El hombre que quiso vivir sin tiempo

Maurizio Montalbini | Imagen: Selfportrait

Perder la noción del tiempo no es tarea fácil. Estamos inmersos en un mundo de referencias temporales, aún cuando pretendamos prescindir de un reloj. Los movimientos en nuestro barrio, el nivel de tráfico, la cantidad y el estereotipo de peatones que caminan frente a la ventana, los ruidos que se suceden a lo largo del día, de la noche, e incluso las propias horas de luz natural y oscuridad. Estamos rodeados de señales temporales. Y en el caso imaginario de que las señales desaparecieran, nuestro último recurso a la hora de estimar el paso de las horas estaría determinado a través de nuestro reloj interno, conocido como ritmo circadiano.

El ritmo circadiano es la variación rítmica fisiológica que organiza el funcionamiento de nuestro cuerpo, entre ellas los patrones de sueño o alimentación. Los ritmos circadianos están determinados por factores endógenos, tales como hormonas y neurotransmisores, que coordinan el funcionamiento de nuestro reloj biológico interno, en relación a factores externos, entre los que se destacan las oscilaciones naturales de luz y de temperatura entre el día y la noche.

Si bien los conocimientos sobre los ritmos circadianos se retrotraen un par de siglos atrás, el término circadiano surge en los años de la década de 1960, de la mano del Dr. Franz Halberg, el principal impulsor de la cronobiología o el estudio de los ritmos biológicos. Hoy sabemos por ejemplo, que los castores alteran su ritmo circadiano durante el invierno, cuando se recluyen en lugares oscuros e interactúan con su medio por las noches, perdiendo el contacto con las horas de luz natural.

Mientras que la oscilación promedio de un ritmo circadiano abarca una frecuencia de unas 24 horas (de ahí el origen de la palabra circa= cerca / día), este promedio también se puede distorsionar en condiciones especiales donde los sincronizadores ambientales están ausentes.  Si nos encontráramos sin ningún tipo de referencia exógena para calcular el tiempo, sólo nos quedaría orientarnos según nuestros ciclos y horas de sueño, o la frecuencia con que saciamos nuestro hambre. Así, obtendríamos un cálculo aproximado del paso de los días, una estimación que nos alejaría progresivamente de la idea de precisión en cuanto a la percepción del paso del tiempo.

La argumentación anterior, nos lleva a repasar brevemente las historias de algunos de los grandes experimentadores del aislamiento, personas dispuestas a vivir largos períodos de tiempo sin ningún tipo de contacto con el medio externo.

Entre los grandes ermitaños voluntarios dispuestos a someterse a la alteración del ritmo circadiano se destaca el francés Michel Siffre, un científico y explorador subterráneo, que pasó dos meses en una cueva subterránea al sur de los Alpes en completos aislamiento en el año 1961. El objetivo era comer y dormir cuando su cuerpo lo pidiera sin disponer de ningún tipo de referencia temporal. Sus encierros se repetirían en varias ocasiones, realizando grandes aportes a la cronobiología y aproximándonos a la idea de la pérdida de percepción temporal que produce un encierro.

El hombre de los récords en cuanto a la autoreclusión bajo tierra, fue un sociólogo y espeolólogo italiano llamado Maurizio Montalbini, quien intentó en varias oportunidades extender los tiempos de permanencia en completo aislamiento marcando nuevos récords.

Mauricio Montalbini comenzó a ganar fama con su experiencia de reclusión en la cueva Grota del Vento en Gengaen, en los Apeninos, entre el14 de diciembre del año 1986, y el 12 de julio del año siguiente. Luego de 210 días a 182 metros de profundidad, Montalbini batía el anterior récord de Siffre, quien al mismo tiempo, reconoció que él lo había logrado en condiciones mucho más fáciles. Montalbini, por su parte, declaraba al salir que no le interesaba su récord, sino el desafío a su propia fuerza de voluntad. Comunicado a través de un sistema morse, alimentado a base de píldoras, café, té y latas de conserva, e iluminado por una lámpara que apenas hacía frente a la oscuridad, Montalbini confesaba que pudo sobrellevar el encierro gracias a la meditación, la escritura, el sueño, y la compañía del sonido de 18 goteras de agua.

La cueva de Montalbini

La cueva de Montalbini | Imagen: Alessandro Feliziani (NYT)

Montalbini repetiría su experiencia en similares condiciones durante un año completo en 1993. El dato más llamativo, fue que al salir al exterior, luego de recibir una comunicación anunciando el cumplimiento del plazo, se enteraba incrédulo de que habían pasado 366 días, cuando según sus cálculos estimados, pensaba que apenas habían pasado 219 días. Montalbini confirmaba lo que el propio Michel Siffre había experimentado previamente: el ciclo circadiano de 24 horas, podría ajustarse y extenderse hasta 48 horas en ausencia total de referencias. Era el propio tiempo, el que llegaba a ausentarse ante tanta soledad y oscuridad.

La influencia de Montalbini contagiaría a Stefania Follini, quien tuvo también un período de autoreclusión durante 130 días en el año 1989, en una cueva en Nuevo México. Entre las alteraciones vividas, Stefanía permanecía despierta hasta 40 horas seguidas, para dormir luego por más de 20 horas a la vez. Al salir, había llegado a perder unos cuantos kilos de peso, y llegó a informar que en algún momento, su ciclo menstrual se había detenido. Según sus estimaciones, sólo habían pasado dos meses bajo tierra, cuando en realidad, habías transcurrido cuatro.

Montalbini por su parte, volvería a reincidir con su reclusión el 11 de octubre del año 2006. Desde ese día se sumerge en una cueva pequeña y húmeda llamada Grotta Fredda (Acquasanta Terme, Italia), de apenas 2 metros de ancho y 50 metros de largo, sin luz eléctrica y con apenas unas tablas de madera en donde acostarse. El objetivo era permanecer tres años sin contacto con el exterior, con el fin de experimentar y ayudar a comprender las ciclos naturales del cuerpo.

Ya con 53 años, Montalbini se recluye provisto de píldoras alimenticias, y suplementos entre las que incluía miel, nueces y chocolate. El agua, le llegaría a través de un pequeño tubo mientras que un grupo de observadores se encargarían de monitoriar con tres cámaras a Montalbini, y de notificar al espeleólogo en el momento de cumplirse el plazo. Nuestro voluntario ermitaño, pensó que el tiempo pasaría muy rápido basado en sus anteriores experiencias. Para matizar las horas, lo acompañaban algunos libros y cuadernos en donde realizaba anotaciones de su experiencia.

Tras 216 días a 80 metros de profundidad, el desafío de los tres años queda trunco con la cancelación realizada por el propio protagonista. Al salir, Montalbini había perdido 21 kilos de peso pero se encontraba en estado óptimo. Sería su misión más ambiciosa la que a la vez, quedaría inconclusa.

El investigador italiano había llevado al extremo la experimentación de la reclusión, conviertiéndose en el hombre que pasó un total de 1178 días bajo tierra voluntariamente, sumando todas sus aventuras subterráneas. Su conclusión en cada una de las experiencias fue coincidente: nuestro reloj interno comienza a funcionar más despacio cuando pierde por completo las referencias temporales externas. Las jornadas y actividades que realizaba, se habían adecuado a un ritmo más lento y sus ciclos de sueño y el ritmo cardíaco se habían regulado como si hubiese vivido menos días de los que habían transcurrido.

Maurizio Montalbini fallece el 19 de septiembre del año 2009 de un ataque al corazón en la ciudad de Macerata, en una fecha que de cumplir su desafío, lo hubiese encontrado a sólo un mes de salir de su encierro.

La sensación más certera de su soledad, la supo resumir con una frase que develaba su estado de ánimo en cada una de sus salidas, al momento de su reencuentro con el mundo exterior, aquel de las referencias temporales: “Necesitaba ver el sol; solía soñar con el alba mientras estaba bajo tierra”.

Más info y fuentes: Maurizio Montalbini en El Pais | Tres años en una cueva en BBC | Malas noticias desde el centro de la Tierra en Clarín | Imagen en Self Portrait

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19 comentarios | Responde | Suscríbete

  • Ivan ViheIvan Vihe|24/08/2010 @ 10:02 Responde

    increíble historia y datos, muchas gracias por este aporte, sin duda alguna de los que más me ha gustado aquí en Amazings.

    Que super interesante el tema de que estuviera 366 cuando calculó que fueron 219; me ha hecho pensar el tema de aprovechar el tiempo y las horas de sueño. Si realmente se iba a dormir cuando tenía sueño y se despertaba cuando ya no, no será que tendríamos que dormir más horas?

    (y esto lo pregunto a las 10:00 con un sueño de la hostia)

    • OscillatorOscillator|25/08/2010 @ 03:24 Responde

      Desde hace tiempo que tengo la idea de que yo trabajaría mejor con un día de 36 horas. En la Universidad, cuando la carga de trabajo apretaba, era capaz de trabajar 24 horas contínuas, luego domir durante durante el día al menos unas 10 horas y despertar listo para otro día de trabajo. Sin embargo nunca pude comprobar su eficacia ya que ciertas actividades me forzaban a estar despierto de día lo que truncaba los ciclos.

  • RavenRaven|24/08/2010 @ 12:14 Responde

    Increible… Genial, la entrada y las capacidades del cuerpo. Queda mucho por descubrir, algo que sin duda es fantástico

  • SamSam|24/08/2010 @ 13:45 Responde

    Nunca pensé que había tanta historia detrás de todo esto.

    Me pregunto cuánto tiempo tarda el organismo de Montalbini, el de Siffre o el de Stefania en recuperar su ciclo circardiano habitual en nuestra sociedad. Supongo que debe ser duro, pasar de dormir 20 horas, a tan solo 8, por ejemplo, o 40 horas despierto a estar tan solo unas 15 horas. Debe ser estresante, lo cual podría explicar el ataque cardíaco de Montalbini..

  • Milú el BárbaroMilú el Bárbaro|24/08/2010 @ 15:16 Responde

    Me recuerda a algo que leí sobre la posibilidad de descansar durmiendo 5 horas al día, que se basaba en dormir media hora cada 4 horas (en vez de unas 8 cada 16 que es lo que hacemos normalmente).

    Curioso, sí

    • AlbertwoAlbertwo|25/08/2010 @ 00:42 Responde

      Media hora, mas cuatro, mas otra media, mas otras cuatro, … ná, ni de coña me salen cinco horas al dia

  • MikiDickMikiDick|24/08/2010 @ 15:58 Responde

    Hola amigos, genial artículo.

    Es curioso que en ausencia de referencias del exterior nuestro ritmo biológico se retarde en vez de acelerarse, no creen?.Tiene ese proceso alguna función biológica concreta?? Me pregunto si los presos que estén en celdas de aislamiento (tipo cuarto oscuro, sin contacto con nadie etc) experimentarán ese cambio y sentirán haber pasado menos días de los que en realidad han estado castigados…

    Me parece impresionante la tenacidad conque algunos científicos intentan descubrir cosas, como por ejemplo este caso; yo jamás optaría voluntariamente por recluirme en una cueva… Me viene ala cabeza ahora mismo el experimento Marte-500 (http://es.wikipedia.org/wiki/MARS-500), en el que una tripulación realizará una simulación de un viaje a Marte y estarán recluidos en un módulo espacial durante unos 640 días. Aunque en este caso no creo que los participantes pierdan su ritmo circardiano normal, seguramente que añorarán al igual que Montalbini el alba y ver el sol cada día.

    • Milú el BárbaroMilú el Bárbaro|24/08/2010 @ 17:40 Responde

      Pues los ritmos circadianos se regulan por la secreción de melatonina por parte de la pineal. Esta hormona es secretada en oscuridad.

      No obstante, como digo esto es una mera regulación, estos ritmos existen con melatonina o sin ella. Es decir, su función es sincronizar nuestros ritmos con las horas de luz/oscuridad.

      En ausencia de esta regulación (puesto que se secreta melatonina siempre) los ritmos se mantienen de forma endógena, para mantener las horas de vigilia y de sueño (que son biológicamente necesarias). Hay otros factores que también los regulan, como la temperatura.

      El por qué se estabilizan en torno a las 40-48 horas, pues ni idea.

      Respecto a los presos aislados, ten en cuenta que mantienen contacto con el exterior, aunque sea mínimo (comidas, etc.), y es probable que sus ciclos no se desajusten por esto mismo.

  • RoberRober|24/08/2010 @ 16:42 Responde

    Supongo que los estudiosos lo habrán tenido en cuenta pero, sin más datos, no sabemos si los ciclos se alargan por la falta de referencias externas o por estar en condiciones distintas a las habituales (soledad, luz, humedad, alimentación …)

    Se me ocurre, por ejemplo, que la falta de luz solar puede significar niveles distintos de vitamina K y ser ésto lo que ralentice los ritmos. O cualquier otra cosa.

  • EricEric|24/08/2010 @ 18:20 Responde

    Impresionante, no conocía la historia de estos estos experimentos. A mí me recuerda a las novelas de ciencia ficción donde en los viajes espaciales se crea un ciclo artificial de día y noche con las luces de la nave.

    Extrapolando las conclusiones obtenidas quizá algo más allá, creo que esta capacidad para alargar el ritmo circadiano nos servirá a la larga cuando lleguemos a otros planetas: no siempre tendremos la suerte de que el próximo mundo a colonizar tenga un día de 24 horas y pico ;-)

  • Javier FloresJavier Flores|24/08/2010 @ 21:13 Responde

    Uno marca la propia velocidad del tiempo, genial.

  • Che MistjChe Mistj|25/08/2010 @ 02:14 Responde

    El tiempo es algo demasiado complejo y subjetivo. Lo que consideramos tiempo lo medimos con referencias conocidas como las horas de luz solar, estaciones, etc. En realidad nuestro cerebro percibe el tiempo de acuerdo a las sensaciones experimentadas, encerrarse en una cueva con pocas cosas para hacer (poca información para el cerebro) parecerá poco tiempo en contraste a la experiencias que nos brinda una gran cantidad de estimulos y nos parece que ha pasado más tiempo. Es por ello que los niños y jovenes perciben que la duración de por ejemplo un año es mayor que la de una persona adulta, en el caso de los ancianos es aún peor, la perdida de la capacidad de sorprendense o realizar actividades nuevas y creativas lleva a creer que el tiempo pasa muy rápido.

  • MaximilianoMaximiliano|25/08/2010 @ 03:24 Responde

    Impresionante como reacciona el hombre ante estas circunstancias. Increible y tan cercano a la realidad que vivimos con los mineros chilenos encerrados en la montaña.

  • IsmaelIsmael|25/08/2010 @ 09:53 Responde

    Super interesante. De la misma forma seria algo muy curioso poder estudiar el incidente de los mineros chilenos, ya que se calcula que estaran bajo tierra almenos hasta finales de diciembre. Lo unico que tienen contacto con el exterior, aunque seguro que sus ciclos circodianos se veran afectados.

    Disculpar las faltas, estoy en un ordenador con teclado solo americano.

    Felicidades por AMAZING!!!

  • janojano|27/08/2010 @ 21:50 Responde

    Muy interesante articulo y como chileno, tambien hago la asociacion con los mineros atrapados. Y aunque tienen contacto con la “realidad”, su encierro es forzado por lo que se verán afectados mas allá de la perdida de tiempo.

  • UnicoUnico|27/08/2010 @ 22:04 Responde

    Seria interesante estudiar los efectos sobre la división de las células, alargaría la vida la ausencia de los ciclos circadianos? Potenciaría la capacidad de nuestros órganos?.
    Lo que llama la atención es la reducción del ratio despierto dormido…a que se dedicaba el pájaro durante 40 horas, ademas de contar las goteras…. debía de haber echo los experimentos en una casa con luz artificial en todo momento sin que entrase la luz solar, en vez de una cueva y con un ordenador conectado a Internet para hacer lo mismo o parecido que con la televisión la radio etc..sin estar atado a un horario, veríamos si su cerebro aguantaría las 40 horas despierto,…mas bien creo que se tiraba 40 horas despierto por no tener con que ocupar la mente.

    Por cierto…como era eso de ciertas plantas que salen machos o hembras dependiendo de la cantidad de luz que reciben?…;D fortaleció o debilito su corazón manteniendolo en el mismo rango de temperatura y presión constantemente?

  • VitorVitor|29/08/2010 @ 04:41 Responde

    Concuerdo totalmente con #2 de Oscillator, perfectamente se puede trabajar o estar en actividad por unas 20 horas dependiendo de la actividad, si es intelectual o de poco esfuerzo fisico, al final termina molestando el amanecer que viene a interrumpir, jajaja

  • pepepepe|18/01/2012 @ 11:48 Responde

    “Monitoriar”, “queda trunco”, en fin, pateemos el lenguaje.

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