Artículos de David Castro

David CastroDavid Castro | http://www.biounalm.com/ | @davidzote

Biólogo de la Universidad Nacional Agraria La Molina (Lima, Perú) con estudios de maestría en biología molecular. Trabajó primero con plantas, luego con radiofármacos y actualmente lo hace con bacterias intracelulares en el Instituto Nacional de Salud de su país. Escribe sobre ciencia tratando que la gente se interese en ella tanto como él.

¿Cómo se hace un radiofármaco?

No hay dudas que las radiaciones ionizantes son nocivas, pero usadas de manera controlada pueden traer grandes beneficios para la salud. Las radiaciones ionizantes no gozan de una buena reputación, peor aún desde el accidente ocurrido en la central nuclear de Fukushima en Marzo del 2011. No vamos a negar que son perjudiciales, pero si vamos a tratar de reivindicarlas con la sociedad explicando su importancia en el diagnóstico y tratamiento de ciertos tipos de cáncer, por más irónico que parezca.

Básicamente, las radiaciones ionizantes engloban tanto a las ondas electromagnéticas como a las partículas subatómicas que, gracias a la energía que transportan, tienen la capacidad de desprender un electrón de cualquier otro átomo (un proceso conocido como ionización). Cuando una de nuestras biomoléculas pierde un electrón, se vuelve inestable y muy reactiva, afectando su función. Si el ADN es el perjudicado, se generan mutaciones que podrían desencadenar en la muerte de la célula o en el desarrollo de un cáncer.

Sin embargo, no todas las células de nuestro cuerpo presentan la misma sensibilidad a las radiaciones ionizantes. Por ejemplo, las células embrionarias y germinales son más radiosensibles que las células musculares y nerviosas.

En 1906, dos médicos franceses llamados Jean Bergonié y Louis Tribondeau, estudiaron el efecto de las radiaciones ionizantes sobre los tejidos de ratones y promulgaron su famosa Ley de la Radiosensibilidad, la cual se resume en que las células con una mayor actividad mitótica (mayor proliferación celular), menor diferenciación (células madre y multipotentes) y mayor actividad metabólica, son más radiosensibles. Y son precisamente estas características las que están presentes en las células cancerosas.

Entonces, ¿se podrían aprovechar las radiaciones ionizantes para matarlas? Leer más »

¿Cómo empaquetan los virus su ADN?

Los virus infectan tanto células como bacterias porque no pueden multiplicarse por sí mismos. Al hacerlo, usan las moléculas y enzimas de su desafortunado hospedero para replicar su genoma y construir sus cápsulas virales, las cuales son muy parecidas a unas sondas espaciales pero que, en este caso, sólo transportan ADN o ARN con el único fin de repetir el ciclo en otra víctima.

Uno de los procesos clave en toda infección viral es el empaquetamiento del material genético dentro de dichas cápsulas. Este proceso no es tan sencillo como nos lo pintan en los libros, donde vemos que las moléculas de ADN (o ARN) recién copiadas, se encuentran flotando a la deriva en el citoplasma, y como por arte de magia, unas proteínas empiezan a envolverlas para formar nuevos virus que luego son liberados mediante una explosión celular.

Para explicarlo de manera muy sencilla, hoy abordaremos el caso de los adenovirus, los virus del herpes, el virus de la viruela y los bacteriófagos con cola. Todos estos presentan un material genético compuesto por un ADN de doble hebra.

El principal problema con el empaquetamiento es la longitud del ADN. Para que se hagan una idea de lo difícil que es, imaginen que están comiendo unos sabrosos espaguetis; pero este es uno muy peculiar, está hecho por un único fideo de tres metros de largo y  medio centímetro de espesor. Ahora, toman el espagueti por un extremo, se lo ponen a la boca y lo empiezan a succionar hasta terminarlo (OJO: no vale morderlo, ni pasarlo, ni romperlo) [1]. A medida que el fideo va entrando en su cavidad bucal, la velocidad a la que lo hace disminuye, porque la boca está cada vez más llena, y la presión interna aumenta. Leer más »