Artículos de Alfred

Alfred LópezAlfred López | http://www.yaestaellisto.com/ | @yelqtls

Alfred López (Barcelona 1965), administrativo de profesión y actor vocacional está a medio camino entre curioso y chafardero. Amante de la curiosidad y la anécdota breve es autor del blog “Ya está el listo que todo lo sabe” desde enero de 2006. Lleva 3 años colaborando con la emisora RAP107.fm, donde realiza un espacio quincenal sobre curiosidades.

366 curiosidades para descubrir el porqué de las cosas de cada día

En cierta ocasión, Paco Umbral espetó a Mercedes Milá, durante el programa de televisión “Queremos saber”, una de las frases que más famosas se han hecho y más se han repetido en las últimas dos décadas: “¡Yo he venido a aquí a hablar de mi libro!” y eso es lo que pretendo con este post que tan amablemente me permiten publicar en Amazings.es:

Ya está el listo que todo lo sabe: 366 curiosidades para descubrir el porqué de las cosas de cada día

El libro del que vengo a hablar es una recopilación de entradas que pretende dar respuesta a un buen puñado de porqués, cómos, cuándos y dóndes, y estoy seguro que hará las delicias de aquellos a los que les pirran las curiosidades y anécdotas, tal y como llevo publicando desde el año 2006 en mi blog.

Uno de los alicientes del libro es que más de un centenar de las curiosidades incluidas no han sido anteriormente publicadas en mi página  y el resto han sido revisadas, actualizadas o reescritas para tal ocasión.

La editorial que ha apostado por el lanzamiento es Lée|me Libros y las ilustraciones han sido realizadas en exclusiva por Marta Contreras.

Para el prólogo he contado con la inestimable y generosa colaboración de un grupo de bloggers entre los que se encuentra Miguel Artime (Maikelnai) y algún que otro colaborador y amigo de Amazings.es: Álvaro Ibañez (Alvy), José Jiménez Moltó (Kurioso), Carlos Urioste, Víctor Correal, Gina Tost, Eduardo Casado, Miguel Parada y Cayetano Gutiérrez Pérez.

Curioso juego de mesa sobre astronomía de 1804

Con el curioso nombre de “La ciencia en el recreo o los placeres de la Astronomía” (Science in Sport or the Pleasures of Astronomy), en 1804 se comercializó un  entretenido, a la vez que didáctico, juego de mesa.  Estaba realizado sobre tela de lienzo y compuesto por un gran recuadro central y 35 casillas, pintadas a mano, que debían ser recorridas del mismo modo que se hace con el ‘juego de la Oca’. Leer más »

Algunas aficiones poco conocidas de los científicos

Días atrás, mis compañeros en Amazings, Cendrero (El busto de Palas) y Dani Torregrosa (Ese punto azul pálido) publicaban un interesante y curioso post titulado “Rock in Science”, en el que nos hablaban del erróneo estereotipo alrededor de la figura de los músicos de rock  y demostraban como, muchas de las estrellas, tenían una solida e importante formación científica.

Si le damos la vuelta al tema y nos ponemos a pensar en ilustres y famosísimos científicos,  muy probablemente, algunos de vosotros tengáis una concepción equivocada sobre estos, creyendo que, en la mayoría de los casos, se trata de un colectivo de personas aburridas, serias y con una vida dedicada única y exclusivamente a la ciencia, pasando encerrados en un laboratorio la mayor parte de su tiempo.

Pero nada más lejos de la realidad, porque, si nos ponemos a escarbar en la vida de algunos ilustres científicos, podremos encontrar que en su vida también ha habido tiempo para la diversión, el ocio y algunas aficiones de lo más curiosas y sorprendentes.

Gracias a la colaboración e inestimable aportación de mis compañeros amazers, he podido realizar esta entrada, a través de la cual os traeré unos cuantos ejemplos con las aficiones desconocidas (para el gran público) de unos cuantos importantes hombres de ciencia. Leer más »

El perverso experimento del profesor Zimbardo

Cacheando a un hombre

El verano de 1971, Philip Zimbardo, profesor de psicología en la Universidad de Stanford, se dispuso a llevar a cabo un sencillo experimento en el que quería demostrar la frágil y delgada línea que separa el bien del mal.

Para ponerlo en marcha, recibió una beca de la Oficina de Investigación Naval (ONR) del gobierno de los Estados Unidos y cuyo dinero debía servir para financiar todos los gastos que se generarían en las dos semanas que estaría funcionando dicho proyecto.

Se conoció como “el experimento de la cárcel de Stanford” y lo que debía ser una prueba de conducta y resistencia humana acabó convirtiéndose en un perverso experimento, lleno de actos sádicos y crueles.

Los acontecimientos sucedieron del siguiente modo…

Funcionario de prisiones

Philip Zimbardo planteó las siguientes cuestiones: ¿Qué sucede cuando se pone a personas buenas en un sitio malo? ¿La humanidad gana al mal, o el mal triunfa? Para poder dar con la solución buscó un buen número de estudiantes que estuviesen dispuestos a participar en este extraño a la vez que emocionante experimento.

Publicó un anunció en la prensa en el que ofrecía una gratificación de 15 dólares diarios a aquellos estudiantes que quisieran formar parte del estudio. Se presentaron setenta aspirantes de varias poblaciones cercanas y que nada tenían que ver con la Universidad de Stanford. Se les realizó una serie de tets y finalmente se seleccionaron a los 24 candidatos elegidos, a los que se dividió en dos grupos de 9, quedando 6 como reservas: unos serían los policías y los otros debían ser los reclusos.

El profesor Zimbardo y su equipo contó con la inestimable colaboración del cuerpo de policía para el primer día del experimento.

Agentes de policía

El 14 de agosto, agentes reales de la policía se desplazaron a detener a aquellos voluntarios a los que se les había asignado el rol de delincuentes. El operativo estaba perfectamente coordinado para que todo pareciese real.

La policía se presentó en las casas de los delincuentes y estos fueron detenidos, se les leyeron sus derechos y se les trasladó a la comisaría. Una vez allí se les fichó y se les tapó los ojos, subiéndoles a unos coches para llevarlos al sótano del edificio del Departamento de Psicología de la universidad, lugar donde se habían habilitado unas celdas, como si de una verdadera cárcel se tratase, hecho que desconocían los detenidos.

La “cárcel de Stanford” estaba custodiada por un grupo de voluntarios a los que se les había uniformado, provisto de porras y gafas oscuras, con la intención de que no se les viera los ojos.

La mayoría de estos “policías” habían sido escogidos por sus tendencias pacifistas. Muchos de ellos pertenecían a movimientos hippies que por aquellos tiempos tenían como consigna y modo de vida el “haz el amor y no la guerra”.

Se les dio una serie de consignas de cómo debían tratar a los presos y la autoridad que debían ejercer sobre estos. Entre ellas estaba la de desnudarlos, burlarse de ellos, hacerlos sentir vejados… y se lo tomaron tan al pie de la letra que muchos llegaron a practicar una autentica y desproporcionada violencia psicológica.

A los reclusos se les roció con un espray antiparásitos, se les cortó el pelo y se les vistió con sacos, desprovistos de ropa interior. También se les obligó a llevar como gorro una media de mujer y sus tobillos arrastraban una pesada cadena. Con todo esto querían acelerar el proceso de hacerlos sentir humillados y que verdaderamente eran presos.

Las celdas estaban provistas de una serie de micrófonos y cámaras ocultas por las que espiaban todo lo que los encarcelados hacían y decían entre ellos.

Zimbardo, con su experimento se proponía demostrar que cualquier persona a la que se le da una serie de instrucciones y se le expone a una situación límite es capaz de traspasar la línea que separa el bien del mal.

El segundo día se originaron los primeros problemas importantes. Algunos reclusos se quitaron los gorros y arrancaron los números identificativos que llevaban cosidos en el saco que utilizaban como vestido. Se sentían humillados y vejados por el trato desproporcionado que estaban recibiendo por parte de los carceleros.

Estos por su parte, cada vez se tomaban más en serio el papel que les había tocado representar, olvidándose de que se trataba de eso… de una representación.

Un grupo de presos organizaron un motín y fueron reprimidos de forma contundente, aislando a aquellos que encabezaron la rebelión y ofreciéndoles al resto pequeñas “recompensas” si obedecían a las autoridades y no se sumaban a la insumisión.

Los días iban pasando y algunos prisioneros empezaron a mostrar desórdenes emocionales agudos.

El profesor Zimbardo en plena faena

El experimento no pudo ser acabado. El 20 de agosto, seis días después de ponerse en marcha, tuvo que ser interrumpido después de que Christina Maslach, una doctora de la universidad y no familiarizada con el estudio que se estaba llevando a cabo, accedió a la “cárcel de Stanford” para realizar unas entrevistas tanto a los guardias como a los presos y dio cuenta de las pésimas condiciones en las que se hallaban. Escandalizada pidió que se diese por concluido el experimento.

La cincuentena de personas que habían estado observando todo el estudio desde fuera, a lo largo de aquellos días, se habían vuelto inmunes a todas las imágenes y comportamientos que se desarrollaban en el interior, viendo como “normal” lo que allí había estado sucediendo. La única que puso la voz de alarma fue la doctora Maslach.

En ese momento, el profesor Zimbardo decidió dar por finalizado uno de los estudios que más controversia ha levantado: “el experimento de la cárcel de Stanford”

Podéis obtener más info, visionar vídeos e imágenes en los enlaces de las fuentes de consulta:

Web en castellano del experimento: http://www.prisonexp.org/espanol/

Entrevista de Eduard Punset a Philip Zimbardo: http://www.redesparalaciencia.com/2559/redes/2010/redes-54-la-pendiente-resbaladiza-de-la-maldad

Web del libro “El efecto Lucifer” escrito por Philip Zimbardo: http://www.lucifereffect.com/index.html

1926, pánico en la BBC

El sábado 16 de enero de 1926 fue un día especialmente frío y gran parte del Reino Unido había amanecido con una gran capa de nieve. En muchos lugares del país ese día no pudieron salir de sus casas, por lo que el aparato de radio era un buen compañero para pasar el rato escuchando música, entretenimiento y noticias.

Era media tarde y la BBC retransmitía desde Oxford una conferencia académica sobre literatura del siglo XVIII.

A las 19:40 horas, una voz con tono serio interrumpía la emisión para dar la noticia de que un grupo numeroso de desempleados se habían reunido en Trafalgar Square mientras se manifestaban  y jaleaban consignas revolucionarias. Leer más »

El niño al que le salió un diente de oro

El 22 de diciembre de 1585 nacía en la aldea de Weigelsdorf (Silesia), Christoph Müller, un niño al que le creció un diente de oro (un molar inferior izquierdo). Aunque se estimó que fue a la edad de 18 meses cuando le apareció tal pieza dentaria, la noticia no comenzó a conocerse hasta 1593, cuando contaba con 8 años. Estudiosos, médicos, filósofos y curiosos de la época corrieron a investigar el caso y así poder contar esta maravilla al mundo a través de libros y escritos.

Uno de los que más empeño puso en explicarlo fue Jakob Horst, profesor de Medicina en la Universidad de Helmstedt. Horst contactó con la familia del pequeño y le realizó a éste una sencilla prueba que consistía en frotar sobre la pieza con una piedra de toque (utilizada en orfebrería para detectar la autenticidad y calidad de metales preciosos). Leer más »

El hombre que se convirtió en un barco

Ruichar Halliburton, durante su travesía a nado | Fuente

Richard Halliburton (1900-1939) fue uno de esos intrépidos aventureros de principios del siglo XX, que pasó gran parte de su vida intentando realizar emocionantes hazañas.

Durante más de 20 años vivió grandes aventuras como cruzar los Alpes montado en un elefante, volar bocabajo en un biplano sobre el Taj Mahal, escalar montañas, explorar selvas e intentar cruzar el océano Pacifico desde Hong Kong hasta San Francisco en un junco chino, donde desapareció y se le dio por muerto. Leer más »