puesto en entredicho por el ”Enviropig” (Ecocerdo, en traducción libre) de la Universidad de Guelph (Países Bajos) que, si bien crece al ritmo de un cerdo normal, produce menos desechos y necesita menos comida. El Enviropig se creó específicamente para ayudar a solucionar los problemas medioambientales que ocasiona la gestión de purines (parte líquida que rezuma del estiércol) en las granjas de cerdos. Leer más »

Levitación magnética y leche desnatada

Imagen cortesía | Mirica, K. et al.

A la mayoría de la gente la levitación magnética le suena a tren de alta velocidad. Es lo que, efectivamente, permite al Shanghai Transrapid deslizarse sin fricción sobre los raíles hasta alcanzar los 430 km/h. Pero la misma tecnología tiene un uso mucho más de andar por casa: comprobar la calidad de la comida y del agua.

Una forma de identificar la calidad de una sustancia sin recurrir a métodos químicos complejos es determinar su densidad. Ésta no nos dará una composición precisa pero, a menudo, nos proporcionará una aproximación decente, como ya descubriera Arquímedes. Así, por ejemplo, la pureza de los minerales se evalúa en muchos casos de esta manera, como también el contenido en grasa de la leche o de sal en el agua (cuanta más grasa hay en la leche, menos densa; cuanta más sal en el agua, más densa).

El problema es que los aparatos para medir la densidad o son precisos o son portátiles. Los dispositivos que son ambas cosas, como los tubos en U oscilantes, son muy caros (varios miles de euros). Ahora, George Whitesides y sus colegas de la Universidad de Harvard han encontrado la cuadratura del círculo usando los principios de la levitación magnética.

Hay muchos materiales, incluyendo la leche y el agua, que son diamagnéticos, esto es, tienden a ser repelidos por un campo magnético. Su interacción es muy débil como para que pueda ser observada en circunstancias normales, sin embargo, si se les suspende en una disolución apropiada de iones paramagnéticos, que se vuelve magnética en presencia de un imán permanente, se desplazan hacia donde el campo sea más débil, y se quedan allí.

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