Con más de 30 años de experiencia docente a sus espaldas, Juan Diego Caballero, catedrático y divulgador en internet mediante el gran blog “Enseñ-arte“, realiza una imprescindible reflexión en voz alta sobre “la prisa en aprobar”.
Un mal que se está extendiendo cada vez más, tanto en alumnos como en padres, como si lo primero fuese una exigencia social inaplazable y lo segundo no tuviese más que un simple carácter complementario.
Un artículo que todos deberíamos leer con tranquilidad y autocrítica.








16 comentarios | Responde | Suscríbete
Si él titúlo estuviera al revés la cita se entendería mejor. Para que quede más claro qué es “lo primero” y “lo segundo”.
Es que después de leer el artículo de Juan Diego, no creo que tengamos muy claro el orden
Pues a mi la entrada enlazada me parece llena de sobradas arrogantes y de no saber de qué va la cosa, además del habitual desprecio a los alumnos y a las familias.
Por supuesto que a la mayoría de las familias nos preocupa que nuestros hijos aprueben. Eso no quiere decir que no nos preocupe que nuestros hijos aprendan. Nos preocupa, pero son dos preocupaciones distintas, que tienen poco que ver una con otra.
Hasta hace poco, y durante bastantes años, no había exámenes de septiembre. Desde que los hay de nuevo, un montón de profesores aprovechan para suspender al que antes habrían aprobado, para que “mejore” durante el verano. Es decir, nos hemos cargado las vacaciones, a las que no dan valor alguno.
A las de los alumnos, claro, porque si los profesores se quedaran sin vacaciones para dar clase a los alumnos que suspenden, veríamos en qué queda ese arrugar la nariz con lo que “prefieren aprobar a aprender”.
España tiene el índice maś alto de repetidores de la OCDE. Y la repetición rara vez ayuda a aprender más, por el contrario es estar a medio camino de la cuneta del fracaso escolar. Es natural que a los padres nos ponga los pelos de punta ese riesgo (bien frecuente y bien real).
Por mi parte, y puedo decir que es opinión muy extendida entre las familias, no creemos que vayan a aprender maś porque les suspendan más. Van a aprender igual de poco en ambos casos. Aprobar es un requisito legal que depende del omnímodo e incontrolado poder de un profesor, el único funcionario que decide sin dar pie de recurso ni ser controlado por nadie sobre las vidas y las haciendas, cual señor feudal.
Aprender es algo distinto que sucede por otros cauces en gran medida.
Yo quiero que mis hijos aprendan, pero su aprendizaje de lo importante va más bien en paralelo a su escolarización.
Incluyendo en ello adquirir algunas ideas sobre ciencia, adquirir el hábito de la lectura, aprender a documentarse y a realizar cualquier proyecto, aprender inglés. O música, o informática, o cualquier cosa.
Por ejemplo: aprender inglés se jodió cuando les quedan varias asignaturas para el verano y ya no puedes hacer que dediquen el verano a ello.
A ver cuando llega el día en que a los profesores les paguen por productividad, es decir, por el grado de éxito de sus alumnos.
Yo ya no estaré en el pesimo sistema escolar, pero igual todavía estoy viva y puedo celebrarlo.
Es cierto que ahora hay alumnos que abusan psicologica y a veces físicamente de los profesores, pero por otra parte creo que el asunto no está tan negro como lo pintan.
Por si acaso os digo que ya no soy alumna, y que ya tengo una edad. Durante mi etapa escolar he llegado a repetir hasta cuatro veces, años después, oh sorpresa, mi CI roza la superdotación.
El sistema educativo español, desde mi punto de vista, está LLENO de profesores a los que se merece que vayan los padres con cara de cabreo a reclamarles “¿Que notas son estas?” porque son unos chapuzas, porque dar clase no es sentarse en una mesa a leer un libro, o aun peor, a dar tu versión particular de la historia. Dar clase no es ponerse a soltar un monologo como un loco y que tus alumnos apenas tengan tiempo a coger apuntes. Yo me he encontrado con más de un profesor, y más de dos, y más de tres y más de cuatro que no estaban preparados para dar su asignatura, y que sin el libro sabían mucho menos que muchos de los que asistiamos a sus clases.
Y es que el comentario anterior tiene mucha razón, los profesores son funcionarios a los que no se les puede despedir, y a menos que comentan una falta increiblemente exagerada nunca les quitarán de su puesto.
Todavía recuerdo cuando hice (por primera vez) primero de bachillerato, nos pasaron una especie de encuesta en la que además nos preguntaban si estabamos descontentos con el profesorado del centro. Pues bien, les rellené totalmente el espacio que tenía, criticándoles por su desfachatez ¿como se atevían a pasar aquello? Ellos sabían perfectamente los profesores incompetentes que tenían. Al año siguiente, cuando repetí, misteriosamente no volvieron a pasar ninguna encuesta ¿unos años sí y otros no? Absurdo, patético… y más honesto, realmente no cambia en nada esas encuestas, son funcionarios y, tal y como me dijo un profesor en mi propia cara “no me molestes con tantas preguntas, yo me he sacado unas oposiciones para rascarme los huevos el resto de mi vida”.
Luego también he tenido profesores maravillosos de verdad, gente que se nota que le gusta su trabajo, que se preocupa por su asignatura y la tratan con cariño… justamente no recuerdo que esos profesores hayan tenido nunca ningún problema grave con ningún alumno. Que casualidad, ¿no?
Creo que para que el sistema educativo funcione se deberían cambiar algunas cosas; primero, no se puede consentir que un alumno falte al respeto a un profesor y este quede praticamente impune, segundo, los profesores deberían estar MUCHÍSIMO MÁS VIGILADOS, nada de sacarse las oposiciones y un puesto de trabajo de por vida, que se les pueda despedir por incompetentes, y que las reclamaciones de un gran numero de alumnos CUENTEN, aunque sea para sancionarlos. Y tercero… igual que hay clases para alumnos con problemas para estudiar, o con un leve retraso… que también las haya para gente como yo, perdidos en el mar del aburrimiento por ir a un ritmo demasiado rápido, que no se que habría sido de mi si no hubiese descubierto el bachillerato a distancia.
Aunque estoy de acuerdo en gran parte de tu comentario, hay algo qe no comparto. Dices que rozas la superdotacion y aun asi has repetido hasta cuatro veces, cosa que no entiendo, y creo que es el problema real de hoy en dia.
Hay mucha gente inteligente, niños inteligentes, a los que no se les enseña a estudiar, no se les motiva y además no se les enseña responsabilidad.
Yo tengo un CI de 138, es decir, estoy por encima del limite de superdotacion, y he tenido profesores muy malos, ineptos que no sabian enseñar, con los que me aburría sumamente en clase, pero mi deber era estudiar, yo además quería aprender, y saber más. Y usaba mi inteligencia para ello. Me parece que hechar la culpa a los profesores es pasar la pelota, cada uno es responsable de lo que hace y de lo que aprende, al igual que los padres son responsables de enseñar a su hijo la pasión por aprender y a respetar sus obligaciones. Creo que no hace falta decir que no he repetido nunca y ahora estoy terminando el doctorado en ingenieria en EEUU.
Hay profesores pésimos, es cierto, pero también hay alumnos pésimos, y peores padres. Recuerdo una compañera de la universidad que me decía que ella no estudiaba tanto como yo porque le gustaba dormir y salir de fiesta. Claro, ella debía pensar que a mi no, que prefería estudiar. Lo que sucedía era que yo hacía lo que tenía que hacer, y ella lo que quería hacer. Después ella suspendía y la culpa era del profesor que era muy injusto.
Te doy la razón en que los profesores deberían ganarse el puesto de trabajo en su día a día y no en una oposición, pero aún así toda la culpa no es de ellos.
@CI=138: Echar, de echar la culpa, es sin h.
Por cosas como esa no llego al 150. Gracias.
Muy bueno el artículo de Juan Diego y, de paso, enhorabuena por Amazings.es.
Por cierto, y sin ánimo de malmeter, el texto en los bocadillos de la imagen tienen errores de acentuación y puntuación. En la web de aula9 (http://aula9.net/?p=100) tienen la versión corregida. Aunque, ahora que lo pienso, para la parte de la imagen correspondiente a 2009 creo que quedaría, desgraciadamente, más realista con dichos errores.
Un saludo.
He leído el post así como los comentarios y tengo que decir que el post tiene un grado de certeza abrumadora.
Soy universitaria, así pues he dejado atrás la “escolarización” a la que seguramente se refiere el post, pues ahora todo funciona de forma distinta, pero en cualquier caso he tenido la oportunidad de observar con mis propios ojos lo que cita el post, que por cierto: es una verdad como un templo.
Parece que hoy en día la mayor satisfacción para algunos padres y tutores es que sus hijos aprueben, y a poder ser, saquen buenas notas. Ni que decir tiene que su grado de satisfacción alcanzaría el más alto de los niveles posibles si su hijo/a fuera el “más listo de todos” o dicho de otro modo, el “ejemplo a seguir” (a nivel académico, claro está) según profesores e incluso “otros” padres.
Con esto quiero decir que la imposición que se crea al hijo/alumno de tener que aprobar inculca unos valores de competitividad que nada más lejos de la realidad, se encuentran en contraposición con “aprender” y disfrutar haciéndolo. Parece que todo objetivo de un escolar es un papel que pone los aprobados o los dieces que tienes. Esta competitividad nace en las aulas y es fomentada por todos estos padres que quieren que sus hijos aprueben, y punto. De hecho, no hace falta ir muy lejos para constatar que este hecho es cierto. ¿Cuántos de estos padres se preocupan realmente por la educación y el aprendizaje de estos niños o jóvenes? ¿Cuántos se sientan a su lado las horas que hagan falta para mostrarles la mejor forma de afrontar sus estudios y alcanzar con éxito sus retos? Y .. ¿Cuántos son los que dan la culpa al profesor de turno por no enseñar bien o por suspender a su hijito?. La experiencia me dice que son muchos más los que delegan descaradamente el aprendizaje de su hijo al profesor, cuando seguramente, lo que el niño necesita es un apoyo en casa y no un castigo por no aprobar.
Por otra parte, no hay que negar que también es cierto que algunos (minoritarios) profesores se ceban en su “poder” y castigan o “catean” por el mero hecho de demostrar “quien manda aquí”. Este hecho es innegable, así como minoritario. La mayoría de los profesores, desgraciadamente, por no discutir o para que el índice de aprobados de la “maravillosa escuela” aumente, aprueba a los alumnos “por la cara” y así va el mundo después, con más de un incompetente que se cree el rey del mambo porque lo dice un papelito.
En definitiva, hoy en día la competitividad escolar rige el rumbo de los jóvenes, la necesidad de ser más y mejor que el prójimo, el querer aparentar o destacar.. se ha perdido lo que es realmente importante (¿ha existido alguna vez?) , que es sin duda, la ilusión, las ganas y la ambición de aprender para crecer como personas.
Sí , desde luego es una minoría (y menos mal) los profesores que abusan de su poder, pero no es tanto abusar de su poder como maltratar su asignatura, darla de mala manera y que luego encima los tontos sean los alumnos, y estos profesores no son una minoría si no una lacra.
Por otra parte con lo de sacar un número en un examen y no preocuparse nada en aprender de verdad es totalmente cierto. Y es que el 80%-90% de los alumnos se dedican a estudiar lo que va para un examen, aprobar e inmediatamente olvidar todo lo memorizado, porque el sistema está hecho para eso, memorizar, olvidar y no aprender nada en realidad.
Y por cierto, te comento esto a raíz de que eres universitaria. Tengo varios conocidos en la universidad que me comentan que el plan Bolonia va a obligar a asistir a clase como si fueras todavía al instituto, ente otras muchas cosas… esperemos que no estropeen también a la universidad (la cual también necesitaba mejoras ya tal y como estaba) y la hagan institutos de educación superior.
@Sandra dijo: Tengo que decir que el post tiene un grado de certeza abrumadora.
En un blog de ciencia tal vez lo del “grado de certeza abrumadora” debería reservarse para las afirmaciones bien apoyadas por pruebas empíricas fiables ¿no? Vamos, digo yo.
Parece que hoy en día la mayor satisfacción para algunos padres y tutores es que sus hijos aprueben, y a poder ser, saquen buenas notas. Ni que decir tiene que su grado de satisfacción alcanzaría el más alto de los niveles posibles si su hijo/a fuera el “más listo de todos” o dicho de otro modo, el “ejemplo a seguir” (a nivel académico, claro está) según profesores e incluso “otros” padres.
En realidad, ese es el criterio único de excelencia, la fuente única de mínimo respeto y lo único que les importa… a los centros. Los “malos” alumnos (el adjetivo usual lo dice todo) solo reciben desprecio y trato denigrante por su parte.
Los padres en cambio somos más heterogéneos, aunque que nuestros hijos aprueben nos importa -lógicamente- mucho.
Porque sin aprobar su destino social es el de paria, y su autoestima estará por los suelos, que ya se ocupará de eso el centro.
¿Cuántos de estos padres se preocupan realmente por la educación y el aprendizaje de estos niños o jóvenes?
Una proporción nada despreciable de ellos, en cualquier caso mucho más alta que la de profesores que hacen lo mismo.
Lo cual no es raro, ni pretende ofender a nadie.
La mayoría de los padres quieren a sus hijos.
La mayoría de los profesores en cambio no tienen absolutamente ningún incentivo para que el éxito de sus alumnos les importe una mierda.
¿Cuántos se sientan a su lado las horas que hagan falta para mostrarles la mejor forma de afrontar sus estudios y alcanzar con éxito sus retos?
Misma contestacion que arriba: bastantes de ellos. Profesores, ninguno. Y eso que eśtos cobran por ello.
¿Cuántos son los que dan la culpa al profesor de turno por no enseñar bien o por suspender a su hijito?
Muchos menos de los que deberían, quizá porque más o menos la mitad (en España) no tienen ellos mismos educación secundaria completa y no pueden calibrar hasta qué punto el sistema escolar abusa de ellos y les estafa.
Todavía somos más śubditos que ciudadanos, y la reverencia ante el saber y el poder son muy grandes.
Por otra parte, no hay que negar que también es cierto que algunos (minoritarios) profesores se ceban en su “poder” y castigan o “catean” por el mero hecho de demostrar “quien manda aquí”. Este hecho es innegable, así como minoritario.
Hay un famoso dicho: El poder tiende a corromper. El poder absoluto tiende a corromper absolutamente.
La suposición de que le puedes dar poder sin control ni contrapeso a unas personas y confiar en que no abusarán de él y serán imparciales y benevolentes está tan extendida como es injustificada.
Pero ponerse en los zapatos del que sufre la arbitrariedad, cuando no nos toca, es el ejercicio de humanidad más difícil.
La mayoría de los profesores, desgraciadamente, por no discutir o para que el índice de aprobados de la “maravillosa escuela” aumente, aprueba a los alumnos “por la cara” y así va el mundo después, con más de un incompetente que se cree el rey del mambo porque lo dice un papelito.
Eso pasa en los colegios privados y concertados. En los públicos no pasa.
Claro, quizá se corte un poco el que le gustaría suspender al 80% (y lo deje en el 50%) pero yo a eso no le llamo condescendencia. Le llamo incompetencia, porque sólo un incompetente extremo suspende en esas proporciones (sea el 80% o el 50%).
No he negado en ningún momento que no existan profesores que no muestren interés por su asignatura, que vayan a clase para “poner ejercicios” y que incluso mientras los alumnos los hacen, ellos se limitan a leer el periódico o cualquier otra cosa en lugar de mostrar interés y ayudar a aquellos que lo necesiten. Yo también he tenido profesores así.
En cualquier caso la educación secundária (ESO) hoy en día se limita a inculcar unos valores mínimos (que en ocasiones no se llegan a asumir) que se basan en el buen comportamiento y el respeto (una utopía con algunos jóvenes), y la verdad es que poco más. En estos 4 años se juntan los que quieren estudiar y los que les da igual todo, por lo tanto no se puede retener a quien no muestra interés (almenos por mucho tiempo) porque como se ha dicho anteriormente, no sirve de nada.
Por ese motivo se aprueba por la cara. Porque el sistema está mal montado, porque los objetivos de los adolescentes han cambiado.
Muchos, pero que muchísimos, padres delegan en la docencia la educación de sus hijos. Es un completo error por distintos motivos.
Primero porque a un hijo lo deben educar y enseñar sus padres o tutores, y lo deben apoyar en los estudios (en la medida de lo posible). Este hecho sucede bastante menos de lo que debería, pocos padres saben realmente qué hacen sus hijos, qué estudian, qué les cuesta más y en qué les pueden ayudar, y eso no significa que no les quieran, sencillamente pueden “no saber” hacerlo, porque no es una tarea fácil. Bien porque es más fácil culpar a otro, o bien porque ellos no han recibido eso en sus casas cuando eran jóvenes y no saben por dónde empezar.
Segundo porque como bien se dice, un profesor no tiene ningún tipo de vínculo con el alumno, y no tiene porqué dedicar más horas de las reglamentarias en su educación.
He estudiado en una escuela concertada, y he hecho el bachiller en un instituto público. La secundaria la aprueba “todo el mundo”, los que deberían y los que no. Se inflan las notas (tanto en la pública como en la concertada, y ya no digamos en una privada) a menudo para no discutir con los padres exigentes que vienen a reclamar las notas de sus hijos. Incluso por miedo, he llegado a ver. Esa competitividad que mencionaba anteriormente existe y no sólo en las aulas. Los mismos padres inculcan esa necesidad de que su hijo apruebe, y si tienen la suerte de que su hijo sea excelente genera la envidia y el rencor de alumnos y de otros padres (que no son todos). Eso también es una realidad.
Hay profesores funcionarios que se dedican a dar clase para cobrar su sueldo fijo de fin de mes. Pero también los hay que han dejado la escuela concertada o privada de turno para pasar a dar clases en una pública donde creen que podrán impartir su materia sin estar obligados a X aprobados. Todo es llegar al nuevo centro y darse cuenta de que el sistema está mal montado en todas partes, así como los padres que no entienden realmente el porqué de un suspenso.
Es también cierto que en ocasiones se abusa del poder (que no es absoluto, pues con insistencia de alumnos se puede cesar a un profesor) y se suspende para que “la próxima vez lo hagas mejor”. En cualquier caso el jóven a menudo no sabe afrontar la situación (sea justa o no), la considera como “algo personal” y siempre, siempre es injusta. No sabe defender su postura con argumentos, lo hace desde la impoténcia y la rábia del momento y por supuesto, pierde la razón. Entonces expone la situación a sus padres, que oyen única y exclusivamente la visión de su hijo, y automáticamente van a pedir explicaciones rebotados al profesor de turno, que alomejor ni se lo espera, y se encuentra con el “pastel” cuando seguramente el “exámen” era inaprobable. Se tiende a sobreproteger en lugar de valorar de forma objetiva el seguimiento que ha habido durante el año, y se corre al final, cuando ya no hay remedio. Si las cosas costaba aprenderlas, hay que empezar desde la raíz, no cuando ya el arbol ha dado su fruto y alomejor tiene espinas.
Los padres que se ocupan de la educación de sus hijos y que intentan estar encima todo lo posible, lo hacen:
- CONTRA la voluntad y la actiutd de los centros, que no dan información, mantienen a la familia lo más lejos posible y la tratan lo peor que saben, sin respeto alguno por esa obligación y responsabilidad que tú atribuyes (acertadamente) a los padres.
- Y CONTRA las leyes vigentes, que han quitado toda autoridad y toda capacidad de decisión a los padres, cambiándolos por una reglamentismo exhaustivo y obligatoriao en curriculos y procedimientos, y por una impunidad absooluta de docentes y centros en el día a día.
Los profesores no tienen la obligación de ocuparse ni preocuparse se sus alumnos fuera de su horario.
Pero sí tienen esa obligación DENTRO de su horario (que son 30 horas a la semana, no las horas de clase) y no he conocido a NINGUNO que lo haga (y como los quje he conocido se acercan al centenar, se aproximan bastante a una distribución normal ¿sabes?, aśi que me parece bastante representativo).
Finalmente: Vamos a trasladar el curioso razonamiento “todos no son malos y pasotas” a otros ámbitos de la vida, donde sí se exige un mínimo, a ver qué nos sale:
- “Pues todos los ingenieros no son tan malos. Solo se cae un puente de cada tres…”
- “Pues todos los cocineros de restaurante no son tan malos. Solo hay salmonella en uno de cada tres…”
- “Pues todos los carteros no son tan malos. Solo se pierde una carta de cada tres…”
Normal ¿no? Así es la vida en general…
Ah, por cierto. Es falso que “todos aprueben la secundaria, merecidamente o no”. De hecho, NO la aprueban uno de cada tres, nada menos.
No hace falta irse tan atrás que yo hice la selectividad en 2002 y en mis tiempos todavía era como en la primera viñeta.
Ciertamente. Estas cosas se degradan más rápido de lo que uno piensa.
La integral que cayó en Madrid el año pasado era para echarse (sin h) a reír…
Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo