¡Necesito … velocidad!

Mucha gente está descontenta estos días a tenor de la reducción en la velocidad máxima en autovías y autopistas.  A qué negarlo, pisamos fuerte el acelerador, y nos encanta.  No importa lo que nos diga el señor Rubalcaba, para sentirnos bien en la carretera necesitamos velocidad.  No tanta como la que obtenía Tom Cruise cuando se entrenaba en la academia Top Gun, pero qué le vamos a hacer.  También necesita velocidad Fernando Alonso en el circuito, un velocista para batir el récord de los 100 metros lisos, e incluso Rafa Nadal para machacar a Federer con sus saques. En el caso de las carreras que aparecen en películas tipo Fast and Furious, los protagonistas echan mano de todo tipo de trucos: vehículos con líneas aerodinámicas, motores de gran cilindrada, óxido nitroso.  El objetivo es alcanzar la máxima velocidad, y en consecuencia llegar el primero a la meta, ganar el premio y llevarse a la chica.

Esto resulta necesario porque en la Tierra hemos de vencer un enemigo engorroso: el rozamiento.  Cualquier fuerza, por pequeña que fuese, permitiría a un objeto alcanzar cualquier velocidad.  Dame una pista sin rozamiento sin más rozamiento que el necesario para que agarren las ruedas [Gracias, Dodo], e incluso un Seat 600 alcanzará los 300 km/h (con permiso de la Guardia Civil).  Las naves más veloces que tenemos, las sondas espaciales Voyager y Pioneer, ya han abandonado el Sistema Solar.  Y, puesto que no hay prácticamente nada que las frene, tarde o temprano saldrán incluso de nuestra Galaxia.   Pero pongamos nuestro coche en punto muerto, y pronto se acabará deteniendo.  Eso es debido al rozamiento.

De hecho, la necesidad de mantener el pedal del acelerador pisado (y, por tanto, consumiendo combustible) se debe a que el motor debe luchar contra dos fuerzas que tienden a frenar el vehículo.  La primera es la fuerza de rozamiento entre las ruedas y el asfalto.  Esa es una fuerza que no podemos reducir.  Corrijo: que no nos interesa reducir.  Es la fuerza que nos mantiene pegados a la carretera, la que nos permite girar y maniobrar.  Cuando nos encontramos una región con poca fuerza de rozamiento, como una carretera helada, el coche se convierte en una piedra ingobernable.

La segunda fuerza de rozamiento se debe a la fricción aerodinámica.  Al avanzar, tenemos que ir apartando aire, y eso requiere energía.  Esa fuerza de fricción con el aire puede reducirse haciendo el vehículo más “aerodinámico”, esto es, con líneas curvas que penetren mejor en el aire.  Cualquier coche de hoy día tiene el morro afilado, la carrocería curva, el parabrisas inclinado, todo eso calculado en ordenadores y probado en túneles de viento para que el aire estorbe lo menos posible a su paso.

A pesar de eso, a altas velocidades es la fuerza aerodinámica la que provoca mayores problemas.  El motivo es que el rozamiento con el suelo es más o menos independientes de la velocidad.  Sin embargo, la aerodinámica es proporcional al cuadrado de la velocidad.  Un coche a 140 km/h consumirá cuatro veces más, por kilómetro recorrido, que uno que circule a 70 km/h.

Es con este trasfondo físico como podemos evaluar la reciente decisión del Gobierno de limitar la velocidad máxima en autovías y autopistas de los actuales 120 km/h a 110 km/h.  Según los cálculos iniciales del Gobierno, el ahorro será de un 15% para vehículos de gasolina y un 11% para los de gasóleo.

Si suponemos en primera aproximación que el consumo en litros/100 km es proporcional a la fuerza de rozamiento, y que esta es sobre todo la de tipo aerodinámico (la de rozamiento es proporcionalmente menor a altas velocidades), resultaría que una disminución del 9% en la velocidad máxima (de 120 a 110 km/h) implicaría una reducción en el consumo de aproximadamente el 16%.  Una cifra nada desdeñable, máxime si tenemos en cuenta que buena parte de la factura del petróleo en España se va en llenar los depósitos de nuestros vehículos.

Este modelo simplificado tiene algunos inconvenientes.

En primer lugar, presupone que el consumo de combustible que hace el vehículo es directamente proporcional a la velocidad al cuadrado, y eso no es cierto si tenemos que efectuar cambios de marcha.  Uno de los problemas en la propuesta de limitar la velocidad en ciertas carreteras catalanas de 100 a 80 km/h es que, en lugar de tener vehículos con la quinta marcha circulando a 100, los tendremos a 80 circulando a cuarta.

Problemas parecidos pueden darse en los centros urbanos, donde muchos ayuntamientos están reduciendo la velocidad máxima de 50 a 30 km/h. El cambio de marcha hará que el consumo de energía no disminuya tanto como los cálculos iniciales pudieran darnos a entender, y puede incluso aumentar en determinadas circunstancias.

Pero, puesto que pocos vehículos pueden ir a 110 km/h en cuarta, se supone que este factor no será relevante.  Es ese el motivo por el que el Gobierno reduce solamente el límite de velocidad en las vías más rápidas.  Ahora bien, esta medida solamente permitirá ahorrar combustible a los vehículos que antes podían circular a 120 km/h.  Los que, por su construcción o por restricciones legales, no podían llegar a 110 km/h (camiones, autobuses, furgonetas) no podrán beneficiarse de esta medida.  Así que reducir en un 15% el consumo de un turismo no conlleva reducir en la misma cantidad el consumo global.   Tendríamos que dejar fuera de la ecuación a los vehículos pesados, que superan el 10% en kilómetros recorridos en España.

Un segundo problema, que muchos antes que yo ya han apuntado, es que, sencillamente, los vehículos capaces de circular a 120 km/h no siempre lo hacen.  En vías lentas y urbanas, !seguro que no!  Solamente lo podrán hacer cuando se encuentren en autovía o autopista, y eso suponiendo que no nos caiga encima uno de esos embotellamientos de tráfico descomunales (yo, ayer mismo).  Según el Anuario Estadístico 2009 del Ministerio de Fomento, casi la mitad de los vehículos que circulan en autovías lo hacen a menos de 100 km/h; el 15% superan los límites de velocidad actuales de 120 km/h; y un 35% conduce entre 100 y 120 km/h.  Si suponemos (a falta de otros datos) que la mitad de ese 35% conduce entre 110 y 120 km/h, serán esos conductores los que tendrán que pisar el acelerador algo menos.

En ese caso, un ahorro del 16% de combustible para el 17.5% de los conductores de vehículos ligeros, que son a su vez un 90% del total, nos daría un ahorro promedio del 2.5%, bastante lejos del 11-15% del inicialmente calculado.  Esa cifra presupone que los vehículos ligeros consumen la misma cantidad de litros/100km que los pesados, lo que hace que nuestra cifra pueda bailar arriba o abajo.  Digamos que podríamos ahorrar en torno a un 2-3%

Resulta interesante resaltar que unas recientes matizaciones del Ministro de Industria, Miguel Sebastián, confirman mis datos.  En el programa Herrera en la Onda, el Ministro matizó que el ahorro del 15% (16% según mis cálculos) solamente se produciría en el caso de que el conductor condujese a 110 km/h de modo constante.  Sus nuevas cifras de ahorro global son del 3%.  Muy similares a las que hemos obtenido aquí con cálculos sencillos.

Queda ahora el problema de determinar si un ahorro promedio del 3% es suficiente como para justificar el cambio en nuestros límites de velocidad de autovías y autopistas.  Ahorro del que, me temo, tendremos que descontar las multas con los nuevos límites.  Por si acaso, no corran, que tampoco hay tanta prisa.

“Fue como saltar desde un precipicio”

El 14 de noviembre de 1984, a 340 kilómetros sobre las islas Bahamas, el comandante Dale Gardner saltó desde la cubierta del Discovery y llevó a cabo una de las travesías más escalofriantes jamás realizadas por un ser humano. Desprovisto de cualquier tipo de sujeción, Gardner avanzó alrededor de 50 metros en la soledad del espacio y se acopló al satélite Westar VI para arrastrarlo de vuelta al transbordador. Hoy, 26 años después de aquella hazaña, Gardner recuerda con extrañeza el episodio. Se siente triste porque el programa Shuttle que le permitió viajar al espacio termina este año y asegura que fueron los momentos más intensos de su vida. Así lo ha recordado para Amazings en la revista Quo:

Seguir leyendo en: Dale Gardner, el astronauta más valiente de la historia (Quo)

Metáforas que condicionan

La pluma es más fuerte que la espada, que la pistola, que el cañón y que la bomba atómica. Dejen suelta una idea y, si es buena, verán que no importa cuántos libros se quemen, que seguirá infectando nuevos cerebros, incluso aunque sus portadores no se den cuenta de ello.

Gracias a Mind Hacks he descubierto un estudio publicado recientemente en PLoS ONE titulado Metaphors We Think With: The Role of Metaphor in Reasoning y que demuestra mediante un sencillo experimento cómo las metáforas incluidas dentro de un texto influyen de forma significativa en la percepción que el lector tiene sobre el contenido. Es más: en muchos casos el propio lector ni siquiera sabe que su punto de vista está siendo llevado de la mano hacia una posible conclusión o hacia otra.

1485 estudiantes participaron en el estudio, consistente en cinco experimentos diferentes que utilizaron textos distintos para describir el problema de la alta criminalidad en la ciudad de Addison. De forma básica, los experimentos consistían en un párrafo corto que empleaba la metáfora del crimen como una bestia que acechaba a la ciudad, o como un virus que infectaba a sus habitantes. Cada experimento planteaba una pequeña modificación de esta premisa. El texto inicial fue el siguiente:

Crime is a {wild beast preying on / virus infecting} the city of Addison. The crime rate in the once peaceful city has steadily increased over the past three years. In fact, these days it seems that crime is {lurking in/plaguing} every neighborhood. In 2004, 46,177 crimes were reported compared to more than 55,000 reported in 2007. The rise in violent crime is particularly alarming. In 2004, there were 330 murders in the city, in 2007, there were over 500.

(El crimen es {una bestia salvaje que amenaza / un virus que infecta} la ciudad de Addison. El índice de criminalidad en esta ciudad, antes pacífica, se ha incrementado de forma constante durante los últimos tres años. De hecho, estos días parece que el crimen está {acechando / plagando} cada barrio. En 2004 se denunciaron 46.177 crímenes, comparados con los más de 55.000 denunciados en 2007. El aumento de los crímenes violentos es particularmente alarmante. En 2004 hubo 330 asesinatos en la ciudad; en 2007, más de 500.)

Después de leer los textos, se pidió a los voluntarios que completasen un breve formulario proponiendo soluciones para este problema. ¿Qué prefieren: más castigo para los criminales o más soluciones sociales? Ah, dependerá del texto (ver gráfica).

Proporción de soluciones propuestas dependiendo de la metáfora empleada en el texto

También se pidió a los participantes que expresasen su género y sus simpatías políticas. Como es de esperar, los hombres republicanos eran más partidarios del castigo que las mujeres demócratas. Sin embargo, estas diferencias fueron de un 8 – 9%, mientras que las debidas al uso de una u otra metáfora fueron de entre el 18% y el 22%. Además, los republicanos se vieron menos influidos por las metáforas empleadas.

¿Qué porcentaje de los voluntarios se dio cuenta de que la forma en la que el texto estaba redactado influía en su decisión final? También se preguntó: el 3%.

Efectivamente, en muchas ocasiones es muy difícil hablar de temas complejos sin emplear metáforas que ayuden a explicar nuestro punto de vista. Como se puede pensar, estas metáforas, elegidas para dar al discurso una forma que nos agrada, también están destinadas a modelar la forma en la que nuestro interlocutor percibe el problema. Este estudio de Thibodeau y Boroditsky pone de manifiesto que esta influencia no solamente ocurre y produce un efecto mayor que el que pueden ocasionar nuestros propios prejuicios, sino que además la mayoría de las veces actúa sin que nadie se dé cuenta de ello.

¿Qué magnetismo ni qué niño serbio?

Imagen de previsualización de YouTubeDe un tiempo a esta parte, he visto múltiples referencias a las supuestas capacidades magnéticas de un niño serbio, al que parece adherírsele toda clase de objetos metálicos. Lo extraño es que como se aprecia en el vídeo, los “poderes” magnéticos del niño actúan con objetos de plástico (un mando a distancia) y porcelanas. ¿De verdad puede una persona ser tan “atractiva”?

Puede ser, pero la explicación no tiene nada que ver con el electromagnetismo, sino con la grasa corporal. No todas las pieles son iguales aunque todas son ligeramente pegajosas. Lo que sucede es que algunos tipos de piel, simplemente son más pegajosas que otras, y esto es lo que le pasa al imberbe niño serbio. Tal y como cuentan en Livescience, si uno acercase una brújula al niño no se obtendrían variaciones, la aguja seguirá señalando al norte. Y si untásemos la suave y lisa superficie corporal del niño con polvos de talco (o si simplemente tuviera más vello), su peculiaridad adherente desaparecería. Además, si nos fijamos, el niño se inclina hacia atrás ligeramente para que no se le caigan los objetos, y es que magnético no es, pero tonto tampoco.

La explicación al por qué los objetos duros y densos (o de energía superficial alta) como las cucharas de acero, se pegan a las sustancias de energía superficial baja como los aceites dérmicos producidos naturalmente por el sudor del niño, radica en la tendencia que muestran las energías superficiales altas a acudir a estados energéticos menores.

En fin, que me perdone el espabilado del padre del niño serbio (que seguro que está consiguiendo algún beneficio con toda esta absurda historia), pero si me dan a elegir preferiría contar con el magnetismo del malogrado Paul Newman.

Cómo tratar con la pseudociencia

Propuesta humorística de escudo para la Universidad de Zaragoza | imagen: @Digital_plier

John Beddington, asesor científico principal del gobierno británico, propone que las pseudociencias sean tratadas de un modo semejante a como se trata el racismo o la homofobia, por poner dos ejemplos.

Creo que exagera. ¿Llamaríais racista u homófobo a una persona que tan solo es un mentiroso o un estafador? No, ¿verdad? Y si queremos ser justos hay que llamar a las cosas por su nombre.

Imaginad que una industria farmacéutica os esté vendiendo unas pastillas que no son más que un comprimido salino alegando que tienen un determinado efecto, bien sea curar una enfermedad, bien sea aliviar un dolor. Imaginad que dicha industria lo sabe. Vosotros las tomáis y os funcionan, ya que ejercen un efecto placebo que os alivia; o ni eso, pues lo que tenéis se cura solo. Un buen día sale a la luz y os enteráis de que esas pastillas no hacen nada ¿No diríais que son unos ladrones? ¿No pediríais que encerraran a todos sus responsables y que os devolvieran el dinero por una estafa o que les pusieran una buena multa? Leer más »

Alerta Magufo: La Universidad de Zaragoza vuelve a hacer el ridículo

La Universidad de Zaragoza está empezando a convertirse en un caso de ridículo a nivel global. Tras la creación de una cátedra dedicada a la homeopatía y con unos gestores académicos que no dudan en unir el nombre de la ciudad y de su Universidad a cualquier tipo de evento pseudocientífico, ahora nos llegan con su nueva oferta: Hipnoterapia Astrológica.

Podrás encontrar todos los detalles de esta descabellada terapia en el artículo que Javier Armentia le dedica, además de animaros a que uséis los correos eléctrónicos abajo mencionados para expresar libremente vuestra opinión sobre lo que está ocurriendo con esta Universidad.

El artículo nos lo envía nuestro particular estagirita escéptico y merece la pena leerlo: Universidad De Zaragoza: La Más Psico-Hipno-Astrológica (También)

Carta abierta de un científico sin complejos

Por esto estamos aquí. El Unobtainium. Porque esta piedrecita gris se vende a veinte millones el kilo. Ese es el único motivo. Es lo que paga todo este montaje, lo que paga tus conocimientos científicos, ¿capici?

Avatar (2009), James Cameron

Algunos políticos creen que el único motivo de la ciencia y la tecnología es crear nuevos procesos productivos, nuevas empresas, nuevos puestos de trabajo.  Creen que algo llamado “ciencia aplicada” se lo puede conseguir, y que es como un café de máquina: se echa una moneda, y a los pocos minutos tienes la bebida calentita en el vaso.

Como contraposición, se inventan una cosa llamada “ciencia básica”, que para ellos suele ser todo lo que no tenga aplicación productiva inmediata.  Amazings todavía colea con los comentarios de Sarah Palin: “Las subvenciones se van en investigaciones que no sirven para nada, como esos estudios con la mosca de la fruta…“  Por supuesto, si luego llega una plaga de mosquito tigre a su Estado y necesita saber cómo combatirlo, esos estudios que no sirven para nada le vendrán de perlas, pero mientras tanto, queda bonito eso de erigirse en adalid del despilfarro.

Aquí no tenemos a Sarah Palin.  Tenemos algo peor.  Se llama Cristina Garmendia, y es Ministra de Ciencia e Innovación.  Dejando aparte que el nombre de su ministerio es una redundancia, esta señora se ha quedado a bien publicando un artículo titulado por una ciencia de calidad y sin complejos, donde desarrolla una curiosa teoría.

Según ella, los científicos españoles somos unos quejicas.  No nos basta con los aumentos presupuestarios descomunales de los últimos años, queremos más y más. Y si no, nos enfadamos.  Menos pucheros y más convicción, nos dice. Leer más »

Preparados para el tercer brazo

¿Podemos asimilar que tenemos más de dos brazos o dos piernas? La concepción clásica en neurología nos dice que nuestros cuerpos se desarrollan con un plan de desarrollo simétrico y que el diseño del propio sistema nervioso nos programa para esta simetría de manera innata. Un grupo de neurocientíficos del instituto universitario Karolinska ha publicado un estudio en PlosONE en el que demuestra que nuestros esquemas neurológicos son más versátiles de lo que pensábamos y pueden adaptarse a la existencia de nuevas extremidades.

Leer más en: Nuestro cerebro está preparado para asimilar la existencia de miembros extra (lainformacion.com) <- No os perdáis los vídeos :-)

Los siete pecados celulares

Seven | David Fincher (1995)

Si las células individuales fuesen conscientes de sí mismas (¿o sería mejor decir inconscientes…?) de la misma manera que los somos los humanos, probablemente también habrían inventado sus propias religiones para adorar a seres imaginarios y establecer unas reglas morales totalmente aleatorias. Teniendo en cuenta que esto fuera así, ¿cuáles serían entonces los siete pecados capitales de estas células humanizadas imaginarias?

Os propongo un ejercicio de imaginación para que especulemos sobre estos pecados teniendo en cuenta actividades reales que realizan las células en los seres vivos, lo cual nos servirá como excusa para contar brevemente y de forma sencilla algunos conceptos interesantes relacionados con las células. Por tanto, empecemos ya a determinar cuales serían los SIETE PECADOS CELULARES: Leer más »

Los jinetes de la pseudociencia