Bite the bullet (Muerde la Bala) es una estupenda película de 1975 dirigida por el gran Richard Brooks. Se trata de un western atípico con un reparto también atípico: Gene Hackman, Candice Bergen y el legendario James Coburn. No recuerdo bien porque se titula de esa forma, pero me viene de perlas para soltar una frase: hay cosas que es mejor no morder.
También hay cosas que es mejor no lamer, y no me estoy refiriendo a lo que están pensado. Es que me he acordado de la anécdota que nos contaba un gran profesor de arqueología allá en mi primer añito de universidad. Resulta que, como cualquier arqueologo sabe, para identificar un mineral in situ y de manera rápida, una piedra, un hueso, lo mejor es llevárselo a la boca y comprobar a que sabe. Pues el simpático profesor les hacía pasar una prueba de no muy buen gusto a los arqueólogos novatos.
Les daban un coprolito para que lo identificasen, ya se pueden imaginar cómo, sin decirles que era un coprolito, claro. El resto se lo imaginan. (Para quienes desconozcan lo que es un coprolito, no es más que excrementos fosilizados, de cualquier animal prehistórico, incluido el hombre).
Todo esto me sirve de introducción para exponer una máxima: que a nadie le gusta morder mierda, pero en ocasiones es necesario o inevitable, vaya usted a saber. Y si pensaban que en esto no hay ni pizca de sentido científico, pues voy a decepcionarles. Un descubrimiento reciente pone de manifiesto la delgada linea que existe entre lo que es comida y lo que no lo es. Dos coprolitos hallados en las playas de Maryland (USA) muestran claramente las marcas de haber sufrido una terrible dentada de tiburón miocénico, de una de las muchas especies de tiburón que pululaban por allí hace 14-19 millones de años.
Los investigadores no han podido averiguar a que animal pertenecían las heces, pero a juzgar por las dentelladas debían estar sabrosas, por lo menos para un tiburón. Suponen que pudieran ser de cocodrilo, por comparación.
No sé a ustedes, pero a mí en este asunto me da igual que tipo de tiburón fuera, si eran o no de cocodrilo las heces, o cualquier otra cuestión. Lo que me intriga sobremanera son las razones del tiburón para comer mierda. Dicen los expertos que es extraño que el tiburón tratara de comérselas a propósito. Jamás se ha visto algo así. Una opción sería que el tiburón las mordiese…para ver si eran comestibles. Pero la profundidad de las marcas no sustenta esa teoría. Finalmente, la opción más factible es que el tiburón mordiese los intestinos de alguna presa con tal fuerza que atravesaran la carne y sus dientes se imprimiesen en las heces del animal, que serían expulsadas instantes después a la muerte de su propietario.
Pero de momento es sólo una teoría. Y no tiene por que ser la correcta. Como afirman los autores de este descubrimiento en su artículo publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology:
They remind us that fossils are not just inert remains. They are the last vestiges of living creatures and every single fossil, from the most common shell to rare treasures like shark-bitten croc poop, tell us about what ancient life was like. We cannot answer all the questions we have, but discoveries such as these allow us to reconstruct the past in way usually only possible in our imaginations.
Parece increible todo el entusiasmo que un trozo de heces puede suscitar en las mentes de adictos a la historia y la arqueología, entre los que me incluyo. Pero creo que lo merece. La próxima vez que vean Muerde la Bala acuérdense del tiburón, y de su contribución inestimable a la reconstrucción de nuestro pasado más cercano (o lejano).
Vimos la historia en Brian Switek, uno de los mejores blogs sobre Evolución, fósiles e historia de la ciencia.







10 comentarios | Responde | Suscríbete
La anotación me parece cuanto menos curiosa. Da que pensar sobre la cantidad de coincidencias que pueden registrarse en un trozo de roca.
Al margen, tengo una duda lingüística. Es “No se a ustedes” como en la anotación o “No sé a ustedes”?
La película se titula “Muerde la bala” porque uno de los personajes tiene un grave problema dental y le fabrican una funda con el casquillo de una bala en la que introducían heroína como analgésico.
“Lo que me intriga sobremanera son las razones del tiburón para comer mierda”
Esa frase me encanta!, intentare introducirla en todas mis conversaciones de hoy
Bullet* – una sola t
“También hay cosas que es mejor no lamer, y no me estoy refiriendo a lo que están pensado.”
¿? WTF!
Créeme que los geólogos / antropólogos / arqueólogos no chupamos las rocas y huesos par distinguirlos por el sabor, si no por la porosidad de estos últimos que se quedan pegados a la lengua. Y he visto a más de uno chupar un coprolito.
Por qué no pensar que le gustaba? Mi perro cuando era chico comia caca cuando nos distraiamos (la propia, y hasta de caballo). Por suerte le sacamos ese habito.
Saludos, buen blog.
En realidad no es más que otro pedazo de piedra, no le veo nada extraordinario o desagradable a que un geólogo lo chupe para estudiar la muestra in situ; un coprolito no conserva materia orgánica, sólo la forma, si he entendido bien cómo se forman los fósiles.
Se supone que “morder una bala” de plomo era un recurso para que el paciente de una herida (un soldado en campaña) que iba a ser curada sin anestesia, tuviera algo en qué entretenerse para no gritar al sentir el dolor.
Me recuerda esa historia de cuando papá tiburón con su hijo tiburón se encuentran a unos náufragos en una balsa. Le dice el papi:
“Mira, hijo, te voy a enseñar como cazar humanos: primero asomamos un poco la aleta”
Y lo hacen.
“vale, ahora que nos han visto, la asomamos del todo y damos varias vueltas alrededor de ellos” Y lo hacen.
“Y ahora nos lanzamos ¡y nos los comemos!!”
Terminado el banquete, el pequeño le pregunta a su padre “Tengo una duda… ¿por qué tanta vuelta y tontería? ¿por qué no nos lanzamos directamente a comérnoslos?”
“Porque” responde el gran tiburón, “saben mejor una vez que se han vaciado”.