Brain fails…

¿Qué animal es éste?


Fíjate bien en las manchitas y haz un esfuerzo de imaginación. ¿A qué criatura puede pertenecer esta fotografía? Si quieres conocer la solución, pincha en “leer más” o sigue bajando.
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Computación voluntaria

Era el 11 de diciembre de 1994 y David Gedye celebraba su fiesta de cumpleaños. Por aquel entonces, Gedye estaba trabajando en el desarrollo de un juego on-line para niños llamado Castle Infinity en la compañía Starwave. Mientras charlaba con su colega y compañero de trabajo Craig Kasnov, recordando el 25 aniversario del Apolo XI, pronunció la frase mágica: «si se pudiese hacer ciencia de verdad en los ordenadores de la gente…».

Aquella idea duró más allá de la resaca de la fiesta y se la comentó inmediatamente a Woody Sullivan y Dan Werthimer, quienes habían estado trabajando en el proyecto SETI durante varios años. «La idea de que SETIpudiese ser capaz de utilizar muchos más ciclos de computación fue lo que me animó a comentarles la idea a Woody Sullivan y a Dan Werthimer», comenta Gedye.

La pregunta clave para mí siempre fue “¿podemos hacer ciencia útil con esto?” No quería ser el instigador naïf de un gran desperdicio de atención y de recursos si luego solamente iba a haber una mejora marginal con el poder de (como imaginábamos en aquel momento) decenas de miles de ordenadores domésticos. En realidad, el listón estaba más alto porque el requerimiento real era que había que hacer ciencia de verdad con conjuntos de datos muy pequeños que pudiesen enviarse con los módems de 56K de la época.

Así se plantó la semilla de SETI@Home, un programa que cualquier persona podía instalarse en el ordenador de casa para ayudar a buscar vida extraterrestre mediante el sencillo sistema de ceder aquellos ciclos de CPU que no se están utilizando. Pero fue mucho más: el comienzo del acceso doméstico a la computación distribuida; en lugar de utilizar un ordenador potentísimo para realizar unos ciertos cálculos, se divide el problema en partes más pequeñas y manejables que se resuelven por separado utilizando ordenadores más pequeños.

Todo eso en casa a unos pocos clicks de distancia. Leer más »

Los colores juegan con tu mente

Colocar un color en el contexto adecuado o combinarlo de determinada manera puede producir efectos “extraños” en tu percepción. Stephen L. Macknik y la española Susana Martínez-Conde repasan en un fantástico artículo en Scientific American algunos de los efectos visuales que podemos percibir como consecuencia de este uso del color. El dibujo manga de la imagen, por ejemplo, parece representar a una chica con un ojo de cada color. Los dos ojos son, sin embargo, del mismo tono de gris, pero nuestro cerebro interpreta los colores en función del contexto que les rodea. Este proceso lleva, como dice el artículo, a que el color y el brillo sean “siempre relativos”.

Podéis ver otros ejemplos en: Colors Out of Space. Slide Show (Scientific American) | Vía: @xurxomar. Gracias, Xurxo! :-)

* Remember: Ilusión óptica: ¿hacia dónde mira la chica?

Sable de plata en floración

Crédito imagen: Guy Hamilton | Vista nocturna de un sable de plata en flor.

En esta preciosa foto de Guy Hamilton se muestra un ejemplar de sable de plata del Haleakala, una rara flor que solo crece en la isla hawaiana de Maui, a alturas comprendidas entre los 2100 y los 3000 metros. La imagen en concreto se tomó en el Parque Nacional Haleakala. Según cuenta el autor en la sección Your Shot de National Geographic, esta planta protegida (está en peligro de extinción) vive en torno a los 50 años, florece una sola vez de un modo espectacular (el tallo puede llegar a medir 2 metros de altura) y después muere. Sin embargo, sobre este último dato tengo mis dudas, ya que sin ir más lejos la Wikipedia inglesa comenta que la floración sucede entre julio y octubre.

Sea como sea, la silueta de esta gran flor recortada contra el cielo nocturno de Maui me ha parecido espectacular. Además, el asunto de la supuesta inexactitud del relato del fotógrafo me ha recordado que en Amazings no tenemos experto en botánica ¿Algún bloguero especializado entre los lectores que pueda aclarar mis dudas?

Actualización: Muchas gracias a los lectores, en efecto parece que la afirmación de Guy Hamilton es correcta, y que la planta solo florece una vez en su vida, cuando alcanza el tamaño adecuado, tras lo cual muere.

Cuestión de prioridades, la infografía.

La infografía que véis arriba la realizó Daniel Marín para un artículo titulado “Cuestión de prioridades” en el que intentaba desmitificar esa idea tan extendida de que la exploración espacial es cara. Para ello comparaba los presupuestos de los equipos de fútbol de la liga española con el presupuesto de la agencia espacial Rusa en el año 2010.

El resultado era bastante similar (1778 millones de euros de presupuesto para la primera división de fútbol – 1900 millones de euros para Roskosmos) y la moraleja bastante decepcionante: cuesta casi lo mismo sostener la más activa de las agencias espaciales que contemplar a 22 tipos corriendo tras un balón los domingos por la tarde.

Y es que, de todos los cuentos que nos han soltado durante los últimos años, el más flagrantemente absurdo y falso es el de “No hay dinero para la ciencia“. Desde 2009 el presupuesto destinado a la ciencia se ha recortado con la excusa de la crisis económica. Una increíble y mágica excusa que parece servir para recortar de un lado y no obstante, sin contradicción aparente, supone la base para sacar de otro…

Entonces recordé la frase…

En salvar a los bancos, europeos y norteamericanos hemos comprometido dinero suficiente para hacer unas mil misiones tripuladas a Marte y mantener el CERN durante más de diez mil años: las dos cosas a la vez y pagadas a tocateja con un solo cheque.

Menos mal que no había pasta, ¿eh?

La Pizarra de Yuri

Con la tabla de Daniel en mente, y repasando la reciente noticia del cierre del Instituto SETI por recortes en el presupuesto (al parecer los 2,5 millones de dólares que cuestan anualmente las 42 antenas del Alley Telescope Array y el programa SETI son demasiada carga económica para algunos), se me ocurrió ampliar la infografía con una barra más.

La idea es simple: Una imagen vale más que mil palabras. Leer más »

Ese modesto péptido

Suricata | Suricata suricatta

La suricata (Suricata suricatta) es una mangosta. Su nombre, que proviene del suahili, significa “gato de roca”. Es de pequeño tamaño y habita en las zonas áridas y abiertas del sur de África. Es un mamífero social. Forma grupos de hasta 50 individuos en los que una pareja de adultos dominantes son los principales reproductores. Los demás adultos proporcionan apoyo en el cuidado y alimentación de las crías y les enseñan a tomar decisiones de alimentación correctas. Además, cooperan en las tareas de vigilancia del grupo y excavan hondonadas para dormir o para protegerse del sol. Y en todas estas tareas, la oxitocina desempeña una función esencial.

La oxitocina es una interesante hormona. Cuando un bebé humano succiona el pezón materno, se libera al torrente circulatorio desde la neurohipófisis, y actúa provocando la secreción de leche y su conducción hasta la cámara desde donde la extrae el bebé al succionar. Otro de sus efectos consiste en estimular las contracciones uterinas antes y durante el parto; por esa razón en ocasiones se recurre al suminstro de oxitocina por vía introvenosa a la parturienta cuando, por las razones que sea, se pretende provocar el parto.

Pero resulta que, además de cómo hormona, la oxitocina también actúa como neurotransmisor cerebral. Los neurotransmisores son mensajeros químicos que transmiten información de una neurona a otra o de una neurona a una célula muscular. No es en absoluto sorprendente que una misma sustancia pueda actuar como neurotransmisor o como hormona, ya que ambas funciones son, en lo esencial, la misma: transmitir información.

Las vías neuronales en las que participa la oxitocina están relacionadas con los vínculos y las relaciones sociales y afectivas. La inhalación nasal de oxitocina aumenta la capacidad para inferir el estado emocional de las otras personas y también aumenta la confianza en los otros. Las personas con elevada actividad en los sistemas neuronales basados en ese neurotransmisor tienden a ser personas imaginativas, empáticas e igualitarias, y tienden a poseer habilidades sociales. La oxitocina está implicada en el establecimiento de vínculos entre individuos en diferentes contextos (relación de pareja, madre e hijo y otras) y sus niveles corporales se elevan en respuesta a caricias o voces reconfortantes. Pero además de lo anterior, también tiene lo que podríamos considerar un “lado oscuro”, puesto que, a la vez que promueve la cooperación y apoyo a los miembros del propio grupo, favorece el comportamiento agresivo de defensa frente a los de otros grupos. En otras palabras, la oxitocina es responsable del comportamiento etnocéntrico.

La oxitocina no es un neurotransmisor o una hormona exclusiva de los seres humanos. Forma parte de la dotación de mensajeros químicos de todos los mamíferos y, más aún, todos los vertebrados cuentan con alguna variedad de oxitocina (nonapéptido de composición similar) que cumple funciones relacionadas con la reproducción.

En un experimento cuyas conclusiones se han publicado recientemente, se ha estudiado el efecto que causa el suministro periférico de oxitocina en los comportamientos cooperativos de las suricatas. Los investigadores utilizaron grupos de individuos de esta especie porque son cooperativos y porque se prestan especialmente bien a este tipo de experimentos: toleran con facilidad el contacto con seres humanos y no se resienten en absoluto al ser pinchadas. Es, pues, un modelo experimental excelente en estos estudios.

A tenor de los resultados obtenidos, el suministro de oxitocina acentúa todos los comportamientos cooperativos. Las suricatas a las que se les había inyectado la hormona, por comparación con las que habían recibido una dosis de solución salina, mostraron mayor generosidad al alimentar a las crías; también dedicaron más tiempo a las tareas de vigilancia y a la excavación de hondonadas para dormir y protegerse del sol, y redujeron las agresiones a las otras suricatas adultas del grupo.

Así pues, está claro que la oxitocina modula ese tipo de comportamientos “prosociales” y lo hace además sobre el conjunto de ellos. Se trata, como señalan los autores del trabajo, de un único “síndrome” con una base común. Y muy probablemente, el carácter de “síndrome común” de los comportamientos modulados por la oxitocina tiene carácter general en el conjunto de los mamíferos sociales.

La investigación con las suricatas no dilucida el modo de acción de la oxitocina. Los investigadores suministraban dosis periféricas mediante inyecciones y esas dosis surtían sus efectos en forma de comportamientos que, al fin y al cabo, son productos del encéfalo. Por esa razón, no sabemos si parte de la oxitocina inyectada cruzaba la barrera hematoencefálica, -que es la que separa el encéfalo del sistema circulatorio general-, o si, por el contrario, se unía a receptores periféricos que acababan incidiendo, -por vía nerviosa-, en el sistema nervioso central.

Un último aspecto de interés es el relativo a las contrapartidas que sufrieron los individos sometidos al tratamiento experimental. Porque además de los efectos sobre el comportamiento prosocial, la oxitocina también provocó otros efectos no tan deseables. Los individuos inyectados con la hormona redujeron el tiempo destinado a buscar alimento y, como resultado, comieron menos que los inyectados con solución salina. Así pues, el comportamiento colaborativo, si bien es bueno para el grupo, no lo es tanto para el individuo. Por eso, es de suponer que en condiciones naturales, las dos componentes han de estar suficientemente compensadas. Esto es, deben estar equilibrados el comportamiento en beneficio propio (búsqueda de alimento) con el comportamiento colaborativo. Y en ese equilibrio la oxitocina juega, seguramente, un papel determinante. Pero esa es la oxitocina endógena, aquella cuya síntesis, liberación y recepción, son la consecuencia de la dotación genética de los individuos, así como de las experiencias previas a lo largo de la vida.

Los seres humanos no somos, seguramente, tan diferentes de las suricatas en estos aspectos de la fisiología neuroendocrina y el comportamiento dependiente de aquélla. Así pues, cada vez que experimentemos impulsos de colaboración con nuestros semejantes, debemos pensar que parte de la culpa la tiene ese péptido que, aunque modesto en su formulación, surte efectos fisiológicos de gran importancia.

John R. Madden y Tim H. Clutton-Brock (2011): “Experimental peripheral administration of oxytocin elevates a suite of cooperative behaviours in a wild social mammal” Proceedings of the Royal Society B 278: 1189-1194

Otra de arañas, ésta con final sorpresa


Qué puedo decir, salvo que no conviene cantar victoria antes de tiempo. En los comentarios del vídeo el autor explica cómo captó la escena casualmente en su jardín. Vía Reddit

Charlando con Natalio Grueso en el Niemeyer

Cuando hace unos años, el mundialmente famoso arquitecto brasileño Oscar Niemeyer accedió a regalar a Avilés un proyecto, como agradecimiento a la concesión en 1989 del Premio Príncipe de Asturias de las Artes, algo comenzó a cambiar en la ciudad. La villa, tercera en importancia y tamaño en la región, y en constante reconversión desde los tiempos en que el INI la consideraba una joya industrial, comenzó a adaptarse a los tiempos que le tocaban por venir. Había que reconvertirse en ciudad de acogida del apetecible turismo cultural. ¿Se repetiría en Avilés el famoso efecto Guggenheim que vivió Bilbao?

Ahora, en el mismo mes de la inauguración del Centro Cultural Niemeyer, cuando las curvas siluetas de sus edificios copan espacios en la prensa de medio mundo y las primeras 250.000 personas ya han venido a conocerlo, en Amazings hemos querido charlar con el director del complejo: Natalio Grueso. Este hombre tímido y pausado, que para asombro de los avilesinos logró convencer (entre otros) a figuras de la talla de Woody Allen, Kevin Spacey o Brad Pitt para que colaboran en las actividades o visitaran la ciudad, nos habla sobre el futuro del centro y el papel que la ciencia jugará en su programación.

Podéis leer la entrevista que le hicimos en Quo.

Artículo recomendado: Secretos del centro Niemeyer

El creacionismo también evoluciona