La guerra pone a los hombres en situaciones límite. Dejan de ser lo que algún día fueron para convertirse en soldados, en uniformes anónimos de un ejército o en un número frío estadístico de bajas. Si además hablamos de una guerra civil, las consecuencias son siempre más amargas.
Durante la guerra civil rusa (1917-1923) el enfrentamiento fratricida se personificaba en la lucha de bolcheviques contra zaristas. El ejército rojo contra el blanco… colores, bandos, absurdas convicciones políticas por las que mataron y murieron millones de rusos. Sólo la cuenta de bajas civiles ascendió a los 13 millones.
Y Odesa, la perla del Mar Negro, la gran ciudad comercial de Ucrania fue una de las que más sufrió en los últimos años de la guerra.
La ocupación de la ciudad por el Ejército Rojo y las constantes fechorías por parte de los dos bandos dieron lugar a innumerables crímenes de guerra, ajustes de cuentas y ejecuciones.
En este trágico panorama situamos hoy a Igor Tamm. Un matemático y físico ruso que ante el hambre de su familia se vio en la necesidad de abandonar la ciudad para conseguir comida a cambio de unas cucharas de plata.
Y en esas estaba, negociando con un campesino la cantidad de huevos que merecía por aquellas cucharas cuando, de repente, se presentó una de las bandas de guerrilleros que recorrían el país hostigando a los rojos.
Aunque Igor Tamm estaba pelado de dinero y a esas alturas de la guerra ya vestía casi como un vagabundo, los insurgentes repararon en sus ropas de ciudad, lo cogieron y lo llevaron frente a su lider, un tipo gordo y con una larga barba que portaba un gorro de piel y llevaba el pecho lleno de cintas de cartuchos y granadas.
El jefe se acercó a Igor y, tras echarle una breve ojeada, le gritó:
«¡Tú eres un hijo de puta, un agitador comunista que está socavando nuestra madre Ucrania! El castigo es la muerte.»
«No», respondió Tamm. «Yo soy profesor en la Universidad de Odesa y he venido aquí sólo para conseguir algo de comida.»
«¡Mentira!», replicó el líder. «¿De qué eres profesor?»
«Enseño matemáticas.»
«¿Matemáticas?», dijo el barbudo guerrillero. «¡Muy bien! Entonces hazme una estimación del error que se comete al truncar una serie de Maclaurin en el n-ésimo término. ¡Hazlo y quedarás libre. Falla, y te pegaremos un tiro!»
El joven profesor se quedó paralizado… apenas podía crédito a lo que aquel tosco guerrillero le estaba pidiendo: Un problema perteneciente a una rama muy avanzada de las matemáticas… Cuando consiguió reaccionar, con la mano temblando y con una pistola apuntándole en la cabeza, Tamm calculó lo que le pedían y le dió la respuesta a aquel hombre.
«¡Correcto!», dijo el lider. «Ahora veo que eres realmente un profesor. ¡ Vete a casa!»
Igor Tamm consiguió el Premio Nobel de Física en 1958 por sus estudios junto a Cherenkov sobre física nuclear y el estudio de los rayos cósmicos.
Jamás consiguió saber quién era aquel hombre con quien se encontró durante la ocupación de Odesa. Seguramente ya nadie lo sepa. Quizá murió en la guerra, o más adelante o quizá terminara sus días dando clases de matemáticas avanzadas en alguna Universidad de Ucrania…
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Fuentes y más información: El encuentro de estos dos matemáticos en la guerra la cuenta otro gran físico ruso, George Gamow, nacido allí mismo, en Odesa en 1904, y la leí durante mis pasadas vacaciones en el libro de Walter Gratzer “Eurekas y euforias” | ISBN: 9788484325581.










18 comentarios | Responde | Suscríbete
Madre mia, parece un fragmento sacado de algún libro de Terry Pratchett, que momento más grande. La realidad supera a la ficción
Un gran historia. Cuando la vida está en juego supongo que se da lo mejor d euno mismo. Pero el tipo anónimo que le puso en aprietos sigue siendo un mal personaje. Aunque la anécdota queda para la historia
saludos
¿Un problema perteneciente a una rama muy avanzada de las matemáticas?, no tanto, en mis tiempos de estudiantes se daba en COU.
Pues si vinieses ahora a la universidad, ni la conocerías…
@Juvenal Hay que tener en cuenta el contexto histórico de la anécdota: Esto ocurrió por los años 1922-23 en plena guerra civil, que se había iniciado 7 años atrás y en un momento en que no creo que las matemáticas estuvieran en su punto álgido en Odesa en aquellos días… Para mí, es normal que Igor Tamm pensara lo que dice la cita.
Yo iba a decir lo mismo, en primero de carrera lo dimos nosotros…
Buen artículo, la verdad es que conocía la historia de forma bastante distinta, extrañamente O_o
Saludos!
Lo de “absurdas convicciones políticas” (por las que mataron y murieron) lo dirás tú. Qué fácil es mirar al pasado desde la comodidad del teclado y la pantalla. Teniendo en cuenta que sin la lucha pasada por “absurdas convicciones políticas” (y la muerte por ellas y a causa de ellas) a lo mejor no tendrías un teclado desde el que ver la “realidad” y opinar sobre ella.
Hombre, pues sí, lo digo yo como una opinión personal. Pero en este caso, la guerra civil en Rusia, con más motivo: 13 millones de muertos civiles… Incluso pensándolo bien, el calificativo de “absurdo” casi se me ha quedado corto.
Las muertes son absurdas. Las convicciones no.
Apaga y vámonos, si tan torpe o interesadamente se confunde la velocidad con el tocino.
¿Y los más de 20 millones de muertos soviéticos en la Segunda Guerra Mundial?… ¿también “muertes absurdas” para derrotar al nazifascismo en Europa? Pensamiento débil el que muestras con esas supuestas “equidistancias” históricas, una versión más del pensamiento único dominante en los medios convencionales. Pensaba que este no lo era. Decepcionante.
Eso te lo saca cualquier ingeniero que haya aprobado cálculo de primero. De matemáticas avanzadas, nada.
Claro, abundaban los ingenieros en aquella época y en aquellas circunstancias…
Coincido con Irreductible en dos puntos:
1) Al considerar este cálculo como de matemáticas avanzadas, Hay que ponerse en el contexto histórico para verlo así.
2) En la frase “Absurdas convicciones políticas”. Cuando estas convicciones llevan a matar a tus semejantes, son absurdas. Se puede defender una idea política cualquiera (¡he dicho “cualquiera”!) si respetamos el hecho de que el otro puede defender una muy distinta. Pero no veo que, en ningún caso, eso sea motivo para matarlo. Lamentablemente, la historia humana está repleta de casos en los que no se ha pensado así. Y el presente, también…
Seguro que a Igor, como a cualquiera que haya ejercido la docencia, seguro que algún alumno en algún lugar le preguntó: Profe, ¿y esto de las series de Taylor pá qué sirve?…
Respuesta: para muchas cosas, hijo, para muchas cosas. Uff!!
Excelente anécdota, Irreductible.
La clave para entender la anécdota es que el que la cuenta es Gamow que era de Odessa. Resulta que Gamow era muy dado a contar anécdotas medio en broma y medio en serio porque tenia un sentido del humor envidiable como suele ser común entre la gente de Odessa que es la ciudad más meridional del la parte europea del antiguo Imperio Ruso. Aunque esta en Ucrania la mayor parte de la población es ruso-hablante, pero unos ruso-hablantes muy peculiares, muy abiertos a la cultura internacional y decididamente mediterráneos y meridionales. Otra anécdota de Gamow sobre la camaradería general de la que tiene fama la gente de esa ciudad en los buenos y los malos momentos es aquella parodia del lema del comunismo que rezaba asi: ¡Odessenses del todo el mundo, Uníos! O tambien aquella que le hara inmortal cuando atribuyo la autoria conjunta de un libro suyo y de Alpher a Hans Bethe que no había participando en ninguna forma alegando que era obligado hacerlo porque así los autores serian Alpher, Bethe y Gamow y el alfabeto griego lo exigia.
Y nos hemos dejado en el tintero un montón de anécdotas más del inolvidable Gamow.
qué buena la de Bethe! XD
¿Por qué es poco probable que un lider sea matemático?
Supongo que porque no se sabe de muchos que lo fuesen (yo al menos no sabía de ninguno)