Fue lo más avanzado en el arte de la construcción naval; no se escatimó ningún gasto en su construcción.
A estas alturas, el que más y el que menos ha oído hablar del naufragio del Titanic, una tragedia que se desarrolló en medio del Atlántico tal día como hoy de hace cien años que ocupa un lugar especial en la memoria colectiva y que incluye todos los elementos de una película catastrofista de gran presupuesto. Dejando a un lado el aspecto trágico, la historia del Titanicproporciona buenos momentos para hablar de la ciencia que hay tras su construcción, hundimiento, descubrimiento y exploración de sus restos.
Antes de empezar, voy a introducir unos términos náuticos básicos de los que haré uso extensivo y que creo que todo el mundo debería conocer. En un barco, la parte delantera se denomina proa, la parte trasera, popa, el lado izquierdo, babor, y el lado derecho, estribor. Así, virar a babor significa hacer un giro hacia la izquierda y virar a estribor, girar a la derecha.
Construcción
Al construir el Titanic, mis socios y yo confiábamos en crear un buque que no fuera destruido por las amenazas del mar o los riesgos de la navegación. Los hechos han demostrado la inutilidad de esa esperanza.
El Titanic fue el segundo de los tres trasatlánticos de la clase Olympic, un nuevo tipo de barco de pasajeros cuyo concepto era en el tamaño, el espacio, el lujo y la comodidad. Diseñados y construidos sin reparar en gastos por los astilleros Harland & Wolff de Belfast para la naviera White Star Line, se esperaba que plantaran cara a los nuevos trasatlánticos de la Cunard, el Lusitania y el Mauretania.
Aunque la White Star hacía tiempo que había abandonado la velocidad por la comodidad, los buques de la clase Olympic serían lo suficientemente rápidos para que la travesía entre Southampton y Nueva York se realizara en unos siete días, un par de días más de lo que tardaban sus rivales de la Cunard. Leer más »
















