La masa provoca la curvatura del espaciotiempo (una entidad de cuatro dimensiones en las que una es el tiempo y las tres restantes el espacio), y esta curvatura es lo que denominamos “gravedad”. Esta frase sería a grandes rasgos uno de los resultados principales de la teoría de la Relatividad General de Einstein, que describe la interacción gravitatoria con precisión hasta donde nuestras observaciones pueden comprobar. En ella, la luz se propaga siguiendo una trayectoria que podría considerarse como “recta” en el espaciotiempo, pero que no tiene por qué serlo si sólo tenemos en cuenta su recorrido en el espacio de tres dimensiones al que estamos acostumbrados. Los rayos de luz se desplazan siempre siguiendo la curvatura que la gravedad provoca en el espaciotiempo, y de esta forma son desviados si hay una acumulación de masa cerca.
La desviación de la luz ya había sido predicha y cuantificada hace más de 200 años por parte de Johann Greorg von Soldner usando la física newtoniana y asumiendo que la luz está formada por partículas, y el propio Einstein llegó exactamente al mismo resultado en 1911 usando el principio de equivalencia.
Sin embargo, este valor resultaría ser incorrecto; en 1915, con la teoría de la relatividad General desarrollada, Einstein predijo que el valor del ángulo de desviación debería ser en realidad el doble que el calculado anteriormente, y esto fue confirmado al comparar las posiciones de estrellas cercanas al limbo solar medidas en un eclipse en mayo de 1919, y seis meses más tarde, con el Sol ausente. Esta medida de la desviación de la luz fue la primera evidencia que confirmaría esta nueva teoría de la gravedad, y llevaría a Einstein a la fama mundial. Leer más »







